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Comentario del soneto “Hermosas ninfas, que en río metidas”, de Garcilaso

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Hermosas ninfas, que en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en las columnas de vidrio sostenidas

agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:

dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,,
y no os detendréis mucho según ando,

que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.

Notas:
Ninfas: diosas de las aguas.
Embebecidas: absorbidas en su tarea.
Según ando: Por lo mal que se encuentra el poeta debido a sus amores desdichados.

Las ninfas son deidades de las aguas que pertenecen a la mitología grecolatina. Garcilaso las imagina tejiendo o simplemente ociosas contándose historias. El poeta se dirige a ellas, pidiéndoles tristemente que lo escuchen.
Se trata de una tristeza que no tiene consuelo y que es causada por su desengaño amoroso. Se manifiesta sobre todo en los versos finales, pues Garcilaso sabe que ellas no podrán soportar sus penas. Tan honda es su pena que el poeta cree que al deshacerse en lágrimas, se convertirá en un elemento más del río, al metamorfosearse en agua.
Métricamente el poema es un soneto, formado por catorce versos de versos endecasílabos que se distribuyen en dos cuartetos (ABBA) y dos tercetos (CDC DCD). Esta forma proviene de la poesía italiana, sobre todo de Petrarca. Garcilaso supo darle el ritmo y la musicalidad necesaria para introducirla en la poesía castellana.
El poema se divide en dos partes claramente delimitadas:
Los dos cuartetos se centran en la descripción de la morada donde habitan las ninfas y en sus ajetreos. El poeta se dirige a ellas, ebrio de amor y les pide que lo escuchen.
Los tercetos sirven al poeta para revelarles lo que tanto dolor le produce y que no es otra cosa, que su inconmensurable dolor amoroso.
En la descripción de la morada de las ninfas, Garcilaso imagina que el debajo del agua se esconde un palacio y que en él el líquido se transforma en perlas y en columnas de vidrio. Los epítetos le sirven para crear un marco ideal lleno de belleza: las ninfas son hermosísimas y viven en ese entorno, alegres y despreocupadas. Sus cabellos son rubios y cuando el poeta se dirige a ellas, están tejiendo telas delicadas. Además imagina el resplandor de su morada, cuya belleza queda perfectamente definida cuando dice que es como un espejo: o sea, un espacio de relucientes piedras.
Musicalidad y naturalidad son los rasgos más evidentes. El lenguaje es sencillo, conmovido, sin estridencias u voces rebuscadas o cultas. Los periodos fluyen de un modo sereno y dulce, lo que demuestra que el poeta es capaz de mostrar su dolor con una emoción contenida. Tan sólo hay dos encabalgamientos y éstos son suaves (aparecen en los versos 2-3 y en los versos 9-10).

El soneto contiene pues los temas propios del Renacimiento: el amor, la mitología y la naturaleza. Además utiliza el verso prescriptivo, el endecasílabo y una estrofa, el soneto, propios de esta época.
El poema puede compararse con la Égloga III de Garcilaso donde unas ninfas tejen historias mitológicas que representan amores desgraciados. La cuarta se detiene en los amores de Garcilaso; al contar su historia, su amor adquiere la categoría de mito.
Es prescriptivo el entorno natural: ese locus amoenus que representa una naturaleza idealiza y tan común en el Renacimiento.



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