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La obra de Benito Pérez Galdós I . Apuntes de literatura

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Benito Pérez Galdós

 

 

 

Biografía .

 

Nació el 10 de Abril de 1843 en Las Palmas de Gran Canaria. En 1862 se traslada a Madrid para estudiar Derecho, pero pronto abandona estos estudios para dedicarse a su vocación periodística. Desde 1865 trabaja en los periódicos La Nación y El Debate.

Pronto conocerá la narrativa europea: Durante su viaje a París, tiene ocasión de contactar con la obra de Balzac y más tarde se siente atraído por Dickens lo que le llevará a traducir Pichwick Papers en 1868.

 

Sus ideas liberales se refuerzan este año con La Gloriosa.  De hecho el escritor participaría activamente en la vida política: fue diputado en varias ocasiones, tanto en las filas liberales, como en las republicanas y llegó a presidir junto a Pablo Iglesia la  Conjuración Republicano- socialista.

 

Desde 1883 mantuvo una íntima amistad con Emilia Pardo Bazán y con otras mujeres, pero nunca se caso, porque era contrario al matrimonio. En 1889 es elegido miembro de la Real Academia  Española. Su discurso  versa sobre "La realidad presente como materia novelable".  También sería propuesto como candidato al Premio Nóbel en varias ocasiones, pero no llega a conseguirlo por la oposición de sectores reaccionarios.

 

Aunque sus obras tuvieron éxito, Galdós sufrió dificultades económicas, de hecho al final de su vida se organizó una colecta pública para ayudarlo. Tuvo un triste final: sus últimos años vivió recluido en su casa, viejo y ciego. Murió en Madrid en 1920.

 

Su ingente obra nos muestra un fresco de la sociedad del XIX. Gracias a ella conocemos algunos de los problemas más emblemáticos que asolaron su tiempo. No obstante se trata de una obra polarizada: fijada en Madrid, en el ambiente urbano y centrada en los problemas de la clase media.

           

Teoría de la novela  

            Toda obra literaria  se ve condicionada por la actitud artística de quien la crea, pero además depende del ambiente literario en el que se forja. El caso de Galdós no es ninguna excepción. Su trayectoria literaria se constituye en uno de los momentos más fértiles de la narrativa europea y es lógico que las diversas formas de novelar de estos grandes novelistas le influyesen, en un momento tan pródigo para el género novelístico. De manera que podemos intentar estudiar las concomitancias entre  Dickens, Sthendal, Balzac, Flaubert, Zola, Dostoievsky,y Tolstoi y Galdos.

 

Cometeríamos, no obstante, un grave error de omisión si nos  olvidásemos de nuestra tradición, pese al salto temporal. La forma de novelar de Cervantes y la de Galdós presenta indudables concomitancias. Galdos no sólo aprende del realismo foráneo, también estudia a Cervantes y tiene muy en cuenta su forma de novelar, cómo recrea el espacio o el tiempo o los procedimientos lingüísticos que utiliza a la hora de trasladar al papel  el habla de tal o cual personaje con fidelidad.

 

           Las concomitancias con los grandes  escritores europeos son guiños al texto, anclados en los propios postulados generales del realismo y del naturalismo que recrean de forma más o menos fehaciente la realidad de la época. Dada la importancia que tiene la disección del personaje es lógico que  se acerque a Dickens en esa mirada tierna hacia la infancia. También es lógico que comparta con Balzac su condición antropomórfica, el deseo de que el personaje no se inscriba únicamente a una obra, sino que pueda atravesar las parcelas de cada ficción y continuar recreándose en otra ficción. Ese es el empeño del Balzac en La comedia humana.  No podemos olvidarnos tampoco de  Dostoievsky  y su  exploración del subconsciente, aunque nuestro autor  no llegue a su profundidad.

Son disímiles estos autores en la adecuación del personaje a cada realidad y en la forma de tratar los problemas sociales, de acuerdo a la situación específica de cada país, algo perfectamente lógico.  De hecho, en el tratamiento de los personajes Galdós podría situarse en un punto de intersección entre Dickens y Dostoivsky. Los personajes de Dickens son personajes exentos de individualidad, demasiado estereotipados en una balanza  que mide a  buenos y malos sin puntos intermedios. Los de Dostoivsky, por el contrario,  escapan al tipo; son personajes excepcionales, cuya problemática los individualiza  permitiendo al autor el sondeo de su subconsciente y motivaciones instintivas. Galdós se sitúa en ese punto de intersección porque sus personajes están extraídos de la realidad que el autor conoce a la perfección. Él  sondea en las motivaciones que priorizan sus actos, pero son motivaciones lógicas, verosímiles, dado el contexto en el que se producen. De hecho el autor, nos informa en "Observaciones sobre la novela contemporánea", sobre las fuentes intrínsecas de las que extrae la pericia narrativa. Fundamentalmente sus obras se centran en la clase media, en sus ideales, aspiraciones, y problemas.

