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La novela española en la década de los sesenta. Maratón de literatura

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La novela española de la década de los sesenta se desarrolló como resultado de la crisis de la novela social. En ese contexto surgieron dos obras influidas por el Ulises (1922) de James Joyce, nos referimos a Tiempo de silencio (1962) de Luís Martín Santos,  y Señas de identidad.  (1966) de Juan Goytisolo. Sin perder la capacidad crítica, los narradores ahondan en el tema existencial (centrado en la alienación del hombre y el absurdo de la vida), recuperando así las corrientes irracionalistas. En esa nueva introspección, investigan en busca de una nueva novela, una novela abierta que requiere la participación activa y atenta del lector, quien debe interpretar su sentido sin ayuda del autor.

Tras ellos, a comienzo de los setenta la experimentación formal se pondría de moda en la narrativa, declinando progresivamente a comienzos de los ochenta. Junto al agotamiento de la fórmula realista, dos factores más influyeron en la renovación de la novela de esta década:

-El descubrimiento de la novela hispanoamericana, con tres hitos fundamentales: La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa (1962), La muerte de Artemio Cruz (1962) de  Carlos Fuentes, Rayuela (1963) de Julio Cortázar, y Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez, dando origen a lo que se conoce como “ boom” de la narrativa hispanoamericana.

-La influencia de los grandes innovadores de la novela contemporánea. Destacan el francés Marcel  Proust (En busca del tiempo perdido), el checo Franz Kafka (El proceso, El castillo, La metamorfosis), el norteamericano  William Faulkern (Luz de agosto, ¡Absalón, Absalón) y el irlandés James Joyce y su novela Ulises ( 1922),  considerada la novela más revolucionaria del siglo XX.

También contribuye a este éxito la promoción editorial que busca la difusión de sus productos, en un mundo que poco a poco empieza a ser más competitivo.

La renovación de la narrativa de este periodo se centró en la experimentación de nuevas fórmulas narrativas. Veamos algunas de ellas:

-Presencia de personajes con problemas de identidad que intentan encontrarse y buscar las razones de su angustia existencial; a veces se dirigen a sí mismos en segunda persona para indicar un desdoblamiento del narrador, que habla consigo mismo.

Por ejemplo en este fragmento de Señas de identidad de Juan Goytisolo:

“ ¿Qué obstáculo se había interpuesto entre tu madre y tú? Aunque formulada la pregunta te pillaba desprevenido y no sabías qué responder. Como dos líneas paralelas su existencia y la tuya no habían llegado a cruzarse y, en ocasiones, sentías pesar retrospectivo por la aventura no vivida, por el encuentro nunca realizado. Su pudor y tu reserva os habían mantenido distantes y, al filo de tus quince años, no pudiste (o no supiste) inventar la amistad. Ahora (alejado tú de ella en el tiempo y en el recuerdo) era demasiado tarde. Salvo en momentos excepcionales (y cada vez más raros) su imagen ( ojos azules y claros, frente amplia, nariz recta inmovilizados en alguna fotografía) había desertado de tu memoria para siempre.”

Juan Goytisolo

Señas de identidad

-Ruptura de la linealidad argumental del relato. La acción es escasa y, en ocasiones,  la historia se aleja totalmente de la trama. Se incorporan digresiones, secuencias en verso, recortes de textos periodísticos, informes, discursos políticos. La trama en ocasiones es una excusa para todas estas digresiones y opiniones diversas que rompen la coherencia del discurso.

-Discurso descompuesto. El párrafo deja de ser la unidad textual, aparecen frases seguidas sin punto, secuencias de una sola frase, espacios en blanco, uso libre de los signos de puntuación, ruptura de sintaxis lógica.  Los capítulos se eliminan y son sustituidos por secuencias, generalmente sin numeración y separados por espacios en blanco.

-Tiempo y espacio fragmentados mediante retrospecciones (flash-back), anticipaciones, simultaneidad o no progresión de elementos argumentales.

-Polifonía narrativa.  Consiste en narrar desde la perspectiva de los distintos personajes que hay en la obra. Es habitual la técnica del contrapunto, en la que diversas historias se van cruzando con lo que el lector obtiene una visión fragmentada de los hechos. Para narrar simultáneamente un número elevado de historias se utiliza la técnica caleidoscópica, ensayada por Cela.

- El diálogo es sustituido en ocasiones por el estilo indirecto libre y el monólogo interior, que intenta reflejar el fluir libre y caótico del pensamiento de los personajes. Esto va acompañado de una sintaxis desorganizada y de la ausencia en ocasiones de signos de puntuación.

