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Paraíso inhabitado, Ana María Matute

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 Paraíso inhabitado, Ana María Matute

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fotografodebodaenValenciahttp://www.jfrechina.com/

 

Ana María Matute lo ha vuelto a conseguir, otra vez se ha ganado el corazón de sus lectores con “Paraíso inhabitado”, una novela que ahonda en el rico mundo interior de una niña “mala”, “rara”, “ensimismada” que naufraga hacia la madurez, sin que ninguno de los personajes que la acompañan puedan salvarla o retenerla.

 Adri es una niña que vive en un estadio de ensoñación perpetua, refugiada en el territorio de los cuentos, protegida por los seres del “servicio”, que auscultan sus pasos e intentan envolverlos en una aureola inocente, para que los otros Gigantes (su madre o las hermanas del colegio) no la castiguen o la trasladen de puntillas al otro mundo, frío y grotesco que la paraliza.  Ella busca la complicidad de la noche, de los objetos, cuadros u sueños que le permiten solaz y silencian su tristeza, su debilidad u miedo ante lo desconocido. Lo desconocido son esos sentimientos que los adultos pretenden disfrazar con palabras o gestos que la humillan y la ensucian: porque ella no ríe ni habla casa, o se comporta de otra forma, y por eso es la “niña mala”, y por eso los adultos de la casa (sobre todo su madre o las monjas del colegio) afean ante sus ojos su conducta y le piden que sea buena, aunque ella desconozca lo que ha hecho mal y se empecine en su soledad y sus rarezas.

Pero Adri… no está sola, algunos Gigantes sí que la entienden o al menos pretenden salvarla, encender sus mejillas, proporcionarle el regalo de sus sonrisas: son los personas del servicio, que se preocupan de ella y cuyo mundo interior le ofrece un universo limpio, lleno de autenticidad y alejado del maniqueísmo y de las dobles verdades huidizas de los otros Gigantes. Para salvarla allí están Tata María e Isabel, las criadas de la casa, Teo, el tutor de su amigo Gavi, su tía Eduarda, e incluso, la cálida mano de su padre y sus cartas.

Para Adri el mundo que le produce felicidad se reduce a la cocina, a las visitas a casa de su amigo Gavi, a las visitas de su tía Eduarda… En ese mundo, existe zonas oscuras, dolor y miedo y sufrimiento, pero aún así, ella se siente arropada porque en esos espacios encuentra el calor humano, la compresión y el cariño, que no puede sentir cuando traspasa el umbral a la fuerza y se dirige a la zona del parquet encerado, un espacio donde el silencio la hace sentir insólitamente desvalida, mala y sola. Es el mundo de los adultos que no la entienden: ni su madre, ni su hermana Cristina, ni siquiera sus propios hermanos que se han marchado, pueden entenderla. Para todos ellos su corazón está enfermo, ellos no pueden salvarla ni tampoco pueden escucharla.

Lo más conmovedor de la novela es el recorrido que hace Matute por el mundo de los sueños que se despiertan cuando la protagonista está con su amigo Gavi, un chico que vive con su tutor Teo, tan desvalido como ella. Puesto que sus almas son gemelas, sólo cuando están juntos el mundo, pese a su fealdad, parece otro, envuelto en una película donde se refugian: un cuarto donde leen o juegan con un teatrillo, un patio, donde respiran y corren junto a Zar, el pastor alemán de su amigo.  

La novela nos muestra a una familia burguesa, rota, que se ha derrumbado. Los padres de Adri se han separado, y su madre es incapaz de atraer a la niña a su regazo y siempre se muestra fría y dolida. Ella es un Gigante más, que siempre está  acechando su felicidad, y riñéndola.

Como telón de fondo,  los difíciles años de la República, la lucha de una sociedad maniquea, incapaz de hallar su espacio, una burguesa encorsetada en una hipocresía en la que se asfixia. Un mundo incapaz de dar a luz una vida desempañada de la tiranía o de pobreza que envuelve el interior de las personas.

