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El ladrón de rubíes

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Escribe un breve cuento en el que aparezcan algunas de  las siguentes palabras: afligir, jirafa, conserje, Ginés, alhaja, cojo, potaje, teje, geoógrafo, reja, ojal, exigir. 

El ladrón de rubíes
Caminando por el zoo, vi un muchacho afligido sentado en un banco al lado de la jaula de la jirafa. Tenía la cabeza gacha y no se le veía la cara, aunque se le oía sollozar. Me acerqué y le pregunté su nombre. Entonces me dijo que se llamaba Ginés. Luego le pregunté qué le pasaba y me dijo que había perdido la alhaja de su madre que tanto añoraba. Era un anillo con un rubí. Luego volvió a ponerse cabizbajo y a ignorarme.
Me dio pena aquel chico y decidí ayudarlo, ya que él no hacía nada.
fui a recepción y pregunté al conserje por objetos perdidos. Entonces me enseño unas chaquetas y, al verlas, me di cuenta de un detalle muy extraño, pues todas tenían los ojales cosidos. Luego me enseño una cesta con algunas cosillas, pero ninguna de ellas era un anillo con un rubí.
Salí de recepción y vi a un viejo cono lamentándose a punto de caer. Fui a ayudarlo a ponerse en pie. Entonces me di cuenta de que no era un cojo, ya que me dijo que se había mareado al darse cuenta de que había perdido el anillo de su esposa, el cual también tenía un rubí. Después, el viejo siguió su camino, sollozando.
Debía de haber un ladrón de anillos en aquel zoo. Aquello me intrigaba, así que empecé a investigar.
Iba caminado, cuando vi a una mujer preparando un potaje sobre un banco. ¿Por qué cocinaría aquella mujer? Me acerqué y le pregunté por qué estaba haciendo un potaje. Entonces ella me dijo gritando que era para ahuyentar sus penas, ya que había perdido un anillo con un rubí.
¿Acaso allí toda la gente tenía anillos con rubíes?
Seguí caminando y vi a una anciana tejiendo una tela amarilla en un banco. También me extraño que alguien tejiera en un zoo. Me acerqué a preguntarle por qué tejía y me dijo que estaba haciendo una chaqueta nueva porque la suya había aparecido de repente con los ojales cosidos. Me alejé y la vieja siguió tejiendo.
Desde luego, aquel zoo era muy raro. Todas aquellas cosas se relacionaban entre sí.
Luego, mientras caminaba, vi a un lagarto corretear por el suelo. Lo seguí con la mirada y me llamó la atención que llevaba cosas rojas y brillantes en la boca. Empecé a seguirlo a toda prisa hasta que se puso a salvo tras la reja de la jaula de los lémures.
Fue en ese momento cuando vi que lo que llevaba en la boca eran los anillos con rubíes. Tras aquello, le exigí al conserje que me diera las llaves de la jaula de los lémures.
Al final así lo hizo, y entonces abrí aquella jaula y observé como el lagarto se metía por una puerta entreabierta. Entré por ella también, y tras un pasillo medio oscuro, llegué a una cuevecilla iluminada por una antorcha. Allí se hallaba un escritorio y un enorme mapa y otros papeles con apuntes. Todo parecía indicar que era el escritorio de un geógrafo.
Al fin atrapé al lagarto y le cogí los anillos. Salí de aquel cobertizo muy satisfecha y luego salí de la jaula de los lémures. Entonces me di cuenta de que los ojales de mi chaqueta también estaban cosidos. Debió de ser el lagarto. Luego le devolví los anillos a la gente que me lo había contado, y automáticamente todos los ojales de todas las chaquetas se descosieron de nuevo.

Laura Guerrero Galvache, 2º C.

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