Avisar de contenido inadecuado

Descripción de espacios

{
}

Descripción de espacios.

 

 TAGS:

Por fin se acabó el túnel y a la salida, guiñando los ojos, se pararon a contemplar el panorama que se extendía ante ellos. Allá arriba, el cielo (o lo que parecía ser el cielo) tenía una delicada tonalidad verde jade, que por unos sitios y otros se aclaraba hasta un azul desvaído. Flotaban en él escuadrillas de nubecillas gordezuelas y de aspecto acogedor, en amarillo pálido, rosa claro y blanco. El sol (o lo que parecía ser el sol) estaba justamente sobre el horizonte, estacionario, tendiendo sobre todas las cosas una hermosa y delicada red de luz dorada. A poca distancia, un riachuelo de agua color jerez claro caía en una serie de elegantes cascadas sobre un lecho de piedras rojas, como el barro cocido, y al pie de cada cascada había un remanso profundo y plácido lleno de peces azules con las aletas y la cola color escarlata, que se movían perezosos. La hierba que los niños pisaban era morada como la flor de brezo, muy blanca y elástica, y parecía recién segada. Estaba salpicada de innombrables flores multicolores con pétalos que semejaban de cristal, y esparcidos entre ellas había grupos de setas amarillo limón, decoradas con pintas negras. Más allá, en el valle, se extendía un bosque de árboles de grandes hojas azules y troncos color chocolate, que de lejos parecían muy nudosos e irregulares. Ya en el horizonte, casi oculto por las neblinas de la mañana, se veía lo que los niños supusieron que debía ser el gran mar interior que Loro les había descrito, y que bajo la luz del alba brillaba y relucía como el champán.

Gerald Durrell., El paquete parlante.

 

El jardín de la casa tenía dos partes: la del sol y la de la luna. La primera estaba delante de la fachada, al mediodía. La otra, en la cara levante, adonde la ventanita de Alfanhui.  A alfanhui le gustaba más la de la luna porque tenía la piel blanca como su luz. Las noches de luna se sentaba en el dintel de la ventana y miraba el jardín.

El jardín tenía un castaño y un olivo plateado, con su tronco musculoso, en el que vivían dos roedores blancos que tenían los ojos de luz y siempre se andaban escondiendo como las ardillas.

También había en el jardín un hito de piedra blanca con una argolla y una cadena negra que arrastraba por el suelo. En medio, había un pequeño estanque redondo con un surtidor, cuya varita de agua subía y se agitaba tan sólo en las noches de tormenta cálida y seca, y mataba las libélulas y los insectos que el viento traía de los ríos y los lagos que había secado. Y al agitarse la superficie del estanque, en pequeñas olitas, afloraba el brillo de las arenas de plata que yacían en el fondo. Al fondo había un muro alto y un invernadero de flores que estaba abandonado y tenía los cristales llenos de polvo. Dentro del invernadero nacía la mala hierba y vivía una culebra de plata, que salía a tomar la luna en un claro del jardín. A Alfanhui le gustaba mucho esta culebra y tenía ganas de capturarla.

En Rafael Sánchez Ferlosio, Industrias y andanzas de Alfanhui.

{
}
{
}

Comentarios Descripción de espacios

Lindo relato, me gustó.

Besos.

Deja tu comentario Descripción de espacios

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.