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Drácula

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Drácula

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Teníamos la impresión de estar viviendo una pesadilla llamada Lucy. Los dientes puntiagudos, los labios voluptuosos, manchados de sangre… Todo ello era suficiente para producir escalofríos de terror, y su cuerpo sensual, visiblemente carente de alma, como una burla diabólica de lo que fuera en vida el cuerpo de Lucy.
Metódicamente, según su costumbre, Van Helsing retiró de su cartera diversos instrumentos, dejándolos a mano. Primero, sacó un soldador y un poco de soldadura; después una lámpara de aceite que, una vez encendida, desprendió un gas azulado que daba mucho calor; luego, los instrumentos que debían servir para la operación, y finalmente una estaca de madera cilíndrica, de unos diez centímetros de diámetro y un metro de longitud. Puso al fuego la punta de la estaca, y después la afiló agudamente. por fin, sacó de la cartera un martillo de grandes dimensiones.
Por mi parte, ver cómo un médico prepara todos los detalles para proceder a una operación siempre me resulta satisfactorio, mas aquellos preparativos inspiraron a Arthur y a Quincey una verdadera consternación. No obstante, ambos trataban de conservar su valor, tranquilos y silenciosos.
-Antes de dar comienzo mi labor- murmuró Van Helsing-, permítanme explicarles de qué se trata; de hecho, este conocimiento nos lo han transmitido la ciencia y las experiencias de los antiguos y de cuantos han estudiado los poderes de los no-muertos. Este estado de vida en muerte se halla estrechamente ligado a la maldición de inmortalidad. Se niega la muerte a esos seres que deben, de siglo en siglo, causar nuevas víctimas y multiplicar los males en la Tierra; ya que todo aquel que muere después de haber sido la presa de un no-muerto se convierte en otro que, a su vez, también buscará sus víctimas correspondientes.
>>De manera que el círculo se agranda incesantemente, como los círculos provocados por un guijarro arrojado a un estanque. Arthur, amigo mío, de haber besado a Lucy un momento antes de su muerte, como era su deseo, o si anoche la hubiese recibido en sus brazos, a la hora de la muerte, usted se habría convertido en un nosferatu, como dicen en la Europa oriental, en un zombie, como se dice en las Antillas, y se habría dedicado a causar otros no- muertos, como los que ya nos causan pavor. En su calidad de no muerta, la carrera de esta desdichada joven acaba de empezar. Los niños cuya sangre ha chupado no están aún en trance desesperado, más, si continuase viviendo como no-muerta, dichos niños perderían cada vez más sangre, obedeciendo al poder que ella ejerce sobre ellos, e irán en su busca; con su boca odiosa, esa no-muerta los dejará finalmente exangües. Por el contrario, si ella muere realmente, cesará todo el mal, las leves incisiones desaparecerán de la garganta de los niños, que volverán a sus juegos, olvidando esta aventura; más importante aún: cuando la verdadera muerte se apodere de la no-muerta, el alma de nuestra querida Lucy volverá a ser libre. En lugar de ejecutar durante la noche su obra malvada, sufriendo durante el toda humillación, ocupará su lugar reservado entre los ángeles.>>
Van Helsing abrió el libro de rezos y empezó a leer. Quincey y yo contestábamos lo mejor posible. Arthur colocó la punta de la estaca sobre el corazón de Lucy, y observé que empezaba a hundirla ligeramente en la blanca carne. Después, golpeo con el martillo con toda su fuerza.
El cadáver, dentro del ataúd, tembló, se retorció en pavorosas convulsiones, y un chillido de rabia, que heló nuestros corazones, se escapó de su boca; los afilados dientes se clavaron en los labios, y se cubrieron de espuma escarlata. Arthur no perdió el coraje. Semejante al dios Thor, su brazo se alzaba y se abatía con firmeza, hundiendo cada vez más la misericordiosa estaca, mientras saltaba la sangre, esparciéndose por doquier. En su rostro se veía retratada la resolución, como si estuviese seguro de ejecutar un deber sagrado, y ante aquello, nuestras voces también se elevaron más firmeza y voluntad.
Poco a poco, el cuerpo cesó de temblar, las contorsiones disminuyeron, mas los dientes continuaron clavados en los labios, y los rasgos del rostro siguieron estremeciéndose. Finalmente, el cadáver quedó completamente inmóvil. La terrible tarea había terminado.

Bram Stoker, Drácula. Anaya.

 

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