Avisar de contenido inadecuado

El drama romántico: Don Álvaro o la fuerza del sino.

{
}

El teatro romántico.

 

La pervivencia del teatro neoclásico, tanto de la tragedia como de la comedia moratiana, fue uno de los motivos que retrasaron la introducción del drama romántico en España y que impidieron su triunfo completo. De hecho, ambas líneas teatrales convivieron y originaron polémicas sobre los clásicos y los románticos. En muchos casos habría que hablar más de obras románticas que de dramaturgos románticos, pues muchos de ellos escribieron obras tanto dentro de la orientación romántica como de la comedia neoclásica.

 

El estreno en 1834 de Macías de Larra y de La conjuración de Venecia de Martínez de la Rosa constituirán una especie de prólogo a los grandes éxitos de los años siguientes: 1835, Don Álvaro, del Duque de Rivas, 1836, El trovador, de García Gutiérrez, 1837, Los amantes de Teruel de Hartzenbusch, y 1844, Don Juan Tenorio de Zorrilla. El último gran éxito del teatro romántico, con el que éste puede darse por terminado se produce en 1849 con el estreno de Traidor, incofeso y mártir de Zorrilla.

 

Características

 

En cuanto a su forma y estructura, el drama romántico pretendió romper con el drama neoclásico; propuso la libertad de creación, la mezcla de géneros; así como de la prosa y el verso (que concede originalidad a la obra, pero que no suele estar justificada por cambios de contenido o de estructura), la polimetría y una predilección por determinados escenarios (lugares solitarios, cementerios, cárceles). La obra puede estar dividida  en tres, en cuatro o en cinco actos. Interesante es también la aparición de acotaciones escénicas, en las que el autor incluye datos sobre los personajes o el escenario.

 

El héroe y la heroína románticos protagonizan el drama, revestidos de unas características muy similares en la mayoría de obras; ambos son hermosos y viven un amor imposible, estorbado por el destino. Es emblemático también que  el misterio rodee al héroe; su origen suele ser desconocido y como efecto dramático, al final de la obra se produce el reconocimiento (la anagnórisis) que demuestra sus orígenes nobles y en muchas ocasiones su parentesco precisamente con aquel a quien ha causado su muerte. Los demás personajes del drama representa la oposición, los impedimentos o la consecución del amor de los protagonistas o bien se comportan como simples espectadores de su amor.

El gran tema del teatro romántico es la fatalidad, que conduce a la muerte. Junto a él aparece el tema de la  búsqueda sin paliativos de la libertad, una libertad absoluta. La soledad que rodea al héroe y a los personajes con los que éste se topa, pone en evidencia la incomunicación, la imposibilidad de relacionarse. Monólogos y diálogos interminables no sirve para aproximar a los personajes, que no logran desasirse de su destino. El tiempo se percibe entonces como una amenaza, un plazo con el que carga el héroe, y que puede ser determinante para el desenlace de los acontecimientos: en Los amantes de Teruel, el cumplimiento del tiempo dramático, del plazo estipulado impide el desenlace feliz.

La crítica social también se incorpora como motivo temático. Se critica la intolerancia religiosa u otros símbolos del poder; el héroe siempre desea desatar las cadenas que lo aprisionan a unas convenciones hipócritas, que atan al individuo. Temas tan repetidos como el adulterio, el honor o el suicidio son vistos únicamente bajo el tamiz de la propia conciencia. El protagonista lucha siempre por deshacer todos los impedimentos que le impiden ser uno mismo.  Ese deseo de revulsivo social, es evidente además a través de la presencia de personajes marginales ( corsarios, bandidos), situados en el polo de oposición social. En otras ocasiones, es el propio personaje el que se identifica con esta polaridad, caso de Don Juan Tenorio. No es raro hallar en estos personajes un carácter demoníaco, como el que aparece justamente al final de Don Álvaro o la fuerza del sino.

       Existe una ruptura evidente de las unidades que se multiplican, al potenciarse el desplazamiento de los personajes. La simbología es sintomática: de ahí la necesidad de distanciar espacios abiertos y cerrados. La admiración por el mundo de ultratumba, símbolo de la brevedad de la vida, la anulación del individuo y la conciencia del fracaso humano son una constante en casi todas las obras. El sepulcro adquiere el sentido de advertencia metafísica.  De hecho las ruinas muestran el conflicto existente entre el mundo natural y el artificial. La naturaleza no está en ruinas, porque fluctúa, se metamorfosea, está viva, pues. Lo que sí está en ruinas es el mundo del artificio. La naturaleza siempre se regenera, pero el impulso humano no sobrevive, desaparece.

