Avisar de contenido inadecuado

Lo que le sucedió a don Quijote yendo a ver a su señora Dulcinea

{
}

Lo que le sucedió a don Quijote yendo a ver a su señora Dulcinea

 

En su tercera salida de la aldea, don Quijote se dirige a tierras del Toboso, pues quiere encomendarse a su dama Dulcinea y recibir su bendición antes de emprender de nuevo sus aventuras.

 

Solos quedaron Don Quijote y Sancho y apenas se hubo apartado Sansón, cuando comenzó a relinchar Rocinante y a sospirar el rucio, que de entrambos, caballero y escudero, fue tenido a buena señal y por felicísimo agüero; aunque si se ha de contar la verdad, más fueron los sospiros y rebuznos del rucio que los relinchos del rocín, de donde coligió Sancho que su ventura había de sobrepujar y ponerse encima de la de su señor, fundándose no sé si en astrología judiciaría que él se sabía, puesto que la historia no lo declara: sólo le oyeron decir que cuando tropezaba o caía, se holgara no haber salido de casa, porque del tropezar o caer no se sacaba otra cosa sino el zapato roto o las costillas quebradas; y aunque tanto, no andaba en esto muy fuera de camino. Díjole Don Quijote:

-Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar, y con más escuridad de la que habíamos menester, para alcanzar a ver con el día el Toboso, adonde tengo determinado de ir antes que en otra aventura me ponga, y allí tomaré la bendición y buena licencia de la sin par Dulcinea; con la cual licencia pienso y tengo por cierto de acabar y dar felice cima a toda peligrosa aventura, porque ninguna cosa desta vida hace más valientes a los caballeros andantes que verse favorecidos por sus damas.

-Yo así lo creo- respondió Sancho-; pero tengo por dificultoso que vuesa merced pueda hablarla, ni verse con ella, en parte, o a lo menos, que pueda recebir su bendición, si ya no se la echa desde las bardas del corral, por donde yo la vi la vez primera, cuando le llevé la carta donde iban las nuevas de las sandeces y locuras que vuesa merced quedaba haciendo en el corazón de Sierra Morena.

-¿Bardas de corral se te antojaron aquellas, Sancho- dijo don Quijote-, adonde o por donde viste aquella jamás bastamente alabada gentileza y hermosura? No debían de ser sino galerías o corredores o lonjas, o como las llaman, de ricos y reales palacios.

-Todo pudo ser- respondió Sancho-,  pero a mí bardas me parecieron, si no es que soy falto de memoria.

-Con todo eso, vamos allá, Sancho- replicó Don Quijote-; que como yo la veo, eso se me da que sea por bardas que por ventanas, o por resquicios, o verjas de jardines; que cualquier rayo que del sol de su belleza  llegue a mis ojos alumbrará mi entendimiento y fortalecerá mi corazón, de modo, que quede único y sin igual en la discreción y en la valentía.

-Pues en verdad, señor – respondió Sancho- que cuando yo vi ese sol de la señora Dulcinea del Toboso, que no estaba tan claro, que pudiese echar de sí rayos algunos; y debió de ser que como su merced estaba ahechando aquel trigo me dije, el mucho polvo que sacaba se le puso como nube ante el rostro y se le escureció.

-¡Qué todavía das, Sancho- dijo Don Quijote-, en decir, en pensar, en creer y en porfiar que mi señora Dulcinea ahechaba trigo, siendo eso un menester y ejercicio que va desviado de todo lo que hacen y deben hacer las personas principales que están constituidas y guardadas para otros ejercicios y entrenamientos, que muestran a tiro de ballesta su principalidad…! Mal se te acuerdan a ti, ¡oh Sancho!, aquellos versos de nuestro poeta donde nos pinta las labores que hacían allá en sus moradas de cristal aquellas cuatro ninfas que del Tajo amado sacaron las cabezas, y se sentaron a labrar en el prado verde aquellas ricas telas que allí el ingenioso poeta nos describe, que todas eran de oro, sirga y perlas contextas  y tejidas.  Y desta manera debía de ser el de mi señora cuando tú la viste, sino que la envidia que algún mal encantador debe de tener a mis cosas, todas las que me han de dar gusto y vuelve en diferentes figuras que ellas tienen, y así, temo que en aquella historia que dicen que anda impresa de mis hazañas, si por ventura ha sido su  autor algún sabio mi enemigo, habrá puesto unas por otras, mezclando con una verdad mil mentiras, divirtiéndose a contar otras acciones fuera de lo que requiere la continuación de una verdadera historia. ¡Oh, envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo; pero el de la envidia no trae sino disgusto, rencores y rabias.

Comentario.

1. En esta tercera salida, don Quijote se dirige con Sancho al Toboso en busca de su dama. Por el camino, el caballero y el escudero hablan de Dulcinea, cada uno desde su punto de vista. Explica con tus palabras cómo es vista Dulcinea por cada uno de los personajes.

2. ¿Por qué razón Don Quijote desea ver a su dama antes de iniciar nuevamente su andadura como caballero andante?

3. El texto nos es presentado de forma dialogada y en ese diálogo se ven dos puntos de vista disímiles. ¿Cómo se van uniendo las distintas palabras de uno y otro personaje?

4. Las palabras de don Quijote muestran que éste tiene una visión idealizada de la realidad. Justifica esta afirmación a partir de  las palabras del texto.

5. Cervantes simula en el libro que ha encontrado un manuscrito con  historia de Don Quijote, historia que él sólo se limita a transcribir. Localiza en el texto una afirmación en la que Cervantes finge desconocer un dato que no está en la supuesta historia.

6. Cuando Cervantes escribió la segunda parte del Quijote, se habían publicado anónimamente unas aventuras de Don Quijote y Sancho, que pretendían ser la continuación de la primera novela.

¿De qué técnica se vale Cervantes para censurar ese falso Quijote?

¿A qué atribuye Don Quijote que se hayan tergiversado sus hazañas?

Según don Quijote, ¿qué sentimientos movió al autor del falso Quijote a escribir la obra.

7 En su última intervención, don Quijote describe las labores a las que debe dedicarse Dulcinea. Para ello se refiere a <<aquellos versos de nuestro poeta>>, unos versos de Garcilaso que pintan la escena en la que unas ninfas tejen tapices a orillas del Tajo. ¿De qué manera coincide esta visión con la visión que tiene don Quijote de su amada?

{
}
{
}

Comentarios Lo que le sucedió a don Quijote yendo a ver a su señora Dulcinea

Deja tu comentario Lo que le sucedió a don Quijote yendo a ver a su señora Dulcinea

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.