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Cultura Clásica: La leyenda de Eneas.

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 Apuntes  de Cultura clásica

La leyenda de Eneas

Todo aquel que conozca la historia de Roma sabe que sus emperadores se jactaban de su genealogía divina, pues se consideraban descendientes de Eneas, hijo de la diosa Venus.  Para conocer su leyenda retrocederemos al día en el que Venus se enamoró de Anquises y yació con él. De esta unión nacería Eneas, su protegido. La diosa  se sinceraría ante el mortal contándole quién era; le pediría como condición su silencio pero Anquises, eufórico, contaría el hecho con arrogancia.  Al enterarse de lo sucedido, Júpiter lanzaría su mortífera arma contra él, pero el potente rayo fue desviado, aunque hirió al mortal en una pierna, y lo dejó cojo para siempre.  

 Eneas -el hijo de Venus-  se casaría con Creusa, hija de su primo, Priamo, rey de Troya. Recordemos que la ciudad caería, víctima de las malas artes de los griegos. Estos,  ante la imposibilidad de franquear las murallas de Troya, decidieron que vencerían a los arrogantes troyanos aunque fuera de forma desleal. Así construyeron el descomunal caballo y se lo ofrecieron al rey, que creyó que los griegos habían abandonado sus costas y decidió ofrecerlo como presente en el templo, sin escuchar las voces de alarma. En su interior los griegos asistían al espectáculo conteniendo su respiración, aunque se frotaban las manos por la inminente victoria. Cuando llegó la noche, salieron del caballo de madera, abrieron las puertas de la ciudad y la arrasaron, y con ella pereció la inexpugnable ciudad, famosa por sus murallas de hierro y sus héroes de sangre caliente, como Héctor.  Eneas, loco de ira, levantó su espada contra Helena, creyéndola la mensajera de la muerte troyana, sin embargo Venus -su madre- se alzaría, majestuosa, pidiéndole que abandonase Troya, pues su destino no se labraría esa fatídica noche.

Pese a su dolor, el héroe  sacaría fuerzas de sus entrañas, subiría a su padre herido en hombros y tomando a su hijo de la mano, huiría al exilio; mientras una espesa negrura protegía sus pasos vacilantes.  Todavía le quedaría al héroe, sufrir otra desgracia, que lo sumiría en la desesperación más absoluta: su mujer ha desaparecido. Preso por el temor de su pérdida, la busca incesantemente hasta que  su propio espíritu se le  aparece. Creusa le insta una vez más a la loca huída, pues no se puede luchar contra el destino escrito y los dioses así lo han prescrito. Sin embargo,  no todos los dioses velarán por su protección, Juno, no contenta con la destrucción de Troya, sería a partir de ese momento su encarnizada enemiga. Ella, intentará velar en todo momento por sus intereses: su corazón, frío como el acero, no admite la piedad ni el arrepentimiento; sólo clama venganza y destrucción contra todos los troyanos y los perseguirá con la intención de exterminarlos.

Eneas partió con la flota y primero recaló en Creta. La maldición de Juno asola a sus hombres y la mayoría perece por la peste, pero  los supervivientes recobran pronto las fuerzas y salen a la mar prosiguiendo su viaje. La diosa lanza olas embravecidas contra los marinos que al final recalan en la ciudad de Andrómana, la antigua mujer de Héctor, quien decide ayudarlos. Puesto que su marido tiene dotes proféticas consultan el Oráculo que los  advierte de las dificultades del viaje y de las grandes desgracias y penalidades que todavía deberán sufrir antes de llegar a su destino.  

Los troyanos consiguen desembarcar cerca de Cartago. Juno decide entonces forjar un loco amor entre Eneas y la reina Dido, de este modo el héroe olvidará su destino, preso de la locura de sus sentimientos.  Pero su madre Venus vela por él. Acude ante Júpiter en busca de justicia y el dios calma su ira, le habla suavemente. Eneas descansará en Cártago y se enamorará de la diosa pero ese amor no le impedirá continuar su destino.

Al presentarte el héroe ante Dido, ésta se quedará fascinada y una oscura espada se clavará en su pecho. Escucha la triste historia de Eneas y siente el dolor de su propia desdicha. Ella misma se había visto obligada a huir cuando un usurpador mató a su marido y le arrebató el trono. Poco a poco siente un ardor poco común, ante el extranjero.