 

            Son famosas también sus apostillas en el discurso inaugural que pronuncia en la Real Academia. Su discurso "La sociedad presente como materia novelable" pone de manifiesto cuáles sus aspiraciones como novelista y sobre qué pilares construye sus obras:

"Imagen de la vida es la novela y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico que nos constituye y nos rodea,"

           

            De manera que sus obras ahondan en la multiforme realidad de su tiempo desde las diversas perspectivas de los sectores implicados. Los personajes de Galdós, a diferencia de los de Zola, por ejemplo, son capaces -en ocasiones- de cambiar la realidad externa, si actúan con vehemencia. El autor no admite ese determinismo innato del naturalismo Si en ocasiones se produce una degradación del personaje

(situación, por ejemplo, de Isidora Rufete, personaje de La desheredada), se debe a la perversión de sus valores morales, que produce su caída en el abismo. El autor sabe que debe dotar a sus personajes de libre albedrío, en ese empeño por proporcionarles una superación a sus conflictos.

            Por otra parte Galdós  siempre pretende  una representación fiel de la realidad externa, pero no olvida que la novela es un ente de ficción, no una imitación estricta de la realidad. Al autor le preocupa la construcción verosímil de una ficción, arraigada en un mundo concreto, pero independiente.  Esa adecuación a la realidad la logra en parte gracias a los usos lingüísticos. Cada personaje habla según su condición social, de esta forma consigue un retrato fidedigno y preciso sin   necesidad de las descripciones aparatosas o grandilocuentes de otros realistas. Los personajes se disocian del narrador y se describen unos a otros mostrando ángulos de visión diferentes, gracias a los cuales el lector capta el alma intrínseca de cada personaje. Consigue así la objetividad, pero en modo alguno logra un distanciamiento total, puesto que él sabe conscientemente que es difícil desaparecer de la obra: Por más que se diga, el artista podrá estar más o menos oculto pero no desaparece nunca (...) El que compone un asunto y le da vida poética, así en la novela como en el teatro está presente siempre (...) (Prólogo a El abuelo, 1897)

 

            Gracias a la intromisión del género epistolar en la novela (tan de moda entonces) consigue distanciarse del personaje. En este caso los hechos son presentados a través del lector- personaje que lee, y el lector de la obra sabe sólo lo que sabe este personaje.

 

            Por lo tanto la novela consigue un reflejo pertinaz de aspectos que antes habían sido tratados en la narrativa española de forma periférica: la cotidianidad, los asuntos burgueses, los obreros en sus fábricas o las labores de labranza; todo estos aspectos se narran desde los diversos ángulos de los propios personajes, en cuyo análisis psicológico cobra fuerza sus propias interlocuciones. Ese reflejo del habla cotidiana es uno de los aciertos, parafraseando así lo que ya había hecho Cervantes en su momento:

 "Una de las diferencias con que tropieza la novela en España consiste en lo poco hecho y trabajado que está el lenguaje literario para reproducir los mensajes de una conversación corriente. Oradores y poetas lo sostienen en sus antiguos moldes académicos, defendiéndolo de los esfuerzos que hace la conversación para apoderarse de él; el terco régimen aduanero de los cultos le priva de flexibilidad. Por otra parte, la Prensa, con raras excepciones, no se esmera en dar al lenguaje corriente la acentuación literaria,  y de estas rancias antipatías entre la retórica y la conversación, entre la Academia y el periódico, resultan infranqueables diferencias entre la manera de escribir y la manera de hablar, diferencias que son desesperación y escollo del novelista."

Prólogo de Galdós a El sabor de la tierruca, de Pereda.

 

Así hallamos voces coloquiales o locuciones como  peine (desaprensivo, pillo, buena pieza), badulaque (inútil), chisgarabís ( de escasa valía), pelafustán ( holgazán),  dorar la píldora, el perro del hortelano, meter en cintura, defender el garbanzo, no caber en el pellejo, jarabe de pico, noche toledana, etc. También incluye vocablos extranjeros que habían sido puestos de moda en las tertulias de la época: spleen, sport, quinquet, beef-steak , etec.