-Metanovela. La novela incorpora a la historia el proceso seguido en la construcción de la misma.

- Se renueva el lenguaje literario. Se introducen neologismos, extranjerismos, fragmentos de otras lenguas, cultismos y coloquialismos con gran libertad. La frase se alarga y, al eliminarse la puntuación y mezclarse los diversos niveles lingüísticos, dificulta la lectura.

Gonzalo Sobejano llama a las novelas de esta época “estructurales” ya que el novelista pretende llegar al <<conocimiento de la persona mediante la exploración de la estructura de su conciencia y de la de todo su contexto social>>.

En estos años, son muchos los novelistas y obras que alcanzan gran éxito; citaremos las más importantes.

-Luis Martín Santos publica en 1962 Tiempo de silencio, sin duda el título más significativo de esta nueva etapa de la narrativa española. El psiquiatra Martín Santos desmenuza, a través del testimonio de un joven científico, ese “tiempo de silencio, del desolador panorama de la ciencia y de la cultura en la España franquista de los años cuarenta”.  Pedro, su protagonista, bascula a lo largo de la obra entre la lucidez, la perplejidad o la abulia.  Póstumamente se editó Tiempo de destrucción, en 1975.

Juan Goytisolo se inicia en la corriente del “realismo social”, con obras como Juegos de manos, y La isla y la resaca; novelas con una clara intención testimonial y de denuncia social y política. En ellas aparece el objetivismo y su férreo compromiso. Pero a partir de Señas de identidad es patente la experimentación, conjugada con la propia tradición literaria (Arcipreste de Hita, Cervantes, Blanco- White, Clarín), y con una revisión y desmitificación del pasado nacional.  El camino emprendido a partir de la obra continúa con Reivindicación del conde don Julián, Juan sin tierra, Makbara…, con las que el autor ha creado un espacio literario propio a la búsqueda desgarrada de su identidad personal.

Juan Benet dio a conocer en 1968 su primera novela, Volverás a región. En las novelas de Benet, el aspecto descriptivo concreto se diluye en un mundo laberíntico y extraño (como la comarca imaginaria de “Región”), donde todo es misterioso, impreciso y finalmente angustioso. Región simboliza la España desgarrada.  Destaca también por sus continuas disquisiciones, que recuerdan el estilo de Faulkner.  En Una meditación (1970), continúa la experimentación formal a través del monólogo interior.

Juan Marsé alcanzó celebridad con Últimas tardes con Teresa (1966), sátira ácida y cruel que refleja la bipolarización española en dos mundos totalmente incompatibles. Un grupo de jóvenes burgueses progresistas y otro de jóvenes trabajadores de los suburbios de Barcelona. Los protagonistas, representes de cada uno de estos dos ambientes, Teresa y el “Picoaparte”, nunca logran superar las barreras impuestas por su clase social, a pesar de sus acercamiento personal.  La novela enlaza con el realismo precedente, pero el autor incorpora en ella la renovación formal Marsé continuó cultivando la sátira y el humor en La oscura historia de mi prima Montse, Si te dicen que caí y La muchacha de las bragas de oro.

Luis Goytisolo inicia en 1973 el ciclo narrativo de Antigonía (tetralogía formada por Reencuentro, Los verdes de mayo hasta el mar, La cólera de Aquiles y Teoría del conocimiento), una de las obras maestras de la narrativa española contemporánea por su complejidad y trascendencia. Es el más claro ejemplo de metanovela; junto al argumento (la historia de un novelista) se introduce también la reflexión sobre el acto de escribir y las múltiples posibilidades de la lectura. Luis Goytisolo ha seguido experimentando en obras posteriores, de las que la más arriesgada ha sido Mzungo (“blanco” en swahili), novela más CD-ROM.

La nómina de novelistas que se adhirieron a las nuevas corrientes experimentales es muy larga; nos limitaremos a citar algunos autores más: José Mª Guelbenzu (El mercurio, La noche en casa), Francisco Umbral (Mortal y Rosa), Jesús Fernández Santos (Las catedrales), Julián Ríos (Larva, Poundemonnium). Incluso autores como Cela, Delibes y Torrente Ballester, cuya trayectoria narrativa es esencialmente realista, jugaron también a experimentar con obras como Oficio de tinieblas 5, San Camilo 1936 y Cristo versus Arizona de Cela, Parábola de un náufrago de Delibes y La saga/ fuga de J. B. y Off-side de Torrente Ballester.

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