Avisar de contenido inadecuado

Grandes esperanzas, Charles Dickens

{
}

Mis lecturas favoritas

 TAGS:undefinedfotografobodavalenciaElrevesdelespejo

Una vez a la semana, iré subiéndo algunos de mis fragmentos predilectos. Este es uno de mis textos más queridos. Me compre el libro cuando estaba estudiando Filología, en un puestecito que había al lado de la facultad y me costó doscientas pesetas. La letra era bastante pequeña y me costó leerlo un montón, pero la traducción me pareció fantástica y es uno de esos libros que más aprecio. ¡Ay, Dickens, del alma! Hace un par de años, lo releí y después he continuado con Una historia de dos ciudades libro que tenía mi padre y que ea del Círculo de Lectores. También  me encantó. Es fascinante adentrarse en sus páginas. Y por eso amo tanto la literatura. Es difícil de explicar. 

 

Como mi padre se apellidaba Pirrip y a mí me pusieron de nombre Philip, me llamo pues, Philip Pirrip. Pero para mi torpe lengua de niño aquél era un nombre complicado y sólo podía pronunciar Pip, por lo que empecé a llamarme Pip, y así fui conocido por todos.
Doy el nombre de Pirrip como apellido de mi padre, basado en la autoridad del epitafio de su tumba y en el crédito que me merecía mi hermana, la señora Gargery, que se casó con el herrero. Como nunca vi a mi padre ni a mi madre, ni tuve ocasión de saber cómo eran (ya que sus tiempos fueron muy anteriores a la invención de la fotografía), la primera impresión que me formé de ellos provino absurdamente de sus propias sepulturas. La forma de las letras que campeaban sobre la lápida de mi padre me sugirió la singular idea que se trataba de un hombre fornido, moreno y de cabello negro y ensortijado. En cuanto a mi madre, juzgando, por el tipo de los caracteres que componían la inscripción " y Georgine, esposa del anterior, saque la pueril conclusión de que era una mujer pecosa y enfermiza. Respecto a cinco piedras romboidales, cada una de un pie y medio de longitud aproximadamente, que aparecían primorosamente colocadas en fila junto a su tumba y que estaban consagradas a la memoria de mis cinco hermanitos ( que habían muerto prematuramente en la universal lucha por la vida), debo confesar mi solemne creencia de que todos ellos me parecía que habían nacido de espaldas, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, y sin que llegasen a sacárselas en la corta duración de su existencia.
Nuestra comarca era una zona pantanosa por cuyo centro pasaba serpenteando el río, y estaba situada a unos treinta kilómetros del mar. La primera impresión y la más amplia y vivida, que tuve acerca de la identidad de las cosas, creo que debo atribuirla a una cruda y memorable tarde, próxima al anochecer. Fue entonces cuando comprendí que aquel lugar era el cementerio.
-¡No hagas más ruido!- exclamó una voz terrible, al tiempo que un hombre salía de entre las tumbas, junto al pórtico de la iglesia-. ¡Cállate, pequeño diablo si no quieres que te degüelle!
El que así hablaba era un hombre horrible, el traje que vestía era basto, gris y andaba con un gran hierro atado a la pierna. No llevaba sombrero, llevaba los zapatos rotos y se fajaba la cabeza con un trozo de tela que era un andrajo. El hombre estaba empapado de agua y lleno de barro; tenía los pies magullados por las piernas y garranchazos por todo el cuerpo; un hombre asediado por las ortigas y atacado por los espinos, que cojeaba al andar y tiritaba de frío, que miraba fijamente como si echase fuego por los ojos y al que le rechinaban los dientes mientras me tenía cogido por la barbilla.
Grandes esperanzas, Charles Dickens. Ed. Bruguera.

 

{
}
{
}

Deja tu comentario Grandes esperanzas, Charles Dickens

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.