            El escritor profundiza en la naturaleza humana, con el propósito de que los propios personajes se constituyan en entes de ficción. En definitiva, él como Cervantes, pretende ahondar en la manera de sentir, pensar y actuar del individuo, busca la forma de conciliar sus aspiraciones, sueños y expectativas a la realidad que le ha tocado vivir. Se aproxima también al autor del Quijote en esa defensa de los valores que serían los verdaderos pilares que debe esgrimir un individuo que pretende ser libre.

El problema sigue siendo el mismo, el concepto de libertad es difícilmente aprehensible; cada individuo tiene una concepción propia de lo que significa la libertad y cada grupo social - en este caso- defiende unos valores disímiles, cuya conciliación suele ser problemática. Su novela en definitiva ahonda en el "vivir, el sentir y el respirar de la gente".

 

 

 

           

Trayectoria vital, ideológica y literaria:

 

Ángel del Río ha resumido así la trayectoria seguida por Galdós:

 

"Su evolución podrá definirse en términos generales diciendo que va de lo histórico y social a lo individual, de problemas generales, abstractos a los problemas particulares del individuo y del alma humana; del realismo -que trata de revelar lo interno por la descripción minuciosa, detallada, de lo externo, al análisis psicológico que penetra en el interior de la conciencia de sus personajes; de la materia al espíritu..."

 

Es lógico que la forma de novelar de un escritor concienciado con los problemas de su tiempo, fluctúe a lo largo del tiempo. Por una parte, su técnica de novelar se va perfeccionando con la práctica; por otra, su concepción de la novela como arma arrojadiza capaz de transformar la sociedad se va diluyendo a lo largo del tiempo. Al principio sus obras hablan de problemas generales o abstractos de la sociedad en esa disociación que recoge las diversas expectativas y posturas de los sectores sociales que él se encarga de radiografiar y poner en tela de juicio; pero después el ámbito de estudio se restringe e  individualiza para centrarse en el propio personaje, en su conciencia, con la finalidad de ahondar en sus reacciones más íntimas y buscar la solución más coherente a cada caso.

 

 

Período revolucionario (1868-1874)

 

Novelas de esta época son:

La sombra

La fontana de oro

El audaz: historia de un radical de antaño.

Correspondería igualmente a la primera serie de los Episodios nacionales

 

Al principio Galdós creía intuitivamente en la burguesía y en su capacidad para transformar la sociedad española. En "Observaciones sobre la novela contemporánea en España" confía en esta revolución. Ese es el motivo de que las obras de este periodo se inscriban en ese sector de la burguesía liberal todavía ascendente. Las obras ponen de manifiesto cuáles eran los obstáculos que se oponían al ascenso de la burguesía: el radicalismo, la reacción, el proletariado militante que abogaba por una revolución distinta, más exacerbada. Sin embargo la revolución burguesa liberal no se llevó a efecto por ese choque de intereses con la clase obrera y por la oposición de la alta burguesía que se alió con la aristocracia terrateniente.

 

      En sus primeras novelas como  La fontana de oroEl audaz -novelas históricas-  Galdós estudia el pasado reciente para averiguar cuáles son los orígenes de los procesos ideológicos, políticos o sociales, que han llevado a la sociedad a la situación actual.

      La fontana de oro, es una novela de combate que estudia el conflicto religioso, la supuesta lucha social entre liberales y absolutistas. El simbólico título hace referencia al nombre de un café cercano a la Puerta del Sol de Madrid, donde se reunían políticos, escritores y artistas. El contexto histórico- social en el que se inscribe se corresponde con los años 1820-1823, época del trienio liberal.

 

      Los nombres de los protagonistas nunca son gratuitos. En este caso el protagonista principal es Lázaro, estudiante aragonés que pertenece a la minoría liberal. Vive con su tío Elías Coletilla, hombre muy religioso y militante absolutista. Estas dos visiones se presentan como irreconciliables. Su sobrina, Clara, ha sido educada por las señoras de Porrillo y Venegas, que representan el tradicionalismo a ultranza, la ridícula santidad y la hipocresía. Lázaro se enamora de la joven, pero para que surja el verdadero conflicto, Galdos hace entrar en escena a  un comandante de tropas que también pelea por el amor de la joven. Cuando el liberal es detenido por motivos políticos, Bozmediano lo libera. Pero la nobleza del comandante no es tal, pues acosa a Clara estando sus tías ausentes y la mancilla, por lo que estas la obligan a marcharse de su casa. Huye con Lázaro y se casan. Galdós cambió el final en una segunda edición por otro más traumático, pero luego volvió al inaugural. Sin embargo, la boda condiciona al joven que abandona la lucha y se retira con la joven a su pueblo.

