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Mejoremos nuestra capacidad narrativa: La otra vida de Felix Suau

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Mejoremos nuestra capacidad narrativa

La otra vida de Félix Suau

Que el sol haya salido por el horizonte millones, billones de veces, no garantiza que lo haga mañana. Estamos acostumbrados a que las cosas sean de una determinada forma, pero también podrían ser de cualquier otra.

Y si no, que se lo digan a Félix Suau, que había vivido quince años de relativa normalidad hasta que una mañana al lavarse la cara, le pasó algo gordo. Poco después de secarse con la toalla ya no era él, sino otro.

Hasta entonces había sido un chico más bien feo, con pelo negro rizado y la piel invadida por el acné. Pero, de repente, vio en el espejo que aquél no era su rostro, sino el de un hombre barbudo y carigordo de unos cincuenta años.

Primero pensó que estaba soñando, como cuando crees que te has levantado y en realidad sigues durmiendo, y te has de levantar por segunda vez. Pero no era éste el caso.

Otra posibilidad -mucho más remota- era que se tratara de un defecto del espejo, pensamiento que le hizo correr hasta la habitación de sus padres, donde había uno de cuerpo entero. Allí comprobó que, aunque su cuerpo fuera el mismo, el agua -tal vez demasiado caliente le había borrado la cara, reemplazándola por la de aquel hombre peludo y gordinflón que no había visto en su vida.

Y, aun así, Félix seguía siendo Félix. De lo contrario, no sería consciente de lo que le había pasado... y no le hacía ninguna gracia.

"Tendré que ir al médico", se decía mientras bajaba las escaleras. Pero entonces pensó que debía tener una pinta ridícula, vestido con tejanos y bambas, y aquel rostro tan serio. Quería pasar desapercibido hasta averiguar cuál era el problema. Por lo tanto, subió de nuevo a casa y se puso un pantalón y una americana de su padre - que tenía su misma talla-, además de sus mejores zapatos.

Se volvió a mirar al espejo y notó que había algo que fallaba. Lo arregló con una corbata azul turquesa y salió de casa como un relámpago.

"¿Qué médico se ocupa de estos casos? " se preguntaba. "¿Un psiquiatra?". No era cosa de psiquiatras, ya que al pasarse la mano por la barba comprobó que era dura y rasposa, y por lo tanto real. "¿Un cirujano plásticoo?" Tal vez si que éste podría devolverle su antiguo rostro. Tendría que llevarle una fotografía para que lo rehaciera, pero además constaba dinero, muchísimo dinero, y el estaba más pelado que una rata.

La cuestión era que tenía que arreglar aquel desaguisado como fuera antes de que volvieran sus padres, que habían salido el fin de semana. Seguro que lo reconocerían y llamarían a la policía tomándolo por ladrón.

Tampoco podía volver así al instituto, que empezaba la semana siguiente. Podía colar como profe de Mates, pero no como el Feliz Suau que se sentaba en la retaguardia y se embobaba con las chicas de la primera fila.

Al pasar a la otra acera se encontró con la primera sorpresa del día - porque que te cambien la cara no es una sorpresa, es una putada-, pues un hombre con gafas de oro y maletín lo detuvo.

-¡Señor Armengol!

"Así que son Armengol, ahora”, pensó Félix, pero disimuló para no contrariarlo.

-Hola, hola- respondió, confuso.

-No quiero entretenerle. Pero ya que nos hemos encontrado, aprovecho para pagarle. Así no tendré que pasar esta tarde por el despacho.

Acto seguido le entregó un sobre bien grueso que Félix aceptó asintiendo con la cabeza. El hombre de las gafas de oro le dio una palmadita en la espalda y tras decirle, "todo arreglado" desapareció por una esquina.

Y Félix Suau se encontró en medio de la calle con un sobre que, como pudo ver después, contenía más de mil euros -una barbaridad- con los que no sabía qué hacer.

Se guardó el dinero en el bolsillo interior de la americana y se dirigió a toda prisa a la consulta del médico, el de toda la vida, por si podía aclararle qué diablos estaba pasando.

Al pasar por una boutique se detuvo un instante para mirarse en el cristal. Era totalmente otra persona: un hombre respetable con un montón de pasta en el bolsillo, y sobre todo, mucha confusión.

