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La poesía de Javier Pérez-Ayala

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Javier Perez-Ayala, by Azay Art Magazine

 

La poesía de Javier Pérez- Ayala

Editor de  Poesía eres tú

 

Después de todo, sólo basta

una bala rebotada para matar

la fragilidad de algunos cuerpos.

 

Javier Pérez- Ayala

 

 

Suele decirse que la poesía es un género minoritario, que nadie lee poesía, que nadie quiere a esa musa que mana desbocada por la casa de los poetas, esos estetas que se mueren de frío, incapaces de saldar sus cuentas con la vida. Olvidados de todos, los poetas ya ni siquiera lamentan su suerte, únicamente se pasman ante el inexorable existir, sin que eso les impida asistir una y veces a la bacanal del Oráculo, no para preguntarle siquiera qué va a ser de ellos, sino para sacar la furia de su corazón, para invitarlo al desfogue, para sentir el ritmo acelerado de sus emociones, para saberse vivo, cercano a un yo al que a veces le cuesta interceptar, un yo oscuro, huraño, perdido en las minucias de la vida. A través del Oráculo el poeta siente las oscilaciones del mundo, la desidia, la desazón, el arrebato silencioso de lo vivido y accede a que despierte la poesía. Es en ese “rostro violento” de uno mismo, donde las palabras estallan, donde el mundo se frena dramático y surgen las preguntas sobre uno mismo, sobre la comunión del ser con el mundo, sobre el modo de construir el dique, para que mane la palabra. Es justo  en esa nueva construcción, donde el poeta nos desvela el drama de la existencia, un drama que sólo puede curarse con palabras, con la tintura de los corazones, con el bálsamo purificador de la poesía.  Pérez Ayala nos quita la venda de los ojos y nos obliga a sentir el “tremendo graznido” del mundo como herida que no supura, ese mundo que sale de sus ojos y regresa una y otra vez a su mundo interior  “Me pregunto si será suficiente/ ser nada, sin tener nada de nada”.  Tanto en Ese rostro casi violento como en El día mundial de la indiferencia, asistimos a una voz  amarga que rasguea sus propios sueños, muestra hacía que frío territorio nos conduce la indiferencia y nos invita a suplantar todos esos dibujos fríos con el calor de nuestras emociones, con el peso de nuestro cuerpo, casi vacío e invisible, pero que deja huellas, huellas que poco a poco van hundiéndose en el reloj de arena,   que son escaparates mudos, pero no silenciosos, si las rasguea el poeta.  

El poeta sabe que la vida pesa y que en esa balanza lo importante es sentir, saber que se está ahí, que aunque la vida pasa muy deprisa, el ser humano continúa escudriñando, moviendo los brazos para no hundirse en un mar de desidia, y aunque zozobra, le siguen acompañando los mismos compañeros de armas y torpezas, los mismos alimentos sin cuya savia difícilmente podría echar raíces (el amor, los díscolos sueños, el convencimiento de su singularidad frente al resto). Por eso el poeta sigue colocando la flecha en el arco, tirando a darle a la vida, extrayendo versos de la mochila cotidiana que lleva a cuestas y por eso una y mil veces acude al Oráculo y cuando éste habla, todo su ser convulsiona, se transforma, hasta que rompe los cristales ocultos que lo astillan.

Aghata

 

 

Algo acerca de nada

 

Nada en la concavidad de la mano,

nada en la mirada, nada que importe,

nada en el sur, tampoco nada al norte,

nada en el invierno, ni en el verano.

 

Nada en los vagones del suburbano,

nada en los taxis, ni en ningún transporte,

ningún viaje, nada en el pasaporte,

nada lejano, ni nada cercano.

 

Nada en la mente, al menos coherente,

no suena nada, ninguna llamada,

nada que parezca ser consecuente.

 

Nada en el silencio de la mirada.

Me pregunto si será suficiente,

ser nada, ni tener nada de nada.

 

 

 

 

Peso luego existo

 

Que pesen sobre ti los días,

no hasta hundirte en la tierra,

sólo lo suficiente

para que no te arrastre

el primer soplo de viento.

 

Que pesen las manzanas de Newton

y que se atraigan los cuerpos

y graviten los astros

en nuevos amaneceres.

 

Que pese la primavera

sobre las estaciones,

para que sufran

de hipocresía los desengaños.

 

Que pesen los eneros

sobre los inviernos,

para que no olvidemos

otro año que espera.

 

Que lo importante

es pesar sobre la tierra,

no pesar mucho, ni pesar poco,

tan sólo pesar.

