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El pordiosero

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El  pordiosero lleno de ira marchó al desierto después de largos años de entumecimiento. Eligió lo tortuoso. Observó los costados de la tierra. Voces de otros guerreros –ya fantasmas- mostraron alma plana sin arruga. Busco a bonanza, pero quien acudió fue viento y le clavó astillas en los ojos.  Los fantasmas entonces guiaron sus pies hasta el oasis y le dejaron bebe. Su alma por momentos quedó sin raza, dulce maná sació su sed. Se sintió mucho más fuerte.

 

De madrugada los fantasmas volvieron a cobrarse su deuda. El pordiosero pataleó, fue inútil. Como los otros, se había bebido todas sus lágrimas. La burbuja de silencio le pareció el inexorable existir, hasta que vio su rostro oculto, agazapado detrás del silencio. Los fantasmas lo llamaron, entonces. Intentó taponar sus oídos, pero ya era inútil.

 

Sus ojos opacos nada dicen. Como un fantasma más retrocede o avanza el recuerdo, pero ya no le exige esfuerzo. Cuando una lágrima se desempolva, la deja flotar un rato, y luego, la estrangula sin piedad, en la capa de los tiempos.

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Comentarios El pordiosero

Cuando se abren las puertas de las emociones ... brotan como sólo tú sabes hacerlo. Has enternecido mi Alma ... y dos lágrimas furtivas han asomado en mi lagrimal. Eres un cielo ... querida Aghata.
No sé si lo será, pero parece cierta tu historia... tienes ese don  de la literatura y nos haces reflexionar con tus relatos.. gracias por compartir tus pensamientos, Aghata.
precioso mira agahta tengo en portada a enrique aminarola a escrito y quizas te guste leelo hame caso  y lo tuyo precioso como siempre

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