Avisar de contenido inadecuado

Poetas del 27: Gerardo Diego

{
}

Gerardo Diego (Santander, 1896- Madrid, 1941).

 

                La producción de Gerardo Diego es una de las más extensas y compleja de su generación. Con una obra que se mueve a caballo entre la tradición y la vanguardia, este catedrático de Instituto, que sería Premio Cervantes y académico de la Lengua se convirtió en su momento en una fuente de continua animación cultural para los miembros del 27, gracias al compromiso con la creación poética que llevo a cabo a través de las revistas que fundó (Carmen y Lola), o la proyección que tuvo su Antología en honor a Góngora (1927).

               

                Su obra es una de las más extensas de su grupo. Una cuarentena de títulos, que se fluctúan entre los poemas que fijan el entorno cotidiano hasta inmortalizarlo con una sencillez pasmosa y los que tienden hacia lo absoluto y que se apoyan en sí mismas, con autonomía.  

                Sus primeros poemas hincan sus raíces en el intimismo modernista (Iniciales, Nocturnos de Chopin, El Romancero de la novia). En ellos ya aparece su preocupación por la forma, la búsqueda de musicalidad, que recuerda a parnasianos y simbolistas que abogaban por la comunión entre música y poesía y buscaban, la armonía de las palabras, los juegos fónicos, las similicadencias.

                Su etapa vanguardista es una de las más sólidas, un ejemplo cabal de los procedimientos al uso y de los logros y errores de esta estética. Evasión, Imagen, Fábula de Equis y Zeda y Poemas adrede –los dos últimos símbolos del hermanamiento de tendencias-, Limbo o Biografía incompleta se acercan al irracionalismo creacionista. Pese a los procedimientos vanguardistas, el propio G. Diego defiende la existencia de un pensamiento; en el subsuelo late la “emoción trágica”. Hasta Machado admite que estos poemas no carecen de alma, emoción o energía; no reside ahí el fallo sino en  la saturación de imágenes. Los dos últimos se convierten en puentes de ambas corrientes. En ellos notamos un lenguaje rico de resonancias interiores, capaz de sostener la rica imaginería. Muchos de estos poemas trascienden su momento histórico, al homenajear a Góngora, el supuesto “ángel de las tinieblas”, cuya enseña el camino, los mecanismos para ascender a la cima de la poesía.

                Sus poemas humanos hacen referencia a la realidad que le rodea, auscultan su mundo cotidiano que se mueve por caminos que se reencuentran en sus emociones: el amor, la honda religiosidad, el paisaje recorren estos versos y se alzan en muchos casos como verdaderas cimas poéticas. Entre los poemas amorosos el poeta paraliza los instantes, los recuerdos vividos mostrando una rica gama de tonos, desde la felicidad conyugal hasta los tonos sombríos de decepción o pesadumbre. El romancero de la novia, Alondra de verdad, Sonetos a Violante, etc.;  muchos de ellos se retomarían en el libro Poesía amorosa (1965)

                Muy importantes son también los motivos temáticos, como correlato a su profunda religiosidad. Estos son trazados en una amplia gama de estilos: así encontramos poemas creacionistas como Ángelus o Rosa mística y otros mucho más que despliegan con transparencia sus íntimas emociones (Versos divinos, Viacrucis, Ángeles de Compostela) En Ángeles de Compostela se aúnan la exaltación religiosa y el amor a las tradiciones de Compostela, el homenaje a Galicia. El dogma de la resurrección de la carne lo simbolizan los ángeles mientras Galicia, representa el mito, la grandeza paisajista y el corazón de Santiago. Es obvio que aquí –como en otras ocasiones- el poeta se distancia de otros componentes de su generación. Sus poemas no se debaten en gritos ni agonías existenciales, sino que fluyen con suavidad, meciendo sus convicciones, fortaleciéndolas a través de la palabra. Muy distintos –por ejemplo- sus ángeles, de los que amenazan a Alberti.

                En cuanto al paisaje, éste puede ser tanto síntoma de una recreación instantánea como reminiscencia vehiculada a través del recuerdo. En ocasiones se observa un tono jubiloso, recuperando ese cántico de alegría a la naturaleza y ese vitalismo que incita a vivir el presente.

                Otros temas son frecuentes en su poesía. El taurino, la música, los poemas de circunstancias.