 

La insoportable levedad del ser

 

No quiere una respuesta,

ni siquiera busca una pregunta.

 

No consigue deshacerse

de la insoportable

levedad de su ser.

 

Está observando

lo vano de su empeño

frente al espejo.

 

Su pensamiento

ha encontrado

el suicidio del sentido común.

 

En mitad de la hecatombe

le ha asaltado una duda:

“Cariño, ¿Estoy guapa?”

 

 

A veces, por no decir siempre

 

A veces pasa, a veces sin bandera

a veces sin principios, sin receta,

como escudriñando algo que la inquieta,

que la seduce, que alarga la espera.

 

Pasa sin nombre, pasa traicionera,

pasa arrodillada, pasa escueta,

pasa rápido buscando la meta,

como una extraña, como forastera.

 

Pasa buscando un mármol grabado

pasa despierta y se siente dormida

pasa como un dedo en vidrio mojado

 

A veces simple, a veces aburrida,

otras como horizonte accidentado.

A veces sucede: Pasa la vida.

 

 

 

Nuestros zapatos

 

Hoy que tus zapatos

siguen caminando solos por la acera,

quizás echen de menos

el taconeo por los bulevares de Madrid.

Lo sé, porque ayer, mis zapatos añoraban

el repiqueteo de tus zapatos al andar,

que con los míos formaban

esa sinfonía al caminar.

 

Hoy, como ayer,

mis zapatos,

desde la punta hasta el tacón,

echan de menos a los tuyos.

 

 

 

 

Promesas

 

Cuando tengas frío,

cobíjate en mis brazos.

Cuando busques compañía,

acuérdate de mí.

Cuando te duela,

acuérdate del alivio de mis manos.

Cuando estés cansada de problemas,

yo te los niego.

Cuando necesites tiempo,

te doy el que no tengo.

Cuando sientas todo,

acuérdate de que no soy nada.

Cuando quieras conocer la decepción,

pídeme una promesa.

Cuando me quieras,

mírame a los ojos

y huye lo más lejos que puedas.

 

 

 

 

Esa persona se ha enamorado de ti

 

Esa persona se ha enamorado de ti,

y no es extraño que suceda

porque el amor esta flotando,

en las esquinas de las calles,

en los bares, en la poesía,

en el arte, en el tiempo,

en las estaciones,

el amor esta en el aire.

Le he intentado decir que se equivoca,

que no es prudente enamorarse,

que sólo le puedo ofrecer sencillez

y algún que otro desengaño,

que ese momento, el del amor,

se me ha quedado anclado en el pasado.

 

 

 

Días de colegio

 

A golpes de silbato subíamos a clase,

un vaso de yogurt nos servía de plumier

en los pupitres.

 

El cuaderno de ortografía

nos obligaba a escribir

nuestras peores frases:

mi mama me mima.

 

La consigna de la semana

presidía la clase.

A medio día comíamos

con comida del colegio

o con comida de casa.

 

Por las tardes Pepita

nos traía cacao con galletas,

luego la ruta de autobús

nos llevaba a casa.

 

En mayo: con flores a María.

El ángelus a las doce.

A formar en filas:

a cubrirse ya, firmes ya.

 

Así trascurrían nuestros días de colegio.

Con el tiempo lo normal

fue estar loco o ser poeta.

 

 

 

 

Cuando apriete el frío

 

Cuando apriete el frío

(y créeme que lo hará)

cuenta las ocasiones

para salir ahí afuera.

 

Cuando sufras de amor

(y créeme que lo harás)

recuerda que te queda

la dignidad de tu silencio.

 

Cuando pase el tiempo

(y créeme que lo hará)

agradece lo que viviste

y que estas aquí un año más.

 

 

 

Hay un hombre

 

Hay un hombre tendido en una cama,

cerca, en la mesa, reposa un Neruda,

tapa su boca su mano desnuda,

hay algo que se pierde en su mirada.

 

Quizás sea el cansancio de la jornada

o que ahora se enfrenta a una duda,

el caso es que aborda una verdad cruda:

que la soledad es su extraña aliada.

 

Hay un hombre solo, que sufre de ausencia,

siente una sombra creciendo en su pecho

se extiende deprisa hacia su conciencia.

 

Esa tarde el doctor dio algo por hecho,

que su tiempo se agota con violencia,

ahora se derrocha sobre su lecho.

 

 

Insólito

 

Lo insólito no es que ese hombre

se formule esa pregunta,

sino que halle la respuesta.

 

 

 

Septiembre, así sí

 

Así sí, con la mirada altiva,

las manos abiertas,

silbando “Over the rainbow”

y un ligero ritmo al andar.

