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Si no estudias te lo pierdes: Ice Age, la edad del hielo.

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fotografo, boda, Valencia.http://www.jfrechina.com/

 

Ice Age: La edad del hielo.

Hacía el año 10. 000 a. c., los humanos modernos habían colonizado casi la totalidad del mundo habitable, desde el húmedo trópico hasta las márgenes de los áridos desiertos y las baldías tierras de los polos. Esta gran historia de éxitos es tanto más notable cuanto que tuvo lugar durante las glaciaciones, cuando había enormes extensiones de hielo que cada cierto tiempo avanzaban y retrocedían, y los bosques templados se alternaban con la tundra congelada. Los geólogos conocen el período de las eras glaciales como Pleistoceno; éste empezó hace aproximadamente 1. 600. 000 años. No era el primer episodio de clima frío en la historia de la Tierra, sino la culminación de un proceso a largo plazo. El primer paso hacia un mundo más frío se dio unos 35 millones de años antes, cuando se empezaron a formar témpanos flotantes alrededor de la Antártida. hace unos 14 u 11 millones de años, las temperaturas del planeta sufrieron otro descenso y, por último, enormes extensiones de hielo empezaron a avanzar a través de las regiones septentrionales de América del Norte y Eurasia hace poco más de 3. 200. 000 años.
El largo espacio de tiempo posterior, hasta el año 10.000 a. C., más o menos estuvo caracterizado por considerables variaciones climáticas. Todos los continentes experimentaban frecuentes alteraciones y máximas de frío y calor, lluvias y sequías, mucho más extremas que estos últimos siglos. La capacidad humana de adaptación a semejantes cambios ambientales fue sin duda un factor crucial tanto en la supervivencia como en la propagación de las especies. En las latitudes septentrionales, durante el Pleistoceno, la vida animal y la vegetal se vieron seriamente afectadas por el avance y retroceso de los glaciares. A menudo cubrían grandes extensiones de Europa, Asia y América del Norte con masas de hielo impenetrables, que encerraban enormes cantidades de agua marina y reducían las temperaturas medias en unos 10 o 12 grados y los niveles oceánicos en casi unos 140 meros, muy por debajo del nivel actual. solo en los períodos interglaciares, cuando las masas de hielo empezaron a retroceder y permitieron que se extendieran hacia el norte los bosques de robles y piceas, así como la vegetación sub-ártica, en donde pacían los mamuts y los renos, pudieron los primeros humanos abandonar las regiones ecuatoriales. Aun así, fue preciso descubrir el fuego y desarrollar la habilidad de coser ropa de abrigo para poder sobrevivir a los fríos inviernos de las ricas, pero congeladas, zonas de caza. Análisis científicos han mostrado que los sedimentos del lecho marino contienen un registro exacto de la temperatura mundial que se remonta hasta hace más de dos millones de años. De esto podemos deducir que tenía lugar un avance del hielo más o menos cada 100. 000 años, en cada caso seguido de un período de 10.000 años conocido con el nombre de inter-glacial, que se caracteriza por unas condiciones climáticas más calidad, similares a las de hoy en día.


África, el hogar original de los primeros humanos, se encontraba fuera del alcance de las extensiones de los hielos, no obstante, también se vio seriamente afectada por los bruscos cambios climáticos de la era glacial. A medida que la expansión y contracción de los casquetes de hielo creaban una sucesión de cambios regulares –los desiertos ganaban terreno en las épocas frías, pero cuando las temperaturas volvían a subir, aumentaban las precipitaciones en las áridas sabanas-, los humanos fueron adaptando tanto su estilo de vida como sus herramientas y pudieron beneficiarse de condiciones más favorables. hacia el año 10.000 a. C., las precipitaciones más débiles propiciaron una vegetación tropical reducida, y permitieron a los grupos humanos con importante tradición en utensilios de piedra extenderse por las selvas tropicales. Por el contrario, durante los siglos húmedos, alrededor del año 20.000 a. C., los grupos que ya usaban el arco y la flecha en el Magreb pudieron colonizar el hasta entonces árido Sahara.


