Avisar de contenido inadecuado

El hombre de hojalata

{
}


© Mari Carmen Moreno Mozo, 2013
eBooks Literatúrame!, 2013
1ª edicion en EPUB: Enero 2013
Distribuye:
www.literaturame.net

 TAGS:undefined

#elrevesdelespejo##fotograrfiaartistica##juanfrechinaimagencorporativa##fotosjuanfrechina##fotospublicidad#
Publicado en EPUB, Enero 2013. www.literaturame.net
Todos los seres humanos intuimos que la vida es una “fracción de instantes”, una fracción que cada cual adereza con sus presentimientos, sueños, emociones, dudas o caprichos. No es un camino fácil y por eso, durante el trayecto, nos enfrentamos a diversos territorios que se bifurcan, como espadas duales: el mundo interior, rodeado de palabras, en el que nos encerramos; una burbuja, desprotegida e insomne, que choca una y otra vez con la experiencia engañosa y el mundo exterior, un paisaje lleno de espejismos, ruido y silencio que nos obliga constantemente a posicionarnos y tomar decisiones.
Una lectura silenciosa nos invita a sentir que el libro es como una especie de correveidile que nos susurra al oído las preguntas eternas, viejas y contemporáneas. La vida oscila como un péndulo, mientras nosotros intentamos salvaguardarnos las espaldas y seguir adelante; en ocasiones hasta nos creemos hombres de hojalata, sin corazón. Pero, en el fondo, no carecemos de músculos o valentía, seguimos luchando, nos emocionamos, nos arriesgamos y sentimos cómo “el ajetreo de nuestras emociones sigue creciendo”.

Mari Carmen Moreno Mozo


Abrís una brecha en la pantalla electrónica y recuperáis vuestras cabezas cortadas, ¿os atreverías a deciros que nunca estuvisteis a la altura de vuestros sueños?
¿Seríais capaces de crear una prótesis que regenerase los agujeros de la experiencia?


Vamos, papá, papaíto, por favor…

 TAGS:undefined

#elrevesdelespejo##fotografiaeventos##fotografiaartistica##fotografobodasjaunfrechina##fotografiasocal#
¿No es verdad que arrinconáis cosas inútiles, símbolos de vuestro desamparo, para salvaguardaros de la zozobra diaria?


Vamos, papá, papaíto, por favor… Quédate conmigo. Afuera hace frío. Fracciona todos esos nanosegundos de melancolía y déjame enseñarte cómo construyo mi nueva cápsula de propulsión espacial. No me mires así. Prometo transformarme en ese juguete de diseño con el que siempre has soñado. Fíjate bien, he arreglado todos mis cortocircuitos. Incluso, si lo prefieres, puedes adormecer mi instinto, borrar la memoria de mi programa y crear un nuevo avatar on-line.

 

 TAGS:undefined#fotografojuanfrechina#fotografiaartística##juanfrechinafotografo##fotografiaeventos#
El Golden Gate
Estrangula tu indiferencia cuando ibas a dársela. Se traga hasta mi orgullo.

El Golden Gate entró en coma. Miles de criaturas recorrieron el imán gigante extendiendo las tentaciones como si se tratase de tentáculos. Todos gritando al pie de la montaña «Ábrete, sésamo», a la espera de recoger las monedas que habían depositado como garantía.
Todos, engañados.
Cuando las calabazas se transformaron en carrozas, descubrieron que el chip de sus memorias se los había tragado el tiempo y que el trásfugo corazón era incapaz de reconstruir las ilusiones que habían abandonado en la basura.

 

 TAGS:undefined
Es muy fácil
Al esquivar los charcos las niñas de tus ojos se han perdido por la acera de los ciegos.

Es muy fácil que os forjéis otra personalidad, que endurezcáis el corazón en una fragua, que asaetéis los sueños y permitáis su diluvio.

Claváis todos los recuerdos en alfileres y los dejáis secar, hasta que el alma deja de hablaros.

Si volvéis sólo un segundo, antes de levar anclas, dejaréis de sentiros los reyes que han conquistado el territorio.
En ese aguijoneo de ingravidez, el ojo que todo lo ve, descenderá como un martillo.

 TAGS:undefined

 

 

 

 

 

 


Hasta el más poderoso de los hombres
Observan tu espíritu a través de sus rayos infrarrojos, mientras miles de pensamientos abren con sus tenazas tu mundo subterráneo.

