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Grandes poetas: Andrés Neuman. Talleres literarios

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Andrés Neuman             

Este autor treinteañero ya ha cosechado algunos éxitos literarios incluso en sus primeros escamoteos literarios. Su primera novela Bariloche (Anagrama, 1999), ya fue finalista al premio Herralde, también lo fue "Una vez Argentina" y la  "La vida en las ventanas" fue  distinguida con otro premio consistente  al ser finalista del premio Primavera.  Su trayectoria poética también ha sido ingente, publicando obras en dos editoriales de peso (Pretextos y Hiperión) Uno de sus compañeros de generación  ha dicho de él  que destaca por su "Eficacia brutal y ácida plasticidad" , hasta el punto de considerarlo un crack literario( (Pablo García Casado)

Hemos seleccionado algunos de los poemas que muestran algunas instantáneas cotidianas, diapositivas que retratan de una forma sencilla pero eficaz escenas más o menos reconstruidas o inventadas por el poeta.

La primera, quizá tiene un sentido simbólico. ¿Por qué el poeta no quiere que le quiten el sombrero? ¿ qué representa?  El poeta, con un tono quizá irónico hace un recorrido por los objetos o partes de sí mismo (como su corazón) que estaría dispuesto a entregar a los acreedores. Sin embargo se niega a darles su sombrero. Algunas personas - aunque te parezca extraño- se sienten desnudas sin su sombrero o su gorra, ya que parece que gracias a ellas se ocultan o transforman. No es algo tan raro. Piensa en las modas, las marcas, el uso de los móviles, sin los cuales hay personas que ya no puede vivir; hasta Internet, el ordenador, se ha convertido en un objeto necesario, imprescindible sin el que no sólo las empresas sino también la gente de a pie puede vivir.

Una vez hayas reflexionado estarás en condiciones de escribir un poema en el que digas - bajo tu propia responsabilidad- sin qué objetos, sentimientos, tics o personas sería bastante improbable que subsistieras. Debes dotar al poema de un tono desenfadado. Utiliza palabras corrientes, el lenguaje de la cocina, o sea, el que utilizamos cotidianamente para desplazarnos por la vida.

A continuación te pedimos que realices una actividad que seguramente ya has hecho en alguna otra ocasión. Enumera aquellos objetos que te llevarías a una lista desierta. No seas tramposo. Sólo 10, no más. Después escribe un poema a modo de recordatorio, para que no te dejes nada en el tintero.

sombreros.jpeg

Acreedores.

Oh no, el sombrero no,

pedidme cualquier cosa,

No el sombrero. Si queréis

os regalo mi anillo de bodas,  es de plata

de cuando eran preciosos los metales,

¿recordáis?, y si no es suficiente

os puedo dar mi abrigo color lágrima quieta

(las farolas del parque se han llenado de escarcha,

las raíces, la luna,

pero podré aguantar

pensando en mi sombrero).

También tengo, si le encontráis valor,

un corazón igual a un casco agujereado

y un paquete de cartas de trazo diminuto

que nunca -os lo prometo- he vuelto a releer.

 

 

 

Anónima

No hace falta recordarnos esa estampa: relaciones de amor tan efímeras que ya prácticamente se han borrado. No recordamos casi nada, talvez algún gesto, algún tic, algún rasgo de su rostro; o bien, una instantánea que se va borrando poco a poco. Sin embargo las relaciones con los demás están inscritas en nuestra memoria e inconscientemente a veces nos vienen a la mente imágenes de  alguien del que no sabemos ni el más mínimo detalle, pero sí sabemos que esa persona ha estado con nosotros. De una u otra manera hemos convivido con ella. Te proponemos que escojas una fotografía al azar que te deje un compañero - por ejemplo-  de alguien de quien no sepas absolutamente nada, ni siquiera su nombre. Obsérvala bien porque esa persona va a jugarte una mala pasada en tu imaginación. Resulta que debes averiguar lo que has hecho con ella, dónde estuviste, de qué la conoces. Invéntate una historia a su lado. Puede ser una amiga/ o, un o una amante, un compañero/ a de clase. Escribe una historia que sea tan creíble que parezca que la estás viviendo ahora mismo. Una vez escrita piensa en cómo harías tú mismo un poema en el que refrescaras un poco tu memoria. Algunas notas de esa relación se han quedado incrustadas en tu recuerdo. Es el momento de abrir esa caja de sorpresas, que es tu propio inconsciente y pincelar esas instantáneas, reorganizarlas en tu mente, como si de un plumazo hubieran salido de la chistera.

Te he buscado algún nombre y no he encontrado

Ninguno que  me otorgue tu medida

Antes me conformaba con llamarte

Según los días pasan, Martes, Miércoles...