 

Volverlo a intentar,

con la brisa clara de septiembre

sabiendo, que se ha paseado un año más.

 

Perder una batalla,

no es perder la guerra,

ni sentir, un lujo

para los que desean estar vivos.

 

Seguir aquí

es habitar el camino.

Así sí, septiembre,

te hace sentir vivo.

 

 “Ese rostro casi violento”

 

 

Autorretrato

 

Ese rostro casi violento,

esa mirada desgarbada,

ese continuar adelante,

porque lo pide la jornada.

 

Ese amor no correspondido,

esa escritura sofocada,

ese corazón encendido,

esa presencia desalmada.

 

Ese continuar en la brecha,

ese salirse de la sala,

esa existencia insatisfecha,

ése es Javier Pérez-Ayala.

 

 

 

El asesino

 

Hoy he sido bueno, hoy no he matado a nadie.

Sin embargo, me persiguen las sombras

de mis anteriores crímenes.

 

Lo confieso, soy el asesino.

Después de todo, sólo basta

una bala rebotada para matar

la fragilidad de algunos cuerpos.

 

El asesino,

a quemarropa o certero,

que no ofrece a la víctima

ningún consuelo.

 

No uso un patrón

ni una medida,

sólo mato

porque estoy preparado

para ello.

Nunca mato

por dinero.

 

Te he elegido

porque estás leyendo esto,

tú serás la víctima

de mis desaforados versos.

 

 

 

Hijos de la libertad

 

Hijos de la libertad, nos decían

para que nos sintiésemos orgullosos de ellos

y nos insistían cada día para que les votásemos.

Primero venía uno y nos decía

que había que ir a la guerra para defender la paz,

el siguiente nos instaba a un proceso de paz

para ir a la guerra.

 

Nos agolpábamos en las universidades

pero no para defender nuestras ideas

sino para aprender las de ellos,

pronto parecíamos un hormiguero,

todos juntos, apiñados

en busca de un título para nuestra pared.

 

Luego hacíamos cola para cobrar el paro

y nadie decía nada, sólo nos preparábamos más.

Como no teníamos pobres

los trajimos de fuera. Estaban hambrientos

y eran hijos de una cultura ágrafa.

Así parecíamos mejores.

 

No teníamos casas, ni dinero,

ni ideas propias,

salíamos a beber a las calles,

pero luego les resultó un problema,

dijeron de higiene, y lo prohibieron,

pero no se molestaron

en poner un servicio público.

Dijeron que el tabaco y el alcohol

eran malos y los subían de precio

para ganar más.

 

Los billetes de avión eran más baratos

y todos salimos a conocer otros lugares

pero allá donde íbamos todo era lo mismo,

aún así, nos agolpábamos

en las terminales de los aeropuertos.

 

Hijos de la libertad, nos decían,

borregos del mundo, peleles de la tierra,

esclavos del dinero, hacer lo que os decimos

para defender la libertad y la paz.

 

Olvidar Reykiavik

 

Encuentro desgraciados los tiempos que corremos

 

Aún tengo impresa en la memoria

aquella tarde en la que discutí contigo,

no es que me guste recrearme en el dolor,

tan sólo es que no hallo la forma de pedirte perdón.

 

Ahora la casa me parece más vacía y fría.

Comienza noviembre

y yo no estoy preparado para este frío

que no puede borrar la memoria.

 

A veces quiero el olvido

y no puedo evitar pensar en aquellos días

que latían con más fuerza.

 

Olvidarme de Reykiavik

fue muy fácil

porque nunca estuve allí,

lo difícil fue olvidarme de ti.

 

 

Las cosas que me enseñaron

 

Camina erguido; no corras;

saluda a las visitas; no cruces la calle solo;

no chupes el cuchillo; no salgas sin la bufanda;

da las gracias;

no te acerques a la puerta del ascensor;

ponte el pijama; sécate bien después del baño;

la letra con sangre entra;

no comas nada antes de la misa,

en pie para recibir al profesor;

cede el paso a los mayores;

abre la boca para que te vea el médico;

lávate las manos; haz los deberes;

recoge tu cuarto;

límpiate antes de beber;

no te muerdas las uñas.

 

Saluda niño, saluda.

­­­─ Disculpe usted. Es que el niño es tímido.─

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios La poesía de Javier Pérez-Ayala

¿Qué decir? Me gustaron tus poemas. En épocas difíciles para la poesía es reconfortante encontrar textos que pueden ser rescatados del alud de bisutería literaria que uno encuentra en la red.
ANIBAL MANUEL ANIBAL MANUEL 11/09/2010 a las 18:08

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