Avisar de contenido inadecuado

Lengua Castellana. Libro de Texto. Tema II

{
}

Lengua Castellana. Libro de Texto. Tema II

Tema 2.

 Fotografo de bodas en Valenciawww..jfrechina.com/ 

Creí que me había equivocado, 

luego pensé
que estoy bien aquí en mi nube azul.

Fito Pitipaldi

1. La narración


Aunque no te lo creas, las personas estamos habituadas a narrar. Sí, no pongas esos ojos, cualquiera de nosotros hemos contado alguna vez algún chisme que hemos oído por ahí, relatado una anécdota que nos ha sucedido e incluso nos hemos desternillado de risa cuando hemos escuchado un buen chiste.
En realidad una narración no es más que un tipo de texto –oral o escrito, en verso o en prosa- en el que se relatan unos hechos reales o imaginarios, que le suceden a unos personajes en un marco (espacio y tiempo), determinado.
Por eso y aunque vayamos a centrarnos en la narración literaria, no podemos olvidar que existen muchos tipos de textos narrativos: una anécdota, un chiste, una noticia o reportaje periodístico, hasta una carta o diario, también pueden ser considerados como tales. Y si nos adentramos en el mágico mundo de la literatura, son narrativos un cuento, una novela, una fábula, una leyenda, un mito, etc.
Sé que vas a sorprendente, pero un buen escritor es aquel capaz de convencer al lector de la veracidad de su mentira, al fin y al cabo se inventa una trama, una historia y su pretensión es muy sencilla: quiere que la leas o escuches, que se detenga el mundo que te rodea y te introduzcas en la piel del personaje, como si lo que le está sucediendo a él, pudiese sucederte de un momento a otro a ti mismo. No te extrañes si te digo que es una sensación similar a la que sientes cuando juegas en el ordenador: el buen lector siente lo mismo, el mundo parece haberse detenido en derredor suyo y sólo escucha o lee lo que le están narrando.

En una narración podemos observar los siguientes elementos: la estructura, el tema, el tipo de narrador seleccionado, los personajes, el espacio y el tiempo.
Los temas que podemos encontrar en un texto narrativo son muy variados: amoroso, policíacas, fantásticas, históricas, de misterio, etc.
En cuanto a la estructura, distinguimos: la estructura externa de la estructura interna.

La estructura externa es la distribución formal que ha decidido el autor para presentar su obra: capítulos, secuencias, partes. Es lo debes tener en cuenta cuando se pide, por ejemplo, que resumas una historia por capítulos.


La estructura interna depende de la organización de los acontecimientos narrativos.
El contenido de una narración suele estructurarse en tres partes básicas:                           a) El planteamiento: donde se presentan los personajes y el marco inicial, o sea, el espació y el tiempo donde va a situarse los acontecimientos. Normalmente en el mismo planteamiento se nos explica un problema, que supone el arranque de la acción.  

b) El nudo: En torno al problema inicial se desarrollan los acontecimientos y cambios vividos por los personajes frente al conflicto.

c) El desenlace donde se cuenta la solución del problema. A veces la narración se queda abierta, para que sea el propio lector el que la complete.


No podemos olvidar tampoco el carácter imprescindible del narrador, el dador, el que cuenta la historia al lector y que no debemos confundir con el autor. El autor es la persona real que ha creado y escrito la historia, él decide quién y cómo nos la va a contar. Por ejemplo, no tenemos la misma visión de un asesinato si la cuenta el policía, un testigo o el propio asesino.


El narrador puede situarse deliberadamente fuera de los hechos. Es un narrador que utiliza la 3ª persona. Puede saberlo todo de los personajes o sólo tener un conocimiento parcial, actuando como una cámara de cine que sigue a los personajes y sólo cuenta lo que ve y oye.
Omnisciente (de omnis, e, todo). Conoce todos los acontecimientos, las intenciones, sentimientos de los personajes, incluso aquello que ellos mismos ignoran.
Era evidente que el chico sabía lo que había hecho. Los remordimientos le asaltaban. Cómo le diría a su madre que había copiado en el examen y que lo habían pillado. Se pondría furiosa.
Observador externo. Conoce sólo lo que puede ver y oír, como si usara una cámara de vídeo o de cine y siguiese a los personajes.
Él lo había visto. Lo habían cazado: había sacado la chuleta y la había situado debajo de la hoja en blanco, mientras mordisqueaba el bolígrafo.