Una novela escrita con un lenguaje transparente donde Matute vuelve a mostrar sus mejores bazas: su amor por los cuentos, esa manera traslucida de contar las cosas con una sinceridad que empuja al lector hacia su propia infancia, que te hace recordar tus propios miedos e inseguridades; una novela que apela a nuestros sueños más ocultos y los destapa, escrita por una mujer que ha sabido como nadie desvincularse de las modas al uso y que siempre ha dicho lo que quería decir, sin otra herramienta, que su mirada.

Ana María Matute vuelve a emocionarnos con esta novela triste, pero reveladora de su humanidad, de su propia existencia. Sus recuerdos se cuelan en nuestra propia mirada y nos obligan a retroceder a ese territorio donde el tiempo se paraliza y la inocencia asoma, aunque sea una inocencia amarga y triste, que abrazamos con melancolía.

Aghata

 

En aquel momento, mamá entró en la habitación. Estaba muy guapa, o así me lo parecía. Se había teñido el cabello de rubio. Me extraño porque ella siempre criticaba a una de sus amigas por haberlo hecho.

-¡Ésta es la enfermita… que ya está bien! Ven a darme un abrazo…

Me desprendí de los brazos de Tata María, y se los tendí. Casi no podía dar un paso, tan débil me sentía, pero ella me recogió, rápida, antes de que me cayera al suelo. De nuevo  me tendieron en la cama mientras cuchicheaban, en voz muy baja. Luego, mamá me puso las manos en la frente. No he olvidado su perfume, creo que no lo olvidaré nunca. Incluso la sola palabra <<mamá>> lo trae consigo, mucho después de su muerte. Perdura más de lo que duró su vida.

Estuvo a mi lado, hasta que, de nuevo, pude incorporarme. Muy lentamente iba recuperando fuerza, y creo que esta fuerza me llegaba por el mismo deseo que tenía de levantarme y bajar a jugar con Gavrila.

Pero mamá ignoraba estas cosas, y empezó a contarme otras, que me interesaban bastante menos.

-Adri, ya han pasado las fiestas de Navidad, pero no te preocupes porque tienes los regalos de Reyes… Y además, las niñas de tu clase, al saber que no volverás hasta octubre, te han mandado algo precioso, ya verás qué bonito; una cartulina deseándote que te pongas buena, con la firma de todas… ¡ Y Margot, la primera! ¡Fue ella la que tuvo la idea…! ¿No te das cuenta, Adri? ¡Todo el mundo te quiere!

Me vinieron a la memoria los empellones de Margot en la fila hacia la capilla, para hacerme caer; las risitas a mi espalda, cuando yo tartamudeaba – cosa que entonces me ocurría a menudo- y las muchas veces que no sólo me había quitado el postre, sino también la merienda- aquella mísera merienda de pan con higos secos, luego facturada a precio de caviar – y la tiraba al estanque del jardín, ante mis ojos, porque creía que me dolería, cuando sólo me asombraba. En aquel momento, regresó a mis oídos, casi físicamente, el coro adulador de las niñas buenas riéndose de mí. Me habían bautizado con el apodo de <>, en parte porque era mucho más menuda que ellas, y en parte porque era la menor, en años, de la clase. Al parecer, no podían tolerar que alguien uno o dos años menor que ellas perteneciera a su clase. Que tuviera, por así decirlo, el mérito suficiente para estar en su curso. Yo no creía ni quería tener mérito alguno, por lo menos a sus ojos. Porque si algún mérito había en mí, sería, en todo caso, aguantarme las ganas de llorar. Como el impávido soldadito de plomo, o aquellos otros soldados que admiraban Jerónimo y Fabián.

<>, pensé, aunque nunca había dicho, ni siquiera pensado decir esa palabra. Y descubrí que era algo así como reventar un grano. No me importaba lo más mínimo la cartulina, ni las firmas ( Margot a la cabeza), que mamá puso ante mis ojos como un trofeo. Era una cartulina llena de colores, y un dibujo con un ángel donde se leía : <>, volví a decirme. Aunque esta segunda vez, me dio un poco de asco, entre lo mareada que estaba y lo que veía, oía e imaginaba.