                               

 

 

Estilísticamente la rima de Diego es un acontecimiento en la poesía española. Existe el riesgo de que todo acabe siendo por entero gratuito, pero también la posibilidad de que el lector guste otra vez de los sonidos, de la pura temporalidad acústica. Esta capacidad de armonizar los módulos de la poesía clásica con los temas y planteamientos del vanguardismo representa uno de los grandes de Diego. En este sentido Fábula de Quis y Zeda es quizá su logro poético mayor por la insólita perfección con que se unen las sextinas clásicas y los temas amorosos y urbanos tratados en clave de humor amable, en deliberada parodia de las fábulas mitológicas del barroco: parodia y homenaje a un tiempo.

 

Ángelus

                       A Antonio Machado

       

               Sentado en el columpio

               el ángelus dormita

 

Enmudecen los astros y los frutos

 

 

Y los hombres heridos

 pasean sus surtidores

como delfines líricos

                                                                                  Otros más agobiados

                                                                          con los ríos al hombro

                                              peregrinan sin llamar en las posadas

 

                                            La vida es un único verso interminable

 

                                                          Nadie llegó a su fin

 

                                                     Nadie sabe que el cielo es un jardín

Olvido

                                     El ángelus ha fallecido

 

                                Con la guadaña ensangrentada

                                un segador cantando se alejaba

 

                       

 

El ciprés de Silos

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

 

Otra casa aventada

También aquí me han aventado la casa.
¿No me dejaréis una siquiera
de aquellas pocas de mis nacimientos
para que alguien pueda, al fin, vivirme,
renacerme,
después que yo me muera?

¿Cómo saber dónde se nace
al amor, a la vida?
Fiebre de incubación: por ella supe
que estabas otra vez naciendo.

Pero no me obliguéis a señalar:
aquí fue.
Ya que no me dejáis portal y nido,
respetad mi leyenda.
Imprecisión, polémica os pido.

 

Fábula de equis y zeta

Amor
Góngora 1927

Era el mes que aplicaba sus teorías
cada vez que un amor nacía en torno
cediendo dócil peso y calorías
cuándo por caridad ya para adorno
en beneficio de esos amadores
que hurtan siempre relámpagos y flores

Ella llevaba por vestido combo
un proyecto de arcángel en relieve
Del hombro al pie su línea exacta un rombo
que a armonizar con el clavel se atreve
A su paso en dos lunas o en dos frutos
se abrían los espacios absolutos

Amor amor obesidad hermana
soplo de fuelle hasta abombar las horas
y encontrarse al salir una mañana
que Dios es Dios sin colaboradoras
y que es azul la mano del grumete
-amor amor amor- de seis a siete

Así con la mirada en lo improviso
barajando en la mano alas remotas
iba el galán ladrándole el aviso
de plumas blancas casi gaviotas
por las calles que huelen a pintura
siempre buscando a ella en cuadratura

Y vedla aquí equipando en jabón tierno
globos que nunca han visto las espumas
vedla extrayendo de su propio invierno
la nieve en tiras la pasión en sumas
y en margaritas que pacerá el chivo
su porvenir listado en subjuntivo

Desde el plano sincero del diedro
que se queja al girar su arista viva
contempla el amador nivel de cedro
la amada que en su hipótesis estriba
y acariciando el lomo del instante
disuelve sus dos manos en menguante

«A ti la bella entre las iniciales
la más genuina en tinta verde impresa
a ti imposible y lenta cuando sales
tangente cuando el céfiro regresa
a ti envío mi amada caravana
larga como el amor por la mañana

Si tus piernas que vencen los compases
silencioso el resorte de sus grados
si más difícil que los cuatro ases
telegrama en tu estela de venados
mis geometrías y mi sed desdeñas
no olvides canjear mis contraseñas

Luna en el horno tibio de aburridas
bien inflada de un gas que silba apenas
contempla mis rodillas doloridas
así no estallen tus mejillas llenas
contempla y dime si hay otro infortunio
comparable al desdén y al plenilunio

Y tú inicial del más esbelto cuello
que a tu tacto haces sólida la espera
no me abandones no Yo haré un camello
del viento que en tus pechos desaltera
y para perseguir tu fuga en chasis
yo te daré un desierto y un oasis

