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Mímima antología de la Poesía Arraigada

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Luis Rosales

 

PORQUE TODO ES IGUAL Y TÚ LO SABES,

 Has llegado a tu casa y has cerrado la puerta,

con ese mismo gesto con que se tira un día,

con que se quita la hoja atrasada al calendario

cuando todo es igual y tú lo sabes.

Has llegado a tu casa,

y, al entrar,

has sentido la extrañeza de tus pasos

que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,

y encendiste la luz, para volver a comprobar

que todas las cosas están exactamente colocadas como estarán dentro de un año,

y después,

te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,

y has mirado tus libros como miras los árboles sus hojas,

y te has sentido solo,

humanamente solo,

definitivamente solo porque todo es igual  y tú lo sabes.

HAS LLEGADO A TU CASA,

 y ahora querrías saber para qué sirve estar sentado,

para qué sirve estar sentado igual que un náufrago

entre tus pobres cosas cotidianas.

Sí, ahora quisiera yo saber

para qué sirven el gabinete nómada y el hogar que jamás se ha encendido,

y el Belén de Granada

-el Belén que fue niño cuando nosotros todavía nos dormíamos cantando-

y para qué sirve qué puede servir esta palabra: ahora

esta palabra misma. <<ahora>>,

cuando empieza la nieve

cuando nace la nieve,

cuando crece la nieve en una vida que quizá está siendo la mía,

en una vida que no tiene memoria perdurable,

que no tiene mañana,

que no conoce apenas si era clavel, si es rosa,

si fue azucenamente hacia la tarde.

                                           Sí, ahora

me gustaría saber para qué sirve este silencio que me rodea,

este silencio que es como un luto de hombres solos,

este silencio que yo tengo,

este silencio

que cuando Dios lo quiere se nos cansa en el cuerpo,

se nos lleva,

se nos duerme a morir,

porque todo es igual y tu lo sabes. (…)

 

 

 (…) ¿Y quién te cuida, Luis?

y veo que estás sentada,

devolviendo a tu cuerpo, aquel cansancio

de madre con sus hijos y sus olas,

de madre hacia su infancia,

de madre hacia el bautismo que recrea con cada nuevo hijo,

y él apoya las manos en tus hombros,

tras el respaldo de la silla,

como el rio que va siguiendo su ribera;

y puede ser otra ya sea niño,

y tu voz y tus ojos me aíslan,

me miran y me vuelven a mirar

llorando para verme encristalado…

y es tan fácil morir,

y es tan fácil seguir a pie descalzo y para siempre,

ese gesto que tienes todavía,

ese gesto que nunca he de olvidar,

ese gesto donde alguien pierde pie…(…)

 

La casa encendida

 

La cicatriz

 

A cada hombre le tendríamos que hablar en una lengua distinta,

a cada amigo le tendríamos que hablar con una voz distinta

para que nos pudiesen comprender,

pero la lengua personal es tan fiel a sí misma,

tan incomunicable

que las palabras son como ataúdes

y sólo llevan de hombre a hombre

su andamio agonizante,

su remanente de silencio

y su estertor.

               Como aquella mañana

en que al sentarme en el autobús

vi a mi lado una antigua moneda romana,

una medalla

o una lápida

que hablaba masticando las palabras,

era una campesina ya embebida

por la intemperie de la noche a tientas

y de la vida a ciegas

que me miraba con un poco de luto en las pupilas

como queriéndome abrigar,

y yo no supe contestarle,

y yo callaba junto a ella

porque mi lengua personal es inventada,

enfática,

y como no me sirve para hablar con un obrero o con un niño,

y como no me puede dar la absolución

a veces tengo que ocultarla como se oculta el dinero en la cartera,

a veces tengo que callar

como hice entonces,

sintiendo de repente

la incomunicación

igual que el aletazo de un murciélago,

con su golpe de trapo,

y su asco parcelado sobre el rostro,

donde el labio que calla va convirtiéndose en cicatriz.

 

 Como el corte hace sangre, 1974

 

Luis Felipe Vivanco

 

                La caza    (Fragmento)

                         Siento plenamente la dulzura de esta

                       profesión: ser el sostén de una familia.

