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Comentario de Textos: Un texto de Borges. Subamos el nivel del comentario.

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Mari Carmen Moreno

Comentario de Textos

El tiempo

Jorge Luis Borge

Nosotros sentimos que estamos deslizándonos por el tiempo, es decir, podemos pensar que pasamos del futuro al pasado o del pasado al futuro, pero no hay un momento en que podamos decirle al tiempo: Detente.¡Eres tan hermoso...¡, como quería Goethe.
El presente no se detiene, No podríamos imaginar un presente puro; sería nulo. El presente tiene siempre una partícula de pasado, una partícula de futuro. Y parece que eso es necesario al tiempo. En nuestra experiencia, el tiempo corresponde siempre al río de Heráticlo, siempre seguimos con esa antigua parábola. Es como si no se hubiera adelantado en tantos siglos. Somos siempre Heráclito viéndose reflejado en el río, y pensando que el río no es el río porque ha cambiado las aguas y pensando que él no es Heráclito porque él ha sido otras personas entre la última vez que vio el río y está. Es decir, somos algo cambiante y algo permanente. Somos algo esencialmente misterioso. ¿ Qué sería cada uno de nosotros sin su memoria? Es una memoria que en buena parte está hecha del ruido pero que es esencial.. No es necesario que yo recuerde, por ejemplo, para ser quien soy, que he vivido en Palermo, en Adrogué, en Ginebra, en España. Al mismo tiempo, yo tengo que sentir que no soy el que fui en esos lugares, que soy otro. Ese es el problema que nunca podremos resolver: el problema de la identidad cambiante. Y quizás la misma palabra cambio sea suficiente. Porque si hablamos de cambio de algo, no decimos que algo sea reemplazado por otra cosa. Decimos: la planta crece. No queremos decir que esa planta se convierte en otra cosa. Es decir, la idea de la permanencia en lo fugaz.

Jorge Luis Borges ( 1980) El tiempo. En: Borges oral, p.105-106.

Comentario de texto.

Estamos ante un texto argumentativo perteneciente a un ensayo de Jorge Luis Borges, aparecido en “Borges oral”.Su título “El tiempo”, ejerce ya una función enmarcativa al indicarnos, cual es el “tópico del discurso” al que se refiere el texto, por lo tanto cumple una importante función pragmática.

Nuestro autor, Borges, se decanta en su ensayo por tratar uno de los “tópicos “ reconocidos por la tradición, el del “Tempus fugit”. En torno a este tópico se articula la macroestructura textual. Aunque no se observa una disposición en párrafos delimitables sino que todo el texto se enmarca en un único párrafo, esto no significa que carezca de estructura. Por lo tanto nuestra primera misión es desarticular el engranaje de las ideas expuestas, para descubrir cuáles son las unidades directoras y las subordinas.

La primera unidad directora se asienta sobre un argumento reconocido por los lectores cultos a los que se dirige: “El presente no se detiene”. Se trata de una verdad ineludible, de la que somos conscientes. Pretender argumentar lo contrario es una actitud romántica, cuya realización es improbable. Por lo tanto este contraargumento, establecido por Goethe no se puede sostener; lo que nos sirve para reafirmar más la idea directora. Existe además otra idea subordinada a la secundaria: parar el presente es negarlo. Es inherente su fluidez, sin ella no existiría el tiempo.

La segunda unidad directora hecha mano de la experiencia. Sobre esa presunción de experiencia se articula el tópico de ésta “somos una identidad cambiante”. Esta unidad constituye un ejemplo de lo dicho anteriormente, por lo tanto se subordinaría a la otra. Sigue una argumentación por analogía, para lo cual se sirve de la parábola de Heráclito, que también supone conocida por los lectores del ensayo. Se refiere directamente a la idea consabida postulada por Heráclito, según la cual, si observamos nuestro reflejo en el río, siempre encontramos lo permanente y lo cambiante, sin que eso signifique que somos una persona distinta. La idea subordinada a ésta es que si pretendemos preguntarnos sobre su sentido nos quedamos sin respuestas, pues este hecho es un misterio. La segunda idea subordinada es que somos memoria. El autor redunda en esta idea: no es necesario que recordemos lo vivido para poder reconocer nuestra identidad. Somos conscientes que ya no somos los mismos, pese a lo cual seguimos siendo la misma persona. Como colofón sintetiza todo lo dicho sobre la identidad del ser humano reconociendo que somos “identidad cambiante”.

