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Cuando pienso que te has ido. Poema de Rosalía de Castro Comentario

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Poema de Rosalía de Castro Comentario

 

Cuando pienso que te has ido, (pretérito perfecto compuesto)

negra sombra que me asombras

al pie de mis cabezales (aditamento)

tornas haciéndome mofa. Gerundio ( carácter durativo)

 

Cuando creo que has partido

en el mismo sol te asomas,

y eres la estrella que brilla,

y eres el viento que sopla

 

Si cantas, eres quien canta,

si lloras, eres quien llora.

eres murmullo del río

y eres la noche y la aurora.

 

En todo estás y eres todo,

para mí en mi misma moras,

no me abandonarás nunca,

negra sombra que me asombra.

 

El poema aparece exento de cualquier cita, lema o título que nos sirvan de inflexión o nos aporte información catafórica sobre su contenido conceptual; sin embargo, una primera lectura global nos remite a un intenso lirismo dramático que  parece tener su punto de arranque en la “negra sombra” que atenaza al yo lírico, el enunciador que le increpa, dominando por la angustia de su presencia.

La “negra sombra” ha adquirido a lo largo de la tradición literaria diversas interpretaciones. Se la ha equiparado con la muerte, ese fantasma destructor que angustia al hombre hasta que lo agota. Es un típico sentir romántico, que aquí aglutina la clave temática y que podría equipararse con la angustia existencial de otros poetas, como Unamuno. Según esta perspectiva, el ser humano se debate entre la certidumbre de la muerte y la necesidad de creer en un más allá tranquilizador, en un Dios que le salve, una vez superada la existencia corpórea.

En este caso el eje temático, el tópico aglutinante que articula toda la composición es la esa “angustiosa presencia de la sombra”, que adquiere un carácter totalizador, cósmico, pues atenaza no sólo al “yo lírico”, sino también a todos los elementos que le rodean, que le permiten constatar que está vivo: el sol, la estrella, el río, la noche, la aurora. El rema de la composición sería pues:

 “no sólo es una presencia angustiosa que mora en su alma sino que incluso no le abandonará nunca”.

 Veamos ahora cuáles son los motivos que sirven de catalizadores a esa dualidad Yo lírico- apóstrofe, imprecación al tú, la negra sombra". Es importante tener en cuenta que la sombra se mueve como una presencia fantasmal. El poeta explica siguiendo el eje de una serie de motivos su miedo o agonía:

Primero la sombra que siempre le asombra, se encuentra al pie de sus cabezales, en su lecho. En ese estado de vigilia el miedo es patente. Además la sombra se mofa del poeta, haciéndolo creer que se ha ido, lo engaña. su presencia es constante, no efímera o etérea.

En la segunda estrofa el poeta se distancia, pero la sombra vuelve a aparecer en los elementos de la naturaleza, es allí donde llega a confundirse con ellos. El poeta siente que tanto la estrella, como el viento o el sol, elementos míticos de la vivacidad de la naturaleza, que suelen aparecer tipificados en todas las descripciones de esta, son un correlato más de esa sombra.  Existe pues un evidente apóstrofe, al que se añade el copulativo eres que remarca el carácter constante de la sombra.

La tercera estrofa  reincide una vez en esa idea. El poeta se desdobla, llega a confundirse con la sombra. Sus vivencias humanas: el canto, el llanto, se confunden en sombra. Ella vuelve a aparecer tanto en sus vivencias como en los nuevos elementos naturales: el río (topoi del fluir de la vida) y la noche y la aurora (momentos temporales que sirven al marco).

Por último los motivos que han sido explicitados a lo largo de la composición, se recogen aquí. El poeta concluye: estás en todo (en todo lo que rodea) y en mi misma, tanto en el mundo exterior que le rodea como en sus vivencias más íntimas.

Por lo tanto la estructura poemática se podría dividir en dos partes:

La primera parte se corresponde a los tres primeros versos: en ellos el poeta explica lo que le ocurre: hay una sombra que le atormenta, probablemente la muerte, pero también podríamos pensar que se trata de una angustia e incluso el miedo por algo, que mora en nosotros y siempre nos acompaña, mofándose como un bufón en cada uno de nuestras acometidas diarias.

A esa primera parte podría hacerse una subdivisión: que se correspondería con la segunda y la tercera estrofa: Diríamos entonces que la primera estrofa señala el marco, planteando el problema que angustia al poeta, mientras que en la segunda y tercera estrofa la sombra sale al exterior. Es un miedo interior que le atormenta no únicamente en momentos de vigilia sino cuando sale al exterior, pues todos los elementos  le recuerdan que está viva, incluso  sus propias acciones, cuando canta, es decir, cuando se muestra alegre y cuando llora, asediada por alguna vivencia penosa.

