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La cultura del Barroco y la Revolución científica

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La cultura del Barroco y la Revolución científica


1. El planteamiento.
Se acostumbra a conocer al siglo XVIII como el siglo de la Ilustración o la época del racionalismo. Y se sitúa el gran movimiento científico y filosófico del siglo XVII en una especie de prólogo inconexo. Pero esto no es cierto; verdaderamente el siglo XVII y el XVIII forman un conjunto homogéneo y comprensible.


Hasta el siglo XVII, la ciencia estaba basada en el <<argumento de autoridad>> (utilizado sistemáticamente por las universidades y por la Iglesia, controladora absoluta del pensamiento y la ciencia) en la simple especulación intelectual y en la erudición. Pero en el siglo XVII aparece la ciencia experimental y una nueva noción de la filosofía basada en los análisis personales y críticos, en la aplicación exclusiva de la razón al conocimiento del hombre y del Universo; es el racionalismo filosófico. Este, el auge de la experimentación y su consecuencia, el método inductivo, conducirán a una nueva interpretación de la naturaleza y del papel del hombre dentro de ella.


2. Las resistencias al cambio.


a) La universidad dejará de dirigir el pensamiento y la ciencia. Su función ecuménica, que había brillado por última vez con el humanismo, será rota por el nacionalismo y las luchas religiosas. Su transmisión del conocimiento con un sistema mimético será causa del retraso científico de los países en donde triunfó su resistencia al espíritu crítico. Los sabios e intelectuales se mantendrán al margen de la Universidad, y los que eran profesores de ella serán expulsados. Se relacionarán entre ellos a través de cartas que procurarán mantener en secreto. No hay que olvidar que fueron sometidos a persecuciones de todo tipo.


b) Las iglesias se opondrán con mayor violencia al movimiento. Los calvinistas en Ginebra (1553) al médico español Miguel Servert, descubridor de la circulación pulmonar. La Inquisición italiana condenó a la hoguera al gran Giordano Bruno, primer elaborador (junto con Nicolás de Cusa en el siglo XVI) de una filosofía natural y de una concepción panteísta de la divinidad. Spinoza, que era judío, fue expulsado de la Sinagoga holandesa a fines del XVII y su <<Ética>> solo pudo publicarse tras su muerte. El caso más conocido es el de Galileo, obligado a retractarse privadamente en 1616 de la idea de que la Tierra daba vueltas alrededor del Sol, y condenado, por la misma razón a cadena perpetua en 1633. Descarte, el iniciador de la filosofía moderna, renunció a publicar su Tratado de Física al conocer la condena de Galileo. La Facultad de medicina de París negaba el título de médico a aquellos licenciados que sostuviesen la opinión de que la sangre circulaba. La Iglesia Católica se mostró más hostil al nuevo pensamiento que el protestantismo, cuando se percató de que los científicos estaban haciendo menos necesario un Dios personal y que quizá el Universo podía seguir marchando sin un poder divino que lo estuviese impulsando eternamente. La resistencia eclesial no podría impedir que todo ello culminase en la aparición del ateísmo en la centuria siguiente; como el Estado tampoco podría impedir que el siglo XVIII, al poner en práctica las ideas elaboradas durante doscientos años, diese a la luz la Revolución Francesa.


c) El cambio en la religión.


Pero si Descarte ( el descubridor de la razón y la duda metódica) y Newton (el padre de la ciencia moderna) marcaron los hitos de un pensamiento nacido al margen de la religión, ésta sufrió sacudidas violentas, símbolo, por otra parte, de la nueva vitalidad adquirida tras la Contrarreforma. Así, en el siglo XVII, el luteranismo se fosilizaba y cobraba aridez. El calvinismo, con más vitalidad, se disgregaba en múltiples sectas. En Inglaterra surgían multitud de movimientos, como los baptistas o los puritanos, y quietismos piadosos, como el de los cuáqueros, trasplantado a Norteamérica (Pensilvania) en 1682. De esta vitalidad protestante británica surgiría el único gran poeta religioso de la Reforma: Miltón, con su Paraíso perdido.


En el campo católico, España ya no señalará la marcha y el estilo de la vida religiosa. Este papel estará representado por Francia. San francisco de Sales (1567-1622) y San Vicente de paúl (1576- 1660) fundarán nuevas congregaciones religiosas preocupadas por criterios sociales y caritativos. San Juan Bautista de la Salle y el español San José de Calasanz crearán movimientos religiosos para extender gratuitamente la cultura y la educación entre los pobres.


La segunda enseñanza y parte de la superior estará en manos de los jesuitas que defenderán la teoría de que la gracia no puede actuar sobre el hombre sin la cooperación de la voluntad, frente al profesor de Lovaina y Obispo de Ypres, Jansen (1585- 1638) para el que la única eficacia está en la gracia divina. El jansenismo fue condenado varias veces por los papas y atacado por Luis XIV, sobre todo cuando la Abadía de Port Royal acepta y extiende estas ideas consideradas heréticas y muy cercanas a la teoría de la predestinación. El gran matemático e inventor Blas Pascal se mostró partidario del jansenismo en sus famosas <<Cartas Provinciales>>.

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