 

      El ambiente político que queda reflejado en la obra es el levantamiento liberal que se produjo en ese periodo contra la tiranía de Fernando VII; el social, se inmiscuye en los avatares de la clase media. La obra se resiente por el maniqueísmo de los personajes que no varia. Representan cánones fijos: bondad, honor, maldad.  Aún así en esta obra  ya se dibujan  las constantes de la obra galdosiana aunque demasiado estereotipadas: estudio del medio, aparición de personajes históricos y el carácter simbólico de la acción.

 

      El audaz, "historia de un radical de antaño", por su parte,  retrocede aún más en el tiempo para mostrarnos los sucesos históricos del incipiente siglo XIX, 1804. En sus características generales no disiente de la anterior. En cuanto a La sombra, novela escrita en 1867, su interés radica en ese sincretismo de corrientes que produce la intersección entre romanticismo y realismo. Es importante porque da cabida de forma muy significativa  a los sueños o alucinaciones. Los personajes viven en una irrealidad continua donde se desdoblan.

 

     

 

 

      Ese mismo ambiente aparecería nuevamente en sus últimas producciones como "El caballero encantado" o "La razón de la sinrazón".

  

                         Este estudio de la revolución española formaría parte también de sus primeras de Episodios Nacionales, escritas entre 1873- 1879. Novelas de marcado carácter histórico pero en las que se mezclan personajes reales y ficticios. La primera sería englobaría la Guerra de la Independencia; la segunda, por su parte, abordaría el reinado de Fernando VII. En ellas la verosimilitud se logra gracias a la perpetuidad de algunos personajes, cuyas vidas se prolongan a lo largo de toda la serie.

 

                         En estas primeras novelas Galdós buscó una técnica novelística que equilibrase el carácter ficticio de la narración y lo aclimatase en el trasfondo histórico, de manera que los acontecimientos y pericia de los personajes reflejase de forma objetiva las diversas ideologías, sin embargo, su fecundidad dificultó en cierto modo esa aclimatación y adecuación total de todos los aspectos de la trama.

 

 

Los primeros años de la Restauración:

 

Novelas: Doña Perfecta (1876)

Gloria (1876-77)

Marianela (1878)

La familia de León Roch 1878

La segunda serie de los Episodios nacionales.

 

                      Suele catalogarse a las novelas de este periodo (1876-1878) como novelas de Tesis, porque suponen el primer eslabón de enjuiciamiento claro de la realidad. También han sido llamadas "novelas de la intolerancia", dado que Galdós denuncia a quienes desconfían de la burguesía liberal, acusándola de ser antipatriótica y enemiga de la fe.

 

                     La confianza en la clase burguesa comienza a resquebrajarse.  Se ha convertido esta en "una clase inmovilizada por el fanatismo, y los prejuicios tradicionales, una clase (...) que lleva el suicidio a los que dentro de ella personifican el progresismo y el espíritu liberal".

 

                       Son las novelas de tesis que  plantean  la lucha de la burguesía por salvar los obstáculos que se encuentra en su camino. Los personajes como Doña Perfecta luchan contra los cambios, y defienden sus tradiciones anquilosadas en el pasado.

 

                         A excepción de Marianela, predomina el problema religioso. ¿Por qué? Con la subida de los Borbones al trono en diciembre de 1874, Galdós vio peligrar los ideales que habían alimentado la revolución del 68 y este peligro se manifestó de manera más evidente  en el terreno religioso.

                          La cuestión religiosa preocupó tanto a tradicionalistas como a progresistas. En Doña Perfecta se ve el conflicto entre la religión. Galdós, que en ningún momento se mantiene neutral, sino que defiende el liberalismo,  ahondó en la llaga. Para él el verdadero problema radicaba en la religión y su anquilosamiento; las creencias impedían la movilidad social. El autor denuncia con ahínco el clericalismo y la intolerancia, esa religiosidad implícita e irreflexiva que  obstruye la felicidad,  que impide el desarrollo de los sentimientos.

 

                      Cada personaje, antes supeditado a la composición general, cobra ahora valor en si mismo. Ahora se funde lo social y lo individual En Doña Perfecta aparece el maniqueísmo, la oposición de contrarios, las ideas contrapuestas de personajes específicos: Doña perfecta y Pepe Rey. La obra sondea la voluntad de poder de Doña Perfecta y su oposición al progreso.