A veces parecía que bastaba

Con dejar al silencio barajar a su gusto,

Y tú venías.

Sin embargo

Nadie puede vivir

Eludiendo palabras mucho tiempo:

Lo no dicho traiciona a quienes callan.

¿He de nombrarte acaso por tus cambios de luz,

espejo cóncavo, mi breve

diccionario de amor nunca bien consultado,

nunca en orden?

 

 

Tirachinas

Seguro que has vivido una escena similar. De repente, un grupo de adolescente mayor que tú y con cara de camorristas te rodean con la intención de atizarte de lo lindo, el miedo se te mete en las entrañas. Estás sólo y nadie te va a ayudar. Tampoco puedes escapar, además es complicada la defensa

 - por muy valiente que seas - prácticamente es un suicidio que intentes defenderte ya que ellos son muchos más. No tienes escapatoria. Te propongo que ralentices esa imagen para retratarla, si no la has vivido invéntala, no es tan complicado.  Una vez hecho esto escribe todo lo que se te venga a la cabeza sin pensar. Cierra los ojos, deja tu mente en blanco y trascribe sin puntos ni comas y  sin ilación esos pensamientos apelmazados que se meten en tus entrañas. Después, estarás en condiciones de recrear la escena en un poema. Debes incluir al final un testigo - que no participa- pero que ve lo que ocurre. Ese testigo impasible cerrará el poema como si la escena la viera otro, al que no le importa nada lo que sucede.

Para que te hagas una idea de la situación te presentamos un fragmento archiconocido de la novela Rebeldes, un libro que ha sido siempre leído con avidez por todos los adolescentes, y que hace un repaso por esas luchas sin cuartel entre bandas. En esa historia se habla de dos bandas rivales: los socs y los greasers

....cuando vi aquel Corvair rojo que me seguía los pasos...Supe que no serviría de nada - andar deprisa, quiero decir- antes incluso de que el Corvair parase a mi lado y bajasen de él cinco socs. Me asusté bastante - soy más bien pequeño para tener catorce años, aunque tengo buena complexión, y aquellos tipos eran mucho más grandes que yo-. Automáticamente, metí los pulgares en los bolsillos y me alejé cabizbajo, preguntándome si me sería posible salir de aquélla si al menos intentaba escabullirme. Me acordé de Johnny- de su cara toda cortada y magullada, y me acordé de cómo lloró cuando le encontramos, medio inconsciente, en un rincón de un solar-. En su casa, Johnny lo tenía muy crudo; costaba mucho trabajo hacerle llorar.

Estaba sudando ferozmente, aunque tenía frío. Sentí cómo iban humedeciéndoseme las palmas de las manos y cómo me chorreaba la transpiración por la espalda. Así es como me pongo cuando me asusto de verdad. Miré alrededor en busca de una botella o una estaca o algo - Steve Randle, el mejor amigo de Soga, una vez mantuvo a raya a cuatro tíos empuñando una botella rota -, pero no había nada. Así que me quedé donde estaba, quieto como un clavo, mientras me rodeaban. No uso la cabeza. Anduvieron a mi alrededor lentamente, silenciosamente, sonriendo.

-¡Eh, greaser¡- dijo uno con voz excesivamente amistosa. Te vamos a hacer un favor, greaser. Te vamos a cortar todo ese pelo grasiento.

Llevaba una camisa de algodón fino. Todavía la veo. Azul. Uno de ellos se rió, luego me maldijo en voz baja. No se me ocurría nada que decir. Simplemente, no hay muchas que decir mientras esperas que te zurren, así que cerré la boca.

-No te hace falta un buen corte de pelo, greaser? - el rubio de mediana estatura sacó una navaja y la abrió con un golpe seco.

Finalmente se me ocurrió decir algo.

-No.

Retrocedí, alejándome de la navaja. Claro está que retrocedí hasta caer justo encima de uno. Me derribaron en un segundo. Me atenazaron los brazos y las piernas y uno se me sentó encima del pecho, con las rodillas sobre mis codos, y si te parece que eso no duele es que eres idiota. Olía a loción de afeitar English Eláter y a tabaco rancio, y me pregunté con cierta estupidez si no me asfixiaría antes de que hicieran algo. Estaba tan asustado que casi deseaba asfixiarme. Luché por soltarme, y durante un segundo estuve a punto; luego se apartaron más y el que tenía encima me soltó un par de bofetadas. Así que me estuve quieto, insultándoles entre jadeos. Tenía una faca sobre la garganta.

S. E. Hinton  Rebeldes

He aquí ahora el poema de Andrés Neumán.

