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Poema de Mío Cid.

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Poema de Mío Cid

 

A estas palabras,    fabló ifant Ferrando:

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tantos  avemos de averes    que no son contados;

por vos avemos ondra   e avemos lidiado,

vençiemos moros   en campo e matamos

a aquel rey Búcar,   traídos provado.

Pensad de lo otro,    que lo nuestro tenémoslo en salvo.>>

Vasallos de mío cid   sediense sonrrisando:

quien lidiara mejor    o quien fora en alcanço;

mas non fallavan  i a Didago ni a Ferrando.

Por aquestos juegos    que ivan levantando,

e las noches e los días   tan mal los escarmentado,

tan mal se consejaron       estos iffantes amos.

Amos salieron a part,       veramientre son hermanos;

desto que ellos fablaron   no parte nos ayamos:

<

Los averes que tenemos    grandes son e sobejanos,

despender no los podremos      mientre que vivos seamos.

 

Adaptación

A estas palabras contestó el infante don Fernando:

-Gracias al Creador y a vos también, honrado Cid, tenemos ahora ganancias incontables; por vos nos hemos enaltecido combatiendo; vencimos a los moros en el campo, matamos a este traidor probado del rey Bucar. Ahora, cuidaos de los demás, que ya lo nuestro está a buen recaudo.

Los vasallos del Cid se reían a esto por lo bajo; estos habían peleado furiosamente, y aquellos se habían señalado en la persecución; pero no recordaban haber visto entre ellos a Diego ni a Fernando. Con estas mal disimuladas risas y estos escarmientos continuos que les hacían, los infantes empezaron a concebir un plan perverso. Dignos hermanos son el uno del otro. Se apartan y comienzan a cavilar; pero no tengamos parte en las maldades que hablaron.

-Marchémonos a Carrión; mucho nos vamos retardando en Valencia. Las grandes ganancias que hemos logrado no podríamos gastarlas ya en toda la vida.

Cantar de Mío Cid, Cantar de la afrenta de Corpes.

Este fragmento, perteneciente al cantar tercero o de la afrenta de Corpes, narra la villanía cometida por los infantes contra las hijas del Cid, a las que vapulean y mancillan en el robledal de Corpes. El Cid, en lugar de tomarse la justicia por su mano, apela al rey  y este se ve obligado a convocar Cortes.

El texto puede dividirse en tres partes:

En la primera parte (versos 1-7) Fernando se dirige al Cid, para exponerle sus deseos de marcharse. Introducida en estilo directo, la intervención nos revela la índole del personaje, puesto que su participación en la batalla ha sido prácticamente nula.

Seguidamente asistimos a la reacción que provocan estas palabras en los hombres del Cid. Ellos conocen la verdad, puesto que han asistido a la contienda. Sus risas y befas mal disimuladas son vistas por los infantes como provocaciones, ultrajes hacia sus personas.  Posteriormente planearán la venganza, el ardid con el que se desharán de la forma más ruin de la vergüenza.

Finalmente, los descubrimos conspirando, hablando del botín y planificando la huída. Su deseo es abandonar un territorio en el que han sido vejados y humillados. De camino a Corpes, descargarán sobre la carne de sus esposas toda esa ira contenida.

Los infantes no dudan en incidir en las ganancias que el matrimonio les ha proporcionado; esa era su única finalidad al contraer matrimonio. Lo único que les movía era el interés económico y, una vez conseguido este propósito, no les importará llevar a cabo sus viles planes. El juglar nos muestra las dos caras de la situación: por una parte, lo que piensan los infantes, correlato a lo que dicen y, por otra, la actitud de los hombres del cid que no pueden evitar mofarse de sus palabras. La ironía es evidente, por ejemplo, al considerar al rey Bucar un “traydor provador”, cuando los mayores traidores son ellos mismos.

El autor alterna el pretérito perfecto y el imperfecto, de forma que alternen las estructuras en pasado; también es prescriptivo, el deseo de hacernos tomar partido de inmediato: para ello introduce adjetivos valorativos, con la finalidad de que podamos descubrir su verdadera intención (veramientre sos hermanos). También es un recurso apropiado al carácter oral, la supresión de una parte de la información. De este modo el oyente permanecerá más atento.

La estructura métrica es la prescrita en el poema:  versos irregulares –en este caso, 18- de arte mayor, divididos en dos hemistiquios por la cesura. Todos los versos forman parte de la misma tirada de versos monorrimos con rima asonante (a/o).

El tema que nos plantea el autor es muy sencillo: desenmascarar la falsedad de sus palabras, de forma que vayamos intuyendo que se avecina una hecatombe, que los infantes cometerán alguna maldad para resarcirse.  Posteriormente los infantes vejaran a las hijas del Cid. Este volverá a hacer uso de la mesura, una de las cualidades que ya han aparecido en otras ocasiones  (cuando tiene que despedirse injustamente de su mujer y sus hijas, por ejemplo); acudirá al rey y pedirá justicia. Una vez resarcida ésta –puesto que sus hombres vencen a los infantes- casará a sus hijas con reyes y este último hecho verificará el restablecimiento de su honra.

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Comentarios Poema de Mío Cid.

da bien todo el planteamiento

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