       En el neoclasicismo se pensaba que el caos se podía reconstruir y que todo tenía su lógica. Los románticos se burlan de ese optimismo, y una forma de distanciarse del movimiento predecesor, es dinamitando lo creado por el hombre, a través de esa presencia consciente y constante de las ruinas. A esta simbología se une la de la noche que representa el conflicto entre el infinito y la creación, la relatividad del mundo. La luna, por su parte, representa la aspiración de lo imposible, lo inalcanzable.

       La unidad temporal también se rompe con saltos que pueden abarcar años. En cuanto a la puesta en escena son importantes las acotaciones que señalan todo lo relativo a la puesta en escena: decorados, iluminación, vestuarios. Los códigos visuales recibieron un fuerte impulso gracias al desarrollo técnico: la utilización de espectáculos ópticos como la fantasmagoría (proyección de figuras y paisajes) hizo posible la creación de un clima alucinógeno,  que acercaba al teatro a la novela gótica. Los efectos sonoros apoyaron la percepción sensorial y funcionaron como elemento evocador de hechos y emociones (campanadas de relojes, campanas) o como desencadenantes de acciones (disparos).

 

       Martínez de la Rosa: Comenzó dentro de la comedia moratiniana pero su obra más famosa es La Conjuración de Venecia, publicada en París y estrenada en Madrid en 1834. La obra se  inspira en un acontecimiento histórico: Conjuración de los Querinis y Thiepolos en la Venecia de 1310., que  sirve  a su autor para exponer una teoría sobre la revolución, desposeyendo de su poder a los tiranos sin caer en la violencia. La acción muestra a su vez la prototípica historia de pasiones, tan característica de la sensibilidad romántica. El argumento es el siguiente:

Varios nobles planean una conjuración para derrocar al tirano Morosini. Laura, sobrina de éste y casada en secreto con Ruggeiero, uno de los conjurados, se entrevista con él en el panteón familiar. Un espía los descubre y denuncia los hechos, por lo que la conjuración fracasa y todos los implicados son detenidos y condenados. Por la declaración de Ruggiero se descubre que es hijo del tirano, pero la sentencia es inapelable.  

 

       García Gutiérrez: Su obra El trovador pertenece al drama histórico y sitúa los acontecimientos en el siglo XV. .La obra desarrolla dos acciones distintas: el amor de Leonor por el trovador Manrique y la venganza de Azucena, gitana que resulta ser la verdadera madre de Manrique.  Los acertados diálogos de los personajes cargados de lirismo, convierten a esta obra en una de las más conmovedoras del teatro romántico. 

 

       Juan Eugenio Hartenbusch sobresale por la historia de Los amantes de Teruel  que recoge la historia de  Marsilla, joven sin dinero y sin linaje que se enamora de Isabel. Como su padre se opone al matrimonio porque es pobre se lanza a la busca de fortuna en el plazo de cinco años y un día. Cuando vuelve en el mismo día de la boda de ésta, muere de desesperación porque ya amada se ha desposado con otro y arrastra a su amante a la muerte. La sobriedad en el manejo de los artificios retóricos y la concisión, junto al  hábil manejo de un tiempo,  convierten a esta obra en una joya, un modelo de los amantes arquetípicos, capaz de conmocionarnos todavía.

 

       Zorrilla. Pese a que su mejor obra es Traidor, incofeso y mártir sobre el proceso del pastelero que en 1595 se hizo pasar por el rey Sebastián de Portugal, su obra más famosa que él mismo rechazaba, por el abuso de lirismo y la falta de consistencia del protagonista cargado de  incongruencias, es Don Juan Tenorio.