Pero la historia también puede ser contada por el propio protagonista o por un testigo o personaje secundario. En ambos casos la historia es contada en 1ª persona.
. Nos cuenta lo que le sucede o lo que piensa en 1º persona. Dicho narrador puede ser el mismo protagonista o de los hechos o un personaje secundario o testigo.
¡Cómo ha podido cazarme de ese modo! Hubiera jurado que no me estaba mirando. Ahora tendré que decírselo a madre y se pondrá furiosa. Me castigará y Jaime estará de morros conmigo toda la semana. Total, por una chuletita de nada.
Este tío es tonto. ¡Qué fuerte que lo hayan cazado de este modo! Menudo imbécil. Más le habría valido estudiar un poquito. Si sólo era una paginilla de nada. Ahora lo castigarán y será peor.


Los personajes: los sucesos que se desarrollan en una narración están protagonizados por unos personajes que vamos conociendo a medida que avanza el relato. Podemos diferenciar dos tipos de personajes según su importancia:

a) Los personajes principales. Son imprescindibles, ya que sin ellos la narración no tendría sentido y constituyen el hilo conductor de la acción. En este grupo se encuentran el protagonista y el antagonista. Generalmente aparecen bien caracterizados, aunque su caracterización suele ser progresiva, los vamos conociendo a medida que avanzan los hechos y se nos van desvelando sus actuaciones.

b) Los personajes secundarios. No tienen tanta importancia, aparecen esporádicamente y de ellos se nos dan pocos datos. Podemos clasificar este grupo en dos categorías: los aliados y los oponentes, según favorezcan o perjudiquen al protagonista en sus intereses.


Además los personajes suelen caracterizarse de forma directa o indirecta.                           Si los personajes son descritos de forma directa, el narrador nos explica aquellos rasgos físicos o de carácter que interesa que conozcamos. En cambio, cuando la caracterización es indirecta, deducimos los rasgos de los personajes por sus comentarios, gestos u reacciones.


El espacio: es el lugar o lugares donde se desarrolla la historia. En algunos relatos, la descripción de espacios puede ser de gran utilidad no sólo para situar la acción, sino también para conocer mejor el carácter de los personajes. El narrador, al mostrarnos los lugares que frecuenta o cómo es la casa donde vive, nos proporciona pistas para que descubramos por nosotros mismos su forma de ser, sus tics nerviosos, sus aficiones, etc.

En general los espacios se pueden agrupar en dos tipos:                                                          a) Los espacios exteriores o abiertos, más o menos extensos y sin límites fijos, una ciudad, el mar, el campo…

b) Los espacios interiores o cerrados, ceñidos a unos límites precisos: un salón, un restaurante, un tren, un automóvil, la casa donde vive el personaje.


El tiempo. Es el tiempo lo que caracteriza a una narración.

Existen dos tipos de tiempo: el tiempo externo (época en la que sitúan los acontecimientos) y el tiempo interno (se ajusta a la duración de los acontecimientos dentro de la historia). Por ejemplo, una narración ambientada en la época futurista (ciencia-ficción) y que selecciona una secuencia de la vida del personaje: la juventud.


Recordemos que la esencia de la narración no estriba en contarlo todo, sino en seleccionar los pasajes más interesantes o que tienen una función determinada en el desarrollo de los hechos.


Actividades


Cuenta una anécdota utilizando diversos narradores.


Transfórmate en un personaje famoso sin decirnos su nombre. Mediante mímica intentarás explicar a la clase lo que realizas habitualmente. Después, entre todos, intentaremos averiguar quién es el personaje oculto.

Ríete de las situaciones cotidianas, de esa mala pata que has tenido en alguna ocasión y transfórmala en un chiste.


Refresca tu memoria y analiza los elementos de la narración que aparecen en un cuento tradicional: marco, estructura, personajes, espacio y tiempo.


Analiza los rasgos de esta carta. Resume su contenido y después explica con tus palabras cuáles son sentimientos y emociones que siente la protagonista. ¿A quién dirige la carta? ¿Qué elementos coloquiales se aprecian?