Hasta el más poderoso de los hombres se siente cobaya cuando inicia la cacería por primera vez. El cosquilleo de la duda le hace temblar la flecha y errar el tiro. Su cuerpo, atrapado por los presentimientos, aprende dolorosamente que la vida no es más que una fracción de instantes que necesitan entrenamiento. ¿O cubre su cuerpo con esas sandalias de bronce o no podrá protegerse cuando la multitud enardecida grite su nombre?

 TAGS:undefined

¿Qué pueden hacer por vosotros las palabras?
El cursor se traga el infinito cuenco de las palabras cuando el molino mueve las aspas.

¿Qué pueden hacer por vosotros las palabras? ¿Pueden acaso mimetizarse en los objetos, daos las buenas noches?

Las palabras no pueden alimentar la carne silenciosa aunque se desborden como un río. Su capacidad para jugar al escondite por los rincones de la casa se esfuma cuando percibís que no pueden deciros en qué oscuro firmamento brilla la estrella oscura que os ha enmudecido.

 

La habitación es un Transformer
La soledad aún posee el aguijón; extrae de su hucha las monedas de Judas.

La habitación es un Transformer que mira por el ojo de vuestras cerraduras, maravillado por la destreza con la que habéis desnudado vuestro fuero interno, la unívoca autoestima que crepita en la montaña de fuego.

Estiráis el chiche de las posesiones para crear una barrera protectora. ¿Cuánto tiempo dejareis que el silencio ausculte el plomo de los sentimientos? ¿Cuánta cizaña será sembrada por ese huésped incómodo que ha arrastrado hasta el pozo la belleza de todo lo que habéis vivido?

 

Al remendar las redes
Sientes tu desnudez que desvanece toda posibilidad de huida. Pasos torpes de fiera fuera de su guarida.

Al remendar las redes, encontráis los casquetes de vuestros mundos interiores lesionados. Algunos peces chapotean todavía vivos en los cubos de plástico. Al menear sus colas, sus movimientos embravecidos os hacen gemir y sentís que la sed ahoga su garganta. Os turbáis al mirarlos a los ojos, al observar cómo la libertad poco a poco se va escurriendo a traición de sus miembros, cómo los abandona en la miseria más absoluta.
Sería de una crueldad inhumana quitarles la ganzúa y devolverles su pedacito de cielo, pero porfían una y otra vez y vuestra mano se desprende del cuerpo. Frenética los lanzáis a contracorriente, mientras aulláis por su pena desfigurada.
Le susurráis al mar que cree una ola gigantesca y que, como una madre, los acune antes de que se duerman para siempre.

 

Ni siquiera el hombre del Bicentenario
Lleva su alma tan presente que aunque no está, se transparenta.

Ni siquiera el hombre del Bicentenario desea que la historia sea interminable. A él no le hace falta jugar al escondite con la muerte o detener el caos para arrastrar las utopías. ¿Merecería la pena —se pregunta— una vida detenida en el santuario de los sueños, sin la conciencia indómita de que todo fluye?

 

Un amasijo de criaturas
Quedarán aquí la balada de las palabras, el suave cáliz agridulce de sus voces.

Un amasijo de criaturas penetra en el agujero negro, con una navaja entre los dientes. Se pasean con el pasamontañas del ego mientras sonríen antes de desechar la calidez de la belladona. Aunque los traficantes de sueños los fustiguen con el látigo, no pasarán por el aro.
Esperarán a que germinen todas esas corazonadas que han ido sembrando a lo largo del sendero.

 

Se lanzan en picado.
Cacheada por miles de criaturas, envejecen hasta las esperanzas de antaño.

Se lanzan en picado. Las pieles de muchos de los transeúntes ya han sido magnetizadas para evitar que se reconozcan los unos a los otros. Caricaturizado el vecino, les resultará más fácil lanzar las piedras a los ojos.
Aún no sois uno de ellos. Aún no ha penetrado la letra con sangre. Todavía vuestro espíritu es joven, todavía os son permitidos los devocionarios, aún escucháis el canto de la cigarra en la puerta de vuestra casa.
Sois esas piedras, cuyos cantos han de pulirse, antes de situaros en la misma celdilla que a los otros.
Vuestros ojos se llenan de presagios cuando lanzan la red. Que no observen vuestra desnudez, no significa que ellos no os vean.

 

Aunque el destino
Y si sacudes la inocencia, cabellera de ternura, ¿qué serás? Versátil fluorescencia detrás del velo de Isis.

Y aunque el destino enajene vuestra mente, así como la indiferencia de vuestros corazones, no os arrojareis al abismo, no burlareis a la vida.
Es inútil que pretendáis asustarnos. Nos envalentonaremos: ¿Acaso no sabéis que cualquier fiera se enfrentaría a la muerte aunque estuviese agonizante?
¿No sabéis que cualquier imposible soplaría la última vela antes de la última cena?

