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-Milenia, Milenia… ¿Quién me llama? ¿Dónde estoy? –Milenia, Milenia… Ayúdame, ayúdame…

¿Ayudar, a quién? No veo a nadie. Necesito tu ayuda… Veo un chico reflejado en un espejo. También  a él lo llaman. Está mareado. No entiendo nada. Se gira hacia mí, me mira. No lo conozco. Se vuelve a oír esa voz.

-Milenia, Raúl. Milenia, Raúl.  Ayudadme. ¿Raúl? Supongo que será su nombre. ¿A quién tenemos que ayudar? Estoy en un valle. Es de noche, todo está oscuro. Al final hay una montaña. Una luz deslumbrante sale de de detrás de un montículo. Me acercó para ver qué es. Es una fuente de deseos que visité hace unos años. ¿Qué haces aquí? Se oye un sonido a lo lejos, yo abro los ojos. Estoy en mi habitación, todo ha sido un sueño. ¿Por qué soñé eso? ¿Quién era ese chico? ¿Tendrá algún sentido? No le cuento nada a nadie, no tiene ningún sentido. Todo el día buscándole, buscando una respuesta. Al llegar a casa empiezo a buscar un álbum de fotos antiguas, de cuando fuimos a la fuente de los deseos.

-Milenia, ¿se puede saber qué haces?

-Mamá, busco un álbum de fotos.

-¿Para qué?

-Quiero mirar una cosa.

-¿Qué cosa?

-Una foto de la fuente de los deseos. No le voy a contar que es para ver si reconozco a Raúl. Me suena haberlo visto.-Me la han pedido para hacer una redacción sobre ella.

-Está en el chalet. ¿Quieres que te lo traiga mañana o lo necesitas ya?

-No, tráemelo mañana si puedes.

-Venga, papá nos llama para cenar.

Comenzamos a cenar. Ellos mantienen una conversación que no me interesa. Estoy completamente hundida en mis pensamientos. Quiero volver a soñar. Sé que algún sentido le encontraré. Esa misma noche tuve el mismo sueño. Lo ocurrido la mañana anterior se repite. Necesito ese álbum, no puedo parar de pensar en eso, es demasiada casualidad.

Mientras Milenia busca una conclusión para lo ocurrido, un chico se muda, no muy lejos de su casa. Es su primer día de instituto, es nuevo en la ciudad y no conoce a nadie. Él también intenta comprenderlo, saber quién es esa chica. Ninguno de los dos tiene pistas sobre el otro.

-¡Raúl, vas a llegar a tarde el primer día! ¡Date prisa!

-Mamá, ves a trabajar. Llegaré puntual, no te preocupes.

Salgo de casa corriendo, llego tarde. Menos mal que le dije a mamá que no lo haría. Enfrente de la puerta, me paro, respiro, intento entrar.

Por casualidad o por culpa del destino, la mano de una chica se coloca sobre la mía. Me disculpo y me sonrojo. Miro para ver cómo es. Pelirrojo, pelo rizado, con ojos verdes. Me quedo hechizado a causa de su mirada.

-¿Has visto un fantasma?

-¿Cómo?

-¿Qué es lo que miras con esa cara?

-Nada. Miro el reloj. Llegamos diez minutos tarde. Entramos sin hablarnos.

-¿Sabes dónde está la clase de 4º E?

-Sí, voy a esa clase. Ven conmigo. ¿Eres nuevo?

-Sí, acabo de llegar de Grecia. ¿Has estado?

-Fui cuando era pequeña. Hemos llegado. Mira la hora. Espera, no llames…

-No nos van a expulsar. Llegamos muy tarde.

-¿Y qué hacemos?

-¿Nunca te han expulsado? Tenemos que ir a la sala de convivencia. Me llamo Milenia, ¿y tú?

-Raúl. Me suenas de algo. No le puedo decir que lo he visto en sueños, pensaría que estoy loco.

-Tú también me suenas. Vas a pensar que estoy loca, pero te vi en un sueño.

-Yo, también. No entiendo nada. Si es la primera vez que te veo en persona. No podemos tener nada en común.

-Todo esto es muy extraño. No es normal que puedas salir en mis sueños antes de conocerte y no sólo una vez.

-Quizás en el próximo sueño nos enteremos.

-Puede ser. Vamos a clase…

Entramos en clase. Me presenta a los demás. ¡Qué vergüenza! Entra el profesor por la puerta. Comienza la clase.