 

                      Los personajes aparecen en sus rasgos inherentes. Así tanto María Remedios, sobrina de Don Inocencio, como  Doña Perfecta aparecen caracterizados al final, pero el lector ya se ha forjado una imagen de cada personaje a lo largo de la obra. El autor es  el director espiritual, que orquesta los hechos, de ahí que abunde el monólogo y las aclaraciones, su intromisión en el desarrollo de los acontecimientos es continua.

 

                      En Gloria, Galdós  confronta el fanatismo católico de la familia de la protagonista con el fanatismo judío de la madre de Daniel, el amante de Gloria; ambos fanatismos contribuyen a la tragedia.

 

                      En cuanto a  La familia de León Roch, allí  esa división se produce en el seno mismo del hogar, del matrimonio, hecho que  implica el contraste moral: León Roch es un  hombre de ciencia,  mientras que el jesuita Peleotti,  es presentado como el director espiritual de su mujer, María Egipciana.

 

                      Doña Perfecta, una de las obras más emblemáticas de este período,  se publica por entregas en La Revista de España. La obra ha sido definida como un estudio de la intolerancia y el fanatismo religioso y sus conciencias en la convivencia, y como un análisis del comportamiento humano influido por las pasiones elementales. Según Galdós su propósito ha sido pintar las personas que parecen buenas y no lo son.

                     

                      Pepe Rey, va a ser durante un tiempo, huésped de su tía, doña Perfecta, mujer de mentalidad religiosa, en una ciudad imaginaria, exenta de ambiciones, puesto que la vida intelectual es nula, la económica prácticamente inexistente y la social se reduce a las reuniones insulsas. Nada sucede. La gente vive obsoleta, sin ambiciones y no quiere saber nada del resto mundo, puesto que se creen poseedores de la verdad, superiores.

 

 

 

 

 

                      Doña Perfecta desea que se case Pepe Rey con su hija Rosario. Para ello es necesario que primero se conozcan y simpaticen los primos lo que sucede casi de inmediato. Pero las costumbres e ideas de Pepe contrastan, chocan. En la obra, vemos como la lógica de acciones posibilita el conflicto. Interesa ante todo, esa comprensión por parte del lector, tanto si el problema se soluciona, como si no.

                      El personaje debe adquirir una formación adecuada, si desea insertarse en la sociedad. Debe trabajar y, por supuesto, casarse adecuadamente. Los obstáculos, las discordias y enfrentamientos que se agudizan en el capítulo XIV provocan la renuncia. Rosario se ha convertido en el objetivo de esa lucha, conseguirla es más importante que respetar unos ideales establecidos de antemano.

 

                      Pepe Rey se convierte así en  el portavoz de la España que defiende  Galdós. En su amor no hay apasionamiento ni romanticismo, es más un dejarse llevar, un amor tranquilo. Rosario, por su parte, simboliza la España en ese proceso de autodestrucción. El enfrentamiento de ambas Españas no tiene solución.

                      Los nombres propios de los personajes tienen un carácter simbólico. Galdós se muestra crítico. Aunque sea anticlerical, su postura tolera la religión sincera, pero no el fanatismo. El tiempo se detiene  para hacer una radiografía de lo que sucede en la cotidianidad de los personajes relativizándose cuando se detiene en un  personaje. Existe  además un tiempo simbólico que se adscribe al otoño.

                      En cuanto al espació se trata de un espacio funcional. Es un espacio unilateral (o sólo urbano o sólo rural). Lo interesante es recrear el proceso de los personajes en un ambiente determinado, por eso se muestra impreciso en cuanto a nombres de lugares. La atmósfera cumple una función simbólica, sirve para mostrar el proceso psicológico del personaje.

 

                      El punto de vista utilizado es el omnisciente. El autor  se inmiscuye en la historia, se identifica con los personajes o se distancia. Increpa al lector o se introduce en la conciencia del personaje. Sin embargo, en ocasiones se aparta de su creación y lo abandona.

 

                      En cuanto a  Gloria, el problema de base es el mismo que el que aparece en Doña Perfecta. Don Juan de la Antigua, noble de un pueblo ficticio, muy religioso, ortodoxo y viudo ha educado a su única hija según sus costumbres y tradiciones, que coinciden lógicamente en gran parte con las de Don Ángel,  obispo intransigente, tío de Gloria.

