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Mínima antología de algunos poetas desarraigados

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Dámaso Alonso

Insomnio

 

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).

A veces por la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace cuarenta y

                                                                                             (cinco años que me pudro,

y paso largas noches oyendo gemir al huracán o ladrar los perros o fluir blandamente

                                                                               (la luz de la luna.

Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo

(como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.

Y paso largas horas preguntándole a Dios,

(preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,

por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,

por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?

¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,

las tristes azucenas letales de tus noches?

 

 

Monstruos

 

Todos los días rezo esta oración

al levantarme:

 

Oh, Dios,

no me atormentes más.

Dime qué significan

estos espantos que me rodean.

Cercado estoy de monstruos

que mudamente me preguntan,

igual, igual que yo les interrogo a ellos.

Que tal vez preguntan,

lo mismo que yo en vano perturbo

el silencio de tu invariable noche

con mi desgarradora interrogación.

Bajo la penumbra de las estrellas

y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,

me acechan ojos enemigos,

formas grotescas me vigilan,

colores hirientes lazos me están tendiendo.

¡son monstruos

estoy cercado de monstruos!

 

No me devoran.

Devoran mi reposo anhelado,

me hacen ser una angustia que se desarrolla a sí misma,

me hacen hombre,

monstruo entre monstruos.

 

No, ninguno tan horrible

como este Dámaso frenético,

como este amarillo ciempiés que hacia ti clama con todos sus tentáculos enloquecidos,

como esta bestia inmediata,

transfundida en una angustia fluyente,

no, ninguno tan monstruoso

como esta alimaña que brama hacia ti,

como esta desgarrada incógnita

que ahora te increpa con gemidos articulados,

que ahora te dice:

<<Oh Dios,

no me atormentes más,

dime qué significan

estos monstruos que me rodean

y este espanto íntimo que hacia ti gime en la noche.>>

 

 

Victoriano Crémer

 

Hombre concreto

 

El hombre vuelve a lo que sabe. Busca

las raíces de su conocimiento,

las cosas habituales, las palabras

con sustancia, los fieles fundamentos

de sus arquitecturas temporales.

 

El hombre es una música con ecos

que evidencian un ser, que le dan forma

y convierten en sangre el pensamiento

oscuro y misterioso.

                                    La presencia

concreta de lo humano, el fuego

que vivamente alienta, empuja, abrasa

las briznas desnacidas, es lo cierto

de la única certeza: la que duele

y conserva su sabor.

                          El hombre entero

se hace de cosas repetidas: días,

caminos sin azar, dulces encuentros

en el amor- costumbre, y el trabajo

de vivir, poco a poco y sin remedio.

 

(A veces, una flor, casi unánime, construye

ante los ojos el asombro, acaso el beso

se disfraza de dicha insospechada,

o levantamos la mirada al cielo.)

 

Pero el hombre regresa a lo que sabe,

a lo que conoce…

                              Tiene miedo

de su torpeza de animal errante

por los mismos senderos…

 

Y si Dios le reclama, desde abajo,

metido tristemente en su agujero,

rehúye la llamada, porque tiene

miedo de Dios, si no le lleva dentro.

 

Eugenio de Nora

 

Patria

 

La tierra, yo la tengo sobre la sangre escrita.

Un día fue alegre y bella como un cielo encantado

para mi alma de niño. Oh tierra sin pecado,

sobre cuyo silencio sólo la paz gravita.

Pero la tierra es honda. La tierra necesita

un bautismo de muertos que la hayan adorado

o maldecido, que hayan en ella descansado

como sólo ellos pueden, haciéndola bendita.

 

Fui despertado a tiros de la infancia más pura

por hombres que en España se daban a la muerte

Aquí y allí, por ella. ¡Mordí la tierra, dura,

y sentí sangre viva, cálida sangre humana!

Hijo fui de una patria. Hombre perdido, fuerte

para luchar, ahora, para morir, mañana.

 

Poesía contemporánea

 

Medito a veces

en la triste materia de mi canto.

 

Bien sé que hay muchos soñadores,

(como yo rodeados de desgracia y caminos)

pero entre nubes blancas, con sus ángeles

abanicando tímidas

alas prerrafaelistas, lejos

que quizá en el estío

cultivan la nostalgia de la lira imposible,

decoran las palabras, sumisas como rombos

de plaza pobre en farolillos

de verbena y papel colorín colorado…

 

Oh Dios, cómo desamo

cómo escupo y desprecio

a esos cobardes, envenenadores,

vendedores de sueños, mientras ponen

sedas sobre la lepra, ilusión sobre engaño, iris

donde no hay más que secas piedras.

Esclavos, menos

aún, bufones de esclavos.

 

Malditos una y siete veces,

en nombre de la vida, aunque juren que aumentan

la belleza del mundo; en verdad,

la belleza del mundo no precisa

ser aumentada ni disminuida

con sus telas. Lo que necesitamos

es la luz, es un desnudo brazo

que señale las cosas. La poesía es eso.

gesto, mirada, abrazo

de amor, mirada, abrazo

de amor a la verdad profunda.