-Tenéis que hacer un trabajo en parejas. Consistirá en escribir un relato sobre ciencia-ficción o de fantasía.

-Profesor, somos impares. Ha venido un alumno nuevo.

-Bueno pues que alguien lo haga solo.

Todos comienzan a hacer parejas. Supongo que me tocará solo. Milenia viene hacia mí.

-¿Qué te pasa? ¿Por qué pones esa cara?

-Me va a tocar sólo, estoy seguro.

-Bueno, yo venía a decirte que i te pusieras conmigo, pero si lo quieres hacer solo.

-¿Lo dices en serio?

-Sí, no conoces a los demás.

-Claro que quiero ponerme conmigo. Se me ha ocurrido una idea. Podemos escribir lo de nuestro sueño, ¿no?

-Es buena idea.

Me da un papel. Me ha dicho que no lo lea hasta esta noche. ¡Qué ganas de que llegue! Lo leo antes de acostarme.

Espero que sueñes conmigo, yo sí lo haré contigo. Besos, Milenia. Llámame. Suena el teléfono, salgo corriendo, ¿será él?

-¿Diga?

-¿Está Milenia?

-Soy yo. Pensé que no llamarías nunca.

-¿Esperabas mi llamada?

-Claro. Habla de cómo voy a escribir nuestro trabajo. Pero tú lo haces en limpio y me ayudas.

-Bueno, es hora de soñar. Nos vemos ahora.

-Vale, hasta ahora.

Consigo dormirme. Me siguen llamando, pero ¿quién?  Aparece él por mi espalda. Cuando se oyen nuestros nombres, ya no es una luz. Cierro los ojos, no me lo puedo creer. Tengo delante de mí a un extraterrestre, bajito, morado, con ojos saltones, con un parecido a nosotros.

-¿No me conocéis aún? No es una casualidad que estéis los dos. Es increíble. ¡No me lo puedo creer! Necesito vuestra ayuda.

Lo corto de repente, sin dejarlo acabar.

-¿Para qué? ¿Por qué no es casualidad? ¿Por qué nosotros?

-¡Calla un momento! Déjalo que se explique.

-Estáis los dos elegidos para ser pareja y tener un hijo, es decir, yo. Necesitáis mi ayuda para poder sobrevivir.

-¿Qué? Es imposible. ¿No has respondido a mi última pregunta?

-Milenia, es que no le dejas.

-Vosotros pedisteis el mismo deseo en Grecia.

-¿Pudiste encontrar a alguien con quien compartirlo todo?

-Sí, lo pedisteis el mismo día. En las fotos que buscabas salía él en la parte de atrás.

-¿Sobrevivir, por qué? ¿Qué va a pasar?

-Vayamos a vuestro mundo. Nos coge de la mano y ya estamos en él. ¿Veis esa nube morada?

-No. ¿Qué nube?

-Tomad estas gafas. Ponéoslas.

Hacemos lo que nos dice.

-¿Lo veis? Es la contaminación, es muy grave. ¿Sabéis lo que eso puede producir? Va a ocasionar una gran cantidad de materia oscura y después…

Le cortamos y decimos a la vez.

-Una gran explosión y desapareceremos.

-Veo que lo habéis entendido. Bueno, chicos, nos vemos esta noche. Cuidaos.

-No, espera…

Suena otra vez ese ruido molesto y discontinuo. No quiero despertar, deseo saber más. No voy a ir a clase. Suena el teléfono.

-Milenia, ¿no es alucinante?

-No me lo creo aún. ¿Vas a ir a clase?

-No me apetece. Después de esto, sólo quiero estar en la cama. ¿Tú, vas?

-No quiero. ¿Por qué no quedamos?

-Vale, vente a mi casa.

-No sé donde es.

-¿Te recojo en el Instituto?

-Vale, me visto y voy. Dame cinco minutos.

-Nos vemos ahora.

Salgo como una bala de la cama. Me pongo un chándal y voy corriendo al instituto.

-Princesa, llegas tarde.

-Como tú, el otro día. Va, sube. Se coloca de paquete en la moto.

Enseguida llegamos a su casa.

-Es muy bonita- aprecio. ¿Qué vamos a hacer?

-Pues, no sé. ¿Quieres que veamos una peli?

-¿Cuál?

-La que quieras. ¿Quieres ver una peli sentimental?