Juno mueve los hilos y provoca un  encuentro entre ambos a traición.  Durante una jornada de caza, envía una fuerte tormenta y ambos se ven obligados a refugiarse en una cueva. Allí se desata una pasión  que hace que Eneas olvide por momentos su destino. Pero Mercurio le recuerda que tiene un destino que cumplir y que su misión no es permanecer al lado de la reina. Dido lo verá partir mientras la desesperación más absoluta se cierne en su pecho. No puede soportar su abandono. 

Maldice una y otra vez al amante que no ha podido retener y clama venganza, jura que el odio contra esos troyanos será perpetuo.  No puede  soportarlo. Entre lágrimas pide a su pueblo, odio eterno a los descendientes de Eneas,  después se atraviesa el corazón con la espada de Eneas y se exhuma  en una pira.  Eneas descubre desde la lejanía las llamas pero nada sabe de la tragedia que ha provocado su marcha. Continúa su trayecto, aunque su corazón esté lleno de pesar por haber tenido que abandonar a la reina.

Eneas se dirigirá Sicilia, donde reposan las cenizas de Anquises, su padre que había fallecido durante el viaje. Allí celebrará unos juegos fúnebres en su honor. Nuevamente la sombra de Juno se cierne sobre sus cabezas. Ella incita a un grupo de troyanos a quemar sus barcos e instalarse en una ciudad que llaman Egesta.

Una noche, el fantasma de Anquises se aparece a su hijo.  Le dice que el futuro lo hallará en el Lacio y le pide que haga un viaje, impensable para un mortal, el viaje al territorio de ultratumba. Una vez allí le mostrará su destino. Eneas decide entonces visitar a la Sibila de Cumas, sólo su oráculo podrá ayudarle, ella es el único báculo seguro en el que puede apoyarse, ella sabrá lo que debe hacer.

 

La Sibila lo escucha atentamente, puesto que no puede disuadirlo de su empresa y dadas las dificultades, decide acompañarlo. No obstante, antes de iniciar el peligroso viaje deberá encontrar la rama de oro para ofrecérsela a Proserpina, la reina del Averno y así forzar su benevolencia. Logrará hallarla con ayuda de su madre que envía dos palomas para que le muestren el camino. Con la rama en la mano del héroe, la Sibila sabe que ha llegado el momento y que los dioses protegen los designios de Eneas. Sacrifica cuatro bueyes negros para apaciguar a Hécate, la diosa de la noche. Un tremendo golpe los sacude y abre una brecha en el suelo que los lanza al vacío y se cierne la noche.

Cuando se detienen y pisan tierra, la oscuridad más abrumadora los rodea. Sienten entonces los puñetazos de la enfermedad, el hambre, la discordia y todos esos monstruos que asolan al ser humano. Eneas se apresta para la batalla, embravecido por el coraje,; ahora es la Sibila, su bienhechora, quien le insta a continuar el trayecto. Ha llegado el momento de atravesar los ríos y frente al barquero Caronte se le hiela la sangre de las venas.

 El barquero se niega al principio, porque a los vivos no les está permitido atravesar la laguna Estigia; sin embargo, la propia Sibila con dulces palabras aplaca su ira, habla sabiamente. Eneas no es cualquier mortal,  debe conocer los designios de los dioses y únicamente su padre Anquises, que se haya en la morada de los Bienaventurados, puede desvelárselos. El anciano ve como brilla la vara de oro, el presente que el héroe guarda para Proserpina,  decide cruzarlos, aunque no puede evitar mirarlos malhumorado.

Al cruzar la laguna, un nuevo peligro los acecha. El terror se apodera del héroe cuando el perro Cerbero se abalanza sobre él. La Sibila, prevenida,   lanza un pastel impregnado de adormidera, y el animal se duerme. Es el momento de adentrarse en el Averno. En primer lugar divisarán a Minos, quien juzga a los muertos. A continuación, verán la región del llanto y la aflicción, donde los desdichados por amor  sufren eternamente. Allí  Eneas  se reencuentra con Dido. El troyano le habla, conmocionado ante su triste visión que reabre la herida de amor en su pecho, pero la reina  gira la cara,  con aire airado puesto que  continúa odiándolo. Finalmente, una encrucijada de caminos divide el terreno. Uno de ellos conduce a la morada de los desventurados, aquellos que merecen el castigo eterno por su impía vida.  Oyen  ruidos de cadenas y aullidos. Se trata de un sonido terrorífico. El otro, conduce propiamente a la morada de los bienaventurados, a ese lugar  a dónde se dirigen. En los Campos Elisios se encontraban los que habían llevado una vida virtuosa. Su padre, lanza un grito de alegría al verlo. Eneas llora emocionado e intenta abrazarlo, pero sus brazos se escurren a través de su cuerpo inmaterial.  Anquises le mostrará  a su estirpe,  lo que enorgullece al héroe. Aquellas eran las almas de sus descendientes, que un día llevarán a Roma la gloria. También le mostrará su futuro matrimonio con una princesa italiana llamada Lavinia. Entre  todos los descendientes brilla uno: el excelso  emperador, Octavio César Augusto.

