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¡Indignada!

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¡Indignada!

Sabéis mis queridos amigos que no suelo utilizar el blog para expresar ira abiertamente o quejarme de la enseñanza, pero en esta ocasión no he podido contenerme. Estoy leyendo el libro de texto de este año y no salgo de mi asombro. No sé por qué razón a las editoriales ahora se les ha metido en el “coco” que hay que adaptar los textos de lectura a la competencia curricular de los alumnos. Libros que supuestamente todos nosotros hemos leído con verdadero deleite –La isla del tesoro, Tom Sawyer, El principito-, adaptados, mermados, agujereados; libros a los que se les resta una y otra vez su riqueza lingüística, en una búsqueda sorda e inútil de compresión, como si se temiese que ante una palabra desconocida el alumno tirará la toalla, negándose a continuar con la lectura. No sé a dónde queremos llegar. No sé hacia dónde caminamos. Esta actitud me parece estéril y creo que se les hace un flaco favor privándoles de la lectura original, de esa capacidad de asombro que siempre proporciona una buena  lectura. ¿Qué sentido tiene esto? Creo que aquél que piensa que un alumno es incapaz de acometer estas lecturas –que, por otra parte- son las idóneas a esa edad, está directamente menospreciando a sus alumnos, instigándoles a la obsoleta pereza, a que se crucen de brazos una y mil veces, los está arrinconando a una lectura descafeinada y poco realista, una lectura a la que previamente se le ha arrancado vida. No creo que este sea el mejor modo de abrirse paso en la vida, de afrontar dudas, problemas y sinsabores, porque si aquellos que debemos mostrarles el camino, les facilitamos la escalera y hasta les iluminamos el sendero con grandes antorchas, sin propiciar el uso del esfuerzo y la búsqueda personal e intransferible de las pistas a seguir, ¿a dónde el misterio? ¿Acaso pensamos que la vida es única y exclusivamente un dulce caramelo que chupamos poco a poco y con fruición? No es así, no al menos en todos y cada uno de sus recodos. ¿Entonces? Si la literatura es un alimento para el espíritu, si nos lanza pregunta, si nos abre senderos, si nos proporciona respuesta, ¿por qué encogemos su poder? ¿Por qué impedimos que muestre su poderoso rostro? ¿Por qué negamos esa ambrosía a nuestros alumnos? ¿Les hemos preguntado acaso? ¿Qué sentido tiene nuestro trabajo? Nuestro deber no es –en ningún caso- hacerles perezosos y que campee la hilaridad, la lección facilona y excesivamente sencilla. Nuestro deber es lanzar la honda al vuelo lo más alto que podamos, con fuerza, con magnanimidad, pero también con resolución.  No creo que tenga ningún sentido minimizar la magia de la palabra, sino al contrario maximizarla, extraerle todo el meollo.  Aquel profesor de literatura que pretenda “echarle un cable al alumno” puede ofrecerle la pértiga apropiada para el salto –y que no es otra que su propio entusiasmo-; de este modo el alumno no se sentirá sólo o abandonado cuando se lance a la aventura y la acometerá con aplomo, con entusiasmo.

 

Y para muestra un botón

 

-¡Oh, Tía Polly, venga pronto, Tom está muriéndose!

-Con que muriéndose, ¿eh?

-¡Sí, tía!... ¡No se entretenga y venga en seguida!

-¡Tonterías, no lo creo!

Pero de todas maneras subió corriendo la escalera, seguida de cerca por Sid y Mary. Tenía la cara pálida y los labios le temblaban. Cuando llegó al lado de la cama, dijo con voz entrecortada.

-¡Tom! ¡Tom! ¿Qué te ocurre?

-¡Oh, tiíta, estoy!...

-¿Qué te ocurre? ¿Qué te duele, hijo?

-¡Ay, tiíta, el dedo del pie! ¡No puedo resistir el dolor!

La anciana se desplomó en una silla y rió un poco y lloró otro poquito. Después hizo ambas cosas a la vez. Eso la recompensó y dijo:

-Tom, ¡qué susto me has dado! Ahora deja de decir tonterías y salta a la cama.

Cesaron los quejidos y el dolor desapareció del dedo del pie. Tom se sintió ligeramente en ridículo y afirmó:

-Tía Polly, parecía dolerme, y me dolía mucho. No me acordé siquiera de mi diente…

-¡Ah…, el diente! ¿Qué pasa con tu diente ahora?

-Se mueve y me duele de un modo atroz.

-No empieces a quejarte otra vez. Abre la boca: veamos… Sí, el diente se mueve, pero no vas a morirte por eso. Mary, tráeme un hilo de seda y tizón encendido del fogón.

Tom exclamó:

-¡Oh, por favor tiíta, no me lo arranques, ya no me duele! ¡Que me muera si miento! Por favor, tiíta, no quiero quedarme sin ir a la escuela.

