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El alumno le dice al profesor:

-Aquí están los ejercicios que nos mandó ayer.

El profesor los mira, los pone con otros sobre la mesa y dice:

-No están todos. Te falta uno.

-¡Que va a faltar!¡- exclama el alumno muy convencido.

-Aquí están los ejercicios vuestros. ¿Son estos los tuyos?- le dice el profesor sacándolos del montón. -¿Cuántos hay?

El alumno los mira, se los devuelve y dice:

-Si, son los míos; aquí están los cinco. Mire, ésos son el primero y el segundo; y aquellos, el tercero y el cuarto.

-¿Y el quinto? ¿Dónde está el quinto?- dice el profesor sonriendo con ironía.

-¿El quinto...? Se habrá ido a la mili.

 

Había una vez un joven que se llamaba Roberto. Físicamente era robusto, con unos azules muy llamativos y el pelo, castaño. A este chico no le gustaba mucho ir al colegio, prefería salir con sus amigos. A pesar de ello, con el profesor Matías intentaba hacer los deberes, ya que era muy agradable y comprensible, a él le caía muy bien.

La tarde anterior intentó hacer los ejercicios, pero únicamente hizo cuatro de los cinto porque no le apetecía tener que rechazar la salida con sus amigos.

Al día siguiente, el profesor Matías preguntó por los deberes que había podido hacer. Roberto entregó los ejercicios y el profesor los puso sobre la mesa; sin embargo, no le iba a salir todo bien, porque el profesor se dio cuenta de que faltaba uno, el ejercicio número cinco y éste le pidió una explicación.

Roberto, muy fanfarrón, dijo que están los cinco. Cuatro en el folio y el quinto en la mili.

Jeremías, 2º ESO

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