                      El conflicto se produce cuando aparece Daniel Norton, que es acogido en cada de D. Juan, quien trata de reconvertirlo al catolicismo. Gloria y él se enamoran. La gente se entera de que es judío y deciden  dejarlo; pero el destino les juega una mala pasada: antes de marcharse se encuentran en secreto, consuman su amor y ella queda embarazada.

                      El padre, al enterarse de la noticia muere del disgusto. No hay nada que hacer, Gloria lo abandona.  Él se va pero luego decide raptarla y vuelve, lo que provoca que descubra al hijo oculto. Decide entonces convertirse al catolicismo pero la intransigencia no tiene paliativos, en ese caso es la madre de Daniel la que se niega. Ante la falta de ecuanimidad, Gloria decide entrar en un convento, pero la enfermedad la acecha y se muere. Daniel va a verla, tres años después muere, loco. En esta novela se encuentra ya el esbozo del personaje femenino, aunque Gloria no es todavía Fortunata.

 

                         Esta locura del personaje debido a la intransigencia e imposibilidad de entendimiento entre las dos Españas, vuelve a repetirse en La familia de León Roch.  Tengamos en cuenta que el membrete religioso es una etiqueta en Galdós que encubre otros valores ocultos y negativos: la defensa de un nacionalismo hispánico exagerado y la exaltación del patriarcalismo rural, que dirige la vida y conciencia de los personajes.

 

                         Por otra parte la novela de tesis lleva implícito en sus caracteres la equivalencia a nivel metafísico de los problemas políticos. Quienes luchan son la cultura de la muerte, frente a la cultura de la vida. Tanto personajes y situaciones se convierten en símbolos. La idea de que la novela era un arma de combate eficaz también fue defendida por Clarín.

 

                         Dentro de este conjunto,  Marianela se nos presenta como una obra disidente, al plantear  un conflicto distinto. En ella Galdós aparta del problema religioso para hacer hincapié en el social. La acción se sitúa en las minas del norte de España. Aquí se plantea el problema del progreso que puede ocasionar reacciones adversas. El progreso facilita que Pablo vuelva a ver, libera al individuo de su problema; pero este hecho impide que el amor entre Marianela y Pablo  progrese, ya que éste al verla la rechaza.

 

                         Es interesante la interpretación que Casalduero hace de la novela: Nela es la imaginación, Pablo el raciocinio y Teodoro la ciencia. Ellos representan los estados por los que, según el positivismo de Comte, ha pasado la humanidad. El teológico, el metafísico y el positivo. La realidad se impone y el idilio se rompe.

 

Época del Realismo (1881-1891).

 

                      Las novelas de esta época abarcarían desde La desheredada (1881)  hasta Realidad. (1889).Entre  ellas destacan, además de esas dos: El amigo Manso (1882), Tormento (1884), La de Bringas ( 1884), Miau ( 1888)

 

                    La desheredada se publica en 1881, año en el que Sagasta y el partido liberal suben al poder. La desheredada es  una mujer víctima de sus ideas de grandeza heredada: cree que pertenece a una familia de aristócratas, rechaza el casamiento con Juan Bou por lo impropio de su clase, pero la realidad es que vive en una situación de extremada pobreza. Cuando le fallan los recursos para integrarse en la realidad soñada termina cayendo en la prostitución.

 

                   En este período aparecen: los elementos naturalistas,  la incorporación de los aspectos sórdidos de la realidad física y psicológica  que condicionan la conducta humana. Ahora bien, Galdós no es Zola, nunca llega al extremismo.

                      El autor se sitúa ahora en una ciudad real, el Madrid del XIX, por lo tanto la abstracción desaparece porque la ciudad no es ficticia. Su visión social también se ha transformado, de la sociedad jerárquica y cerrada; cambia a una sociedad más poliédrica, una sociedad en la que es posible la movilidad.

 

                      Su técnica  madura. Los caracteres de los personajes se muestran veladamente, a través de indicios y pistas que poco a poco los descubren. El diálogo  se torna  más realista y se introduce de forma más clara el habla popular. Se produce en este momento  el paso de lo abstracto a lo concreto, al abandonarse las ciudades ficticias para centrarse ahora en el Madrid del XIX  También ha cambiado  la visión de la sociedad, de cerrada y jerárquica, a fluida y cambiante, una sociedad en la que es importante  la movilidad social.

 

                    Los personajes son presentados de forma más sutil, a través de indicios o pistas que nos lo van revelando.. Percibimos pues un cambio en el estilo, en el tono y en el tema: Es más objetivo y discursivo.