Pero mamá estaba eufórica, y empezó a decir tonterías. Algo así como que gracias a Dios cuyos caminos son impredecibles, yo, al fin, había logrado el aprecio de Saint Maur. Me imaginé el edificio espeso del colegio apreciándome. Con todas las monjas y las niñas dentro, y Margot a la cabeza, disfrazada de ángel guardián, y blandiendo la espada de fuego que, según las laminas ilustrativas de la Historia sagrada, esgrimía, el que arrojó a Adán y Eva del Paraíso. (…)

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Comentarios Paraíso inhabitado, Ana María Matute

hola agata un deseo el paso de los dias por este año nos traiga paz  esta muy bien el libro y tu con tu magia haces que al lector le llame la atencion besos
Querida Aghata, Cómo estás? Espero te encuentres bien... Recibe muchos saludos y un fuerte abrazote por el nuevo año que ha comenzado en nuestras vidas.
Que la bendición de Dios te haga fuerte y sobre todo te conceda paz... Que el pariso de tu corazón este habitado por el amor, la fe y la esperanza.
Saludos a tus hijos.



Comenzamos el año con discrepancias ... no soy fan de A.M.Matute
¡¡Lo iento!! quizá sea demasiado complicada, o agresiva, o muy buena
Pero ... gracias por tu comentario
Un beso muy fuerte viajera
María.
Querida Lucía, que los reyes sean generosos...en salud y amor, que no te falte ese sustento.
Un beso gigante
Espero Yakely que seas muy feliz este año que comienza y que todo te sonría como nos haces tú sonréir con tus post y tus visitas tan cariñosas
Un beso gigante María. ¡Qué se le va a hacer! No se puede congeniar en todo. Me encanta Matute, uno de mis libros favoritos es Olvidado rey Gudú, me gusta por su voz poderosa, tal vez "agresiva", como tú misma dices y por la sensibilidad con la que describe el mundo, es como si lo vieras todo a través de su mirada.
Espero que este año sea fantástico, aunque yo deshojo la margarita otra vez: me vuelvo a operar de la rodilla, no me opero, ¡qué horror! Mis piernas están más viejas que yo y me dan la lata.
Te quiero amiga
un saludo , y desearte un feliz 2010.
me necanta tu blog.!!!
Comentando el titulo,...te diria lo que dijo alguien."Quien camina por los senderos que conoce,nunca llegara al paraiso"(a no ser que ya este en el).......Y que los reyes magos te traigan ademas de todo lo que deseas,mucha paciencia y mucho tiempo libre.saludos
mcdx mcdx 06/01/2010 a las 03:29
Como siempre es un placer leerte. Con ese estilo didáctico con que escribes tus mensajes consigues que, incluso los que nos acercamos a la Literatura un poco tarde, lleguemos a saborearla con placer. 
A mi sí que me gusta A. M. Matute, pero después de leerte creo que profundizaré en su lectura.
Muchos muác y ningún snif ni ningún buahhh para este año veinte diez. 
gracias Martín. Yo también te deseo lo mejor para este nuevo año y espero que los reyes magos hayan sido benévolos
Gracias Josillou. Sólo quiero transmitir mi pasión por algunos autores y libros, que merecen la pensa, que sobresalen de la media, muy pero que muy recomendables.
Un beso gigante y que este nuevo año te traiga un saco lleno de deseos.
     Me encantó el libro de Ana María Matute. No había leído todavía nada de ella y, la verdad, ha conseguido emocionarme. Lo he leído muy rápido (a pesar de no ser uno de intriga) y he disfrutado como una enana (he podido oír la voz de Gavi, sentir las sábanas mojadas en mi cara, la caricia de los rayos del sol, de los rizos de Gavi, ...)
Elisa Elisa 05/06/2010 a las 20:42
querida AGHATA  saludu fuerte desde MARRUECOS. He caido por casualidad con este blog . Me han entrado mas ganas de lee obrasde A MTUTE.Solo quiero transmitir mi pasion por esta obra aunque no la haya leido entera por falta de material didáctico aquí en Marruecos. Sólo  lo que escribes y lo os fragmentos de textos de la obra  que tengo me han dado una idea general  sobre la obra que algún día me gustaría leer.
amina amina 22/03/2011 a las 18:52

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