 

        En este drama el protagonista se enfrenta, una vez más a las normas sociales de forma extremada hasta que el amor lo redime. Este final rompe con la tradición fatalista del teatro romántico, por  ello se considera que el Tenorio cierra el ciclo de la rebeldía y entra en el conformismo social. El peso escénico recae en los diálogos de los personajes, de hecho, la actuación de la protagonista es vital para la credibilidad de la historia, ella es el aliento de la obra, la que la dota de sentido, pues gracias a Inés, el personaje consigue salvarse. Doña Inés representa la figura virginal, capaz de despertar el amor de un libertino, morir de pena por él y rogar a Dios por su salvación. Entre los diversos nudos dramáticos se suceden lapsos temporales que abarcan varios años.

       Pese a los defectos de forma de la obra, ésta se salva por el lirismo de los diálogos. El personaje de Don Juan que no es un malvado sino un hombre capaz de redimirse por amor. El efectismo de las escenas es evidente, el autor nos traslada a un mundo de ensueño en el que opinan incluso los muertos.  Recordemos el fantasma del padre de Inés que atraviesa paredes, salen y vuelven esqueletos a sus tumbas

 

       El amor  se convierte en una fuerza incontrolable, irracional, capaz de transformar la propia naturaleza de los personajes. Aunque todavía subsiste aquella dicotomía barroca entre el sueño y la realidad, el amor no es un espejismo que disfraza la realidad, sino algo positivo, capaz de mover al espíritu a actuar y transformar su ego.

 

       Según Ortega y Gasset:, el Don Juan de Zorrilla, no pretendió ser una nueva interpretación del tema, sino todo lo contrario: la recuperación de la tradición legendaria. Y, sin embargo a Zorrilla le salió una obra irremediablemente romántica y que tiene en el idealismo del espíritu romántico sus cualidades más hondas. Si la muerte acaba con la fugacidad del tiempo en la versión barroca del mito, según el idealismo romántico, el amor vence a la muerte y al pecado.

       “Mi obra –dijo Zorrilla- tiene una excelencia que la hará durar largo tiempo sobre la escena, un genio tutelar en cuyas alas se elevará sobre los demás Tenorios: la creación de mi doña Inés cristiana. Quien no tiene carácter, quien tiene defectos enormes, quien mancha mi obra, es don Juan; quien la sostiene, quien la aquilata, la ilumina y la da relieve es doña Inés; yo tengo orgullo en ser el creador de doña Inés y pena por no haber sabido crear a don Juan”.

 

Duque de Rivas: Don Álvaro o la fuerte del sino. En esta obra encontramos variedad de metros y rimas, verso y prosa, acción dislocada y una total ausencia de las unidades de lugar y tiempo. Su argumento es de larga tradición: Se trata del poder del destino frente a la voluntad del hombre incapaz de cambiarlo, un tema plenamente romántico. El suicidio de Don Álvaro, en contra de todos los códigos morales de su época supone una novedad literaria  El protagonista siente que el mundo y la sociedad le han cerrado las posibilidades vitales: su amor se frustra por las sospechas sobre su origen y las muertes sucesivas  lo arrastran a una situación cada vez más trágica que desemboca en el final trasgresor del suicidio. La obra es estrenada una noche del domingo 22 de marzo de 1835. El público se enardece ante el efectismo de sus escenas: libre juego de las pasiones, total ausencia de reglas, ambientación tremendista, etc. De hecho la propia vida del Duque de Rivas, parece sacada de esa misma ambientación exaltada: herido en la guerra de la Independencia, sus conspiraciones políticas durante el reinado de Fernando VII le valieron el exilio. Cuando regresa  diez años después, se dedica a la literatura ya que había heredado el título y una gran fortuna. Él es uno de los artífices en la introducción de las ideas románticas en los cenáculos de la época. Tras la composición de El moro expósito, poema narrativo llamado también leyenda y que aparece publicado en 1834, crea esa gran obra que sigue viéndose como el certero modelo (temático, técnico y argumental) del drama romántico: Don Álvaro o la fuerza del sino.

 

 

 

 

La obra se organiza en cinco jornadas con diferente número  de escenas:

1ª Jornada. Don Álvaro está enamorado de Leonor que pertenece a una noble familia de Sevilla contraria a la boda. Álvaro le entrega su arma, que se cae y mata accidentalmente al marqués, padre de Leonor. Ella se debate  entre  los dos: el amor a su padre y el que siente por Don Álvaro, que será la causa de su desgracia.

2ª Jornada. La atención se centra en Leonor que, pasando por un viajero anónimo se dirige al monasterio de Hornachuelos para retirarse como ermitaña.

