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Describe la construcción del Estado liberal, incidiendo en la Década Moderada y en el Sexenio Democrático. Resumen

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Describe la construcción del Estado liberal, incidiendo en la Década Moderada y en el Sexenio Democrático

La revolución liberal fue un proceso no exento de violencia que supuso el fin del Antiguo Régimen y la instauración de una sociedad liberal, burguesa y capitalista. La transición se llevó a cabo a través de importantes cambios –como la aparición del Estado Constitucional- , o transformaciones económicas que impulsaron la libre circulación y un nuevo concepto de la propiedad. El cambio trajo consigo el racionalismo, una ideología nueva que además se llevó a cabo dentro de la burguesía, que se convirtió en la clase social dominante.  No obstante, en España la revolución fue mucho más lenta, los cambios menores y la resistencia de los grupos conservadores y del Antiguo Régimen, mayor.

Recordemos que a la muerte de Fernando VII en 1833 se inició una guerra civil entre los partidarios de don Carlos (el hermano) e Isabel, la hija; se inicia con ellos la lucha entre el sector liberal y el absolutista que recorrió todo el siglo. Ya la primera incursión en la guerra dura siete años. Los carlistas (que se sublevaron en el País Vasco, Levante y Aragón), contaban además con el apoyo de un amplio sector rural. Exigían que se mantuviesen los privilegios y derechos de su clase, para ello iniciaron una guerra de partidas que poco a poco fue institucionalizándose. El jefe militar era Zumalacárregui, aunque también fue importante la rebelión llevada a cabo por el general Cabrera. Finalmente se llegó a un acuerdo con Espartero y se pudo poner fin a la guerra. Los Carlitas lograron que se mantuvieran las libertades forales del País Vasco y Navarra. Cabrera –que continuó su particular rebelión- tuvo que abandonar el país, después de ser derrotado.

Recordemos que el liberalismo –que asumió en primer lugar (1833-1835) un periodo moderado, se encontraba dividido en dos tendencias –liberales y progresistas-, tendencias que se alternaron en el poder. En 1833 se produjeron algunas medidas importantes, como el establecimiento territorial del Estado en 39 provincias, una segmentación que en líneas generales continúa hoy en día. También fue importante la promulgación del Estatuto Real, una convocatoria a las Cortes que intenta una transición pacífica del absolutismo al liberalismo. Pese a ello, en 1835 se suceden las revueltas. El motín del palacio de la Granja obliga a la reina a aceptar la Constitución de 1812, aunque las Cortes elaborarían otra constitución, la de 1837 mucho más moderada que la de 1812  en la  que se amplía el sufragio, se defiende la soberanía nacional, se reconocen las libertades públicas, se eliminan los diezmos de la iglesia a través de la desamortización de Mendizabal. Sin embargo –cuando accede al poder el moderado Pérez Castro- se limitan nuevamente las reformas con nuevas leyes, como una ley de Ayuntamiento, que suprime el derecho de los ciudadanos a elegir a sus alcaldes, que pasaban a ser nombrados por el gobierno. Pero las sublevaciones no dirimen, María Cristina se ve obligada a renunciar a la regencia y sube al poder Espartero, el general que había diezmado a los carlistas. No fue un gobierno inteligente y de hecho Espartero –que contaba con el apoyo de los progresistas- no satisfizo a nadie. Su desacertada política económica, con la apertura del mercado español al Reino Unido, provocó desconfianza en el sector catalán; tampoco fue popular su Ley Paccionada que limitaba los fueros de vasconarravos.

Sería una nueva revuelta militar –en este caso encabezada por Narváez- la que hizo caer a Espartero. Con rapidez, la reina fue proclamada mayor de edad a los 13 años y asumió el trono en 1848; como consecuencia, se encargo la formación de gobierno al Partido Moderado, liderado por Narváez. Las nuevas leyes supusieron un retroceso de los alcances progresistas. La nueva Constitución moderada de 1848 volvió a instaurar el liberalismo censitario, la soberanía compartida. 

Pero los avances europeos –como el reconocimiento en 1848 del sufragio universal- fueron debilitando el régimen moderado y en 1854 se produce un nuevo pronunciamiento progresista, encabezado por los generales Serrano y O´Donnell que provocó la caída del Gobierno y el retorno de los progresistas al poder.

Espartero volvió a ostentar la jefatura del Gobierno, aunque con menos protagonismo. Se comienza a redactar otra constitución (1855), y se vuelve a la desamortización. Los progresistas buscan ensanchar los derechos individuales y el mecanismo electoral, además surgen nuevas fuerzas políticas que amplían la madurez del liberalismo. A la izquierda del progresismo se sitúa la corriente demócrata y republicana. El Partido Demócrata se remonta a la regencia de –Espartero. Sixto Cámara sería una de las figuras claves de aquel grupo demócrata.

En 1856 y bajo la dirección de O´Donnell se produjo un nuevo golpe de fuerza y surgía un nuevo partido, la Unión Liberal, que pretendía el mantenimiento del orden al desarrollo creciente del movimiento obrero y demócrata. Se repone la Constitución de 1845, aunque a esta se le añada un Acta Adicional que reconocía algunos principios progresistas, suprimía la Milicia Nacional o reorganizaba los ayuntamientos. Se producen avances, por ejemplo, en la expansión progresista y también expediciones, como la de Marruecos, que dieron gran fama al general Prim. Posteriormente –en 1864-regresan Narváez y los moderados, lo que trae consigo nuevas conspiraciones: se suprime el Acta Adicional, nuevamente se paraliza la desamortización y el gobierno se alía con los neocatólicos, apoyados por la reina. Pero nuevamente el moderantismo es acosado por los problemas: entre ellos, la demanda de la participación política o la crítica exacerbada a la corrupción de la corte de Isabel II. Asistimos a su vez a una grave crisis de subsistencia provocada por las malas cosechas y el alza del los precios, que no sólo afecta al sector más desfavorecido, sino que llega incluso a paralizar la industria, el ferrocarril o el sector bancario.