La tercera unidad directora intercede en el significado de la lexía “ cambio” asumiendo su suficiencia para explicarlo todo. Si partimos de la identificación del término, podremos entender que en su propio significado se encuentra la solución. Esto es así, porque la semántica de “cambio” no implica en ningún momento la existencia de otro objeto, únicamente constata su fugacidad. Los objetos se transforman porque son fugaces, pero esa fugacidad lleva implícita su permanencia.

Se trata pues de una estructura argumentativa con numerosos ejemplos extraídos tanto de la tradición como de la experiencia o de la semántica que le sirven al autor para, partiendo de un tema o tópico, comentar o exponer una tesis “la permanencia de lo fugaz” que se sustenta en los propios actos directores, como el que constata que el presente no se detiene, se desliza; argumentar lo contrario ( como pretendía Goethe, que lo instaba a detenerse) supondría negarlo. A su vez el autor hecha mano de las creencias gestionadas por la tradición: como la de la parábola heraclitana. Supone Borges pues, que el lector pertenece a un estrato culto, que reconoce las implicaturas de los argumentos utilizados y que es capaz de extraer sus mismas conclusiones.

Se parte pues de una progresión temática por condensación: a partir de una evidencia “el tiempo no se detiene” se expande las informaciones, reformulando lo conocido, pero aportando además sus propias convicciones: "No es necesario que yo recuerde, por ejemplo, para ser quien soy....Al mismo tiempo yo tengo que sentir que no soy el que fui en esos lugares, que soy otro". Esas reformulaciones de la tradición son “la idea romántica de Goethe, insostenible; y la aportación heraclitana de la parábola del río".
El autor utiliza un “nosotros” que busca implicar al lector pragmáticamente,aparecen también también estructuras yuxtapositivas ( podemos pensar que pasamos del futuro al pasado o, del pasado al futuro), o ilativas ( somos algo cambiante y algo permanente), modalizaciónes ( En nuestra experiencia, el tiempo corresponde siempre al río....). , conectores explicativos ( como “es decir”) e incluso una interrogación retórica, para validar sus argumentos: se crean pues expectativas que intenta resolver o al menos se constatan( Ese es el problema que nunca podremos resolver).

Por lo tanto en la progresión temática juega una importancia capital la organización jerárquica de las ideas, el encadenamiento ( problema- resolución) y la estructura circular que vuelve al punto de partida. Incluso esa frase nominal “la idea de la permanencia en lo fugaz” podría ser el título, ya que resume la tesis de forma explícita.
Las relaciones jerárquicas de las palabras, sus antonimias ( pasado/ futuro; puro/ nulo, somos algo cambiante/ algo misterioso) estructuradas en bimembraciones sirven al lector una vez más para reiterar las ideas de forma explícita, sin que queden huecos para las dudas. Las coordinadas explicativas cumplirán a su vez un valor catafórico y anafórico ya que crean las expectativas necesarias para el desarrollo de los argumentos. Somos algo.................somos algo.....Encontramos también otros elementos anafóricos y catafóricos dentro la categoría pronominal:Esto....y parece que eso/ para ser quien soy. No es el que fui ( deixis del contexto) y no del cotexto ( ya que remite a las experiencias únicamente conocidas por el autor). Las relaciones semánticas son un apoyo más a la estructura textual: Así hay hiperónimos ( tiempo). Hipónimos (presente, pasado, futuro, momento). Semantemas gradativos:. Deslizar, detener. Isotopías del paso del tiempo: memoria, identidad, partícula.