Ahora Eneas es más consciente de su destino, sabe  a dónde debe ir, al territorio de los latinos, quienes a su vez ya conocían su llegada por los pronósticos. El rey, Latino, al que van a visitar sabe, puesto que lo ha vivido en sueño,s que su hija se casará con un extranjero. Él  había prometido la mano de Lavinia a Turno, el rey de los rótulos, pero cada vez que iba a celebrarse la boda las señales desaprobaban el matrimonio.

Los extranjeros  son bien recibidos.  Sólo la reina, influenciada por Juno,  sentirá aprensión hacia Eneas. Juno decide  que lo mejor es avisar a Turno y éste se prepara para la batalla. Por su parte, Eneas ante la inminente guerra busca sus propios aliados y se  dirige al territorio del rey Evandro, quien le presta su apoyo e incluso le pide que se alíe con los etruscos. Su propio hijo, Palante, lo acompañará  a la batalla. Ambos se hacen amigos inseparables.

La diosa Venus, no puede evitar sentir el miedo de Eneas y decide ayudarlo, entregándole las armas, forjadas por Vulcano, aquellas que son inquebrantables.  Eneas siente el terror de la batalla en su propia carne y como se estremecen los cuerpos mutilados a su alrededor.  Por momentos su valentía enflaquece, pero cuando descubre que Turno ha dado muerte a su amigo Palante, la ira asoma con enconada furia.

Ha llegado la hora del veredicto, Júpiter reúne a los dioses y pesa el destino de cada uno de los adversarios.  Ordena entonces que la batalla siga su curso, a partir de ese momento nadie podrá intervenir en el desarrollo de los acontecimientos.  

Cuando la furia de la espada de Turno arremete contra Eneas, esta se resquebraja. Turno siente cómo le flaquean las piernas e  intenta huir. Es el momento de la victoria, Eneas, ciego de ira, arroja su lanza que va clavarse en una de sus piernas y el rey cae de rodillas. El rey reconoce su derrota, y el derecho de Eneas a la mano de Lavinia.  Pide clemencia, Eneas duda, es en ese momento cuando descubre  el cinturón de su amigo Palante. No puede escuchar el sonido de la benevolencia, ante el asesino del arcadio; hunde su espada en el pecho de adversario, que exhala el último suspiro.

Por fin Eneas ha logrado llegar a su destino. La mano inmaculada de Lavinia es suya, gracias a su coraje.  Es el momento de forjar una estirpe y una gran nación, de cuyas hazañas hablaran largo y tendido los tiempos venideros.  

Dido pasa de largo

 

Sibila a domicilio. Quiso ser su sibila.

-Dame sueños- le dijo.

Hay sueños destinados a alta mar

como barcos que quieren  morir fuera del puerto.

(...)

Será otra vez verano y de los mapas

recortarás las islas.

 

El tiempo de estar muertos

qué delicia ganarlo.

para ese extraño limbo del que ama

cuando el Tiempo decide no temblar, no moverse,

no desgarrar la luz y contemplarnos.

 

Será otra vez verano. La memoria

nunca hallará esos mapas.

(...)

Y todo para qué, si en el fondo del sueño

Dido pasa de largo.

 

Aurora Luque

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Comentarios Cultura Clásica: La leyenda de Eneas.

como me gusta esto, me sirvió de mucha ayuda, me encanta. ;-*
Iván rabit Iván rabit 09/10/2009 a las 12:59
Me encantó, interesante del principio al final, debo participar en clase de Derecho Romano I sobre un Foro referente a la leyenda de Eneas desd el nacimiento de los gemelos (Romulo y Remo) hasta su muerte y  comentar los aspetos Importantes .
Alexander Sánchez Alexander Sánchez 21/11/2010 a las 20:23

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