 

Cuantos juguetes volarán por los aires
En memoria del 11 M.

Deshacerse del fardo de la tranquilidad no es suficiente: hay que lanzarse al abismo, hay que atreverse a dar la cara.

¿Cuántos juguetes volarán por los aires antes de que podamos cerrar los ojos a la barbarie? ¿Cuántos cuerpos cubrirán la fosa común antes de nos sintamos desdichados? Nosotros, los habituados al miedo. Nosotros, a quienes los muertos miraron por última vez. Nosotros, los tiznados, los mutilados, queremos acompañar a los fantasmas para que se alcen quienes han hipotecado nuestro futuro, quienes se han atrevido a sembrar de odio nuestra alma. ¿Quiénes gritan más fuerte que nosotros?
¡Las palabras de miles de muertos! ¡Los de aquí, los de allí! Los que empuñan las bombas se han dormido. Ni siquiera podemos preguntarles dónde está el capitán. Ni siquiera podemos preguntarles por qué estaban esperando para matarnos si somos inocentes. ¿Quién será el fuerte que profanará las sombras de los muertos y les pedirá perdón? ¿Quién se tranquilizaría? ¿Cuántos humanos estarían dispuestos a abandonar las armas para siempre? ¡Cuántos! ¿Cuántos?

 

El limpiabotas
¿Arrinconaste cosas inútiles, símbolos de desamparo, para salvaguardarte de la zozobra diaria?

 

El limpiabotas esperaba en un desierto pasillo a que le corten la cabeza. Tragaba saliva, mientras sus posesiones, violentadas en la sala de los espejos, hacían zoom.
¿Cuál de aquellos seres se enroscaría en su cuello para extirparle la conciencia?
¿A qué mundo transmigraría su alma cuando su cuerpo ardiese irremisiblemente?

 

Detenéis la hemorragia de la memoria RAM
¿Habéis rasgado los equívocos? ¿Os habéis tragado el miedo, opio de desventura?

Detenéis la hemorragia de la memoria RAM, pues no queréis reencontraros con los recuerdos dolorosos. Sabéis que la madrastra de los cuentos, os ha enviado aquí, a un paisaje de hojalata, donde el sol es una gigantesca bóveda de cristal, sin capacidad para nuevos pasajeros.
No desesperéis: aún contáis con el poder mutante y virgen de la imaginación que ha renacido de las cenizas.

 

De vez en cuando los caprichosos dioses
¿Habéis bailado para todos sus hambrientos instintos? ¿Les habéis entregado ya el alma, a cambio de la gracia de los sueños?

De vez en cuando los caprichosos dioses, inmersos en su vacuidad, en su carro engalanado de manjares, vislumbran un corazón al que deciden salvar, una valentía que merece la pena ser espoleada. Se colocan el antifaz de la magnanimidad y se lanzan en picado. Hasta la vanidosa Venus es capaz de sentir ese aguijón, incluso ella desfallece si su héroe es vapuleado. Incluso ella es capaz de lanzar un grito ahogado ante el fiero destino de sus protegidos.

 

Contempláis al parásito hermafrodita
Observas el espíritu a través de tus rayos infrarrojos, mientras miles de pensamientos abren con sus tenazas tu mundo subterráneo.

Contempláis al parásito hermafrodita cuando los dedos de sus pies succionan vuestra naturaleza indómita. Al alimentarse, os vacía. No confiéis en sus palabras, sus palabras son demasiado afables para ser verdad:
«Deja que te cree —dice— otro tanto has hecho tú por mí».
Él pretende escanear vuestro fluido vital, para encontrar las señas de vuestra identidad. Si lo consigue estáis perdidos, porque sabrá en qué habitáculo colocaros, sin necesidad de formatearos.

 

Toca el ring
Se despiertan los búfalos, los corazones que aún merecen la pena, aquellos cuya voluntad no ha sido espoleada.

 

Toca el ring que señala el final de la clase. Rompes el cascarón y ves como les llama la naturaleza salvaje, como ese cuerpo —que habías esterilizado durante las lecciones— se encabrita y se dispone a la estampida. Es el momento de conectar los hilos a esa algarabía frenética que desentierra los abalorios de la risa e inunda el delta de la calle. Sus miradas bisbisean, después se giran, para calibrar la magnitud de las heridas que han abandonado en las taquillas.
Antes de fletar el bote salvavidas, deshielas el iceberg de su inocencia. Por extraño que te parezca el método infalible para cortar de cuajo sus imperfecciones no lo hallaras en ese feo puño de hierro que te has dejado sobre la mesa.