Ay, ay, lo que yo canto

miradlo en torno y despertad: alerta.

 

Ahí están, reunidos

en sociedad devoratoria y número.

(Llamar bestia asesina

al que, como el pesado

elefante del sátrapa

hunde la pata hasta estrujar el rostro

que niega: ladrón vil

al emplumado grajo de cadáveres;

canalla al miserable…

acaso sepa a música

derrotada, a lamento

débil. A lo que queramos.)

Pero nombrar no es sueño.

 

No sigáis las palabras. Contra ellos

yo canto hombres que tienen las titánicas caras

talladas como a látigo. Sonríen

al dolor, pero miran

al sol, y aprietan

los firmes dientes.

             Y ya acabo.

(Esto no es un poema: son palabras

apretadas también, con saña.) Adiós. Es tiempo

de no plantar rosales. ¡Acordaos!

 

Rafael Morales

 

A un esqueleto de muchacha

                             Homenaje a Lope de Vega

 

En este frente, Dios, en esta frente

hubo un clamor de sangre rumorosa,

y aquí, en esta oquedad, se abrió la rosa

de una fugaz mejilla adolescente.

 

Aquí el pecho sutil dio su naciente

gracia de flor incierta y venturosa,

y aquí surgió la mano, deliciosa

primicia de este brazo inexistente.

 

Aquí el cuello de garza sostenía

la alada soledad de la cabeza,

y aquí el cabello undoso se vertía.

 

Y aquí, en redonda y cálida pereza,

el cauce de la pierna se extendía

para hallar por el pie la ligereza.

 

La acacia

 

Cercada por ladrillos y cemento,

por asfalto, carteles y oficinas,

entre discos de luz, entre bocinas

una acacia cautiva busca un viento.

 

Busca un campo tranquilo, el soñoliento

río sonoro que en sus aguas finas

lleva luces que fluyen diamantinas

en sosegado y suave movimiento.

 

Busca el salto del pez, el raudo brillo

de su escama fugaz y repentina,

con rápida sorpresa de cuchillo.

 

Busca la presurosa golondrina,

no la brutal tristeza del ladrillo

que finge roja sangre en cada esquina.

 

José Luis Hidalgo

 

 

La muerte espera siempre, entre los años,

como un árbol secreto, que ensombrece,

de pronto, la blancura de un sendero,

y vamos caminando y nos sorprende.

 

Entonces, en la orilla de su sombra,

un temblor misterioso nos detiene:

miramos a lo alto, y nuestros ojos

brillan, como lunas, extrañamente.

 

Y, como luna, entramos en la noche,

sin saber dónde vamos, y la muerte

va creciendo en nosotros, sin remedio,

con un dulce terror de fría nieve.

la carne se deshace en la tristeza

de la tierra sin luz que la sostiene.

Sólo quedan los ojos que preguntan

en la noche total, y nunca mueren.

 

Has bajado

 

Haz bajado a la tierra: cuando nadie te oía,

y has mirado a los vivos y contado tus muertos.

Señor, duerme sereno, ya cumpliste tu día.

Puedes cerrar los ojos que tenías abiertos.

 

Estoy maduro

Me ha calentado el sol de tantos años

que pienso que mi entraña está madura

y has de bajar, Señor, para arrancarme

con tus manos inmensas y desnudas.

 

Pleno y dorado estoy para tu sueño;

por el navegaré como una luna

que irá brillando silenciosamente,

astro frutal sobre tu noche pura.

 

Una noche vendrá y acaso borre

mi luz para los vivos y, entre lluvia,

zumo dulce de Ti, te irá cayendo

la savia de mi ser, como una música.

 

Será que estarme muerto y entregado,

otra vez, a la tierra de las tumbas.

Pero, sangre inmortal, mi roja entraña

de nuevo quemará tu luz futura.

 

 

Carlos Bousoño

 

La nueva mirada

 

Dame la mano, sufrimiento, dolor, mi viejo amigo.

Dame la mano una vez más y sé otra vez mi compañero,

como lo fuiste tantas veces en el oscuro atardecer.

Cruzaban las gaviotas sobre el cielo,

se ennegrecía el mar con la tormenta próxima.

Dame la mano una vez más, pues ahora sé

lo que entonces no supe. Sé recibirte sin rencor

ni reproche. Acepto tu visita oscura.

 

Es en mis ojos, sufrimiento, dolor,

donde laboras tu más fino quehacer,

donde ejercitas tu destreza, tu habilidad

de orfebre

sin par. Allí

depositas al fin tu redención, pones como sobre un altar

con delicadeza extremada,

con hechura exquisita y alzas, en medio de la noche, el milagro

lentamente a los cielos, la joya finísima,

el espectáculo de ro,

trabajado sin prisa, acumulada realidad que acomodas después

a mi nueva mirada.