                                            NOVALIS

 

                      (…)     Yo esto aborreciendo

mis noches de ciudad y mis domingos.

Tú, ya has tomado el tren, vas con sencillos

compañeros. Y duermes en la fonda

de una estación. Madrugas. ¿Son los montes

de Toledo? ¿ La sierra del Chorito?

¿O el Tajo? ¿ Vuela un buitre sobre el agua

primorosa del sol?

                            Yo estoy hablando

de cuestiones abstractas, inventándome

la figura ideal de alguna amada,

¡perdiéndome ese cielo entre las ramas

colgantes de la encina!

Así, engañado, tímido de serenidad, rebelde

de convicciones místicas, he persistido

lejos de ti y tus vastas laderas de montañas.

Pero he crecido más ( hacia mi origen)

y aquí están, otra vez, tus botas de campo y tu escopeta,

y aquí estoy yo, tocándolas

con manos que no olvidan los soldados de plomo,

a la vuelta de un largo paseo, colocando,

desde niño, las dudas –la prisa- de mis pasos

sobre tus lentos pasos cazadores.

Aquí estoy, recobrado hijo tuyo, y desde la brumosa

colección de mis sueños, oigo, llamándome

a la indefensa realidad

de la esposa y las hijas, tus disparos…

                                     (Continuación de la vida, 1949)

 

 

Leopoldo Panero

                       A Pedro Lain Entralgo

 

Para inventar a Dios, nuestra palabra

busca, dentro del pecho,

su propia semejanza y no la encuentra,

como las olas de la mar tranquila,

una tras otras, iguales

quieren la exactitud de lo infinito

medir, al par que cantan…

Y Su nombre sin letras,

escrito a cada instante por la espuma,

se borra a cada a cada instante

mecido por la música del agua;

y un eco queda sólo en las orillas.

¿Qué número infinito

nos cuenta el corazón?

                       Cada latido,

otra vez es más dulce, y otra y otra;

otra vez ciegamente desde dentro

va a pronunciar Su nombre.

Y otra vez se ensombrece el pensamiento,

y la voz no le encuentra.

Dentro del pecho está.

                 Tus hijos somos,

aunque jamás sepamos

decirte la palabra exacta y Tuya,

que repite en el alma el dulce y fijo

girar de las estrellas.

 

Escrito a cada instante.

 

Hijo mío

 

Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,

hacia la luz primera que torna el alma pura,

voy contigo, hijo mío por el camino lento

de este amor que me crece como mansa locura.

 

Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento

de mi carne, palabra de mi callada hondura,

música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,

no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.

 

Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada, ç

me empujas levemente (ya casi siento el frío);

me invitas a la sombra que se hunde a mi pisada,

 

me arrastras de la mano… Y en tu ignorancia fío,

y a tu amor me abandono sin que me quede nada,

terriblemente sólo, no sé dónde, hijo mío.

                   

  Escrito a cada instante

 

 

José García Nieto

 

Como quien desatara ahora un paquete de cartas para

              decir al nuevo amante <<quiero que sepas que no

             me importa nada el otro tiempo, que ya no hay

            huella alguna, que ya no reconozco lo que me hizo

           sufrir>>,

abro aquella ventana de la cárcel donde ni siquiera <<la

            mentira y la envidia>> me tuvieron encerrado.

Yo sé lo que es el miedo, y el hambre, y el hambre de

        mi madre y el miedo de mi madre;

yo sé lo que es temer la muerte, porque la muerte era

           cualquier cosa, cualquier equivocación o una sos-

           pecha;

 porque la muerte era un accidente en la primavera,

            una pared contra la ternura, un día con boca de

           muerte, y dientes de muerte y esperanza mortua-

          ria.

Yo sé que es enfermar en una celda, y defecar entre

           ratas que luego pasaban junto a tu cabeza por la

             noche…

¿Qué me decís ahora los que creíais que sólo me han

          movido a cantar los lirios de un campo imaginario,

         y la rosa de papel, y la novia como Dios manda…?

¿qué me decís los que me visteis pronto limpio y

           peinado, como un niño que quiere llegar con

          puntualidad al colegio sin que nadie adivine el

          estrago de su corazón familiar?

Aunque también os digo que todo era hermoso cerca de

      la muerte menos la muerte misma.