 

Los contadores de historias
Colocad ante la puerta de la casa una rama de muérdago que te proteja de los trasgos.

Los contadores de historias siempre hacen trampa. Se saltan fragmentos de la vida de los personajes a los que diseccionan con verdadera maestría; incluso pueden colar «gato por liebre» en la aventura.
Si por cualquier motivo el espejo se invierte, les molesta reconocerse en su caricatura pero, si están en trance, se apoyan en la muletilla de su propia peripecia. El sendero es alumbrado siempre por la antorcha de la palabra huida; el envés de una cuartilla en blanco que dicta su propia conciencia.
Si se decidieran a empaparlo levemente con el jugo de un limón descubrirían la máscara, el tótem modelado y todas esas migas que han ido diseminando para no perderse al regresar a casa.

 

Inquietos pensamientos
Personificada la clarividencia, el kamikaze amordaza las heridas, hostiga el señuelo de la imaginación, le susurra al oído que esterilice todas las vanas quimeras.

Inquietos pensamientos, ¿cómo accedéis a la pesada alma, si en las etéreas regiones del espíritu moran extrañas salamandras? Engrasáis las poleas del espíritu. Que las balas de los sueños, al salir disparadas, se han extraviado, no es necesario que nadie —ni siquiera el Temible Burlón— os lo diga. No hace falta que os expongáis a la buenaventura.
Cuando sangre el espejo, en el que ahora estáis atrapados, se liberará el Cisne Negro.

Sabéis que sois imperfectos
Despierta ahora que aún puedes. Grita, posiciónate, bebe la cicuta con rabia. Todo lo que te has prohibido, se ha acciona: traspasa la barrera del sonido.

Sabéis que sois imperfectos y que ellos intentarán agitar una y otra vez el puño para inmovilizaros; pero, puesto que no estáis locos, no permitáis que os mutilen, no les dejéis colocaros la camisa de fuerza.
Una vez más lanzad ese temible gong, vuestra apostura desafiante. Que ellos sientan el ajetreo de vuestras emociones, cómo los árboles, aunque temblorosos, siguen creciendo.

Verdaderamente creéis

Desnuda, he de cubrirme el rostro de ese océano que alzas en un instante.


Verdaderamente creéis que si enmudecéis las palabras, podréis entrar en ese gigantesco invernadero de cristal que ha abierto la puerta intergaláctica. No sabéis que si os despojáis del manto de vuestra sabiduría, caeréis en picado.
La enajenación mental no es ninguna burbuja protectora.

Existe algún placer

Queréis que la saeta de los sueños resguarde el zapatito de cristal.

¿Existe algún placer en reconoceros? Liberáis al azar para que rastree las rosas perfumadas que todavía quedan en el valle, pero cada instante que pasa os muestra las malformaciones que han ido creándose y que deseáis quemar, realidades pinchadas en alfileres que ya han sido congeladas. Monologáis con vuestro interior, para extraer con pinzas hasta los viajes inexistentes, todos esos instantes espasmódicos que empujaron el carro, hasta educarlo en la conciencia, en la beatífica frontera de lo inexistente.
¡Cómo desearíais resguardar el absoluto, para protegerlo del aullido de las sirenas que lo precede!

 

No os resultó fácil
Los infelices han olvidado tempranamente cuál es la raíz cuadrada que hace girar la polea de los sentimientos.

No os resultó fácil salir del cascarón; no fue un camino de rosas. Tuvisteis que acostumbraros a la frialdad de los pistoleros, tuvisteis, en más de una ocasión, que interpretar la mímica de sus rostros. Las sirenas quisieron acompañaros, quisieron que volvieseis a atormentaros, como ya os había pasado en otras ciudades extrañas, pero vosotros no les dejasteis engatusaros, no permitisteis que asomasen la calavera de sus ojos a vuestros rostros.

Ahora os sentís estúpidos. Os exaspera los goznes de la lluvia, la ensoñación que os provoca. Hubiera sido más sencillo engancharse al mando de la televisión y amplificar sus ondas, hasta que por sí solas vallasen la mudez de vuestros actos. Hubiera sido más sencillo flipar con lo que a uno le venga en gana, que se hubiera permitido a los pistoleros inocularos el ántrax de la enajenación.

Por la calle
Las palabras no pueden alimentar la carne silenciosa, aunque se desborden como un río.