Valencia, 11 de mayo de 2010.
Querida amiga:
No entiendo el porqué ahora que he adelgazado unos quilitos y me quitado los cuatro ojos tengo toda una pléyade detrás y antes nadie me hacía caso. ¿Acaso no soy la misma persona?
Yo, adolescente gorda y enfundada en unas gafas quilométricas me he puesto lentillas y he rebajado 12 quilitos. ¡No veas cómo se me ha quedado el cuerpo!
Ahora me río muchísimo porque veo a antiguos compañeros de clase que antes me ignoraban y no me conocen. Intentan ligar conmigo y yo, primero les sigo el juego, para al final mandarles con viento fresco a que le suelten el rollo a otra. Les pondría a todos el mismo calificativo, con un cartel bien hermoso. Antes tanto desprecio y ahora me los llevo toditos de calle, que no hay quién los entienda y al final se me queda el cuerpo muy mal al pensar que sólo vemos el físico y ya clasificamos a la persona, aceptándola o rechazándola. Solemos además ponernos la máscara según con quién estemos y quién sabe lo que somos o cómo somos si ni siquiera lo sabemos nosotros mismos. ¡Somos de un cínico! Nos quedamos con lo de fuera y lo de dentro es lo importante, lo que queda.
A veces preferiría ser como antes y no una niña bonita codiciada por golfos desmelenados que no saben valorarnos. Ciao, preciosa.

a) Identifica los elementos del siguiente texto narrativo: estructura, narrador, personajes, espacio y tiempo. b) ¿Cuál dirías que es el tema central de la historia? c) Explica brevemente que le sucede a la protagonista. d) ¿Conoces a alguien que haya vivido alguna situación similar o parecida?

Cuatro ojos Relato publicado en la revista Narrativas. 

No sé porqué, aunque voltees una y otra vez la vida, las historias se repiten. Sientes que el camino que recorriste no se ha borrado del todo, que ahora es tu hermana pequeña la que atraviesa el mismo senderillo de barro, lleno de baches. Y eso te espanta, porque algunos de aquellos actos, tú quisieras fulminarlos; de hecho le pediste a Zeus su rayo, pero lo necesitaba para otros menesteres: prefería usarlo para atrapar más moscas a la miel de sus fornidos brazos, para que vayas tú, una simple mortal, con tus historias y despropósitos.
Total, que cuando descubriste que María era miope y necesitaba gafas, te tiraste de los pelos: ¡Pobrecilla! ¡Qué mala suerte! Salieron en tropel los recuerdos como centauros dispuestos a embestirte sin contemplaciones, los corrillos del cole y aquel dichoso “cuatro ojos”, y también soltó el pico, sin demasiada convicción, la blandengue respuesta, que nunca provocaba ira, sino risa: “más vale cuatro ojos que dos”… y cosas por el estilo. Lo cierto es que te hubiese gustado borrar aquellas gafas de la faz de la tierra, que fuesen invisibles.
Te la imaginaste sentada en el mismo mini-pupitre que tú, frotándose el vaho de las gafas mientras intentaba escribir tachaduras en un folio. Te la imaginaste solapada detrás de sus amigas, caminando de espaldas, eclipsada a los ojos de los chicos. La viste avergonzarse, al guardarse las gafas para hacer el pino o sonrojada ante el chico que le gustaba, esperando que el chaval capte el gesto, a sabiendas de que él nunca le dedicará un piropo a esos ojos negros tapiados por una moldura, culo de vaso. La viste, muerta de rabia, con los ojos aguados, intentando embestir palabras; su más vale cuatro ojos que dos, te dolió tanto como a ella, porque tú sí que viste lo que ocultaba la opacidad de su mirada: tú sí sentiste su desasosiego.
Pero ahora, el suplicio ha terminado. Mamá ha decidido ponerle lentillas, y tú sabes que ella también logrará el triunfo. Tú te pusiste lentillas con 15 años y ahora es a ella a quién le ha tocado esa lotería. Por eso no comprendes su obstinación, no entiendes que ella siga poniéndose las gafas odiosas. Ella ha roto el maleficio: no ha encerrado las gafas afea-ojos en un cofre con siete llaves ni las ha lanzado al mar; muy al contrario, sigue llevándolas con valentía. Te ha dejado helada, cuando ha comentado que se ve rara con las gafas, que no se acostumbra a llevarlas. ¡No puedes entenderlo! Según ella, sin las gafas sus ojos parecen agujeros negros. Por eso, sólo se pone las lentillas a veces y continúa haciendo oídos sordos a las burlas de sus compañeros.
Encima ella lo ha conseguido a la primera, mientras que tú, cuánta vergüenza sientes al recordarlo, a la de no te acuerdas cuándo. Y es que ésta hecha una fiera: su lente ha congeniado al instante con el ojo, como si formase parte de la familia desde siempre; con la de intentos que tuviste que hacer tú, para que la intrusa se pusiese cómoda, para conseguir aquella mirada traslúcida y sin resentimientos.
Pero al final ya se sabe que “tanto va el cántaro a la fuente…”, al final lo lograste y entonces te hiciste tan amiga del intruso, que abandonaste las gafas, en el cajón. ¡Ala!... ¡Ahí os quedáis, gafas culo vaso, afea-ojos! Y ahí se quedaron las pobres sin chistar. ¡Ya no volvieron a minimizar tu mirada!
Pero algo de sangre sí que hay entre tu hermana y tú, en algo tenéis que congeniar. Se ha quitado al intruso de una palmada, lo ha extraído de uno de sus ojos con tanto ímpetu, que lo ha roto. Y encima te ha mirado de soslayo, como si tú hubieses conjurado el destino, para que se entrometiese tu pasado en su presente.