 

                       La cuestión religiosa pierde relevancia y cobra importancia la descripción de los males sociales.  La técnica de enlazar la Historia (los acontecimientos históricos de España)  a la historia o vida privada de los personajes,  logra una simbiosis,  y este hecho nos impide disociar al personaje de su condicionamiento social o ambiental. Por ejemplo, en La de Bringas, el desvanecimiento del sueño de Rosalía Bringas de pertenecer a la alta sociedad, caracterizada por el despilfarro y la inmortalidad, coincide con el destronamiento de Isabel II, casi por las mismas razones.

 

                       Son novelas que se centran en Madrid "el núcleo  canceroso desde  donde domina a la nación la nueva oligarquía, la alta burguesía-aristocracia terrateniente". Realza ahora la inmovilidad que asola a la clase en la que había puesto todas sus esperanzas: las novelas reflejan  con claridad la corrupción de esta clase social.

                      También ha  cambiado la ideología de Galdós que se adhiere al idealismo de los Krausistas y se convierte así en un precursor de lo que sería el regeneracionismo del 98.

 

                      Por este motivo cobran vigencia la lucha de clase, su antagonismo y las reivindicaciones de la clase obrera. "Muchos de los personajes estancados en las clases dominantes ven peligrar su situación social acomodada con la llegada de la Revolución." (Por ejemplo, Moreno Isla y Aparisi en Fortunata y Jacinta).

 

Fortunata y Jacinta.

                      Esta obra es la mejor en cuanto a la técnica realista, pero es mucho más que realista, se trata de un realismo total, superador porque en él se funden tanto lo social como la sicología de los personajes. En sus anteriores novelas lo individual y psicológico se supeditaba a la realidad social, ahora es al revés, la realidad personal existe en función de lo social.

 

                  La historia se adscribe al Madrid de los años 1869-76; con una peculiaridad, en este caso es importante  la prehistoria que sirve de marco de referencia del desarrollo posterior.

 

                      La prehistoria se extiende desde 1810, fecha en que comienza la Guerra de Independencia americana y en la cual D. Baldomero I es el dueño de una tienda de tejidos, hasta 1868, año de la Gloriosa y de la muerte de Nicolás Rubén (padre de Maxi, por una parte; y por otra, de la jubilación de D. Baldomero II). Algunos de los hechos novelados concuerdan con  acontecimientos políticos de la época.

 

                      Se pueden rastrear algunas afinidades como las siguientes:

 

-En 1869, mientras en el país se promulga la Constitución radical, en la obra Juanito conoce a Fortunata.

-En 1871, fecha del inicio del reinado de Amadeo y de la boda de Juanito y Jacinta.

1872, nueva guerra carlista contra Amadeo y muerte del niño de Fortunata y Juanito

1874, golpe militar del general Pavía y aparición de una elegante Fortunata.

1875 entrada de Alfonso XII en Madrid y abandono de Fortunata por Juanito

1876, Constitución monárquica y nacimiento de Juan Evaristo, hijo de Juanito y Fortunata, quien muere.

 

                       Es la novela del Madrid de la época con un contraste bipolar: Por un lado, aparecen ámbitos madrileños de la alta clase de la oligarquía mercantil y financiera, por el otro, los ambientes de podredumbre, en los que  malvive la clase social más mísera. Aparecen reflejados en la obra los valores burgueses: la religión insincera, el honor como un sentimiento obsoleto, el  frío concepto de que la familia es un negocio más.

 

Personajes principales: Estamos ante triángulos cambiantes.

         Fortunata                                                                          Juan

Jacinta               Juanito                                         Fortunata                 Maxi

 

         Feijoo                                                                          Aurora

 

Fortunata          Maxi                                         Fortunata                   Juan

 

Jacinta: Se casa sin amor. Cuando se entera de la infidelidad de su marido no se revela sino que lo acepta y sigue con él, a pesar de estar enamorad de José Moreno-Isla.

 

Juanito: Era el típico personaje ocioso

 

Maximiliano: De naturaleza enfermiza, está preocupado por encontrar una mujer honrada y se casa con Fortunata. En el se mezclan realidad e imaginación. Crea un mundo que le es agradable; desembocará en la locura.

 

                  La novela se presenta como una simbiosis. Pero la pregunta es: ¿dónde se hallan los límites de la realidad? Si tenemos en cuenta cómo se confunden los sueños, los símbolos obsesivos, los deseos...es difícil separar realidad y ficción.