Hasta ayer había sido un chico poco agraciado, que jugaba al billar con los amigos y consumía las tardes en la playa escuchando su CD favorito. Era urgente, por lo tanto hacer algo. Pero al entrar en la consulta del doctor Miravell comprendió enseguida que allí no encontraría la solución, ya que el médico lo recibió así:

-¿Qué hace el reuma, señor Armengol?

Su intención era explicarle el problema, tal cual, pero al verse confundido con otro paciente, pensó que no se lo creería y prefirió seguirle la corriente. El médico le recetó una pomada y unas cápsulas, además de darle hora para la semana siguiente.

Nuevamente libre, Félix pensó que era demasiado tarde para la partida de billar, que tenía lugar todas las mañanas en un ruidoso salón recreativo.

Tampoco iba vestido para ir a la playa, ni llevaba el CD para escuchar música bajo el sol de septiembre. Pero antes de que pudiera decidir nada, un taxi frenó y el chofer pareció conocerlo:

-¿Al Botafumeiro, señor Armengol?

No dijo que no, y el taxista lo llevó a aquella marisquería de la que sólo sabía que todo costaba un ojo de la cara.

"Es fácil ser Armengol -pensaba mientras el taxi sorteaba el tránsito-, te dan un montón de dinero y vas a comer a un restaurante de lujo sin ni siquiera pedirlo."

En la marisquería tenían mesa reservada para él y -¡Uau!- allí le esperaba una chica para caerse de espaldas: rubia con ojos verdes y un gran lunar en la frente. Seguro que era modelo o actriz.

-Buenos días, amor- lo saludó dándole un beso en los labios.

Y Félix Suau se puso rojo como un pimiento, porque las compañeras de clase siempre le habían dado calabazas y ahora tenía en el bolsillo una top-model. "Es un chollo ser Armengol", se dijo.

Pero nada es tan fácil como parece, porque aún no le habían servido el primer plato cuando la chica le clavó la mirada, como revolviendo en su interior, y le preguntó:

-¿Ya lo has hecho?

-¿El qué?

-- No te hagas el sueco. ¿Se lo has pedido o no a tu mujer?

-Perdóname, pero no te entiendo.

De un manotazo, aquel ángel le tiró la cola llena sobre los pantalones.

-¡Estoy harta¡- gritó con lágrimas en los ojos-. Hablas de divorciarte, pero eres un rajado y un embustero como todos. Pero conmigo no juegas más...

Y Félix Suau temblaba de la cabeza a los pies, mientras se preguntaba cómo saldría de aquella, ya que si no le daba una respuesta satisfactoria se le lanzaría al cuello.

-Voy a limpiarme  al lavabo- se excusó.

Y huyó del restaurante a toda prisa dejando plantada a la modelo.

Olvidándose de comer, se dedicó a pasear sin rumbo hasta las cuatro y media de la tarde, cuando decidió entrar en un cine. Echaban una película sobre una misión a Marte que se torcía y los astronautas tenían que quedarse a vivir en el planeta rojo.

Distraído con aquella tontería, Félix disfrutaba de la oscuridad que lo igualaba a otros espectadores, librándole de ser Armengol. Pero al terminar la sesión su gozo se fue al garete, porque un matrimonio de avanzada edad lo reconoció y, tras saludarlo efusivamente, se lo llevó a un bingo sin que pudiera decir ni pio.

Allí pasó las cuatro horas más aburridas de su vida marcando cartones. La esposa de su amigo -mejor dicho, del amigo de Armengol- cantó un par de líneas, lo cual no impidió que los tres perdieran hasta la camisa.

Por suerte, el matrimonio estaba tan ocupado vigilando ocho cartones a la vez que prácticamente no hubo conversación, ya que lo hubieran pillado enseguida. Seguro que lo habrían tomado por un farsante que pretendía suplantar a Armengol con algún perverso fin.

Rechazó, por lo tanto, su invitación para comer juntos en el Club Marítimo. Aduciendo que estaba cansado, se despidió como pudo y corrió a casa, asfixiado por el humo y con la cabeza como un bombo de tantos números.