3ª y 4ª Jornada. Transcurre en Italia. Aparece don Álvaro que, por una mala jugada del destino, se encuentra con el hermano de Leonor, al que mata en duelo. Es condenado a muerte, pero se salva.

5ª Jornada. En la última jornada, don Álvaro vive en el monasterio de Hornachuelos convertido en el padre Rafael. Alfonso, otro hermano de Leonor, lo descubre y don Álvaro lo mata en otro duelo. El final trágico es inminente. Don Alfonso ha descubierto a Doña Leonor y creyendo que están juntos, le clava un puñal. Horrorizado por la escena, don Álvaro se suicida, apelando al mismísimo infierno para que se trague su alma y su ira.  

 

La acción se desarrolla mediante los típicos  saltos temporales, a veces de años. Este hecho facilita los cambios geográficos: los acontecimientos se suceden entre Sevilla, Italia y el monasterio en el que conviven ambos amantes sin saberlo. Este hecho acrecienta su terrible soledad, que aparece representada por esos espacios sepulcrales: celdas, ermitas, monasterios; lugares plenamente románticos en los que la comunicación es inviable.  

Don Álvaro se presenta ante nuestros ojos como el prototipo del héroe romántico. Siente que la sociedad se vuelve en su contra, siente que se asfixia, porque se le niegan las posibilidades vitales: la pasión se frustra ante las sospechas sobre su origen, la muerte aciaga se ceba en todos aquellos con los que se topa en el camino, situación que se vuelve insostenible. Todos esos personajes, familiares de su amada, perecen; hasta su propia amada, muere a manos de su hermano. Ya no puede salvarse, la dolorosa muerte de Leonor, es la desencadenante de su suicidio. En ese momento invoca al infierno, se enfrenta a Dios, en ese acto rebelde que acentúa el efectismo.

La escenografía es cuidada.  El vestuario identifica a los personajes y sirve para configurar sus estados anímicos. La iluminación matiza las escenas mediante los continuos juegos de luces y sombras, capaces de marcar espacios, acentuar el momento en el que se producen los hechos, o servir de enlace idóneo para resaltar el ánimo que mueve a los personajes. Y a estos  elementos hay que añadir los efectos sonoros y decorados, capaces de crear determinadas perspectivas, eficaces como medios de atracción escénica.

 

 

Fragmento

 

Doña Leonor se retira como penitente a una cueva situada junto a un convento de franciscanos. Don Álvaro huye y, sirviéndose de un falso nombre, marcha a Italia para participar en la guerra contra los austríacos. Allí, sin conocer su identidad, salva la vida de Don Carlos, hermano de doña Leonor. Don Álvaro es malherido, Don Carlos descubre quién es y lo reta a duelo, en el trascurso del cual muere. El protagonista, arrestado y esperando la condena a muerte, clama contra su cruel destino.

 

Don Álvaro

¡Leonor! ¡Leonor! Si existes, desdichada,

¡oh, qué golpe le espera

cuando la nueva fiera

te llegue adonde vives retirada,

de que la misma mano,

la mano, ¡ay triste!, mía,

que te privo de padre y de alegría,

¡acaba de privarte de tu hermano!

No; te ha librado, sí, de un enemigo,

de un verdugo feroz que por castigo

de que diste en tu pecho

acogida a mi amor, verlo deshecho,

y roto, y palpitante,

preparaba anhelante,

y con su brazo mismo,

de su venganza hundirte en el abismo.

¡Respira, sí, respira,

que libre estás de su tremenda ira!

 

           ( Pausa.)

¡Ay de mí! Tú vivías,

y yo, lejos de ti, muerte buscaba,

y sin remedio las desgracias mías,

despechado juzgaba;

mas tú vives, ¡mi cielo!,

y aún aguardo un instante de consuelo.

¿ Y qué espero? ¡Infeliz! De sangre un río

que yo no derramé, serpenteaba

entre los dos, mas ahora el brazo mío

en mar inmenso de tornarlo acaba.

¡Hora de maldición, aciaga hora

fue aquella en que te vi la vez primera

en el soberbio templo de Sevilla,

como un ángel bajado de la esfera

en donde el trono Eterno brilla!