Yo extraeré para ti la presuntuosa
raíz de la columna vespertina
Yo en fiel teorema de volumen rosa
te expondré el caso de la mandolina
Yo peces te traeré -entre crisantemos-
tan diminutos que los dos lloremos

Para ti el fruto de dos suaves nalgas
que al abrirse dan paso a una moneda
Para ti el arrebato de las algas
y el alelí de sálvese el que pueda
y los gusanos de pasar el rato
príncipes del azar en campeonato

Príncipes del azar Así el tecleo
en ritmo y luz de mecanografía
hace olvidar tu nombre y mi deseo
tu nombre que una estrella ama y enfría
Príncipes del azar gusanos leves
para pasar el rato entre las nieves

Pero tú voladora no te obstines
Para cantar de ti dame tu huella
La cruzaré de cuerdas de violines
y he de esperar que el sol se ponga en ella
Yo inscribiré en tu rombo mi programa
conocido del mar desde que ama»

Y resumiendo el amador su dicho
recogió los suspiros redondeles
y abandonando al humo del capricho
se dejó resbalar por dos rieles
Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.

 

 Ayer soñaba

Ayer soñaba.
Tú eras un árbol manso
- isla morada, abanico de brisa -
entre la siesta densa.
Y yo me adormecía.

Después yo era un arroyo
Y arqueaba mi lomo de agua limpia,
como un gato mimado,
para rozarte al paso.

 

Ella

¿No la conocéis? Entonces
imaginadla, soñadla.
¿Quién será capaz de hacer
el retrato de la amada?

Yo sólo podría hablaros
vagamente de su lánguida
figura, de su aureola
triste, profunda y romántica.

Os diría que sus trenzas
rizadas sobre la espalda
son tan negras que iluminan
en la noche. Que cuando anda,

no parece que se apoya,
flota, navega, resbala...
Os hablaría de un gesto
muy suyo..., de sus palabras,

a la vez desdén y mimo,
a un tiempo reproche y lágrimas,
distantes como en un éxtasis,
como en un beso cercanas...

Pero no: cerrad los ojos,
imaginadla, soñadla,
reflejada en el cambiante
espejo de vuestra alma.

 

Insinuación

Oh, ven, ven, ¿a qué esperas?
Los árboles te llaman
agitando sus miembros infinitos.
La tierra abre sedienta
la boca, y modifica
la incómoda postura de sus muslos.
Sus párpados entoldan los tejados.
Alborotan los niños de la escuela.
Se hace más tersa y suave
la mejilla frutal de las mujeres.
Y acarician mi frente anubarrada,
barriéndola de duros pensamientos
los plumeros de seda de la brisa.
Oh, ven pronto
a adormecer  -silencio-  nuestros sueños,
contándoles tu historia sin sentido,
tan casta y voluptuosa,
toda de besos mudos
y calladas sorpresas.

 

Insomnio

Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes.  No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.

Saber que duermes tú, cierta, segura
- cauce fiel de abandono, línea pura -,
tan cerca de mis brazos maniatados.

Qué pavorosa esclavitud de isleño,
yo, insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.

Madrigal

A Juan Ramón Jiménez

Estabas en el agua
                    estabas que yo te vi

Todas las ciudades
                            lloraban por ti
                            Las ciudades desnudas
           balando como bestias en manada.

A tu paso
              las palabras eran gestos
como éstos que ahora te ofrezco

Creían poseerte
porque sabían teclear en tu abanico

Pero
            No

     no estabas allí

Estabas en el agua
                              que yo te vi.

Nocturno XI

Sentadas sobre un pozo alabastrino
una mujer desnuda  -amor profano-
y una blanca doncella  -amor divino-.
¿No recordáis el cuadro de Tiziano?

También en el nocturno chopiniano
se oye primero el cántico argentino
que nos dice las rosas del camino,
que al goce invita del amor profano.

El ave del amor borda su trino
escondida en el bíblico manzano,
y un cupidillo frívolo y pagano
apunta al cielo el chorro cristalino.

Es todo risas. Se respira un vano
perfume anacreóntico; y el vino
tiñe acaso el paisaje veneciano
como en una vendimia de Bassano
o en una bacanal del Aretino.

Un acorde litúrgico; imagino
que lo trenza algún órgano cristiano.
Es la aureola del amor divino
la que ilumina el corazón humano.