-¿Te gustan?

-¡Shsss! No se lo digas a nadie.

-Me sorprendes. ¿Te gustan las palomitas? Espero que sí.

-Claro. Bueno, ¿qué te parece si vemos Como la vida misma?

-No sé ponerla.

-Espera, la pongo yo.

Me tumbo en el sofá, sin dejarle apenas espacio. Quizá me guste. Va a sentarse y no le dejo. Me hace cosquillas. Me levanto, se tumba y me coge la mano. Estira de ella y me quedo tumbada a su lado.

La película comienza. Me giro ahora hacia él, que me está mirando. Sus ojos y los míos se cruzan en un flash de emociones. Está mirándome y de pronto me acaricia el pelo.

-S´ayapo, Milenia- lo dice bajito para que no lo oiga. ¿Qué vas a hacer esta tarde?

-Supongo que quedar contigo. ¿Qué significa lo que has dicho antes?

-No dije nada.

-Cuando acabe la peli, ¿me lo repetirás?

Al terminar la película, me siento enfrente y comenzamos a hablar. Teníamos tantas cosas que contarnos. Al  fin  al cabo va a ser el amor de mi vida.

-Je t´aime, Raúl. Se había quedado medio dormido, abrazado a mí- Me alegro de que todo esto pase.

-Milenia, “s´ayapo”, significa “te amo”. Es griego. Le beso, no le doy tiempo a acabar la frase.

-Bonita forma de callarme.

Pasamos una tarde especial en mi casa. Llega la hora de acompañarla a casa. Le dejo en su portal, me besa y se marcha diciendo:

-Llámame cuando llegue a casa. Te quiero.

-Yo, también.

Entro en casa. Voy hasta el balcón, quiero volver a verlo. Me tumbo en la cama a esperar que suene el teléfono. Al cabo de un rato se oye ese ringgggg.

-¿Raúl? Ya te echaba de menos.

-Pero si me acabas de ver. ¿No tienes curiosidad por saber qué va a pasar?

-¿Qué has dicho? Estaba pensando.

-Gracias por escucharme. ¿No quieres saber qué va a pasar ahora?

-Sólo hay una forma de saberlo.

-¿Nos vemos ahora?

-Sí, vale. Sabes que te quiero.

Cierro los ojos, quiero soñar. Entro en ese mundo imaginario, voy a la fuente. Aparece él, hablando con nuestro “hijo”.

-Podríais haberme esperado.

-Era importante. Hay un problema. Un científico ha intentado poner una máquina en marcha que ha desprendido mucha materia. Venid.

Vamos a nuestro mundo. Todo era morado, aunque nadie se daba cuenta.

-¿Por qué hay un problema?

-¿Cómo podemos solucionarlo?

-Aún no lo sé. No estaba previsto que pasara esto.

-¿Cómo vas a hacer que esa nube desaparezca?

-Como puedes observar, soy morado. Es porque me alimento de esas nubes.

-¿Cuándo nazcas serás morado?

-Claro que no. Sólo vosotros vais a verme así.

Siempre me despierto. No me gusta ese momento, me exaspera, me saca de quicio. Voy al baño. Necesito aclararme las ideas. Es demasiado importante lo que me dijo antes de aparecer Milenia. Suena el timbre. ¡Qué raro! Yo no quedé con nadie. Aparece ella. Ha venido a verme. No sé si sabré ocultárselo. Le abro la puerta, se tira a mis brazos y me besa. Me quedo inmóvil.

¿Qué le pasa? ¿Por qué se ha quedado quieto? Poco después reacciona. Me coge la mano, estira y me lleva hasta su habitación. Me tumba en la cama y comienza a darme besos en el cuello. Hacía mucho calor. Le quito la camiseta. Ambos nos besamos apasionadamente cuando de pronto el extraterrestre de nuestros sueños aparece en brazos de una cigüeña morada. Nos asustamos, él salta a la cama.

-No os asustéis. Vengo a deciros algo importante. La nube ha crecido demasiado rápido. Tengo que nacer ya. Vamos a avanzar el tiempo de los nueve meses y luego volveremos atrás.

-¿Y si no queremos?

-Ya lo hemos hecho, no podéis negaros.

Al acabar esa frase, nos transportamos al hospital, al momento que vivo las doce peores horas de toda mi vida. ¿Esto es una pesadilla?

Lucia, 2º B

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