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Si no estudias te lo pierdes: El reparto de África de 1880 a 1913.

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El reparto de África de 1880 a 1913

¡¡¡Como buitres!!!


Para 1879, la influencia europea en África era ya considerable, de modo que la repentina y rápida imposición del control político fue, en cierto modo, la culminación de una serie de procesos que ya se habían puesto en marcha. Sin embargo, había nuevas fuerzas en acción.


En 1880, relativamente eran pocas las regiones de África gobernadas directamente por europeos. En el norte, los franceses se habían dedicado a la conquista de Argelia desde la década de 1830, en ´África occidental (Senegal, Sierra Leona, Costa de Oro, Lagos y Gabón) había pequeñas colonias francesas e inglesas; y antiguos asentamientos portugueses, ya en decadencia, en Angola y en el alto del valle de Zambeze, en Mozambique. Solo en el sur, donde los colonos británicos de El Cabo ya estaban enfrentados con los afrikáners de la república de Transvaal y del Estado Libre de Orange, se extendió el control político en el interior. Con todo, en el plazo de dos décadas, todo el continente había sido ocupado, disputado y repartido. de las cuarenta unidades políticas en que fue dividido en 1913, a menudo por líneas arbitrarias trazadas desde Londres, París o Berlín, el control europeo directo alcanzaba a treinta y seis de ellas. Ta sólo Etiopía, que había combatido con los italianos, y Liberia, debido a sus vínculos económicos con Estados Unidos, reivindicaron la legítima independencia. Francia, la más beneficiada, controlaba cerca de un tercio de los 30, 3 millones cuadrados de África.


A esta explosión imperialista contribuyeron numerosos elementos. El progreso de la industrialización en Europa creó una demanda de nuevas fuentes de materias primas, nuevos mercados y nuevos campos de inversión, lo que significa más demandas a los africanos y, por lo tanto, más tensiones que los europeos podían vencer por la imposición del control político. La industrialización también creo tensiones en Europa, por lo que algunos políticos, como Joseph Chamberlain, vieron una salida en la colonización. La rivalidad entre los estados europeos se trasladó al mundo extra-europeo, y en especial a África. Como consecuencia de ello, a menudo incidentes triviales entre comerciantes europeos rivales en África adquirían la categoría de crisis internacionales de primero orden, y las iniciativas que los representantes europeos emprendían constantemente en aquella zona pusieron en marcha la lucha por la posesión del continente. Cronológicamente, las tensiones surgieron aproximadamente entre 1876 y 1884. Las potencias europeas se reunieron en la Conferencia de Berlín sobre África occidental, en noviembre de 1884, con objeto de evitar la partición y mantener el acceso para todos, pero fracasaron. En realidad, aumentaron las anexiones, a pesar de los titubeos gubernamentales antes de que fijara una especie de pausa de 1885 a 1889. Par entonces, las adquisiciones ya existentes, en su mayor parte costeras, se fueron ampliando hacia el interior, ahora con un mayor interés por parte de los gobiernos.


En África occidental, los oficiales del ejército francés, a quienes se les había negado la oportunidad de vengar la derrota de 1870 en Europa, buscaron la gloria de avanzar hacia el interior desde Senegal a finales de la década de 1870. Esto les hizo enfrentarse con los ingleses en Gambia y Sierra Leona, y con estados africanos tales como los imperios de Samori y al-Hajj Umar. A lo largo de la costa occidental de África se produjo una intensa rivalidad entre ingleses y franceses en Lars regiones de Costa de Oro, Togo, Dahomey y en la tierra de los yoruba. La postura francesa hacia Gran Bretaña se endureció tras la invasión unilateral británica y la posterior ocupación de Egipto en 1882, pero la intervención de otras potencias europeas extendió estos enfrentamientos por todo el continente.


