Avisar de contenido inadecuado

Composición textual

{
}

Composición textual



Foto: Juan Frechina

Composición textual

Antes de empezar a escribir un texto debemos seguir una serie de pasos:

a) Recoger las ideas necesarias.

b) Establecer su jerarquía: qué ideas son principales y cuáles, subsidiarias o secundarias.

c) Planificar el texto:

-Saber de antemano cuál será el enfoque apropiado para que nuestro texto sea efectivo, es decir, consiga el objetivo que nos hemos propuesto. Según el tipo de texto adoptaremos un estilo impersonal o personal, subjetivo u objetivo.  Cada texto tiene sus reglas: el estilo objetivo es prescriptivo de una noticia periodística; el subjetivo, de una carta personal.

-Saber a quién enviamos nuestro texto, o lo que es lo mismo, conocer a su destinatario, algo esencial, por ejemplo, en los textos publicitarios.

-Adoptar la modalidad o género apropiado y conocer sus reglas: no es lo mismo escribir un cuento que una novela.

-Elegir el tono, el lenguaje y el estilo apropiado.

e) Redactar el texto.

f) No olvidemos la revisión final del texto para subsanar aquellos errores que hemos pasado por alto.

 

Veámoslo por apartado:

1. Recoger las ideas, fase previa.

Anotamos todas aquellas ideas relacionadas con el tema que vamos a desarrollar. Es una tarea ardua, pero imprescindible y que depende de la naturaleza de nuestro texto. Si vamos a escribir una novela, por ejemplo, esta fase será más larga que si queremos redactar un artículo de opinión, una carta personal o un breve anuncio publicitario.

Es importante que nos hagamos un esquema previo en el que resaltemos la idea esencial. Para ello podemos usar la tipografía: el uso de la mayúscula, rodear nuestra idea con un círculo, destacarla del resto en negrita.

2.  Jerarquización de ideas.

Todas las ideas que hemos seleccionado debemos jerarquizarlas y conectarlas de forma apropiada. Podemos hacer un esquema arbóreo o cualquier otro procedimiento que nos sirva para nuestro propósito.

3. Planificación del texto.

La planificación supone tomar una serie de decisiones.

En primer lugar, decidiremos cuál es el objetivo de nuestro texto: transmitir una idea, persuadir o convencer al receptor, dar una serie de instrucciones,  expresar subjetivamente nuestra particular visión sobre un hecho determinado.

Una vez hayamos decidido la finalidad, meditaremos sobre el enfoque que vamos a adoptar: personal, impersonal, subjetivo, objetivo, etc.  Esta decisión es importante porque si el enfoque no es el adecuado, el texto carecerá de fuerza.  Debemos asumir los roles sociales y saber a quién dirigimos el texto para lograr que nuestro comunicado sea eficaz. Si queremos persuadir al receptor utilizaremos un lenguaje apelativo y subjetivo; en cambio, si vamos a hablar de algo ineludible, utilizaremos la objetividad.

Tendremos además en cuenta las modalidades textuales –conversación, descripción, narración, argumentación-. Cada modalidad tiene sus trucos, para sacar el mayor provecho.

El tono, el lenguaje y el estilo dependerán  de los elementos anteriores (tipo de texto, intención, enfoque, receptor). El uso de la subjetividad requiere un tono más informal o coloquial; mientras que un texto objetivo, puede utilizar un estilo más serio e imparcial.

Por último, atenderemos a  la extensión textual y en función de esa extensión distribuiremos los apartados e ideas.

Una vez hemos planificado el texto, ya podemos comenzar a redactarlo.

Según el tipo de discurso distribuiremos las ideas en párrafos y enunciados. Es importante que cuidemos la longitud de los mismos y que usemos los conectores explícitos adecuados para relacionar conveniente el material léxico.

Es necesario que usemos las frases convenientemente y que adecuemos el tono  –culto, didáctico, informal- a nuestro propósito. Elegiremos además las lexías o palabras y las estructuras sintácticas en función de la complejidad o simplicidad de los enunciados.

La elección de las palabras precisas y la propiedad semántica son requisitos incuestionables. Además cuidaremos la propiedad gramatical y evitaremos los errores ortográficos.

Lo importante es que nuestro estilo sea fluido y variado, sin reiteraciones innecesarias o palabras de una precariedad notoria, que evidencie nuestras deficiencias lingüísticas.

4. Cuando finalmente revisemos el escrito haremos hincapié en los siguientes apartados:

-Hemos cumplido con el objetivo que nos habíamos propuesto.

-El tipo de texto seleccionado es el apropiado.

-Hemos elegido un registro acorde a la tipología textual.

-Se han distribuido las ideas adecuadamente, de forma que quede patente la idea esencial y sus sucesivas ramificaciones.  

-Hemos cerrado convenientemente el texto o, por el contrario, no hemos sabido concluirlo satisfactoriamente, en cuyo caso deberemos reelaborarlo.

-Hemos distribuido los márgenes y párrafos de forma que el lector tenga una buena impresión visual del comunicado.

-Nuestro texto se adapta al receptor, el tono y el estilo utilizado son los apropiados.

 

Reelaboramos las ideas si encontramos fallos en el orden de jerarquización textual, la adecuación, si hallamos discordancias o errores de cohesión léxica, repeticiones e imprecisiones, etc.

{
}
{
}

Deja tu comentario Composición textual

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.