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Oda a la vida retirada, Fray Luis de León

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 Oda a la vida retirada

 


Recoge en ella el tema horaciano del Beatus ille que expresa el ansia de paz espiritual, el deseo de sosiego en un marco geográfico: el campo. Esa búsqueda de paz en el capo es una de las preocupaciones de los hombres del siglo XVI, se plantea como contrapunto a la vida convulsa de la ciudad.
El campo frente a la ciudad, la vida "natural", frente a la "civilizada"; sin duda uno de los temas capitales del Renacimiento.
Se opone el mundo de vicios y degradación de la ciudad, al mundo dignificado de la vida en el campo. Aquél es símbolo de agitación y desasosiego; este, de paz y tranquilidad: "mundanal ruido" "mar tempestuoso" se contraponen a "manso ruido" "senda escondida". Aunque el carácter de Fray era impulsivo y nervioso, el anhelaba la serenidad, la paz interna. El poeta es consciente del desasosiego del mundo y desea apartarse y vivir en el campo, retirado y en armonía con la naturaleza.
 
 Es el mismo mundo natural e idílico que cantaba Garcilaso:
 "-¡Oh monte, oh fuente, oh río¡...." Ya no sólo  será un mundo de belleza y armonía para el poeta, sino también  un refugio en que encontrar la paz y esté al abrigo de los peligros de los humanos. Se establece una comparación entre la falsa vida terrenal, comparada con un barco –un falso leño-, cuyo mástil –la combativa antena-, cruje en medio de la tempestad cuando los vientos cierzo y Abrego se desencadenan. Este hecho ocasiona el hundimiento del barco, así como, la muerte de sus ocupantes, tragados por el mar.
 La composición, escrita en liras, presenta pues los siguientes motivos temáticos:
La estrofa I nos introduce en el tema central: ese deseo de soledad, paz y sabiduría. Las tres estrofas siguientes reinciden en el menosprecio de los valores mundanos: el poder, la fama, la lisonja. Seguidamente, las cuatro siguientes nos muestran un elogio de la naturaleza y las incontables ventajas que tiene vivir en el campo en armonía, como contraposición a los inconvenientes del mundo, en concreto, de la vida en la ciudad.
Fray Luis nos describe a continuación ese estado ideal, pero no ya como un anhelo sino como una verdadera experiencia vivida. Esta descripción aparece en las estrofas 9, 10, 11 y 12. Después en las estrofas 13 y 14 nos muestra imágenes de dolor y miseria que se oponen a las anteriores de felicidad y armonía. Las últimas estrofas, vuelven a la serenidad. El poeta nos expresa un mundo deseado; pese a que quedan indicios del anterior desorden, lo que se expresa gráficamente con un violento encabalgamiento: “…miserable/-mente…”.

 

La metáfora <<escondida senda>> incita -como ya hemos dicho- al apartamiento del mundo. Por otra parte, aquellos que siguen esta senda, procuran no llamar la atención, o sea, no hacer rudio.

El deso de vivir en soledad aparece explícitamente en la estrofa siguiente:

Vivir quiero conmigo,

gozar quiero del bien que debo al cielo

a solas, sin testigo,

libre de amor, de celo,

de odio, de esperanzas, de recelo.

 

Hipérbaton:

Del monte en la dera

por mi mano plantado tengo un huerto,

que con la primavera

de bella flor cubierto,

ya muestra en esperanza el fruto cierto.

(En la ladera del monte tengo un huerto plantado por mi mano que, cubiertade bella flor con la primavera, ya muestra en esperanza el fruto cierto),

Por otra parte con la expresión <<los otros>> se refiere a aquellos que en vez de seguir la <<escondida senda>>, eligen el <<mundanal ruido>>, la vida de los <<soberbios grandes>>, de las preocupaciones, el odio, el recelo y la <<sed insaciable del peligroso mando>>, que él rechaza.  TAGS:


En el poema se encuentran otros encabalgamientos abruptos como escondida /senda que hace referencia a que la senda que separa el mundo y sus vanidades es escondida y difícil puesto que se trata de un camino estrecho, no es por tanto ni un camino visible ni fácil de encontrar o recorrer. El poeta hace referencia a la dificultad de apartarse de las comodidades, del poder, etc. Prescindir de todo ello para llevar una vida austera y reflexiva, en comunión con uno mismo no es sencillo. Otros encabalgamientos Otros encabalgamientos: el pecho / de los soberbios; techo / se admira; fabricado / del sabio.
Nos encontramos ante uno de los ejemplos más bellos del tópico beatus ille de referencia horaciana y que nos insta al apartamiento de las presunciones de la vida. El poeta utiliza la lira: composición versos de 7 y 11 sílabas (7a 11 B 7a 7b 11B).
 
 
 
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo!,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.
No cura si la fama
canta con voz su nombre, pregonera;
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta a mi contento,
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?
¡Oh, monte! ¡Oh fuente! ¡Oh río!
¡Oh, secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero,
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quién la sangre ensalza o el dinero.
Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera,
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fortuna pura
hasta llegar, corriendo, se apresura.
Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo, de pasada,
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.
El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido.
Ténganse su tesoro
los que de un falso leño confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.
La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna; al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada,
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido  yo a la sombra esté cantando.
A la sombra tendido,
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

Comparamos esta composición de fray Luis  con la de Horacio

Dichoso el que de pleitos alejado,
cual los de tiempo antiguo,
labra sus heredades,  no obligado
al lóbrego enemigo.
Ni la ama en los reales le despierta,
ni tiembla en la mar brava;
huye la plaza y la soberbia puerta
de la ambición esclava.
Su gesto es, o poner la vid crecida
al álamo ayuntada,
o contemplar cual pace, desparcida,
el valle su vacada. (…)  Horacio, Épodos.

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Comentarios Oda a la vida retirada, Fray Luis de León

muy bueno me fascina (y)
marycruz marycruz 17/04/2013 a las 01:40
¡Perfecto! Muy útil
Muchas gracias.
Lau Lau 22/05/2013 a las 01:20

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