La segunda parte del poema aglutina todo lo anterior: el actor lírico ha increpado a un tú “una negra sombra” que esta presente tanto en su entorno familiar (su lecho) como en mundo exterior. Ahora sintetiza todo lo anterior: remarca lo dicho explicitando que mora en ella misma, pero además deja constancia de que se trata de una sombra imperecedera: es decir, de que no “le abandonará nunca”.

El esquema compositivo es pues sintético, tras una creciente explicación de la angustia de su vivencia íntima, el poeta retoma al final todo lo dicho. Se trata de una sombra que permanece constante en su interior y que no dejará de atormentarle. Nos encontramos ante un  esquema simétrico contrastivo: existe un análisis de las vivencias del autor en torno a una angustiosa sombra que lo acompaña, para al final enmarcar esa sombra ya, no fuera de su mundo interior, sino dentro como una angustia que mora perpetuamente.

Por lo tanto el clímax poemático sería “para mí en mi misma moras”. Ese verso es la clave que deja constancia de lo anterior y que abre pie a la consecuencia posterior: la evidencia de que seguirá en ella. Al final el último verso remite al segundo verso de la primera estrofa dejando patente su estructura circular.

El enunciador del poema “hablante lírico” se dirige a un tú, en un apóstrofe que se reitera”me asombras, tornas, asomas, eres”; incluso  intenta distanciarse “si cantan, tú eres quién canta”, “si lloran, tú eres quien llora”. Pero esa “imagen en el espejo”, ese intento de diluirse en otros, no sirve más que para dejar constancia de que la sombra esta en  la vida misma: “el murmullo del río”, la noche y la aurora.

 

La función simbólica de la sombra (que se ha equiparado con la muerte o con un miedo o angustia interior) es además remarcada con toda una serie de topoi. La sombra se adentra hasta lo más íntimo de su ser. Permanece al pie de su lecho (como la muerte cuando llega, que espera para darnos el último aliento), es sol, estrella, viento (elementos de la naturaleza cósmica) que simbolizan su poder; e incluso, río (el río de la vida) o la noche y la aurora (tópoi del encuentro y despedida de los amantes, momento de oscuridad- de luz). Todo es un juego de contrastes: todos los elementos que rodean al poeta o permanecen en su mundo interior son atributos de la sombra, ya que se confunden con ella.

En cuanto a la estructura compositiva, observamos una simpleza aparente, tanto léxica como de las estructuras gramaticales: cada verso expresa de forma taxativa una o varias ideas. Además la facilidad viene alineada por los paralelismos, estructuras anafóricas y figuras intensificadoras. Así sucede en las dos primeras estrofas donde se aparece estos paralelismos, remarcados por el carácter anafórico de cuando, que consigue marcar la simetría total de contenido:

 “Cuando pienso que te has ido” “Cuando creo que has partido. Existen más estructuras anafóricas y paralelismos: “y eres la estrella que brilla, “y eres el viento que sopla”/ “y eres murmullo del río” “y eres la noche y la aurora”. Es evidente la finalidad que acometen estas estructuras no es otra que reincidir en la angustia que nos señala a la sombra: “Si cantan, tú eres quien canta” “Si lloras, tú eres quien llora”.  Aparecen otros elementos intensificadores: bimembraciones antitéticas (y eres la noche y la aurora), epítetos como negra sombra, estrella que brilla, el viento que sopla, el murmullo del río (estos circunloquios son en el fondo epítetos). Incluso podríamos añadir el uso del polisíndeton, que suele ser un procedimiento típico de la poesía oral.

Se podrían añadir algunos juegos de palabras: “sombra que siempre me asombras”

Complexión: repetición de un vocablo en el comienzo y final de una cláusula:

“en todo estás y eres todo”.

El estudio de las formas verbales remite al carácter permanente. Los verbos “Creo, pienso” en presente de indicativo son indicadores de subjetividad, por su significado. En este caso se trata de la subjetividad del poeta angustiado: el presente tiene además un carácter imperfectivo, marca un hecho, cuya finalización no ha sido evidenciada todavía.

A estas formas verbales se añaden algún otro como el gerundio que muestra también un carácter durativo de la acción “tornas haciéndome mofa”. También los pretéritos perfectos señalan un hecho temporal que todavía se siente como próximo: “que te has ido, has partido”. Todos estos usos temporales vienen al final de la composición remarcados por el futuro: “no me abandonarás nunca”, el adverbio adquiere un carácter premonitorio, mostrando una vez más la obsesión del “hablante lírico”.

