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Historia de una escalera: Buero Vallejo.

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Historia de una escalera: Buero Vallejo.

La acción trascurre en la escalera de una modesta casa de vecinos, en un tramo que comunica dos rellanos y cuya barandilla  es muy pobre. Es una escalera sucia y humilde, iluminada por una bombilla polvorienta que, en palabras de Fernando, no conduce a ningún sitio y a la que está atada inexorablemente la existencia de todos los vecinos. En el rellano superior hay cuatro puertas de acceso a las viviendas, dos laterales y dos centrales, que se comunican por la escalera con las del rellano inferior. En ellas viven, al principio de la acción, cuatro familias: doña Generosa, su marido Gregorio, Carmina y Pece, Elvira y su padre don Manuel; Paca, su marido Juan, Urbano, Rosita y Trini; y doña Asunción con su hijo Fernando. Los vecinos se reúnen de vez en cuando en el descansillo para charlar, fumar, contarse sus proyectos de futuro…

Según van transcurriendo los años, algunos vecinos cambian de vivienda pero no de casa ni de escalera, que sigue siendo, diez años más tarde, sucia y pobre: las casas carecen de timbre y los cristales de la ventana están sucios. Solo en el tercer acto (han transcurrido veinte años desde que terminara el segundo) se percibe una leve mejora: las paredes se han blanqueado, la ventana tiene cristales romboidales coloreados, en las puertas hay timbres eléctricos y en el segundo rellano hay una placa de metal.

La escalera no sólo es un espacio físico, también es un espacio simbólico, porque los personajes suben y bajan en este espacio, al igual que ascienden y descienden económicamente, pero no pueden desprenderse de ella ni abandonar la pobreza en la que viven, a no ser que los pequeños cambios que ha introducido el casero en el tercer acto sean considerados un preludio a la esperanza. Buero confesaba que no era partidario de poner a sus obras finales cerrados sino que prefería dejar una pequeña puerta abierta al optimismo y a la esperanza: Fernando y Carmina hijos actúan de idéntica manera a como lo hicieran treinta años atrás sus padres, pero, mientras que los primeros derramaban la leche de la lechera al ir a besarse, este detalle no existe al final de la obra. ¿Una muestra de optimismo y confianza en que las cosas podrían cambiar?

Junto a los espacios anteriores, también se hace alusión a alguna tienda de barrio como la lechería, la papelería donde trabaja Fernando, la fábrica en la que está empleado Urbano, la agencia de Manuel, el padre de Elvira; la casa en un nuevo barrio (producto de la fantasía de los enamorados, pero inexistente en la realidad), con la que sueñan primero Carmina y Fernando y muchos años después, sus hijos.

Estos hijos, a pesar de la oposición de sus padres, que se niegan a que se repita con ellos su propia historia, se sienten atraídos, se declaran su  amor y comienza a hacer planes de futuro, de forma similar a como ya lo habían hecho sus padres muchos años antes. Involuntariamente, Carmina y Fernando  oyen sus proyectos y cruzan sus miradas con melancolía, pues, en el fondo, hubieran preferido que sus vidas hubieran sido de otra manera y que sus sueños rotos se hubieran cumplido.

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