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Estimula tu creatividad en Halloween: Bachillerato.

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Estimula tu creatividad en Halloween

 

 TAGS:undefinedEra de noche y yo estaba sólo en una iglesia de la que había huido a toda trapo al oír unos extraños ruidos de catatumba, para, posteriormente, volver a recuperar un objeto que había perdido –bendita torpeza- y comprobar que los sonidos persistían. Aún teniendo en cuenta mi gran habilidad para la indiferencia, era difícil no estar, como mínimo, algo espantado.


El hecho de cómo llegue a ese lugar en primera instancia ya es otra historia de la que, obviamente, me arrepentí a posteriori. . El caso es que estaba ahí, que había vuelto y que no deseaba otra cosa que largarme cuanto antes. Dado que ese día la moto le correspondía a mi hermano, mi único posible medio de huida era una vieja bici verde oxidada- cuya marca era “La bruja”-, algo no muy reconfortante dada la situación. Pues bien, cuando fui a por ella de vuelta, me encontré con que tenía una cadena atada a la rueda delantera, motivo por el cual quedaba inservible. Definitivamente, era el momento de hacer gala de mi magnífico y admirable físico –cultivado a base de muchas horas de zapping en el sillón de mi casa y de una ingesta de pizza abrumadora y casi incesante- y echar a correr.


Pero, cuando tus amigos son lo que popularmente se conoce como “unos cabrones”, uno no puede evitar plantearse que hayan sido ellos quienes anden detrás de cualquier traspiés que pueda sucederte y yo lo tenía claro, porque conocía de primera mano de que pasta estaban hechos.


No obstante y antes de emprender mi imperativa carrera, mi corazón se aceleró y dio un vuelco al vislumbrar una silueta, aparentemente humana, situada justo detrás de mí y de la que procedían unos sollozos desapacibles, incluso, a mí al menos me lo parecieron en ese momento, fantasmagóricos.


Fue entonces, cuando mi corazón estaba a punto del colapso, cuando pude distinguir con precisión de quién era la silueta. Se trataba de mi inquebrantable amigo Pepe –el hijo del carnicero- , maestro en toda clase de ardides y pesadas bromas. Y lo comprendí todo. Comprendí que me la habían gastado gorda, y que pensaron que sería una gran idea jugármela y más si la jugarreta se desarrollaba la noche de las brujas.
Serán cabrones…


Y esto es todo, una historia urdida que acaba tan súbitamente como había empezado, escrita de mi puño y letra, en una noche oscura y tenebrosa, en la que un amigo salía corriendo detrás de otro, llamado Pepe, quién corría y corría, como alma que se lleva el diablo.


1º Bachillerato

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