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Poniéndose en la piel de.... ¿Dónde estoy? Álvaro, primero D.

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¿Dónde estoy?
¬-¡Aggg! La cama está más dura de lo normal- Me inclino -¡Aggg!
-¡Calla, intenta dormir!- ruge una voz muy grave.
-¡Qué demonios! ¿Dónde estoy? – me pregunto, sorprendido- ¿Por qué voy con un pijama a rayas? ¿Por qué soy tan alto?- repito- ¡¿Dónde leches estoy?!
-Recluso nº 272, cállate ya, queda una hora para despertar- escucho una voz diferente, un poco alejada de aquí.
-¿Recluso? –Me levanto de la supuesta “cama de piedra” y busco un espejo- ¿Quién soy? ¿Qué estoy haciendo aquí? –le preguntó a la persona de gris que está al otro lado de las rejas-.
-Frank, los demás reclusos intentan dormir, así que cierra el pico de una vez.
Me tumbo en la cama y miro el reloj de mano. Todavía queda una hora.
De pronto, suena la campana. Es un pitido muy fuerte que me perfora los tímpanos. Se escuchan voces por todas partes.
-A despertarse, vagos. Si no os levantáis, os quedaréis sin desayunar-.
Sigo al resto de la gente y cojo una bandeja con el desayuno, bueno más que el desayuno es una pasta nauseabunda que me provoca arcadas.
Me dirijo a una mesa mugrienta e inmediatamente se me acercan tres reclusos.
-¿Preparado, Frank?- dice uno- Sí, vamos es la hora- contesta otro.
-¿Preparado? ¿Preparado para qué?- contesto, atemorizado.
-¿Cómo que para qué? Para largarnos de este antro de una vez- responde, mientras baja el tono de voz el más peludo de los tres reclusos al que los policías llaman “garra de metal” por esa mano de metal que agita mientras muestra unos dedos que han sido afilados a conciencia por él mismo.
-Repasemos el plan- pronuncia con sus arrugados labios un tal León.
-Tú, Fran, provocas una pelea con Tom – el más alto y robusto de los condenados - y distraes a la patrulla nocturna a la hora de la revisión. Mientras, Ron y yo robamos las llaves y dejamos KO. al pitufo de la puerta de la sala de cámaras. Entramos, las ponemos en pausa todas y, a continuación, vamos a la armería para ocuparnos de los demás policías y escapar por la puerta de atrás. Allí nos estará esperando mi primo David con el coche.
-¿Entonces qué? Mañana a ello, ¿no? – dijo Tom.
-Sí- exclamaron todos-.
-Sí…- murmuré yo-, mientras me imaginaba la escena y el disparo en la cabeza.
Por la noche no podía casi dormir, aunque al final logré quedarme frito. Al día siguiente me desperté en un vagón del tren. Había sido un ladrón pero, por suerte, ya no lo era y tenía en mi bolsillo mi móvil. Así que llamé a la policía para que me recogiera. Nada conté de lo ocurrido en la prisión.
Al día siguiente, la escapada de los presos salió en las noticias. Justamente Frank murió por los dos disparos en la sien. Los otros consiguieron escapar.
Aún hoy me preguntó qué habría pasado si me hubiera quedado un día más en su cuerpo.

Álvaro.

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