Respirar, y amar de lejos, y morder un pedazo de pan

            era hermoso.

Y era hermoso que me preparan un hato de ropa

        limpia, y que me hicieran llorar el olor que traían

       las sábanas.

Y todo era como nacer cada día, y cada día era más

         bello que la propia esperanza.

Y reír tenía un valor más profundo que el profundo

        pozo de la inquietud, que la oscura caverna de la

         impotencia…

Gracias, Señor, por haberme dejado sin heridas en el

        alma, y en el cuerpo, por haber dado la salida

        sin odio,

por no tener lista de enemigos ni lugares donde llorar

        por el propio desamparo…

Yo sé lo que es el amor, de lo demás no sé.

Quito el balduque porque ahora es tiempo.

He leído en un periódico: <<Voici enfin les lettres de

            Victor Hugo a Juliette Drouet>>.

Se abren ahora porque ya no importa.

Así yo quiero abrir mi corazón, desatando la cuidada

         cinta que le rodeaba sin herirle, y quiero que leáis

          estas cartas antiguas que el mar violento de mi

         patria trajo hasta el arenal de mi juventud absorta

         e inválida.

Os juro que no hay una sola gota de sangre que haya

          querido conservar fresca sobre el tiempo;

que quisiera haberme dolido más para ofrecer ahora

             reparación con mi olvido,

o mejor, con mi memoria reclinada

en la triste memoria de mi hermano,

como aquel que en la noche de invierno se junta al

         caminante

y no pregunta,

y une su frío al frío como alivio…

¿No oís cuánto he callado?

¿Qué piedra iba yo a arrojar contra los añicos de

         vuestros cristales?

¿qué cuenta podía pasar a los muertos o a los hijos de

         los muertos?

Ahora quito la cinta de las cartas.

Leed; leamos. Son amor vencido.

Tiempo del corazón. Males del hombre.

Golpes de España…

Quemo lo que mío.

Yo, solo me he quitado <<el dolorido sentir>>.

 

 Memorias y compromisos

 

Dionisio Ridruejo

 

 A  UNA RUINA

 (Teatro romano)

Fuiste en la tierra creación conclusa,

y libertad del hombre edificada,

distinta y sin futuro; al final pasada

y desterrada al fin y al fin ilusa.

 

De un tiempo usó la eternidad tu musa,

mas fuiste con el tiempo amortajada

y la materia fue materia y nada

y ni aun recuerdo la razón confusa.

 

La piedra que fue grada es ya ladera,

la columnata es aluvión y escoria,

el arco y el bastión roca y entraña.

 

Si algo es forma, es dolor y nada espera.

Sobre tu idea al sol la hierba brota

porque han vuelto la tierra y la montaña.

 

                              Sonetos a la piedra

 

Iban tres azores

debajo del cielo,

tres raudas penumbras

de pasión y duelo.

 

La paloma blanca

se estaba en su alero

arrullando al ave

del amor primero.

 

Hambre, gloria, vida…

Pero no la vieron.

Cerca del ocaso

les nubló lo eterno.

 

En la soledad del tiempo

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Comentarios Mímima antología de la Poesía Arraigada

Impresionante. Cada letra es un laberinto de ideas, no se por dónde entrar y mucho menos por donde salir...está muy bueno, pero nada comparado al arte que hace tu hija, revisé el blog, hasta ganas me dieron de comenzar otro en blogspot, después te lo paso cuando halla escrito algo jaja, es algo como "Pensamiento Mariposa" increíble, si la jóven ághata pudo escribir así, veamos la sabiduría recopilada y plasemosla en un papel, a ver si no es arte pura!...está muy buena la poesía y gracias por inducirme en la verdadera  literatura...

Posdata: Mañana salgo de vacaciones y me quedará más tiempo de leerte que te tengo muy descuidada

Un beso enorme para tí y tu hija
Mariau Illescas 
Gracias Mariau... por tus palabras. María se puso muy contenta cuando vio tu comentario y me llamó en seguida.... Le explique tu amor por las letras y tu gran hacer, tu constancia y le dije que te tenía un gran aprecio y que merecía la pena leerte y tenerte como amiga
Un beso gigante

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