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Cancioneros

Marqués de Santillana

 

Recuérdate de mi vida

pues que viste

mi partir y despedida

ser tan triste.

Recuérdate que padezco

y padecí

las penas que no merezco,

desque vi

la respuesta no debida

que me diste;

por lo cual mi despedida

fue tan triste.

Pero no cuides, señora

que por esto

te fui ni te sea agora

menos presto;

que de llaga no fingida

me heriste;

así que mi despedida

fue tan triste.

 

 

Juan de Mena

Porque mas sin duda creas

mi gran pena dolorida,

déte Dios tan triste vida

que ames y nunca seas

amada ni bien querida.

Y con esta vida tal

pienso bien que creerás

el tormento desigual

que sin merecer me das.

Pues que muerte me deseas

sin tenerla merecida,

déte Dios tan triste vida

que ames y siempre seas

desamada y mal querida.

 

Juan de Encina

No te tardes, que me muero,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

Apresura tu venida

porque no pierda la vida,

que la fe no está perdida,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

Bien sabes que la tardanza

trae gran desconfianza

ven y cumple mi esperanza,

carcelero, no te tardes, que me muero.

Sácame de esta cadena,

que recibo muy gran pena

pues tu tardar me condena,

carcelero,

no te tardes que me muero.

La primer vez que me viste,

sin te vencer me venciste,

suéltame, pues me prendiste,

carcelero,

no te tardes que me muero.

La llave para soltarme

ha de ser galardonarme

proponiendo no olvidarme,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

Fin

Y siempre, cuando vivieres,

haré lo que tú quisieres,

si merced hacer me quieres,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

 

 

Manrique

Sin Dios, sin vos y mi:

Yo soy quien libre me vi,

Yo quien pudiera olvidaros,

Yo soy el que por amaros

estoy desde que os conocí

sin Dios, y sin vos y mi.

Sin Dios, porque a vos adoro,

sin vos, pues no me queréis,

pues sin mi, ya está de coro

que vos sois quien me tenéis.

Así que triste nací,

pues que pudiera olvidaros,

yo soy el que por amaros

estoy, desde os conocí,

sin Dios, y sin vos y mi.

 

Diciendo qué cosa es amor.

Fragmento.

Es amor fuerça tan fuerte

que fuerça toda razón,

una fuerça de tal suerte

que todo el seso convierte

en su fuerça y afición;

una porfía forçosa

que no se puede vencer,

cuya fuerça porfiosa

hazemos más poderosas

queriéndonos defender.

Es plazer en que hay dolores,

dolor en que hay alegría,

un pesar en que hay dulçores,

un esfuerzo en que hay temores,

temor en que hay osadía;

un plazer en que hay enojos,

una gloria en que hay passion,

una fe en que hay antojos,

fuerça que hazen los ojos

al seso y al corazón.

 

Romances

 

Romance de Abénamar

 

-¡Abenámar, Abenámar,

moro de la morería,

el día que tú naciste

grandes señales había!

Estaba la mar en calma,

la luna estaba crecida;

moro que en tal signo nace

no debe decir mentira.

-No te la diré, señor,

aunque me cueste la vida.

-Yo te agradezco, Abenámar,

aquesta tu cortesía.

 

¿Qué castillos son aquellos?

¡Altos son y relucían!

-El Alambra, era, señor,

y la otra, la mezquita;

los otros, los Alixares,

labrados a maravilla.

El moro que los labraba,

cien doblas ganaba al día, (moneda)

y el día que no los labra,

otras tantas se perdía;

desque los hubo labrados,

el rey le quitó la vida

porque no labre otros tales

al rey de la Andalucía.

El otro es Torres Bermejas,

castillo de gran valía;

el otro, Generalife,

huerta que par no tenía.

Allí hablara el rey don Juan,

bien oiréis lo que decía:

-Si tú quisieras, Granada,

contigo me casaría;

daréte en arras y dote

a Córdoba y a Sevilla

--Casada soy, rey don Juan,

casada soy, que no viuda;

El moro que a mi tiene

muy gran bien me quería.

 

Romance del enamorado y la muerte.

 

Un sueño soñaba anoche,

soñito del alma mía,

soñaba con mis amores

que en mis brazos los tenía.

Vi entrar señora tan blanca

muy más que la nieve fría

¿Por dónde has entrado, amor?

¿Cómo has entrado, mi vida?

Las puertas están cerradas,

ventanas y celosías.

-No soy el amor, amante:

la muerte que Dios te envía.

¡-Ay, Muerte tan rigurosa,

déjame vivir un día!

-Un día no puede ser,

una hora tienes de vida.

Muy de prisa se calzaba

más de prisa se vestía;

ya se va para la calle,

en donde su amor vivía.

-¡Ábreme la puerta, blanca,

Ábreme la puerta, niña!

-¿Cómo te podré yo abrir

si la ocasión no es venida?

Mi padre no fue a palacio,

mi madre no está dormida.

-Si no me abres esta noche,

ya no me abrirás, querida;

La Muerte me está buscando,

junto a vida sería.

-Vete bajo la ventana

donde labraba y cosía,

Te echaré cordón de seda,

para que subas arriba,

y si el cordón no alcanzase,

mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe;

la muerte que allí venía:

-Vamos, el enamorado,

que la hora ya está cumplida.

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