Y es así como ahora, tras tu trabajo en la honda cueva,

en la recóndita guarida donde yo padecí tu febril creación,

es así como ahora

puedo mirar,

tras el mundo habitual, un mundo ardiente.

Arden las llamas de color tras el gris habitual,

tras de la oscuridad se encarniza la luz, se redondea el rosa, esplende el animado carmín,

y todavía más allá, tras la trascendida apariencia, se ve

de otro modo, transparentándose hacia una eternidad,

un país nuevo.

Un país nuevo, inmóvil en la luz,

Tras de la oscuridad de mi agitada noche.

José María Valverde

 

Oración por nosotros los poetas

 

Señor, ¿qué nos darás en premio a los poetas?

Mira, nada tenemos, ni aún nuestra propia vida;

somos los mensajeros de algo que no entendemos.

Nuestro cuerpo lo quema una llama celeste;

Si miramos, es sólo para verterlo en voz.

 

No podemos coger ni la flor de un vallado

Para que sea nuestra y nada más que nuestra,

ni tendernos tranquilos en medio de las cosas,

sin pensar, a gozarlas en su presencia sólo.

Nunca sabremos cómo son de verdad las tardes,

Libre de nuestra angustia su desnuda belleza;

Jamás conoceremos lo que es una mujer

en sus profundos bosques doy hay que entrar callado.

Tú no nos das el mundo para que lo gocemos,

Tú nos lo entregas para que lo hagamos palabra.

Y después que la tierra tiene voz por nosotros

nos quedamos sin ella, con sólo el alma grande…

 

Ya ves que por nosotros es sonora la vida,

igual que por las piedras lo es el cristal del río.

Tú no has hecho tu obra para hundirla en silencio,

en el silencio huyente de la gente afanosa,

para vivirla sólo, sin pararse a mirarla…

Por eso nos has puesto a un lado del camino

con el único oficio de gritar asombrados.

En nosotros descansa la prisa de los hombres.

Porque, si no existiéramos, ¿para qué tantas cosas

inútiles y bellas como Dios ha creado,

tantos ocasos rojos, y tanto árbol sin fruta,

y tanta flor, y tanto pájaro vagabundo?

Solamente nosotros sentimos tu regalo

y te lo agradecemos en éxtasis de gritos.

Tú sonríes, Señor, sintiéndote pagado

con nuestro aplastamiento de asombro y maravilla.

 

Esto que nos exalta sólo puede ser tuyo.

Sólo quien nos ha hecho puede así destruirnos

en brazos de una llama tan cruel y magnífica.

 

…Tú que cuidas los pájaros que dicen tu mensaje,

Guarda en la muerte nuestros cansados corazones,

dales paz, esa paz que en vida les negaste,

bórrales el doliente pensamiento sin tregua.

Tú nos darás en Ti el Todo que buscamos;

nos darás a nosotros mismos, pues te tendremos

para nosotros solos, y no para cantarte.

 

 

 

 

 

 

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Comentarios Mínima antología de algunos poetas desarraigados

toda la poesia no da desperdicio ninguno has sabido escojer arte puro una de tantas que he gozado al leerla esa de la muerte y volvere despues
Lo que me gusta de tu blog es que cada vez que entro me encuentro con poemas agradables como estos, muy variado y de donde escoger, me ayuda a aprender.
Muchas gracias.
Hasta otra,
el arlequín fantasma
(http://fantasmasdelanfora.blogspot.com/)
Arlequin Fantasma Arlequin Fantasma 29/06/2010 a las 20:53
Muchas gracias por siempre compartirnos tan buenos materiales!!!
Tenés un gusto muy bueno, o al menos uno que coincide con el mío ya que suelen gustarme la mayoría de los poemas o cuentos que nos dejás acá.
Un placer aterrizar por este espacio...
Besos!
sabriflo Sabri 29/06/2010 a las 21:14
Que grupito de lindezas has dejado escritas ... puede que sean "malditos" o como tú dices desarraigados
... pero merece la pena leerlos ... siempre enseñan ... nunca defraudan
Besos querida ... desde mi corazón ...
Me has recordado a poetas a los que no leía desde adolescente, cuando había que hacer "trabajos". Ahora los años y tú nos habéis  regalado la facultad de valorarlos como se merecen.
Muchas gracias, Ágatha, con un beso fuerte.
"La nueva mirada" me llamó en especial la atención



Gracias Lucy, para mí la poesía es un territorio cotidiano por el que transito a veces con gran entusiasmo y otras, triste; pero forma parte de mi vida.
Besos
Gracias querido amigo, Arlequín... Siempre intento subir poemas, buenos poemas... y en este caso es simplemente una pequeñísima selección, aunque algunos son excelentes.
Besos
Hola María... algunos poemas desarraigados carecen de ritmo o de calidad, pero otros... son excepcionales.
Besos
Sí, todos tuvimos que trabajar de una u otra forma "Hijos de la ira", por ejemplo.
Besos, querido amigo

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