El ojo del huracán


Lee detenidamente este texto que escribió un chaval de tu misma edad. La historia nos da pocas pistas, casi diría que se basa en las sugerencias y por eso mismo cada uno de nosotros, podemos interpretarlo de forma diferente. Y ahí reside el juego, en la capacidad de cada lector de forjarse una imagen de la historia que nos está narrador y sacar sus propias conclusiones. ¿Ya lo tienes claro? Bueno, pues si es así, manos a la obra. ¿Quién crees que es esa mujer? ¿Por qué está ahí siempre, congelada en el mismo espacio, como si el tiempo se hubiese detenido? Imagina un encuentro entre ambos: imagina que le cuenta su historia, una historia que tú conoces muy bien y que el personaje desconoce. ¡Cuánto más sorprendente sea lo que le cuentas a tus compañeros mejor será tu narración!

 

Aún recuerdo aquella mañana tan oscura y fría. Yo paseaba por el mismo parque de siempre, el parque de mi adolescencia, donde había pasado tan buenos momentos. Entonces vi a aquella mujer sentada en un banco con expresión distante. Supongo que fue la curiosidad lo que me arrastró a acercarme para verla mejor. Conforme me iba aproximando me daba cuenta de que había algo extraño en su figura: aparentemente parecía una frágil estatua de sal, distante, como una flor de plástico. No sé cuánto tiempo estuve ahí mirándola, pero durante todo ese rato ni una sola vez la vi parpadear e incluso hubiera jurado que no respiraba.
Algunas personas cuchicheaban y contaban las mil y una sobre su extraña belleza: unos afirmaban que era una estatua excepcionalmente realizada; otros que era un espíritu, una señal de advertencia para alguien, aunque no sabían a quién se dirigía esa bella sonrisa suspendida como una pompa de jabón en el aire. Lo que más me sorprendió era el magnetismo que irradiaba. Todos nos aproximábamos, todos queríamos mirar, todos nos quedábamos anonadados, aunque ninguno se atrevía a aproximarse o hablarle, todos guardábamos una respetuosa distancia, como si temiésemos que al aproximarnos nos contagiaría su extraña enfermedad.
Lo cierto es que regresé a casa sin poder quitármela de la casa. Su imagen se había clavado en el hueco de mis costillas hasta impedirme respirar.

Al día siguiente me levanté, a la misma hora de siempre. Pasé por el mismo parque, me aproximé al mismo banco… Algo parecía no ir bien. La mujer del día anterior había desaparecido. Me sentí confuso, como si me hubieran privado de mi juguete preferido; hasta llegué a asustarme. Casi sin percibirlo, aquella misteriosa dama se había convertido en la brújula que dirigía mis pensamientos.
Pasaron varias semanas, en las que –aunque intenté olvidar- no hacía más que darle vueltas a la cabeza. Al fin me decidí a volver y allí estaba nuevamente y hasta hubiera jurado que me sonreía. El corazón se me hinchó de esperanza, hasta barajé la idea de hablarle y preguntarle qué hacía allí, me contuve por miedo al desconsuelo de su verdad.
Los años fueron pasando y ella nunca faltó a la cita. Lo más sorprendente fue aquella transformación. En cuanto me veía, su cara se dulcificaba y hasta las madres aproximaban a sus hijas para mostrarles qué postura era la más apropiada para recibir a las visitas o hacer de tripas corazón, ante alguien al que detestamos.
Ahora parece que el tiempo se consume deprisa y pronto me quedaré tan congelado, como ella. Toda una vida huida, todos estos años buscando inútilmente una respuesta, suspendido en el ojo del huracán, congelado por una flecha que nunca acertó en su diana.

 

Mari Carmen Moreno Mozo. Prof. de talleres literarios. Redactora de contenidos digitales. 

{
}
{
}

Deja tu comentario Lengua Castellana. Libro de Texto. Tema II

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.