-¡Ah!, conque no quieres, ¿eh? ¿De modo que has armado esta trapatiesta porque pensabas no ir a la escuela y marcharte a pescar? Tom, Tom, tanto te quiero, y tú tratas por todos los medios de romper mi viejo corazón con tus bribonadas…

Los instrumentos de cirugía dental estaban dispuestos. La anciana ató fuertemente un extremo del hilo de seda en el diente de Tom con una lazada y sujetó el otro extremo a una pata de la cama. Después cogió el tizón ardiente y de pronto hizo como si fuera a lanzarlo al rostro de Tom. Al segundo inmediato, el diente se balanceaba colgando de la pata de la cama.

Pero todas las pruebas difíciles tienen su compensación. Cuando Tom se encaminaba a la escuela, después de desayunar, fue la envidia de cuantos chicos encontró en el camino, porque la mella que había en la hilera de sus dientes le permitía escupir con un nuevo y admirable estilo. Reunió a un crecido número de seguidores interesados en la exhibición, y uno de ellos, que había sido centro de homenaje y fascinación a causa de un corte en el dedo, se vio repentinamente postergado, completamente despojado de la gloria. Tenía el corazón angustiado y dijo con fingido desdén que no tenía ningún mérito escupir como Tom Sawyer, a lo cual otro chico replicó declamando:

“ … y entonces fue cuando la zorra dijo:

“No las quiero comer, ¡no están maduras”!

Esto acabó de hundir al héroe destronado, que se alejó alicaído y solitario.

Aventuras de Tom Sawyer, Mark Twain

Ediciones Paulinas, 1974.

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Comentarios ¡Indignada!

Te encuentro razon que estes indignada, mas como profesora que eres, no creo que este bien lo que han hecho las editoriales.
besos y feliz fin de semana
Maggie 
Gracias Maggie, por solidarizarte conmigo. Yo desde luego cuando llevo un texto a clase, éste no es ninguna adaptación, es un texto en sí... y si verdaderamente pienso que es muy difícil pues no lo llevo. Pretendo que descubran la literatura, para eso hay que llevarles textos apropiados, pero no adaptaciones. Y si no entienden una palabra, pues para eso está la llave del tesoro: ¡¡¡el diccionario!!!
hoy todo lo que hagan no da la curiosidad por el aprender  en el alunno da demasiado mimado mira hace dos dias no le di a la cria dos besos de chiripa veo una zagala y iba con una regla sobresaliendo en una mochila nena ya ha empezao la escuela y hay voy los ojos se me humedecieron  no voy a clase de corte  donde esta eso  no era muy retirado y cuantos años tienes 12 años cosemos traen telas se encargan todo pagandolo la cria moderna digo habra gente mayor la prima y ella del mismo tiempo era un favor hicieron  admitiendolas en el verano , y tu dime cuantas crias van buscando costura y mas de esos años , me parece fue el jueves la encontre al cruzar el parque yo con mi perro ese dia fui feliz con mayuscula
Cuan sabias son tus palabras ... y que razón tienes mi dulce amiga
Mis diccionarios siempre estaban tan desgastados ... como los libros
Descafeinado ... ¡qué horror! ... con lo bién que sabe lo puro ...
Un abrazo ... desde mi horizonte.



sabias palabras , cielo.

un fuerte abrazo.
Tienes toda la razon amiga Ageinarhata, con esa actuacion lo unico que hacen es 'descafeinar' un libro que ya de por si es apto para los mas jovenes, mi opinion es que si no saben el significado de alguna que otra palabra, se cojan una buena enciclopedia, como hacia yo y busque el significado y los sinonimos de esa palabra.

Aisss, asi vamos para atras como los cangrejos! pero si las nuevas generaciones de hoy en dia saben mas que los ratones colorados!, no esta de mas que se esfuercen un poquito mas.

Un besote! 
luzdeluna1 Inma 07/09/2010 a las 17:09
Perdona, queria decir amiga Aghata.... ha sido un lapsus!
luzdeluna1 Inma 07/09/2010 a las 17:12
Estoy contigo.
Saludos.
Podemos culpar a esta actividad poco producente el que la sociedad este ahora tan desmoralizada... ya nadie tiene la intencion de aprender, de descubrir... de crecer!!!

Muy buena observacion amiga!!! que digo: perfecto trabajo en pro de las cosas verdaderamente necesarias!!!!
Demasiado mimado, yo no diría tanto, pero sí sujetado entre algodones y al alumno hay que dejarle aire para que respire, para que piense por sí mismo, para que se cuestione las cosas... en lugar de dárselo todo hecho.
Un beso gigante, Lucy
El uso del diccionario no muerde, es lo que les digo yo a mis alumnos y también a María, que tiene hasta un diccionario de Latín en su cuarto.
Besos
Un fuerte abrazo para tí, Abstrakta. Espero que hayas tenido unas vacaciones geniales
No importa mi dulce amiga, un lapsus lo tiene cualquiera.
Feliz regreso de ¿vacaciones? Mecachis...
Es verdaderamente necesario que les enseñemos auténtica literatura en estado puro si queremos que aprendan algo, ¿no crees?

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