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Descripción de un espacio interior

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Descripción de un espacio interior Un gran salón

Salón moderno y cómodo en una villa de recreo. A la derecha, amplias cristaleras, con puerta corredera que da paso a la terraza y a la playa cercana. En el primer término de este lateral, estante de bebidas en la pared y un pequeño mostrador curvo. A la izquierda, chimenea. Sobre su repisa, cajitas de medicamentos, porcelanas. Coronándola una gran acuarela de suaves tonos y pulcra ejecución que representa dos figuras mitológicas. A la izquierda de la pared del fondo, espacioso vano con doble cortina. A la derecha, librería baja y corrida adornada con fotografías, estatuilla de vidrio, trofeos de plata…Hacia el centro y cerca del primer término, mesita baja de cristal con revista… Tras la mesita y a sus lados, sofá y dos butacas. A ambos lados de la chimenea, sillón de orejas y taburete de piel.

A. Buero Vallejo. La llegada de los dioses.

Señala el orden que sigue el autor al describir la habitación. Elige una de las tres opciones.

a) pared del fondo- pared derecha- pared izquierda- en medio de la habitación.

b) en medio de la habitación- pared izquierda – pared derecha- pared del fondo.

c) pared derecha- pared izquierda –pared del fondo –en medio de la habitación.

¡Ahora te toca a ti! Describe cómo es el salón de tu casa. Para eso sitúate en un lugar determinado, fíjate en lo que ves y desde esa situación, describe todo lo que ves.

Mezcla sensaciones: utiliza los sentidos. Mezcla de los sentidos: tacto, oído, gusto, olfato, vista. Mi estantería huele… El color de mi habitación  es  amarillo chillón, es un tono pastel suave, un azul eléctrico, un verde estridente, etc.

Utiliza los elementos espaciales: a la derecha, a la izquierda, en medio, en la pared del fondo, en la pared derecha, izquierda, delante, detrás, encima, debajo, alrededor, dentro, fuera, etc. Recuerda variar los verbos: encontrar, hallar, situar, ver, colocar, emplazar, topar, estar, etc.

Ahora vamos a la prueba de fuego

Estás en tu cuarto. De pronto se va la luz. Describe cómo es tu habitación, introduciendo alguna sensación táctil. Recuerda que estás a oscuras, pero es tu habitación y eres capaz de buscar una aguja en un pajar, aunque tuvieras que hacerlo con los ojos cerrados. Te propongo un ejercicio de memoria. Seguramente has visitado en alguna ocasión la casa de uno de tus mejores amigos. Intenta recordar cómo es, cuáles son los elementos más significativos, cuál es su distribución.  Descríbesela al lector, como si la viera por primera vez. Finalmente te propongo que dejes correr tu imaginación y nos describas la casa de tus sueños.

Ahora fíjate en la imagen. Serías capaz de describirnos cómo es esa casa que aparece en la imagen.  Apela a tu imaginación. Ya sabes que soñar es gratis.

Finalmente aquí tienes una de las descripciones más famosas de la literatura:

El desván.

El desván era grande y oscuro. Olía a polvo y naftalina. No se oía ningún ruido, salvo el suave tamborileo de la lluvia sobre las planchas de cobre del gigantesco tejado. Fuertes vigas, ennegrecidas por el tiempo, salían a intervalos regulares del entarimado, uniéndose más arriba a otras vigas del armazón del tejado y perdiéndose en algún lado en la oscuridad. Aquí y allá colgaban grandes telas de araña, grandes como hamacas, que se columpiaban suave y fantasmalmente en el aire. De lo alto, donde había un tragaluz, bajaba un resplandor lechoso...

Había toda clase de trastos, tumbados o de pie; estantes llenos de archivadores y de legajos no utilizados hacia tiempo, pupitres manchados de tinta y amontonados, un bastidor del que colgaba una docena de mapas antiguos, varias pizarras con la capa negra desconchada, estufas de hierro oxidadas, aparatos gimnásticos inservibles, balones medicinales pinchados y un montón de colchonetas de gimnasia viejas y manchadas, amén de algunos animales disecados, medio comidos por la polilla, entre ellos una gran lechuza, un águila real y un zorro, toda clase de retortas y probetas rajadas, una máquina electrostática, un esqueleto humano que colgaba de una especie de armario de ropa, y muchas cajas y cajones llenos de viejos cuadernos y libros escolares. Bastián se decidió finalmente a hacer habitable el montón de colchonetas viejas. Cuando uno se echaba encima, se sentía como en un sofá. Las arrastró hasta debajo del tragaluz, donde la claridad era mayor. Cerca había, apiladas, unas mantas militares de color gris, desde luego muy polvorientas y rotas, pero plenamente aprovechables. Bastián las cogió. Se quitó el abrigo mojado y lo colgó junto al esqueleto en el ropero. El esqueleto se columpió un poco, pero  a Bastián no le daba miedo. Quizá porque estaba acostumbrado a ver en su casa cosas parecidas. Se quitó también las botas empapadas. En calcetines, se sentó al estilo árabe sobre las colchonetas, y, como un indio, se echó las mantas grises por los hombros. junto a él tenía su cartera... y el libro de color cobre.

Michael Ende, La historia interminable

 

 

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