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Poesías: Esa muñeca a la que diste cuerda

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La llama de mi amor, que está clavada

 en el alto cenit de el firmamento, 

 ni mengua en sombras ni se ve eclipsada.

Quevedo

  

 

 Te siento allí donde nunca me escuchaste

en todos los rincones que no conociste

donde nunca estuviste.

 

Donde has nacido

no queda nada

salvo tú mismo.

 

 

 

Estoy descubriendo tu piel en mi piel.

Tus ojos negros son un anís  brillante

Enervas despacio esa piel a mano alzada

Aunque sangres  yagas  

desde la nuca a mis pies

no me avergüenzo

Mi desnudez se torna

una luna transparente

El sálvese quien pueda

me lo guardé en la manga

Lo único que sé

es que susurras

un te quiero

que habla sin parar

de lo que siento.

Mari Carmen Moreno Mozo

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