Así mismo los usos temporales confirman el carácter inmanente de lo expuesto. Prevalece el uso del presente de indicativo, que dota de valor intemporal a lo expresado. El uso del gerundio, así como las perífrasis ralentiza el tiempo, lo que revierte en una lectura más detenida, que se fija en cada una de informaciones dadas. Incluso las otras formas verbales aparecidas: como el pretérito perfecto compuesto, acotan la acción verbal en un momento que se ve proyectado hacia el presente: ha cambiado, ha visto, he vivido.

Si nos detenemos en la información lingüística deberemos acotar nuestra exposición en los siguientes apartados:
-Desde un punto de vista fónico el efecto rítmico es de acumulación de enunciados. Pese a tratarse de grupos fónicos amplios, éstos están polipausados. Es decir, el autor se detiene en cada una de las informaciones expuestas, utiliza para ello el mayor número de signos de puntuación que favorecen sobre todo que el lector se recree en cada una de las aclaraciones e incluso opta por grupos fónicos cortos cuando pretende conseguir un efecto inmediato: El presente no se detiene. Decimos: la planta crece.
Los elementos polipausados vienen reforzados a su vez por la sintaxis: correlativos, coordinaciones, conectores explicativos ( es decir) que facilitan la cohesión de las ideas lo que revierte en la coherencia textual:
“podemos pensar que pasamos del futuro al pasado o del pasado al futuro pero no//
somos algo cambiante y algo permanente”.
En cuanto a las relaciones oracionales, reconocemos cierta nivelación entre parataxis e hipotaxis acorde al registro culto utilizado por el emisor. Son frecuentes además de las coordinaciones explicativas y copulativas, ejemplos de subordinadas tópicas para este texto plagado de enunciados que requieren a cada paso su explicación, aclaración...
Subordinadas sustantivas de OD, que sirven para especificar lo dicho:
Sentimos que estamos....
Podemos pensar que pasamos.
Podemos decir al tiempo....
Subordinadas causales en cuya estructura se incrusta una condicional: Porque si hablamos de cambio.
Y hasta nominalizaciones de frases verbales: como la cierra el texto, que sirve de colofón a todo lo dicho.
Esa nivelación hipotaxis-parataxis, lógica para el texto que nos ocupa se da también en las categorías gramaticales: usos verbales, nominales, adjetivales que tradicionalmente han sido estudiadas para verificar el estatismo o el dinamismo textual.
No podemos decantar la balanza hacia una categoría funcional y otra, porque ambas aparecen trabadas, aunque la sensación es de estatismo, de recreación constante y acumulación de lo dicho.

Un apunte a las relaciones semánticas ya estudiadas en la progresión textual nos servirá para constatar una vez más que la palabra clave del texto es “tiempo”, en torno a ella se configuran el resto de semantemas. Además la lexía “cambio” es explicada como su sema implícito, al que se le añade otro término más “permanencia” que también es imprescindible.

Nos encontramos pues ante un texto que pertenece a un registro culto, cuya adecuación al tema tratado es evidente. Destaca por la trabazón de la ideas, que no deja espacios vacíos, por la perfecta cohesión de los enunciados lo que indudablemente favorece la coherencia léxica y expositiva. El texto pertenece a una superestructura ( el género ensayístico) , reconocida por su estructura libre, por dejar fluir las ideas sin pretensión de exhaustividad, o lo que es lo mismo, sin agotar el tema. Sin embargo, en este caso, podemos afirmar, sin ánimo a equivocarnos que Borges conoce a la perfección el tema tratado ya que es una de sus constantes que aparece una y otra vez en sus escritos dejando perplejo al lector con sus ficciones, o bien, como ahora asumiendo los postulados ya verificados por una tradición que se remonta a Héraclito y su parábola.

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