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Homenaje a la lectura

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Homenaje a la lectura 

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Cuando tenía 14 años escribí este poema. Hoy todavía lo leo  y me veo en esa habitación en la que me  pasaba las horas leyendo. Primero, Las aventuras de los cinco; después los libros de Verne (  El soberbio Orinoco o Miguel Strogof),   los de Juana Spyri, Louise May Alcott; Stevenson, Mark Twain. Eran libros con ilustraciones preciosas que todavía guardo con mucho cariño. Pero no  todos los libros me gustaron de inmediato. Aventuras de Tom Sawyer, me cabreó al principio. A mí qué me importaba cómo escupía un chico, claro que la historia de Becky, eso sí me enganchó...esa historia me pareció muy bonita y emotiva.

  Luego seguí leyendo los que me recomendaban en el Instituto. A  Marisu (María Asunción Mateo, la viuda de Alberti) la recuerdo con mucho cariño. Todas las lecturas que ella me recomendó han pasado a formar parte de mi colección de libros preferidos: El barón rampante, El guardián entre el centeno,  Grandes esperanzas, Cumbres Borrascosas, Rebelión en la granja, 1984, y un largo etcétera.  Defiendo estos libros a capa y espada en mis clases aunque, en algunos casos, su lectura no ha gustado demasiado. Por aquella época también comencé a pedirle libros a mi padre. Eran libros feuchos, excesivamente largos, ¡ah! y sin ilustraciones.  No parecían gran cosa. Cogí uno: Ana Karenina.

-Papá, ¿puedo leer este libro?- A mi padre mi petición pareció no hacerle gracia. Dijo que no era un libro recomendable para mí, pero no supo explicarme el porqué.  Lo devoré con tanto ahínco, que en un par de semanas, lo había liquidado.  En cuanto mis padres apagaban la luz de su cuarto, yo me sumergía en su lectura, a escondidas. Incluso una noche, me dejé el flexo encendido encima de la colcha y casi tengo un disgusto. Mi madre se enfadó tanto que me prohibió leer de noche, en la cama. Así que me iba al baño, a la cocina...siempre con los libros en la mano. Ya había pegado el salto. Ahora eran los libros de papá los que quemaban entre mis manos: Los miserables, El alma se apaga, Bendición de la tierra, Sinuhé, el egipcio, Una historia de dos ciudades, etc.  

 

Ese es el motivo por el que quiero compartir este poema con todos aquellos que -como yo- han pasado por esa experiencia y que sintieron lo mismo que yo.  

 

Un libro  

Cuando penetro en un mundo

desconocido planeta de amores,

deseos, pasiones, temores

ante un libro

sé que me encuentro sumergida.

Cada página es un vuelo apasionante,

cada párrafo una melodía de emoción

cada personaje un lazo de ensueño

y el protagonista, yo.

París, Londres, una aldea,

un médico, una niña, el sol,

una guerra entre amores

y el trasluz de su autor.

Me gusta leer ¡sí!

lo digo a pesar de que

se rían de mí

los inhóspitos incógnitos

personajes de los hombres.

Es maravillosamente hermoso

conocer a un hombre cada día,

aprender de la vida,

a través de las páginas

de un libro.

¿Yo?... Me gustaría contar

toda esa melodía de pasión

todo ese sentir

pero no sé.

Por eso, quisiera decir

que la belleza al trasluz

de un libro

es la única realidad

verdadera de la vida

que puede hacerte soñar,

amar, conocer, llorar

ante un párrafo palpable

de emoción

donde queda traslúcida

todo el hacer elaborado

de su autor.

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