Pero la aventura no terminaba aquí, porque cuando estaba a dos metros del portal de su casa, dos tipos que daban miedo lo arrinconaron contra la pared y le dijeron:

-¡Danos todo lo que llevas!

Y Félix Suau dio gracias al cielo de que se hubieran salvado un par de billetes de la quema, ya que de lo contrario habría recibido una buena paliza.

-Empapado de sudor por aquel susto, subió los escalones de su casa de cuatro en cuatro y se metió en la cama en un periquete.

A la mañana siguiente le sucedió otra cosa insólita pero al revés. Se lavó la cara como Armengol y el agua le devolvió el rostro granítico de Félix Suau, que saltó de alegría al verse tan feo en el espejo.

Se puso los tejanos y las bambas y se apresuró hacia la sala de billares donde le esperaban los amigos.

Pero antes sucedió una última cosa maravillosa. Al llegar a un semáforo, vio al otro lado a Armengol, el auténtico. Se quedó mirando asombrado a aquel hombre, que le correspondió con una sonrisa mezclada con cierta melancolía. Y el chico supo que, el día anterior, Armengol lo había pasado jugando al billar y escuchando música en la playa, sin un chavo en el bolsillo, ni reuma, ni modelos, ni bingos, ni atracos.

Y al ponerse verde dejó al hombre atrás, y echando a correr, exclamó:

-¡Qué fácil es ser Félix Suau!

 

Francesc Miralles

¿Qué tenemos que hacer con esta historia? Simple y llanamente, recrea en el papel una situación similar a la que vive Félix Suau. Conviértete por un día en otra persona. Puede ser divertido, ¿no crees?

Esta historia tan divertida nos muestra una suplantación de personalidad  involuntaria. El protagonista se levanta un buen día y, tras mirarse en el espejo, se da cuenta de que es otra persona.

Después de intentar  solventar el problema, descubre que no le queda más remedio que aceptar la situación. No tiene otra salida. Por eso -tras la visita al médico- las ventajas de la nueva identidad parecen evidentes: es un “chocho” ser Armengol.

 La visita al restaurante, donde la top-model le recrimina que todavía no haya pedido el divorcio, es el momento crucial de la esa transformación de la realidad. Es ahí cuando descubre que su nueva identidad también tiene sus “problemillas”.  Puesto que no puede solucionar el problema que se avecina, decide huir. Es a partir comienzan las dificultades: sesión de cine aburrida, se encuentra de improviso con una pareja que se le pega como una lapa y todos se marchan al bingo, allí se queda casi sin un duro,  es atracado... Con angustia vuelve a su casa.

Pero al despertarse a la mañana siguiente se muestra feliz, al descubrir su rostro lleno de granos en el espejo. El agua  le devuelve su identidad. Sale a la calle y  al ir al cruzar el semáforo ve al verdadero Armengol. La mirada cómplice identifica a ambos: los dos han vivido una experiencia inédita, han tenido que subsistir un día de su vida, siendo otra persona; él ha sido Armengol y Armengol ha sido Félix.

Te proponemos un juego similar. Subraya todo aquello que te llame la atención del texto, las reflexiones del protagonista, las expresiones coloquiales y apúntalas en una cartulina. Puede que te sirvan al menos en un primer contacto con el papel en blanco, puesto que ahora eres tú quien vas a verte en la piel de otro, o sea, que vas a vivir durante un día siendo otra persona. Puedes pensar muchas cosas para mejorar tu relato (por ejemplo, que el personaje al que suplantas es un asesino y que además desea matarte; que es tu eres su fans –él es un jugador de fútbol, un cantante o actriz, alguien al que admiras) Antes de volver a ser quién eres, intentarás convencer a alguien que te conozca bien de que tú eres tú (le enviarás un mensaje cifrado, le contarás algo que sólo tú podrías saber de él, etc.).

 

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Comentarios Mejoremos nuestra capacidad narrativa: La otra vida de Felix Suau

Queridísima Aghata, cualquier día te amenazo con hacer los ejercicios que propones con tus textos ... ¡pero sé que suspendería! ... Aún así lo intentaré, palabrita de honor (sonrio)
Besos envolventes para una gran mujer ... y sabia.

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