 

Símbolos:

El agua: símbolo de la vida, del amor, de la pasión. Fortunata está viendo el escaparate de una tienda de fontanería y acto seguido aparece Juan (parte III, cap. VIII, pág. 249); la calle donde vive Feijoo lleva ese nombre (calle de las Aguas).

En la calle de la Magdalena se produce la reconciliación entre Fortunata y Juanito

( parte III, cap. VIII, pág. 249)

 

Sueños:

-Jacinta tiene un sueño erótico-maternal ( parte I, cap. VIII, págs. 290-91)

Fortunata sueña que Juan está enfermo o que le roban el niño ( parte IV, cap. VI, pág. 449)

 

El narrador

Se considera un historiador (parte II, cap. VI, pág. 636). Utilización del monólogo interior:

El de Moreno-Isla ( parte IV, cap. II Insomnio, pp331-333)

El de Don Lupe ( parte II, cap. V "Otra restauración, pág. 150)

El de Fortunata ( parte III, cap. VII" La idea...la pícara idea, págs. 253-54)

 

La doctrina del error:

                      Los errores de los personajes galdosianos acaban haciéndolos fracasar. Maxi -por ejemplo- se casa con alguien opuesto a él físicamente y además disloca sueño de realidad. Feijoo: morirá a consecuencia de sus relaciones con Fortunata. Juanito: su destrucción no es física, sino moral, será la soledad.

 

                      En Miau, otra obra emblemática de este período, el tema es la tragedia grotesca de un cesante. El interés de la novela estará, sin embargo, en las implicaciones humanas y políticas que denuncian tal situación. Ricardo Guillón ha dicho que en novelas como Miau, Galdós acertó a expresar la tupida trama de  lo humano, mostrando al mismo tiempo cada hilo aislado en su fragilidad.

 

 En la estructura interna de Miau encontramos:

-El problema de la cesantía del protagonista y sus esfuerzos por recuperar su empleo (con el Ministerio como marco)

-Su vida familiar, su casa, el afán de "aparentar" de su mujer

-Las intrigas de Víctor, sus amores con Abelarda.

-Luisito y sus visiones.

 

                      Si el primero es el hilo central, los demás se entretejen para dotar de espesor e interés al problema del protagonista. El personaje central es Ramón Villamil, personaje vulgar: a menudo ridículo; a veces, conmovedor pero que no sale de su nimiedad. A su alrededor se podrían trazar una tupida enredadera con los personajes de su entorno: su familia, los porteros, las visitas, los compañeros de oficina etc.

 

                      En conjunto son figuras grises e incluso grotescas, deformes. El personaje de Luisito refleja el interés que sintió Galdós por el mundo de los niños, presentándolos muchas veces como personajes puros y conmovedores.

 

                      Los personajes aparecen enmarcados en ambientes bien delimitados que refuerzan su mundo gris. Galdós, como buen pintor de ambientes .logra descripciones muy verosímiles.

 

                      Miau no es una novela de tesis. Galdós critica en ella: la política y la Administración de la época, la sociedad  porque carece de valores estimables, la religión convencional y fría etc. Trata de reflejar la "mesocracia" de la época, dominada por una serie de convencionalismos que llegan a ser ridículos o mezquinos.

 

                      El autor adopta una actitud relativamente objetiva: presenta realidades, opiniones, actitudes, comportamientos. El narrador sabe desarrollar con fluidez el hilo narrativo, ensartando los diversos personajes y anécdotas. El ritmo varía según las necesidades de la narración. Los diálogos son un punto más de referencia para captar el alma del personaje. Galdós adapta siempre el lenguaje al carácter del personaje, con lo que consigue la verosimilitud. La variedad de registros muestra la capacidad para reflejar el habla de los personajes y los diversos estratos sociales. Además, gracias a la técnica del  monólogo interior  descubrimos la conciencia del personaje,

 

                      Galdós parte aparentemente de un tema trivial: el problema del empleo y de la subsistencia en una sociedad burguesa. La degradación del protagonista y de su circunstancia revela la degradación del país. Es un personaje que se suicida en una España que se suicida (pocos años separan al 88, fecha de la obra, y al 98, fecha del "desastre", en cuyas vísperas habla Maeztu de un suicidio del país.)

 

 

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Comentarios La obra de Benito Pérez Galdós I . Apuntes de literatura

[...]de Gran Canaria. En 1862 se traslada a Madrid para estudiar Derecho, pero pronto abandona estos estudios para … La obra de Benito Pérez Galdós. Apuntes de literatura Tags: aghata,[...]

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