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Cuentos: La píldora del aletargamiento. Talleres literarios.

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La píldora del aletargamiento. Talleres literarios.

 

La píldora del aletargamiento

Cuando aquella tarde enfilé la calle de San Valeriano rumbo a la biblioteca estaba preocupada.  Mi hija no era precisamente de las que se estaban quietas. Me lo habían dicho los profesores, los médicos, todo el mundo: hiperactiva, la niña era hiperactiva. Yo temblaba como un flan; ella, sin embargo, iba más contenta que unas castañuelas: una aventura nueva no se desperdicia así como así. Temía que en un momento determinado me sacase los colores, así que le hice jurar que se comportaría  o… la castigaría sin ver la tele, sin chuches, sin parque… Nunca más volvería a acompañarme a ningún sitio: la dejaría siempre con los abuelos.

Cuando traspasé el umbral de la biblioteca crucé los dedos e intenté tranquilizarme. No podía ser tan terrible. La cogí de la mano y la dejé sentada en la sección infantil, mientras yo me dirigía aceleradamente a las enciclopedias.  La bibliotecaria hizo amago de levantarse cuando  la vio dirigirse con determinación hacia el estante de libros juveniles. Ella la miró  desafiante, pero no retrocedió. Se acercó a la estantería,   cogió un libro y volvió a dirigirse a la mesa, sorteando carteras, miradas estupefactas de otros chicos,  incluso las lentes de un señor que en ningún momento había levantado la vista de su pulgar, que movía a buen ritmo para no perder el hilo.

         Un instante después los vi a los dos enfrascados en la lectura de un gran libro, los ojos casi pegados a las ilustraciones. El hombre se percató de mi mirada preocupada, alzó la vista y me saludó como si tal cosa. Bueno -pensé- no es tan grave como yo me pensaba.

A la salida de la biblioteca mi hija no paraba quieta.

-¡Quiero ese libro!- dijo muy seria. Es el que más le ha gustado a mi amigo y también a mí- y alzó la mano para señalar al señor que iba por la acera opuesta. El hombre sonrió antes de doblar la esquina y le devolvió el saludo.

-¡No señales Gema! -recriminé muy seria- Es de mala educación.

Entonces alzó la vista, como si no entendiera lo que le decía, y me miró con una gran mueca de disgusto.  Sin que pudiera detenerla se dirigió como un obús al escaparate de una librería y cuando descubrió el libro codiciado, se zafó de mi mano y entró como una apisonadora.  

-¡Gema ven aquí! Será posible....

Pataleó, lloró, pero yo me mantuve firme, me puse en el lugar que me correspondía. Cuando salimos la niña me  miraba como si  me odiase. Yo caminaba a su lado consternada. No comprendía cómo había sido tan estúpida, cómo  había caído en la misma trampa. La nebulosa del tiempo se había abierto de pronto bajo mis pies arrastrándome hasta darme de bruces con otra escena muy similar hasta el punto de que ni yo misma comprendía cómo  había podido caer tan bajo.

Los cumpleaños eran toda una fiesta porque entonces me los compraban. Mi hermano me llevaba de la mano hasta la librería más cercana y me pedía que eligiese el que más me gustaba. Recuerdo aquel tomo de Aventuras de Tom Sawyer. Al releerlo todavía siento angustia por la desventura del pobre chico al que Becky daba calabazas hasta que demostró su heroicidad.

            “Pero el elástico corazón de juventud no soporta mucho tiempo los límites reducidos", quizá por eso un día, harta de que me pusieran pegas cada vez que quería un libro, me dirigí resuelta a la estantería de mi padre. Allí habían muchos libros de tapas duras, libros grandotes que al abrirlos me asustaron un poco porque las letras eran pequeñas y además parecían interminables. Los ojeé uno por uno. No parecían gran cosa. Ante mí se mostraban expectantes algunas de las mejores obras de la literatura universal, pero ¡claro! ¡Cómo iba yo a saberlo entonces!  Una noche - y perdonadme si no  recuerdo con nitidez mi consagración a la literatura- cogí uno. Mi padre muy serio se acercó para recriminar lo que parecía una travesura.

- Niña, ¿qué haces? Estos libros no son ningún juguete.

- Pero papá, es para leerlo.

- ¿Ana Karenina? - Ese no es un libro para niños.

- ¿Por qué? - pregunté muy seria - ¿Acaso es un libro prohibido? La perspectiva de que mi padre contase con un libro así me atraía profundamente. Yo siempre había pensado que los libros eran inofensivos; pero papá, por lo visto, no pensaba lo mismo.

- ¡Claro que no1 ¡Qué tonterías dices!

 Ya ven, con doce años, leyendo en clandestinidad un libro que a mi padre parecía no gustarle. Era emocionante. Ni me importó su número de páginas, ni tampoco la perspectiva de leer hasta las tantas de la madrugada. Cuando apagaban la luz, me sentaba en la cama. Esperaba a que mi padre roncase para cerciorarme de que nadie me vería. Agarraba el libro, encendía mi flexo azul y traspasaba el umbral. Los personajes entonces me hablaban, se movían por mi habitación sigilosamente. A la mañana siguiente el libro estaba colocado cuidadosamente en la librería de mi padre y yo abrazaba mi victoria con  fruición.  Sé que me decepcionó el final, porque no entendí a qué recóndito lugar se había ido Ana, cómo había podido esfumarse ante mis narices sin siquiera despedirse.