Por la calle se pasea un aluvión de gente pobre roturando la tierra en busca de un mendrugo de pan que llevarse a la boca. La impertinencia de sus voluntades molesta a los que esgrimen los látigos como apisonadoras sin importarles que para inocularles el veneno tengan que golpearles en la sien.
Enloquecidos por el hambre, son atraídos por un imán hasta la fuente termal. Allí os bañan con palabras llenas de luminosidad, con la promesa de que un día la hiedra, que han adherido a las paredes de vuestras casas, las transformará en señoriales.
No los escuchéis. Colocaos el yelmo de Mambrino si queréis extraer las pepitas de oro. Pedidles a todos esos dioses que esgrimen el látigo que roturen la tierra que pisáis, que multipliquen los frutos que habéis sembrado vosotros con vuestras propias manos.

Hasta las paredes
¿Habéis vivido el segundo como si fuera el último?

Hasta las paredes respiran el oxígeno de las historias que habéis vivido. Sentís cuán finísima es la tela que os une a esos grillos interiores que día a día os lanzan a una batalla sin cuartel. Grabados en vuestros cuerpos, los azotes impiden que el entendimiento haga un torniquete con las heridas y detenga su paso. No finjáis que hay algo glorioso en una lucha que acartona los corazones. El hacha que corta las escamas desconoce que todos fuisteis hermanos de la misma tetilla, que para urdir las estrategias necesitáis conocer la tierra que pisáis.
Antes de construir al hombre de hojalata, aseguraros que haréis una fogata, con todas las empresas fingidas.

Sabemos que la vida
Los cazadores saltan el ceda el paso, en busca de una criatura que no teme a su naturaleza.

Sabemos que la vida despierta de ese apetito inconmensurable que hace mella en la dulzura de vuestros corazones, aunque no consiga siempre que se abran los capullos, o que una antorcha lo suficientemente potente ilumine vuestra libido.
Deshidratados los sentimientos son incapaces de elaborar una coartada perfecta que os permita copiar secretos inefables. Los escaneáis en busca de respuestas. Queréis averiguar dónde está el héroe y si esta alternativa, será la mano férrea que os ayudará a cercenar el grano de la paja. Vuestros apetitos saben que la búsqueda del todopoderoso debéis dejársela a los perros. Le colocáis a vuestra sombra un cartel donde figura tanto lo útil, como lo inútil. Después lanzáis los huesos a los perros. Con qué fervor ardiente rezáis: ¡Permíteles señor rastrear con firmeza todo que no hemos vivido, lo que no hemos vivido aún!


Antes de partir
Desatas la eternidad y preguntas: ¿Volverías a ser de arcilla?

Antes de partir, vuestros seres queridos os devuelven sus alas agrietadas. No los entendéis. Les habéis ayudado a trazar el círculo protector, les habéis devuelto las percusiones de la risa, habéis tocado el xilófono para ellos y ahora, después de haber defendido el castillo de las huestes enemigas, ahora que las barbas han encanecido, huyen sin reparar ese orificio de soledad que han resquebrajado, como un huevo arrojado contra el suelo. Os piden que respiréis con calma, que le plantéis cara al fantasma de los nervios, que hagáis un último esfuerzo antes de llegar a la Nada y caeros al abismo.
Les pedís que os dejen una coraza de autoestima. Estáis locos, ¿creéis que ellos volverían del Paraíso para prestaros el manto que cubre su desnudez?

El País de las Maravillas

Galantemente he abierto esa respuesta en el papel. He encendido la mecha de lo ingenuo.

Estáis agotados y ya no sabéis qué responderles a todos esos conocidos que os paran por la calle para recordaros algunos de esos pretéritos que habéis vivido juntos. Con qué ímpetu el torvo cuervo ha picoteado las bolitas de pan que sembrasteis a lo largo del trayecto.
La dínamo de las emociones se ha detenido. Respondéis con efusividad a sus abrazos, agilizáis los gestos, movéis las manos, revivís incluso los tics que ellos aseguran que formaban parte de vuestras señas de identidad, hasta os comportáis como ese payaso de feria al que visten con vivos colores.
El chambelán que os ha invitado al círculo, el mismo que ha convocado la citara de Pan, se eclipsa de repente. Quisieras detenerlo para seguir chupeteando el caramelo de vuestra historia.
Ojalá pudieses penetrar otra vez en el agujero del tiempo. Con qué ímpetu atravesaríais la niebla si pudieseis subiros otra vez a la carroza y volver al País de las Maravillas.

F I N

 

{
}
{
}

Deja tu comentario El hombre de hojalata

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.