 

La expulsión de catedráticos demócratas de la universidad provoca manifestaciones estudiantiles (la noche de San Daniel). El general Prim se alía con el Partido Demócrata que se había escindido del progresista y se produce una revolución, conocida como la Gloriosa. Al grito de ¡Viva España con honra!, se forman juntas revolucionarias que obligan al exilio de Isabel y derrotan a los isabelinos. Se inicia así el sexenio democrático. Para subsanar la ausencia de rey se forma un gobierno provisional constituido tanto por liberales moderados, como por progresistas. El general Serrano preside el Gobierno provisional, una vez aprobada la Constitución de 1869. Una de las cuestiones fue el dilema entre monarquía y república. De esos debates surgiría la nueva Constitución monárquica de 1869.  Los movimientos populares y obreros carecían de representación y sus demandas sociales de supresión de quintas e impuestos sobre los consumos no se atendieron. Los republicanos federales de Pi i Margall, tampoco tuvieron la posibilidad de influir en la nueva Constitución. Pese a ello la nueva Constitución establecía el reconocimiento de la democracia como sistema y en este sentido, ésta sería la primera Constitución democrática de la historia de España.

Pero España era una monarquía sin rey. Por eso, en primer lugar, se instauró una regencia presidida por el general Serrano, mientras Juan Prim fue nombrado Jefe de Gobierno. Descartada la vuelta de los borbones, Cánovas del Castillo comenzó a formar un partido <<alfonsino>> para asegurar la defensa de los derechos del hijo de Isabel II, que abdicó en su hijo en 1870. Mientras se negociaba sobre quién sería nombrado rey, las revueltas como la guerra de Cuba, se recrudecían. Además los carlistas se reorganizaron y propusieron a Carlos VII, como rey legítimo.

Al final se solucionó la cuestión monárquica en la persona de Don Amadeo, duque de Aosta, que accedió al trono con el beneplácito de las potencias extranjeras. Se trato no obstante de un reinado efímero, debido a la hostilidad que le profesó la nobleza y la burguesía española que lo consideraba un advenedizo y además enemigo de la Iglesia, miembro de una familia real enemiga de la iglesia que había arrebatado en 1870, los Estados Pontificios al Papa. Las movilizaciones populares y obreras también mostraban el descontento y pedían el establecimiento de un régimen republicano y federal. Finalmente abdicó en 1873. Inmediatamente el Congreso y el Senado, constituidos en una sola Asamblea Nacional, dispusieron la proclamación de la República.

Estanislao Figueras fue designado por la Asamblea como presidente de una República unitaria. Debía convocar Cortes Constituyentes para promulgar una nueva Constitución. Pero la situación de descontrol y la escasa colaboración del ejército, en su mayoría partidario de la vuelta de los borbones, provocó un estado de inestabilidad. Pese a ello se pusieron en marcha ciertas medidas democráticas; entre ellas, la promulgación de una amplia amnistía y la abolición de la esclavitud en Puerto Rico. No fueron suficientes para favorecer la balanza en las elecciones, que se decantó por los republicanos federales que nombraron como nuevo presidente a Pi i Margall. Pero ni siquiera en el sector republicano existía unanimidad. Los transigentes, encabezados por Pi i Margall consideraban primordial el cambio social, para luego asumir la construcción de la República federal desde arriba; pero los intransigentes defendían que se debía comenzar por la construcción de una federación desde abajo que realizase verdaderas medidas revolucionarias.  Ambos grupos presentaron en las Cortes sus propios proyectos para la Constitución federal, pero el grupo las reformas del grupo intransigente fueron rechazadas y estos se retiraron de las cortes. El grupo de los Pi i Margall lucho para que fuese aprobado el proyecto transigente, pero no lo consiguió.  La retirada de los intransigentes fue el punto de partida de la revolución cantonal que comenzó en Cartagena y se extendió a otras ciudades del sur y el levante peninsular. El esta revolución, cada población se proclamaba cantón independiente del poder central y establecía su orden social igualitario. Las clases populares pensaron que el federalismo suponía más igualdad y más reparto de riqueza y apoyaron a los federales intransigentes que querían dar el poder de decisión a las regiones. Pi i Margall desbordado por el cantonalismo apenas permaneció un mes en la jefatura de Gobierno y le sucedió Nicolás Salmerón, el cual, en mes y medio de mandato se limitó a restablecer militarmente el orden y a reprimir de modo especial los movimientos obreros internacionalistas.  En septiembre fue elegido Emilio Castelar. Su programa se redujo básicamente a restablecer el orden. Aunque el movimiento cantonal finalizó en su mayoría quedaban revueltas como las guerras con los carlistas o el problema de Cuba. Pero el proceso sería interrumpido por el golpe del general Pavía (1874) que con fuerzas de la Guardia Civil disolvía las Cortes Constituyentes, finalizando así la Primera República y dando el paso al general Serrano que por segunda vez asumiría la Jefatura del Estado.  En definitiva ,el fracaso del proceso democrático de 1868 se debió a diversas circunstancias como la falta de apoyo de la burguesía, la radicalización de las clases populares o los problemas con el exterior que exigían una capacidad de respuesta inmediata

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