Me rodearon

seis o siete. El impulso natural

me llevó a la pared. Atardecía.

Diez ojos como piedras y las frentes mojadas

de unos chicos mayores

formaron semicírculos

Alrededor de mí, como un teatro

cuya obra cosiste en pegar al actor.

Detrás, ocultos,

aquellos dos muchachos que tanto detestaba

sonreían ( y, por lo tanto, siete)

No sé si dije algo o cerré los ojos.

Y busqué con el pómulo el primer puñetazo

enseguida la rabia y las rodillas

horadaron mi estómago; sentí monedas

calientes recorriéndome la espalda:

Tras los escupitajos, finalmente, en la nuca

me clavaron su risa complacida,

Se marcharon.

En un balcón de enfrente

una anciana regaba sus macetas.

Un elástico encima del cielo, hecho parábola,

miraba la luz

y arrojaba un pedrusco anaranjado.

 

 

 

 

Palabras a una hija que no tengo

En este poema, Neumán hace un acopio de valor para hablarle de tú a tú, a la hija que no tiene. Le recuerda que la tarea de un padre no es fácil y que va a necesitar que le diga, en ocasiones, que tiene miedo, que le llamé por su nombre para sentirse reconocido y querido. Hace un repaso por esas escenas cotidianas en las que un padre protege a su hija, le da consejos o le pide que haga algo. Neuman le leerá, la abrigará, le dirá que coja golosinas de desconocidos, le pedirá que escriba mar sobre las baldosas del pasillo. El poeta es consciente de lo difícil que es educar a los hijos. Desde su experiencia él sabe lo complicado que es vivir. Sabe que el miedo a lo que nos depara la vida es una constante que nos persigue a cada momento, puesto que nunca sabemos hasta dónde llegarán nuestros sueños.

Te pido que te pongas en su piel y en la piel de todos los padres y escribas un poema similar. Piensa en el tipo de consejos que tú mismo le darías a tu hijo/ hija. Escríbelos - si es necesario- aparte. Una vez hecho esto construye tu poema procurando darle ese tono de incertidumbre, de miedo, que es, a priori, lo que sienten muchos padres: miedo a no saber qué aconsejar, qué enseñar, cómo educar a alguien forjado de nosotros mismos, pero que no tiene el porqué ser una calcomanía nuestra.

 

Entornaré tus ojos si prometes soñarme.
Compréndeme, no es fácil velar por alguien siempre:
a veces necesito saber que tienes miedo.
Cuando sepas hablar, dame mi nombre;
diciéndome papá ya habrás hecho bastante.
En invierno no abrigues demasiado
tu cuerpo de princesa, más útil y más noble
es irse acostumbrando a resistir.
Acepta golosinas de los desconocidos
-no está el mundo como para negarse-,
pero apréndete esto en cuanto puedas:
más frecuente es lo amargo, o que te ignoren,
y no los caramelos.
Te enseñaré a leer fuera del aula,
y llegada la hora quiero que escribas mar
sobre los azulejos del pasillo.
Cuando por vez primera cruces la calle sola
sabrás que el riesgo y la velocidad
perseguirán tus días para siempre.
No creas que, en el fondo, no soy un optimista;
si no lo fuera, entonces no estarías allí
cuidando que te cuide como debo.
Como ves, desconfío
de quienes no veneran el asombro
de estar aquí, ahora.
Existe la alegría, pero duele;
tendrás que conseguirla.
Y cuando la consigas tendrás miedo.

Veamos ahora este otro ejemplo. En él he intentado reflejar todo lo que una madre desea para una hija.

Te daré las estrellas, niña

Subiré al cielo

y le pediré a Papá Noel

todos los sueños de la tierra

para que juegues con ellos

como si fuesen de plastilina

Traje de ternura para ti, princesa.

Tus ojos negros brillarán como lunas.

Dibujaré muñecas de cartón,

caramelos de fresa.

Te pintaré una vida

sin curvas de dolor

para nunca llores y siempre rías.

Te compraré los dolores. Los arrojaré

a  mis dedos desde tu corazón chiquitín

Tus ojos negros brillaran como lunas.

Seré mamá amiga,

compañera y querida.

tu confidente, tu otra piel

Me coseré a tu corazón

para protegerte con ternura.

Tus ojos negros, brillarán como lunas.

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Comentarios Grandes poetas: Andrés Neuman. Talleres literarios

Excelente¡¡ amiga arlequini¡¡¡

Excelente¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Muchas gracias Marlen. Es un poeta que me gusta mucho, un crack, opino, ¿ no te parece?
bruja arlekini, con la luna de valencia.

                         

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