Avisar de contenido inadecuado

Jesper Carol Matas.

{
}

 

(…) Usaron la culata de los fusiles para sacarnos del camión y llevarnos a un patio central, con barracones alrededor y más luces que venían de arriba. Nos llamaban por el nombre o por un número. Supongo que a los prisioneros que no habían confesado ni siquiera sus nombres en clave les habrían dado números. Cuando nos identificaron, nos fuimos en grupos de cuatro, empujados otra vez a culetazos. Pasamos una barraca, bajamos por un camino de guijarros hasta una arboleda. Allí nos separaron en dos grupos.

A nosotros nos llevaron en manada de un camino a otro, más estrecho y rodeado de árboles. Nos adentramos cada vez más en el bosque, hasta que llegamos a un pequeño claro. Estaba abierto por la parte del camino, pero todo lo demás estaba rodeado de tierra. Había cuatro troncos de un metro y medio de alto clavados en la tierra, delante del montículo más alto. Nos llevaron allí a golpe de látigo uno a uno. No se molestaron en desatarme las manos; me pusieron una cuerda alrededor del pecho y de las piernas contra el tronco. Cinco soldados se alienaron enfrente de nosotros con los fusiles preparados. Recuerdo que era una noche muy hermosa. Estaba rodeado de árboles, pero si miraba justo arriba, veía las estrellas. Las ramas susurraban y se mecían con el viento. No pensaba en otra cosa que en la tranquilidad del lugar.

-Preparados, apunten- gritó uno de los soldados.

Respiré profundamente, recé una oración a Dios para que protegiese a los que amaba, cerré los ojos, sostuve la respiración y oí cómo me latía el corazón. Si no hubiera sido porque estaba atado y con las rodillas sujetas, me habría caído al suelo.

-¡Fuego!

Los fusiles estallaron en una explosión de ruido. No sentía nada en absoluto. Pensé que dolería… Y… Todavía oía. Oía risas, abrí los ojos. Los guardias se reían. Gruñían de risa. Estaba totalmente confundido. ¿Habrían muerto los otros? no lo sabía. Quizá los soldados no se habían dado cuenta de que no me habían dado. Se fueron acercando tranquilamente hacia nosotros y desataron a los prisioneros uno a uno. Todo había sido una farsa. Nos sentaron en el camión una vez más y nos alejamos del campo. Los soldados aún estaban riéndose. Debía de haber llorado en algún momento, porque tenía la cara llena de lágrimas. Sólo éramos cuatro en el camión. De los otros no se habían burlado, había sido todo verdad.

-Es una de sus torturas preferidas- murmuró el que estaba a mi lado-. Ahora nos interrogarán. Es más fácil que hablemos, ¿no crees?

Jesper

Carol Matas.

{
}
{
}

Deja tu comentario Jesper Carol Matas.

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.