Avisar de contenido inadecuado

Si no estudias, te lo pierdes: El ocaso del imperio bizantino.

{
}

 

 TAGS:undefined

fotógrafo: J.Frechina-fotografo-de-boda-en-Valencia. http://www.jfrechina.com/

 

El imperio bizantino desde Heráclito hasta la Cuarta cruzada: del 610 -1204


En muchos sentidos el reino de Heráclito (610-641) marcó el final del imperio romano y el verdadero inicio de la civilización cristiana bizantina de habla griega, culturalmente heterogénea. Aunque Heráclito finalizó la lucha con Persia por mucho tiempo el rival más temible de Roma, con una victoria aplastante en Nínive en el 628, antes de su muerte las fronteras meridionales y orientales del imperio sufrieron ataques cuando las fuerzas del islam salieron de Arabia y tomaron Palestina, Siria y los restos de Persia, antes de dirigirse hacia el norte de África. Durante los dos siglos siguientes, Bizancio, cada vez más aislada, se vio obligada a movilizar a toda la sociedad en su lucha contra el islam.
Constantinopla resistió dos largos asedios árabes en 674- 678 y nuevamente en 717-718, pero los conflictos no se limitaron a los árabes. Hacia el 680, los búlgaros turcos invadieron el territorio que hoy conocemos como Bulgaria. En el siglo VIII, estos se convirtieron en una seria amenaza, con puestos avanzados a menos de cien kilómetros de la misma Constantinopla. No menos serio resultó el hecho de que el imperio sufriera graves disensiones religiosas internas. A partir de León III, el emperador que obligó a los árabes a abandonar el segundo sitio de Constantinopla, los sucesivos gobernantes impusieron una rigurosa prohibición de imágenes cristianas. El movimiento iconoclasta produjo un gran número de mártires y exiliados y duró, con una sola interrupción, desde el 726 hasta el 843.


Poco después de que cediera el movimiento iconoclasta, bajo el mandato de una nueva y vigorosa dinastía macedónica de emperadores, Bizancio emprendió una nueva era de expansión ofensiva. Sus dominios, que en el 610 se extendían desde Gibraltar hasta el Éufrates, habían menguado notablemente. En el oeste, sólo quedaban algunos enclaves en Italia, Sicilia y a lo largo de la costa de Dalmacia, mientras que Grecia, aunque había comenzado ya la reconquista, seguía en manos de los bárbaros eslavos. En los yermos fortificados y devastados de Asia Menor, la frontera iba aproximándose desde Trebisonda hasta Tarso, y aparte de Constantinopla, las grandes ciudades romanas del pasado (Antioquía, Alejandría, Beirut, Cesarea, Gaza) se hallaban bajo el dominio árabe. Muy pronto, sin embargo, esto iba a cambiar. Entre el 863, cuando un poderoso ejército de árabes fue aniquilado en Poson, en el río Halys de Anatolia, y la muerte del gran emperador guerrero Basilio II (976- 1025), se produjeron una serie de importantes victorias que llevaron las fronteras hasta las mismas puertas de Jerusalén; a los rusos se les contuvo y fueron derrotados en Silistra, en el Danubio, y Bulgaria, tras una campaña larga y amarga, se convirtió en un grupo de provincias bizantinas. Después de derrotar a búlgaros, armenios, georgianos, árabes y normandos, Basilio se dispuso a recuperar Italia y posiblemente llegar hasta África.


Pero no pudo ser. Bizancio, aparentemente en la cumbre de su prosperidad y poder, se había extendido demasiado. A Basilio, que no estaba casado, le sucedieron mujeres y hombres más débiles. Las nuevas fronteras conquistadas con mucho esfuerzo, no pudieron ser defendidas, sobre todo porque las fuerzas armadas bizantinas, anteriormente invencibles, ahora se veían privadas de fondos por parte de la administración civil temerosa de un golpe militar. Cincuenta años más tarde, en el 1071, un ejército bizantino muy debilitado fue aplastado por los turcos selyuquíes en la batalla de Manzikert. En ese mismo año, la última posesión italiana del imperio cayó a manos de los normandos. Así, el período de grandeza de Constantinopla, cuando dominaba el reino más rico y mejor gobernado del mundo cristiano, tocaba a su fin.


Paradójicamente, los siglos XI y XII resultaron muy fértiles en la historia bizantina desde el punto de vista artístico y teológico, a pesar de que los vínculos sociales e institucionales, que anteriormente habían mantenido unido el imperio plurilingüe, cayeron en decadencia. Efectivamente, a pesar de los desastres de 1071-1081, cuando los turcos ejercieron una ocupación permanente en la meseta anatólica y los normandos consolidaron sus conquistas en Sicilia, aún se pudo, bajo el dominio de los emperadores Comneno, mantener la ilusión del dominio universal de Bizancio durante otros cien años. A pesar de su genio, Alejo I, Juan II y Manuel I demostraron ser incapaces de recuperar gran parte del vasto territorio que se había perdido; y cuando ellos desaparecieron, falto valor para resistir el ataque final.
Dicho ataque no procedió del enemigo tradicional, el infiel musulmán, sino del occidente cristiano. El verdadero derrumbamiento, sin embargo, se produjo desde dentro. La fuerza de Bizancio, aparte de su cohesión religiosa, era doble: los themas, con sus campesinos, propietarios independientes, dispuestos tanto a cultivar como a defender sus tierras, y un ejército y una armada a menudo integrados por oficiales y tropas asiáticas. Al menos desde el año 1000, estos inconvenientes habían desaparecido. En los siglos XI y XII, los mercenarios ( a menudo selyuquíes, musulmanes o normandos) formaban el grueso de las fuerzas armadas, y el imperio, cuyo único cargo hereditario era el del emperador, fue cayendo cada vez más en las ambiciosas manos de unas cuantas dinastías ricas. Estas debían gran parte de su nueva riqueza y poder a la forma bizantina de feudalismo, el sistema de pronoia, bajo el que las funciones clave de estado, entre ellas, la recaudación de impuestos, se cedían a los grandes terratenientes locales; en un principio, de por vida, pero posteriormente de forma hereditaria.


Bizancio estaba ya seriamente debilitado cuando llegó la primera cruzada en 1096, pero pronto se vio la dificultad de que Roma y Constantinopla pudieran convivir en paz. Desde 1054, había reinado la tensión, por no decir un verdadero cisma, entre las Iglesias romana y ortodoxa. Tanto los selyuquíes como los normandos reanudaron las agresiones por toda la frontera en la década de 1170. En 1180, Serbia era prácticamente independiente; Hungría conquistó Dalmacia; aparecieron los estados de Bulgaria y Valaquia; los gobernantes feudales independientes separaron fronteras enteras: Chipre (1184), Morea oriental (1189), y en 1204 se produjo el golpe final: cuando la misma Constantinopla fue tomada y saqueada por las armas de la cuarta cruzada. El beneficiario inmediato fue el poder creciente de Venecia, cuya flota había transportado a los cruzados; no obstante, el intento de establecer un imperio latino en Constantinopla resultó un fracaso. Por primera vez, los griegos constituían una mayoría dentro del desmembrado imperio, y en 1261, ayudados por Génova, rival de Venencia, expulsaron a los occidentales. Pero el imperio griego era tan sólo una sombra del antiguo imperio bizantino. Agitado por la guerra civil, no pudo frenar a los turcos cuando estos se adentraron en Europa en el siglo XIV.

{
}
{
}

Deja tu comentario Si no estudias, te lo pierdes: El ocaso del imperio bizantino.

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.