Tras el épico viaje del explorador Stanley por el curso del río Congo en 1877, Leopoldo II, el ambicioso rey belga, lo contrató a su servicio persona. como ya había mostrado en la Conferencia Geográfica de Bruselas de 1876 un fuerte deseo de intervenir en África, Leopoldo resultó un factor clave y un catalizador en la lucha. En 1879, Stanley regresó al bajo Congo y colocó los cimientos para el gigantesco dominio privado que más adelante el rey creó para sí mismo en la cuenca del Congo. Las actividades de Stanley estimularon otras en la misma zona. El oficial naval francés De Brazza firmó una serie de tratados decisivos con soberanos africanos, y, a su regreso a Europa, Francia aceptó de buena gana sus reivindicaciones. La acción de Francia suscitó una inmediata respuesta británica y portuguesa, aunque se quedó en agua de borrajas debido a la presión que ejerció Bismarck. El estadista prusiano compensó las intenciones revanchistas de Francia por la pérdida de Alsacia y Lorena, permitiendo a los galos mano libre en África; esto lo consiguió chantajeando a Gran Bretaña por la cuestión de Egipto. A continuación, la propia Alemania participó en esta escalada, al apropiarse territorios en cuatro regiones muy separadas entre sí: Togo, Camerún, el sudoeste y el este de África. Las iniciativas francesa y alemana en el África occidental impulsaron a Gran Bretaña a intervenir activamente, sobre todo para asegurarse los territorios que se convertirían en Nigeria. El interior quedó a merced de los franceses, quienes en 1900 se habían extendido por la región del Sudán occidental.


La presencia alemana en el África meridional reavivó las ambiciones portuguesas y la amenaza de expansión de los afrikáners llevó a los británicos a avanzar hacia el interior de ´África central, hasta lo que más tarde serían Rhodesia, Zambia y Malawi. La iniciativa para llevar a cabo estas campañas provino en gran parte del político e industrial Cecil Rhodes (de El Cabo). Del mismo modo, la colonización alemana del África oriental (Tanganika) produjo su equivalente británico cuando el primer ministro, Lord Salisbury, reclamó la región de los Grandes Lagos ( Uganda) y el territorio hasta la costa, que más tarde sería Kenia. Los británicos también se vieron obligados, por su posición en Egipto, a intervenir en los asuntos de Sudán, que se había rebelado contra Egipto en 1881 guiado por un líder religioso islámico, el Mahdi. Al mismo tiempo, los triunfos franceses en el oeste- la ocupación de Gabón en el Congo occidental, la conquista del antiguo reino de Dahomey (1893) y un avance en tres direcciones hacia el lago de Chad- hicieron que Gran Bretaña movilizara los recursos de la Real Compañía del Níger, se apoderada de los emiratos de Nupe e Ilorín y se lanzara a una serie de enfrentamientos armados con los estados africanos que se encontraban dentro de su esfera comercial. La tensión alcanzó su punto culminante en 1898, cuando el comandante francés Marchand, tras una marcha de dos años Gabón, se enfrentó a las tropas británicas en Fashoda, en el Nilo Blanco, y los dos países apenas pudieron evitar una guerra abierta. El reparto, que había empezado como un proceso bastante pacífico, empezó a causar cada vez más derramamiento de sangre. Etiopía infligió una fuerte derrota a los italianos en Adoua en 1896. Unos 120.000 sudaneses murieron durante la supresión del estado madhista por parte de los británicos. Las fuerzas colonizadoras de Rhodes tomaron parte en encarnizadas batallas con los matabele y mashona a medida que avanzaban hacia el norte, y en todas partes los colonos blancos empezaron a contar cada vez más con el rifle de repetición y con el cañón Maxím. El conflicto alcanzó su puno máximo con la guerra de los bóers (1899-1902), en la que los británicos, con grandes dificultades, consiguieron el control de las minas de oro de Transvaal (descubiertas en el Witwatersrand en 1886) y se anexionaron las repúblicas africanas. Los africanos negros del resto de África, aunque se opusieron encarnizadamente a los movimientos de avance de las potencias europeas nunca ofrecieron una resistencia conjunta, y se les hizo frente con relativa facilidad. Del puñado de estados africanos que poseían una independencia aún precaria en 1902, Libia fue invadida por Italia en 1911 y marruecos sobrevivió hasta 1912, antes de que España y Francia se la repartieran.

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