Renunciamiento, paz, quietud, lejano
son de plegarias místicas. El lino
de un cuento nazareno y peregrino
devana el dulce corazón del piano.

Y se piensa en el claustro; el vespertino
toque de Ángelus, trémulo y lontano,
un conventual jardín benedictino,
azucenas, cipreses, una mano
blanca en las sombras lentas adivino...

Pasa el encanto del amor divino.
Vuelve el triunfo del amor pagano.
Ya conoces los dos, mi buen hermano.
Pero tú no decides tu camino.
Es tan bello el amor a lo profano...
Es tan bello el amor a lo divino...


 

 Por qué cuando te hablo...

¿Por qué cuando te hablo
cierro los ojos?
Yo pienso en aquel día
y en que tú me los cierres
- esperanza infinita -,
a ver si mis palabras
- costumbre larga mía -
pueden más que la muerte.

Posesión

Fue una tarde de enero. Mi entereza
de cántabro se defendía, encastillaba.
Mis amigos pensaban persuadirme,
no conocían aún la irrebatible
casta de mi carácter. Insistían,
razonaban volvían, apremiaban.
Yo, numantino.
Y por dentro un supliciado.
No poder ser, Dios mío, como ellos.
Los comprendía. Y ellos a mí, no.

Y para hacerles ver que era verdad
la mía, hube de volverme niño
y dejar que asomaran a mis ojos
unas lágrimas de hombre.
Entonces comprendieron. Y callaron.

Yo salí a la calle, al paseo, aprisa, aprisa,
al campo, a la sagrada libertad.
Empezaba a llover, gotas menudas,
hijas de las nieves.
Qué caricia de besos en mi frente.
Qué hora feliz, yo absuelto,
perdonado.

Aquel domingo decisivo
tomé posesión, no de un cargo,
de mi vida modesta, transparente.

 

 

 

Quisiera ser convexo...

Quisiera ser convexo
para tu mano cóncava.
Y como un tronco hueco
para acogerte en mi regazo
y darte sombra y sueño.
Suave y horizontal e interminable
para la huella alterna y presurosa
de tu pie izquierdo
y de tu pie derecho.
Ser de todas las formas
como agua siempre a gusto en cualquier vaso
siempre abrazándote por dentro.
Y también como vaso
para abrazar por fuera al mismo tiempo.
Como el agua hecha vaso
tu confín - dentro y fuera - siempre exacto.

 

 

Rosa mística

Era ella.

             Y nadie lo sabía.

Pero cuando pasaba
los árboles se arrodillaban.

Anidaba en sus ojos

               el Ave María

y en su cabellera

               se trenzaban las letanías,

Era ella.

              Era ella.

Me desmayé en sus manos
como una hoja muerta

                  sus manos ojivales
                  que daban de comer a las estrellas.

Por el aire volaban
romanzas sin sonido.

                   Y en su almohada de pasos
                   me quedé dormido.

Mujer de ausencia
escultura de música en el tiempo.
Cuando modelo el busto
faltan los pies y el rostro se deshizo.
Ni el retrato me fija con su química
el momento justo.
Es un silencio muerto
en la infinita melodía.
Mujer de ausencia, estatua
de sal que se disuelve, y la tortura
de forma sin materia.

 

Te diré el secreto de la vida

El secreto de la vida es intercalar
entre palmera y palmera un hijo pródigo
y a la derecha del viento y a la izquierda del loco
conseguir que se filtre una corona real
Levántate cada día a hora distinta
y entre hora y hora
compóntelas para incrustar un ángel

Nada hay como un suspiro intercalado
y entre suspiro y suspiro
la melodía ininterrumpida

Déjame que te cante
la grieta azul y el intervalo.

 

Una a una desmonté las piezas de tu alma...

Una a una desmonté las piezas de tu alma.
Vi cómo era por dentro:
sus suaves coyunturas,
la resistencia esbelta de sus trazos.
Te aprendí palmo a palmo.
Pero perdí el secreto
de componerte.
Sé de tu alma menos que tú misma,
y el juguete difícil
es ya insoluble enigma.

{
}
{
}

Comentarios Poetas del 27: Gerardo Diego

estan muy reflexivas todas  escribe bien mas no es una poesia simple

Deja tu comentario Poetas del 27: Gerardo Diego

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.