La habilidad para hacer fuego y utilizarlo para protegerse y calentarse fue especialmente importante en el proceso de adaptación a entornos fríos. Tal vez el uso del fuego ya se conociera en África hace 1.500.000 años y, desde luego, lo utilizaban los habitantes de la cueva de Chou-K´ou-tien, al norte de China, hace aproximadamente 500.000 años. Cuando se inicia el último avance de hielo en Europa, alrededor del año 73. 000 a. C., los habitantes de las cavernas musterienses de la Dordoña – provistos de hogares para cocinar, agujas de hueso y mejoras en el raspado y modelado de pieles- estaban bien equipados para sobrevivir a las duras condiciones del invierno septentrional. Cada vez que el hielo retrocedía, las poblaciones de Europa y Asia aumentaban en número y evidenciaban notables avances. El agua congelada dentro de las masas de hielo redujo los niveles de mar hasta tal punto que surgieron puentes de tierra que unían la mayor parte de las principales zonas y numerosas islas aisladas en un único continente. Por consiguiente, el ser humano fue capaz, por primera vez, de alcanzar Australia y Tasmania a través de una angosta extensión de mar hasta el año 50. 000 a. C. el estrecho de Bering, entre Asia oriental y Alaska, se convirtió entonces en una vía ancha y seca por la que emigraron personas y animales de todo tipo. Los primeros grupos que se internaron en América, antes del año 30.000 a. C. , apenas causaron impacto en su entorno; después, durante algún tiempo, las masas de hielo de Norteamérica se extendieron y temporalmente bloquearon la ruta al sur. Hacia el año 12.000 a. C., volvió a abrirse un corredor en el hielo, lo que permitió que los grandes cazadores de Siberia, se adentraran en las ricas tierras de caza de las llanuras americanas. Los cazadores paleolíticos, que para ese tiempo manejaban con precisión letal lanzas y flechas de punta de sílex, habían iniciado mucho tiempos antes la reducción de especies animales, en otro tiempo muy numerosas. Los mamuts, por ejemplo, estaban en vías de extinción en el norte de Eurasia en el año 15. 000 a. C., y poco después se convirtieron en la presa favorita de los primeros cazadores de Norteamérica. Sin embargo, hace 11. 000 años, en las onduladas dehesas del oeste y suroeste de Norteamérica abundaba la vida animal: bisontes gigantes con cuernos de casi dos metros, casteroides (unas criaturas impotentes parecidas a castores), camellos, perezosos de tierra, dos tipos de bueyes y almizcleros, numerosas variedades de enormes felinos, a menudo del tamaño del león, mastodontes y tres tipos de mamuts (el lanudo, el de Columbia y el imperial). La población humana creció y floreció, no obstante, mil años después la mayoría de esos animales se habían extinguido, entre ellos, el caballo, especie que reintrodujeron los europeos tras la llegada de Colón. con la desaparición de sus habituales recursos de carne, tales como el mamut, que podía pesar una tonelada o más, y en la tundra congelada era suficiente para alimentar a una tribu completa durante semanas, los grupos humanos se vieron obligados a idear nuevas estrategias de subsistencia. al mismo tiempo, y a medida que la temperatura empezaba a subir de nuevo, la expansión de la superficie forestal, con su correspondiente fauna de cabras y ciervos, presentaba nuevas oportunidades. Cuando concluía la glaciación, pequeños grupos humanos de todo el mundo empezaban a domesticar animales y a cultivar plantas, poniendo así los cimientos para la revolución agrícola.


Nadie sabe hasta qué punto la población de la era glaciar fue responsable de su destrucción general, y no hay pruebas que sugieran una causa climática o topográfica. Sin embargo, si hay indicios, tanto en las pinturas rupestres, como en los restos óseos, de que muchos de los mamíferos ahora extinguidos fueron atacados por grandes grupos humanos, los cuales a veces provocaban su estampida para que despeñaran en los riscos.


Sea cual fuere la explicación, las poblaciones del Paleolítico superior, que tanto se habían expandido, aunque sus terrenos de caza se extendieran ahora hasta la lejana punta de Sudamérica, notaron que las plantas silvestres y la caza escaseaban y eran más difíciles de conseguir a medida que la era glaciar del Pleistoceno iba tocando a su fin hacia el año 10.000 a. C.

 

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