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Extraterrestres

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Extraterrestres

Una noche de invierno estábamos acabando una fiesta de pijamas, Elena. Ana y yo. Las tres deseábamos pasárnoslo a lo grande y por eso habíamos aceptado la propuesta de Ana, que nos propuso que nos fuésemos a dormir a su casa.

Nos hallamos sentadas en el suelo, encima de una moqueta color granate, que había en el cuarto y veíamos una película de terror; cuando, de pronto, la película se paró y Ana se asustó muchísimo, entre otras razones, porque cuando nos miró, las dos nos habíamos quedado profundamente dormidas.

Decidió despertarnos, pero cuando nos iba a llamar, la tele empezó a emitir extras imágenes, incluso ruidos, que más bien parecían chillidos, capaces de helar la sangre, al más intrépido héroe o heroína. Las imágenes no tenían desperdició: mostraban seres deformes, repugnantes, capaces de provocar el pánico; o en su defecto, hacer que te escondieses debajo de las sábanas, como si fueses una niña pequeña. 

Así que Ana, nos zarandeó una y otra vez u otra, mientras en su rostro iba agudizándose la inquietud, que a punto estuvo de provocarle una taquicardia. Finalmente su insistencia dio frutos y nos despertamos sobresaltadas. Ambas no dábamos crédito a las palabras de Ana, llegamos a pensar que se trataba de un fruto tardío de su imaginación, que simplemente se había quedado dormida como nosotras, y que en sueños, había flipado de lo lindo. Por eso no quisimos darle importancia.

Parecía que Elena tenía frió ya que sintió como un escalofría y nos provocó la misma sensación por telequinesia. Mandamos pues a Ana –la dueña de la vivienda- ; a buscarla, mientras nosotras nos acurrucábamos en el sofá.

Ana se dio cuenta de que sus negativas no habían sido escuchadas; no le quedaba más remedio que ir a por leña, a pesar del miedo y la inseguridad que sentía. Mientras caminaba vio una luz que parpadeaba y se acercó. Como el peor pesadilla… Allí había un platillo volante, y junto a él, se encontraban seres similares a los que habían visto en las imágenes del televisor.

Echó a correr y correr, y no paró hasta que llegó a ella y cerró la puerta con llave. Nuevamente nos halló durmiendo; reconoció que poco haría si conseguía que despertásemos. Mañana nos lo contaría, cuando estuviésemos receptivas; no ahora, cuando el sueño te impide la concentración.

A la mañana siguiente estaba impaciente por despertarnos, tenía que contarnos con pelos y señales todo lo que había visto y lo más importante, su voz debería mostrarse convincente, si quería que la creyésemos. Pero cuando levantó las sábanas, no necesitó radiografiar las imágenes vistas, enmudeció de pronto y todas las palabras que forjaba su mente eran preguntas sin respuestas. El pavor de sus ojos tornó para sacudirle las facciones y desentumecer lo que había visto la noche anterior: las perezosas imágenes que se estaban despertando eran sus amigas, eso ¿era cierto? Lo que vieron sus ojos antes de desaparecer para siempre era que nosotras éramos como ellas.

Elisa Fiel, 2º C

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Comentarios Extraterrestres

Quien sabe si existen o no, creo que no somos los unicos en el mundo. Interesante texto.
Besos.

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