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Decálogo del perfecto estudiante: Lo prometido es deuda.

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"El que persevera, lo consigue". 

 

Decálogo del perfecto estudiante


-"Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". Es obvio que existen materias plasta, que nunca te apetece estudiar. Pero esas también tienes que aprobarlas. Si dejas de hacer los deberes, te saltas las explicaciones del profesor, porque estás en Babia, dibujando, mirando las musarañas; no podrás aprobarlas. Y en la tercera evaluación ya se sabe que los milagros no existen.

-"A buen entendedor con pocas palabras basta". Procura subrayar adecuadamente los temas y hacer esquemas, resúmenes. Antes de memorizar algo intenta comprenderlo porque si no es probable que cuando llegues al examen se esfumen las ideas y te quedes más blanco que la pared. Si no entiendes algo pide
¡socorro!. Nadie nace sabiendo y todo el mundo no tiene las mismas capacidades. Tus compañeros te lo agradecerán, seguro que hay alguien más que no lo entiende.

-Ahorra tiempo. Date un respiro de vez en cuando, planifícate. Hazte un horario teniendo en cuenta todas esas actividades que te gustan hacer: quedar con el novio/ a, chatear, ver la tele, jugar a la play, escuchar música. En cuanto llegues a casa ponte manos a la obra, haz los deberes y estudia. Si un día, por cualquier motivo (por ejemplo, porque has tenido que estudiar otro examen, has ido al médico, has acompañado a la mamá a la peluquería y te has hecho mechas, has acudido a la llamada de socorro de un amigo que estaba fatal) justifícalo y al día siguiente procura subsanarlo para que el profesor / profesora comprenda que no ha sido porque no has querido. Ha sido por fuerza mayor.

-Deja intervalos de tiempo mientras estudies de 10 a 15 minutos entre unos deberes u otros pero no una hora, ya que después no te va a apetecer hacerlos ni podrás concentrarte. Las neuronas estarán en otra onda.

-Tranquiliza a tus padres si has suspendido alguna y promete superarla por ti mismo, por tu amor propio y no porque tus padres te castiguen o te prometan la moto o la play.

-No seas cobarde y tómate los exámenes con calma. Tranquilízate, que no se acaba el mundo si suspendes una, pero dale caña y estudia. ¡Ya verás como el próximo lo superas! ¡Échale morro!

-Sé compañero en clase y deja tus apuntes si te lo piden, pero nunca las chuletas porque si os pillan os la cargáis los dos. Hazte las chuletas en casa, pero las alimenticias. Las chuletas que sirven son los resúmenes: en fosforito, en rotulador, a lápiz. Nunca viene de más, de vez en cuando, copiar lo que estás estudiando o repetirlo en voz alta. Pero ¡ojo! no molestes a tu hermano o hermana.

-Sé educado, porque con educación te recibirán en todas partes. Si eres educado en clase y compañero y todos le quitáis hierro a los asuntos y os lleváis bien, o sea, que hay buen ambiente; los profesores se relajarán y ya no parecerán el enemigo, explicarán mejor y más a gusto, y de vez en cuando podréis hacer otras cosas: ver películas, ir de excursión o comentar algo muy divertido que os ha pasado.

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-Nunca dejes de atender una explicación, luego vienen los socorros y nadie te ayuda. Te fastidias, haber atendido. Te quedas a dos velas. Aunque un compañero te haga señales de humo en clase, porque quiere hablar contigo, dile que hablaréis luego, en el patio. Para eso está. Ahí nadie te va a prohibir que hables.

-Procura hacer bien los trabajos. Pon títulos a los temas, deja espacios, cambia el color del bolígrafo dependiendo de si es un enunciado o una respuesta. No es tan difícil ni es cuestión de maña, es solo tener ganas. Haz buena letra. Si tu letra es ininteligible, al profesor le costará mucho entender lo que dices e incluso puede entender otra cosa. Se fijará más en las faltas y en los errores. Si eres ordenado y lo entregas todo bien aseado, tu trabajo tendrá más nota. ¡Ah! Nunca entregues anónimos ni de trabajos ni de exámenes. Todo necesita un nombre o puede perderse o traspapelarse y entonces, ¡vaya chasco!

-Cada vez que obtengas un resultado positivo o un logro date un respiro: descansa, date un capricho, pide una recompensa a tu esfuerzo. Pero ¡no te pases de la raya! porque entonces puedes creer que sólo estudias para conseguir premios.

-En realidad estudias por ti mismo, por tu futuro. Ni por tus padres, ni por tus profesores ni por ser mejor que nadie. Tú eres tú y sólo depende de tu esfuerzo y de tus ganas. Si te esfuerzas puedes lograr grandes cosas o acaso ¿qué se creían los demás?
Mari Carmen Moreno Mozo. Profesora de Talleres literarios. Escritora.

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