En cuanto a las oraciones habría que constatar que la sencillez es la nota dominante: estructuras paratácticas correlativas, oraciones atributivas, subordinadas adjetivas explicativas...todas ellas contribuyen a lograr un armazón cohesivo que repercute en la coherencia interna de la composición.

 

El léxico empleado se puede adscribir a varias esferas:

Léxico de la naturaleza: estrella, brillar, viento, soplar, murmullo, río, noche, aurora.

Léxico referido a la intimidad del poeta. Pensar, asombrar, tornar, llorar, cantar, morar, abandonar... remite a verbos que muestran el carácter obsesivo de sus emociones.

Podemos hablar de dos esferas de las que se apropia la negra sombra, palabra clave: la esfera interior y la exterior.

A esa negra sombra se le atribuye acciones humanas, se la vivifica, personificándola: asombrar, haciéndome mofa, te asomas, cantar, llorar. Se trata por lo tanto de un símbolo que remite probablemente a la muerte: ya que ésta permanece junto a su lecho, al pie de sus cabezales (metonimia).

Al mismo tiempo la sombra absorbe todos los elementos de la naturaleza: está presente en todos ellos. Estos elementos, constatación de la vida: el sol, el viento, la estrella, el río...suelen ser tópicos de la ornamentación cósmica; incluso por encima de ellos planea la sombra. Algunos de ellos tienen una significación metafórica o simbólica: como la imagen del río como fluido de  vida.

Podemos señalar la presencia de otros tropos: metonimia (pie de mis cabezales): circunloquio que remite a lecho; personificación o prosopografía constante: la sombra, imagen en el espejo puesto que remite al poeta, está vivificada: ella es quien ríe, quien llora...además de mofarse del poeta, asombrándole.

La eficacia expresiva de la composición vuelve a ser remarcada en la habilidad que muestra el poeta en la construcción métrica del poema:

La composición se estructura en torno a cuatro estrofas. Ya se ha señalado que en las tres primeras se establece los motivos de la angustia del poeta, mientras que la última sirve de eje aglutinador, en ella se encuentra el clímax poético.

La aparente sencillez queda remarcada en el tipo versal: se trata de una composición de versos octosílabos, lo que remite en principio a las composiciones de tradición oral, como por ejemplo el romance. Este hecho queda además patente en el ritmo de timbre o rima: con asonancia en los pares. Las cuatro estrofas siguen esta pauta, por lo tanto son estrofas isométricas por siguen el mismo computo de sílabas. Su axis rítmico es pues isopolar, al recaer el acento estrófico sobre la sílaba siete, Puesto que el acento estrófico recae sobre sílaba de signo impar el ritmo de intensidad es trocaico. 

En cuanto al esquema acentual existen acentos que siguen una pauta marcada, acentos rítmicos que recaen en sílaba impar. Sin embargo la confluencia de acentos extrarítmicos que recaen sobre la cuarta sílaba marca una distensión en el poema que se corresponde con los momentos climáticos- por ejemplo aquellos en los que se identifica la sobra con los elementos con los que se relaciona. También aparecen acentos antirítmicos, o sea, aquellos que recaen al lado de uno rítmico. Todo ello nos conduce a la conclusión de que el esquema rítmico bajo esa aparente sencillez refleja también la zozobra de la autora.  La ausencia de pausa interna y de encabalgamiento, que es notoria (sólo hay un caso de encabalgamiento) nos remite a la necesidad de exhibir con claridad los sentimientos, sin cortes bruscos.

Existe además otro rasgo de expresividad que puede rastrearse en el poema: las eufonías: “aliteración de las nasales”, “tornas haciendo mofa” “sombra que siempre me asombras”. La expresividad fónica de estas reiteraciones a lo largo de la composición, marcando sobre todo los momentos climáticos no son más que un apunte más de la trabazón cuidada de la composición.

En definitiva un poema donde la forma es la horma del contenido. Todos sus elementos estructurales, así como el tono y su intenso lirismo son eficaces, consiguen que nos situemos en la esfera del enunciador, que sintamos el dolor, la metamorfosis de todo el entorno, la conversión de la negra sombra en el embrión que da origen, progresión y fin a la vida.

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Comentarios Cuando pienso que te has ido. Poema de Rosalía de Castro Comentario

me encanta lee un comentario a emiro  y sabras el por que me ha sacado las lagrimas ha sido como ver una mano amiga me quisiera tu misma  en fin eres unica  por munchas cosas  das inteligencia y eso es valido

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