¡Qué porvenir dichoso

vio mi imaginación por un momento,

que huyó tan presuroso

como al soplar de repentino viento

las torres de oro, y montes argentinos

y colosos y fúlgidos follajes

que forman los celajes

en otoño a los rayos matutinos!

 

       ( Pausa.)

 

¿ Y mis padres?... Mis padres desdichados

aún yacen encerrados

en la prisión horrenda de un castillo…

pensaba restaurar su nombre y brillo

y rescatar sus míseras cabezas,

no me espera más suerte

que, como criminal, la infame muerte.

(Queda sumergido en el despecho.)

 

Cuatro años después, don Alfonso, hermano también de la dama, va en busca de don Álvaro y lo reta a duelo. El desenlace del drama, especialmente la escena final, es uno de los momentos más conmovedor del teatro romántico.

 

El teatro representa un valle rodeado de riscos inaccesibles y de malezas, atravesado por un arroyuelo. Sobre un peñasco accesible con dificultad, y colocado al fondo, habrá una medio gruta, medio ermita, con puerta practicable, y una campana que puede sonar y tocarse desde dentro; el cielo representará el ponerse el sol de un día borrascoso, se irá oscureciendo lentamente la escena y aumentándose los truenos y relámpagos. DON ÁLVARO y DON ALFONSO  salen por un lado.

 

DON ALFONSO

De aquí no hemos de pasar.

DON ÁLVARO

No, tras esos tapiales

bien, sin ser vistos,  podemos

terminar nuestro combate.

y aunque en hollar este sitio

cometo un crimen muy grande,

hoy es de crímenes día,

y todos han de apurarse.

De uno de los dos la tumba

se está abriendo en este instante.

DON ALFONSO

 Pues no perdamos más tiempo,

y que las espadas hablen.

DON ÁLVARO

Vamos, mas antes es fuerza

que un gran secreto os declare,

pues que de uno de nosotros

es la muerte irrevocable

y si yo caigo es forzoso

que sepáis en este trance

a quién habéis dado muerte,

que puede ser importante.

DON ALFONSO

Vuestro secreto no ignoro,

y era el mejor de mis planes

(para la sed de venganza

saciar que en venas arde),

después de heriros de muerte

daros noticias tan grandes,

tan impensadas y alegres,

de tan feliz desenlace,

que el despecho de saberlas

de la tumba en los umbrales,

cuando no hubiese remedio,

cuando todo fuera en balde,

el fin espantoso os diera

digno de vuestras maldades.

DON ÁLVARO

Hombre, fantasma o demonio,

que ha tomado humana carne

para hundirme en los infiernos,

para perderme…, ¿qué sabes?...

DON ALFONSO

Corrí el Nuevo Mundo… ¿Tiemblas?

Vengo de Lima… Esto baste.

DON ÁLVARO

 No basta, que es imposible

que saber quién soy lograses.

DON ALFONSO

De aquel virrey fementido

que ( pensando aprovecharse

de los trastornos y guerras,

de los disturbios y males

que la sucesión al trono

trajo a España) formó planes

de tornar su virreinato

en imperio, y coronarse,

casando con la heredera

última de aquel linaje

de los Incas ( que en  lo antiguo,

del mar del Sur a los Andes

fueron los emperadores)

eres hijo. De tu padre

las traiciones descubiertas,

aún a tiempo de evitarse,

con su esposa, en cuyo seno

eras tú ya paso grave,

huyó a los montes, alzando

entre los indios salvajes

de traición y rebeldía

el sacrílego estandarte.

No los ayudó fortuna,

pues los condujo a la cárcel

de Lima, do tú naciste.

   

     ( Hace extremos de indignación y sorpresa

DON ÁLVARO)

 

Oye…, espera hasta que acabe.

El triunfo del rey Felipe,

y su clemencia notable

suspendieron la cuchilla

que ya amagaba a tus padres,

y en una prisión perpetua

convirtió el suplicio infame.

Tú entre los indios creciste,

como fiera te educaste,

y viniste ya mancebo,

con oro y favor grande,

a buscar completo indulto

para tus traidores padres.

Mas no, que viniste sólo

para asesinar cobarde,

para seducir inicuo

y para que yo te mate.

DON ÁLVARO ( Despechado.)

Vamos a probarlo al punto.

