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El comercio medieval: renacimiento mercantil

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El ascenso de Europa: Expansión económica y formas políticas

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Los factores del renacimiento mercantil.


El renacimiento del comercio se basaba en una renovación de los medios de transporte, pero también de las monedas y de las técnicas mercantiles. En tierra, las vías romanas, aunque estaban bastante deterioradas, ofrecían la infraestructura básica de las comunicaciones. Desde el siglo XII se prestó mayor atención a los caminos públicos y se construyeron numerosos puentes. Pero las rutas terrestres presentaban muchos inconvenientes, especialmente el pago de peajes y los salteadores de caminos. Por eso las vías fluviales gozaron de gran estima para los mercaderes medievales. En Flandes se construyeron los primeros canales y en las orillas de algunos ríos se acondicionaron puertos fluviales. La navegación marítima, que hasta entonces apenas se había aventurado en alta mar (era una navegación de cabotaje), progresó notablemente gracias al uso del timón axial en los navíos y, desde fines del siglo XII de la brújula. Se incrementó el tonelaje de los barcos, entre los que destacaban la galera mediterránea y la coca de los mares septentrionales.
Paralelamente al desarrollo del comercio se intensificó la acuñación monetaria. La explotación de las minas de plata de Europa central hizo posible la acuñación masiva de monedas de ese metal. Desde el siglo XIII se reanudó en Europa occidental la acuñación de monedas de oro, que había estado interrumpida durante muchos siglos. Las más importantes monedas de oro fueron el florín, de Florencia, y el ducado, de Venecia. El creciente papel del dinero dio lugar al desarrollo del préstamo. Los prestamistas, lo mi si eran judíos que cristianos, cobraban por lo general unos intereses muy elevados. La circulación de monedas de diversas regiones hizo necesaria la aparición de un técnico, especializado en su intercambio, el cambista.
En íntima relación con esta actividad surgió la Banca, cuya génesis se sitúa en el norte de Italia a fines del siglo XII. Los que recibían en depósito sumas de dinero, que les confiaban los mercaderes, podían negociar con ellas, ofreciendo a cambio un interés a los depositantes. Al mismo tiempo se constituían sociedades que tenían como finalidad efectuar empresas mercantiles. Lo más frecuente es que se asociaran un hombre que ponía el dinero y otro que realizaba la entrega.


Los grandes focos del comercio medieval.


Los mercaderes solían encontrarse periódicamente en lugares fijos, en los que se celebraban ferias. Instituidas éstas por reyes, eclesiásticos o señores laicos, los fundadores garantizaban la paz y protegían a los mercaderes. De todas las ferias que hubo en Europa en la Edad Media las más importantes fueron las de Champagne, que se reunían periódicamente en cuatro pequeñas localidades de ese condado, situado en Francia. Allí acudían especialmente mercaderes italianos y de Flandes. los primeros llevaban sedas y especias, y los segundos, paños. El máximo apogeo de estas ferias se sitúa entre los siglos XII y XIII.
Al lado de las ferias de Champagne, los grandes focos de la actividad comercial europea en los siglos XII y XIII fueron el Mediterráneo, región de Flandes y el Báltico. En el mediterráneo las ciudades italianas, particularmente Venecia y Génova, intensificaron las relaciones comerciales con Bizancio y el Islam. Las Cruzadas contribuyeron a ampliar el campo de actuación de genoveses y venecianos, que mantenían factorías en el Mediterráneo oriental. Allí los italianos se aprovisionaban de especias y productos lujosos de Oriente, que luego distribuían al resto de Europa. A cambio exportaban salazones, metales y, por encima de todo, paños. No hay que olvidar el desarrollo de un importante mercado de esclavos, que tenía su centro en Constantinopla. Flandes destacó muy tempranamente por su industria textil. De las diversas ciudades flamencas pronto sobresalió Brujas. Al crearse, a finales del siglo XII, un antepuerto, que a través de un canal unía la ciudad permanentemente con el mar, creció su papel, convirtiéndose pronto en un lugar de encuentro de mercaderes de diversos países. Finalmente en el Báltico prosperaron las relaciones comerciales entre los países ribereños. Pero el gran paso adelante fue la creación de una asociación entre diversas ciudades del norte de Alemania, una <<Hansa>>, con la intención de proteger los intereses de los mercaderes. Aunque su época de mayor prosperidad fuera más tardía, los primeros pasos de la Hansa germánica se dieron en el siglo XIII. Los hanseáticos, que tenían factorías en Brujas, Londres, Novgorod y otras ciudades, vendían pieles, maderas y pescados, que intercambiaban por lana, telas, sal y vino.

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