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Grecia clásica: la democracia

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Grecia clásica: la democracia

Después de salvar los griegos la dura prueba que supuso el enfrentamiento con los persas (conocido, como las guerras médicas), se inició su período más brillante, la época clásica por excelencia, en la cual crearon las obras más importantes que han permanecido a lo largo del tiempo. Uno de estos logros fue la democracia, nuevo concepto de la organización política de la comunidad, que contrastaba fuertemente con los regímenes despóticos, sobre todo los del antiguo Oriente. No obstante, algunas polis conservaron el viejo sistema de gobierno aristocrático.

La democracia ateniense.

Atenas es la ciudad que mejor ejemplifica la democracia. A ésta se llegó definitivamente después de las reformas de Clístenes, que puso punto final a la larga lucha sostenida para desbaratar a la oligarquía de los eupátridas. Para comprender lo que sucedió es necesario conocer los fundamentos o raíces económicas y sociales en los que se basaba.

Aunque la actividad agraria era la que ocupaba al mayor número de personas, dedicadas al cultivo de productos mediterráneos (como el olivo o la vid), habían alcanzado un notable desarrollo la artesanía (objetos cerámicos y metálicos), la fabricación de barcos y la explotación minera. Igualmente era muy activo el comercio. Por el puerto de El Pireo salían los productos que Atenas exportaba y a él llegaba los que importaba (granos, madera, lana). Desde el punto de vista social la población del Ática estaba integrada por tres grupos fundamentales: ciudadanos, extranjeros y esclavos. Se ha calculado que de unos 400.000 habitantes que tenía el Ática en el siglo V. a. de C.  la mitad eran esclavos. Se ocupaban de los talleres artesanales, las minas, las ocupaciones domésticas  o los servicios estatales. Estos esclavos eran la fuerza de trabajo esencial de aquella sociedad. Por lo que respecta a las ciudadanos había una minoría de grandes privilegiados (las viejas familias aristocráticas y los recién enriquecidos por el comercio), un sector popular modesto (pequeños campesinos y marinos) y una amplia masa de desheredados.

Cuando se habla de democracia ateniense hay que tener en cuenta que ésta sólo afectaba a los ciudadanos, y dentro de ellos a los varones de más de 18 años. Por tanto, del total de la población del Ática, era un porcentaje reducido el que gozaba de plenos derechos políticos. El órgano fundamental en que se basaba la democracia era la Eclesia o asamblea del pueblo. En ella participaban los ciudadanos que podían exponer libremente sus opiniones. La Eclesia, que se reunía tres o cuatro veces al mes, votaba las leyes y elegía a ciertos magistrados. A su lado funcionaba otra asamblea, la Bulé, integrada por 500 miembros sacados a suerte (50 miembros de cada una de las diez tribus en que estaba dividida la población del Ática). La Bulé, que era una especie de órgano permanente de gobierno, redactaba los proyectos de ley, antes de someterlos a la Eclesia. La justicia la ejercía el Helieo, un tribunal popular compuesto por 6.000 miembros, también sacados a suerte. Para ejecutar las leyes estaban los magistrados, los diez arcontes, sorteados igualmente y los diez estrategas, únicos magistrados elegidos por la Eclesia y que podían ser reelegidos. Este fue el caso de Pericles, reelegido para el cargo de estratega durante catorce años. Los ciudadanos recibían una indemnización por participar en actividades políticas. Por su parte, el ostracismo posibilitaba el destierro de la ciudad, previa votación en la Eclesia, de cualquier ciudadano que se considerase peligroso para la vida de la polis.

No obstante, no puede olvidarse las grandes limitaciones que presentaba la democracia ateniense. Es obvio que la intensa actividad política de los ciudadanos era posible, en última instancia, por el trabajo de los esclavos. Las ciudades de la Liga de Delos,  tenían que pagar elevados tributos a la metrópoli. Además, pese a la igualdad teórica de todos los ciudadanos que acudían a la Eclesia, los más poderosos consiguieron imponer sus puntos de vista y sus intereses.

Esparta: La aristocracia. Esparta ofrece el contraste con Atenas. Un reducido grupo de ciudadanos, descendientes de los dorios, detentan todos los derechos, mientras que un elevado número de esclavos, los ilotas, trabaja la tierra. Los ciudadanos vivían en permanente estado de guerra, pues temían en todo momento una rebelión de los esclavos. Desde pequeños se les dedicaba a la actividad militar de gran dureza y rígida disciplina. Se caracteriza por los ejercicios físicos y, en ocasiones, el asesinato de ilotas, sospechosos de rebeldía. Desde el punto de vista político, aunque había una asamblea integrada por todos los ciudadanos (la Apela), el poder lo ejercía un grupo de ancianos que formaban la Gerusia, y cinco éforos, especie de magistrados. Los dos reyes, que se encontraban a la cabeza de la ciudad tenían un papel honorífico y este sistema se perpetuó durante siglos.

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