DON ALFONSO

Ahora tienes que escucharme,

que has de apurar, ¡vive el cielo!

hasta las heces el cáliz.

Y si, por ser mi destino,

consiguieses el matarme,

quiero allá en tu aleve pecho

todo un infierno dejarte.

El rey, benéfico, acaba

de perdonar a tus padres.

Ya están libres y repuestos

en honras y dignidades.

La gracia alcanzó tu tío,

que goza de favor notable,

y andan todos tus parientes

afanados por buscarte

para que tenga heredero…

DON ÁLVARO ( Muy turbado y fuera de sí)

Ya me habéis dicho bastante…

No sé dónde estoy, ¡oh, cielos!...

Si es cierto, si son verdades

las noticias que dijisteis….

     ( Enternecido y confuso.)

¡todo puede repararse!

Si Leonor existe, todo.

¿Veis lo ilustre de mi sangre?...

¿Veis?...

DON ALFONSO

Con sumo gozo veo

que estáis ciego y delirante.

¿Qué es reparación?... Del mundo

amor, gloria, dignidades,

no son para vos… Los votos

religiosos e inmutables

que os ligan a este desierto,

esa capucha, ese traje,

capucha y traje que encubren

a un desertor que al infame

suplicio escapó en Italia,

de todo incapaz os hacen.

Oye cuán truena indignado.

         ( Truena.)

contra ti el cielo… Esta tarde

completísimo es mi triunfo.

Un sol hermoso y radiante

te he descubierto, y de un soplo

luego he sabido apagarle.

DON ÁLVARO  (Volviendo al furor.)

¿Eres monstruo del infierno,

prodigio de atrocidades?

DON ALFONSO

 Soy un hombre rencoroso

que tomar venganza sabe.

Y porque sea más completa,

te digo que no te jactes

de noble… Eres un mestizo,

fruto de traiciones…

DON ÁLVARO ( En el extremo de la desesperación)

Baste.

¡Muerte y exterminio! ¡Muerte

para los dos! Yo matarme

sabré, en teniendo el consuelo

de beber tu inicua sangre.

(Toma la espada, combaten y cae herido DON ALFONSO.)

DON ALFONSO. – Ya lo conseguiste… ¡Dios mío! ¡Confesión! Soy cristiano… Perdonadme…, salva mi alma…

DON ÁLVARO .- ( Suelta la espada y queda como petrificado.) ¡Cielos! ¡Dios mío! ¡Santa madre de los Ángeles!... ¡Mis manos titas en sangre…, en sangre de Vargas!...

DON ALFONSO.- ¡Confesión! ¡Confesión!... Conozco mi crimen y me arrepiento… Salvad mi alma, vos que sois ministro del Señor…

DON ÁLVARO. – ( Aterrado). No, yo no soy más que un réprobo, presa infeliz del demonio! Mis palabras sacrílegas aumentarían vuestra condenación. Estoy manchado de sangre, estoy irregular…: Pedid a Dios misericordia… Y… esperad…, cerca vive un santo penitente… podrá absolveros… Pero está prohibido acercarse a su mansión… ¿Qué importa? Yo, que he roto todos los vínculos, que he hollado todas las obligaciones…

DON ALFONSO. - ¡Ah! ¡Por caridad, por caridad!...

DON ÁLVARO. – Si voy a llamarlo… al punto…

DON ALFONOS. –Apresuraos, padre… ¡Dios mío! ( Corre a la ermita y golpea la puerta.)

DOÑA LEONOR. –( Dentro.) ¿Quién se atreve a llamar a esta puerta? Respetad este asilo.

DON ÁLVARO. – Hermano, es necesario salvar un alma, socorrer a un moribundo; venid a darle el auxilio espiritual.

DOÑA LEONOR. –(Dentro.) Imposible, no puedo; retiraos.

DON  ÁLVARO. –Hermano, por el amor de Dios.

DOÑA LEONOR.  ( Dentro.)   No, no; retiraos.

DON ÁLVARO. – Es indispensable; vamos ( Golpea fuertemente la puerta.)

DOÑA LEONOR.  – (Dentro, tocando la campañilla.) ¡Socorro! ¡Socorro!

Los MISMOS y DOÑA LEONOR vestida con un saco y esparcidos los cabellos, pálida y desfigurada, aparece a la puerta de la gruta, y se oye repicar a lo lejos las campanas del convento.