Si pasábamos por delante de una librería mi corazón se alteraba. Tiraba de la manga a mamá,  me paraba en el escaparate sin escuchar sus voces, franqueaba el umbral para quedarme embobada en los estantes, sin importarme lo que ellos dijesen. Y cuando enfilábamos el camino de vuelta a casa, yo también los odiaba. Ni siquiera se habían dignado a mirar qué libro me había gustado ni preguntado a la dependiente sobre su precio, ni tampoco me habían dejado que lo ojease detenidamente a escondidas, que al menos leyese algunas frases fugaces.  Nada de nada. Exactamente como yo.

Gema se ha quedado mirándome. Sus ojos parecen afilados tiralíneas. La rodeas con tus brazos,  emocionada. Es inútil que le coloquen la píldora del aletargamiento debajo de la lengua. Ella también la escupirá. En cuanto se proyecten los nuevos avatares desde la otra orilla, ella también sabrá cómo regenerar los huesos de la imaginación, incluso antes de insuflarles vida.

          

 

 


          

 

 

            

 

Actividades.

Os vamos a pedir que leáis esta historia con detenimiento. Si os fijáis en la firma nos daremos cuenta de que se trata de un seudónimo. Vale, ¡ok¡. Es mi propio seudónimo, me habéis pillado, je, je, je.

Lo que quiero es que entendáis que la historia se enlaza a partir de una anécdota que sucede en una biblioteca entre una madre y su hija. Parece ser que la niña no es una niña normal y la madre está inquieta, tiene miedo de que no se comporte adecuadamente. Pero como suele ocurrir casi siempre, en los cuentos cortos, la reacción de la niña no es la que espera la madre.

Fíjate en la creación de la atmósfera típica y en como se nos cuenta. A partir de lo ocurrido, la madre viaja en la máquina del tiempo a sus recuerdos y se lamenta de su reacción.

Lo que voy a pedirte es que tú mismo relates una escena que hayas vivido últimamente y que te haya hecho recordar algo de tu pasado. Procura que la escena y tu recuerdo estén intimamente interrelacionados, aunque te sugiero que busques una interconexión inusual, o sea, que en aparencia sólo tenga sentido para ti, pero que a través de tus palabras cobre vida, de manera que el lector se sienta identificado, sorprendido gratamente. Ahí es donde está la semilla de los buenos cuentos.

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Comentarios Cuentos: La píldora del aletargamiento. Talleres literarios.

Muy bueno el texto, la verdad es que me ha gustado muchisimo :)



Un saludo.

Videos Videos 09/10/2008 a las 14:15

Muchas gracias por tu valoración positiva. La verdad es que este tipo de escenas suceden a veces,

  :-)   excelente  el texto me gusto mucho y ademas pasa en la vida real tambien

yuliana yuliana 12/02/2009 a las 14:52

Normalmente borro los mensajes desagradables, pero en este caso te contesto....
¿Cón qué palabras escribe vuestra señoría un cuento? Con insultos....

me gusto mucho pero podrian mandar mas cuentos por favor

dexsymar gonzalez dexsymar gonzalez 25/03/2009 a las 21:22
este cuento es muy bueno es el mejor cuento que e visto en mi vida
michelle michelle 11/11/2009 a las 15:42

hummm, es simplemente un cuento... Cuentos buenos, hay mucho mejores cuentos que éste, pero te agradezco el cumplido.

esta chido este cuento pongan mas de esos cuentos

maria jose maria jose 27/01/2010 a las 21:58

hola

carolina carolina 30/01/2010 a las 01:34

:-P hola  como estan  buee    besosssssssssssss

chauuuuuuuuuuuuuuuuuuuu        nos   vemos


me sirvio el texto del agugero negro en tu ojo

                             gracias :-P

me encanto el cuento pero por fa manden más ;-*

daniela daniela 16/05/2010 a las 19:47

MUY BUENO  !!!  ESTA BUENÍSIMO PARA Q LO HAYAS HECHO VS TENES POTENCIAL!!!                PODRIAS SER ESCRITORA!!
                                                                                                               PERO NO SI YA ERES ESCRITORA O MAESTRA!!!???  JAJA 

  BUENO SALUDOS!

sasha sasha 22/10/2010 a las 14:39

el de un ajujero negro para tus lindos ojos me sirvio para una tarea mil GRACIAS. ;-)

vanesa vanesa 02/11/2010 a las 03:49
Hola Aghata:

A mí también me ha gustado el cuento que acabo de leer. Tal como ha dicho Sacha, parece que tienes un buen futuro para escribir, eso si ya no eres escritora o algo parecido.
Muchas veces he querido escribir cuentos pero nunca lo hice. Me falta ese "clic" para empezar que no llego a encontrar.

Bueno, gracias por habernos hecho el placer de leer el tuyo y ánimo para que escribas más y más.

Un cordial saludo.
Lahoucine.
Lahoucine Lahoucine 06/12/2010 a las 15:59

ola
kiero saber kien es aghata su nombre completo es para una tarea o es una autora desconocida

hola muy bueno tu cuento realmente me encanto tienes mucho talento te felicito...

genesy genesy 27/02/2011 a las 17:11

hola me encanto este cuento

romina romina 27/03/2011 a las 23:17

hola me encanto este cuento

romina romina 27/03/2011 a las 23:17
no entiendo la obra u contenido
juana juana 17/07/2013 a las 00:48

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