DOÑA LEONOR. – Huid, temerario; temed la ira del cielo.

DON ÁLVARO. – ( Retrocediendo horrorizado por la montaña abajo.) ¡Una mujer!... ¡Cielos!...

DON ALFONSO. – (Como queriéndose incorporar). ¡Leonor! ¿Qué escucho? ¡Mi hermana!

DOÑA LEONOR. – ( Corriendo detrás de DON ÁLVARO.) ¡ Dios mío! ¿Es Don Álvaro?... Conozco su voz… Él es… ¡Don Álvaro!

DON ALFONSO. - ¡Oh furia!... Es ella… ¡Estaba aquí con su seductor!... ¡Hipócritas!...¡¡Leonor!!

DOÑA LEONOR. - ¡Cielos!, ¡otra voz conocida!... Mas ¿qué veo? (Se precipita hacia donde ve a DON ALFONSO).

DON ALFONSO.  -¡Ves al último de tu infeliz familia!

DOÑA LEONOR. – (Precipitándose en los brazos de su hermano.) ¡Hermano mío!... ¡Alfonso!

DON ALFONSO. – ( Hace un esfuerzo, saca un puñal y hiere a muerte a Leonor). Toma, causa de tantos desastres, recibe el premio de tu deshonra… Muero vengado. ( Muere.)

DON ÁLVARO. - ¡Desdichado!... ¿Qué hiciste?... ¡Leonor! ¿Eres tú?... Tan cerca de mí estabas… ¡Ay! ( Se inclina hacia el cadáver de ella.) Aún respira…, aún palpita aquel corazón todo mío… Ángel de mi vida…, vive, vive; yo te adoro… ¡Te hallé, por fin… sí, te hallé… muerta! ( Queda inmóvil.)

 

Hay un rato de silencio; los truenos resuenan más fuerte que nunca, crecen los relámpagos y se oye cantar a lo lejos el Miserere, a la comunidad que se acerca lentamente

VOZ. (Dentro.) ¡Aquí! ¡Aquí! ¡Qué horror!

( DON ÁLVARO  vuelve en sí y luego huye hacia la montaña. Sale el  PADRE GUARDIÁN  de la comunidad, que queda asombrada.)

PADRE GUARDÍAN. -¡Dios mío!... ¡Sangre derramada!... ¡Cadáveres!... ¡La mujer penitente!

TODOS LOS FRAILES. – ¡Una mujer!... ¡Cielos!

PADRE GUARDIÁN.- ¡Padre Rafael!

DON ÁLVARO.- (Desde un risco, con sonrisa diabólica, todo convulso, dice:) Busca, imbécil, al padre Rafael… Yo soy el enviado del infierno, soy el demonio exterminador… Huid miserables.

TODOS. -¡Jesús! ¡Jesús!

DON ÁLVARO.- Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, perezca la raza humana; exterminio, destrucción…! (Sube a lo más alto del precipicio y se precipita.)

EL PADRE GUARDIÁN Y LOS OTROS FRAILES.- (Aterrados y en actitudes diversas.) ¡Misericordia, Señor! ¡Misericordia!

Duque de Rivas

Don Álvaro o la fuerza del sino.

{
}
{
}

Comentarios El drama romántico: Don Álvaro o la fuerza del sino.

MUy bueno el comentario. Sinceramente, muchas gracias, me has "salvado el culo" porque no encontraba la información necesaria para hacer un trabajo de esta obra.
anónimo anónimo 03/11/2009 a las 20:44
Gracias por tu comentario, me alegro de que te sirvan y con este espíritu los subo al blog. Un saludo desde Valencia.
Hola soy disperada, soy italiana e tengo que hacer un comentario de don alvaro respecto a como se raporta con il paisaje, la naturaleza. Si alguien me puede ayudar.
Muchas gracias
anonimo anonimo 09/01/2010 a las 09:16
Hola soy disperada, soy italiana e tengo que hacer un comentario de don alvaro respecto a como se raporta con il paisaje, la naturaleza. Si alguien me puede ayudar.
Muchas gracias
anonimo anonimo 09/01/2010 a las 09:16

Deja tu comentario El drama romántico: Don Álvaro o la fuerza del sino.

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar de usuario Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.