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Ciudades medievales

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Ciudades medievales
Artesanos y mercaderes se fueron concentrando en puntos estratégicos, a la sombra de viejas ciudades o de castillos señoriales. Así, al lado de los antiguos burgos (la palabra designaba en un principio un lugar fortificado), surgieron barrios periféricos, en los que vivían los mercaderes y los artesanos.


El renacimiento de la vida urbana adoptó formas muy diversas en Europa. En Italia las ciudades de la época romana habían conservado su antigua actividad. En la península Ibérica hubo ciudades que surgieron en torno a ejes de intensa actividad comercial (ciudades del camino de Santiago), mientras que otras surgieron con una función militar (ciudades- fronteras del sur del Duero o del sur de Aragón). La nota dominante, no obstante, fue el predominio de las actividades artesanales y mercantiles.
El crecimiento de las ciudades en el occidente de Europa, a partir del siglo XI, fue espectacular. Poco a poco se fueron construyendo nuevas murallas, con la finalidad de incluir dentro de su recinto a los barrios que se habían quedado en las afueras. Florencia, por ejemplo, pasó del siglo XII de unas 25 hectáreas a más de 75. En París se edificó una muralla a principios del siglo XII, otra en el siglo XIII, en tiempos de Felipe Augusto, y una nueva a mediados del siglo XIV con el rey Carlos V. algunas ciudades hacia el año 1300, según cálculos aproximados, cerca de 200.000 habitantes (París, Milán y Venecia). pese a todo, la mayoría de la población europea seguía viviendo en el campo.


Los burgueses y el nacimiento de las comunas


Las ciudades se hallaban enclavadas en un territorio sometido a la jurisdicción de un señor, eclesiástico (obispos por lo general) o laico. Pero pronto nació entre los habitantes de las ciudades, los burgueses, un sentido de unión que les llevó a combatir por la conquista de las libertades. Se formaron así las comunas, integradas por los burgueses que habían jurado defender sus intereses. Durante los siglos XI y XII las comunas lucharon con gran tenacidad contra los señores feudales con objeto de conquistar su autonomía. Famosas fueron la rebelión de la comuna francesa de Laon, contra el obispo de la ciudad o la de Santiago de Compostela contra el arzobispo Gelmírez, ambas en los primeros años del siglo XII. Después de esas luchas, casi siempre victoriosas para los habitantes de las ciudades, las franquicias obtenidas se recogían en una carta.


Las funciones de las ciudades
Las funciones económicas básicas de las ciudades eran la producción de objetos manufacturados y la actividad mercantil. El trabajo artesanal se organizó a través de oficios o gremios. Los trabajadores de un mismo gremio se unían, en un principio con fines religiosos y caritativos, pero más tarde también con el propósito de defender su oficio. La corporación garantizaba la calidad de la obra, fijaba el precio del producto y evitaba la competencia. En el interior de cada oficio había maestros, oficiales y aprendices. Los maestros tenían una posición privilegiada que, con el tiempo aún se fortaleció más. Por lo general, eran los dueños del taller y de los instrumentos de trabajo lo que suponía que recibían la parte principal de los beneficios. Entre los maestros se elegían los jurados o síndicos, que dirigían la vida de la corporación durante un tiempo determinado. Los oficiales trabajaban, muchas veces como simples asalariados, al servicio de los maestros. El que deseaba aprender un oficio vivía una temporada (a veces varios años) en casa del maestro. En teoría todos podían acceder algún día a la maestría, pero a la larga fueron aumentando los obstáculos para alcanzarla.
Desde el punto de vista político las ciudades, una vez arrancadas las libertades, se autogobernaban. El poder residía en la comunidad de vecinos, que delegaban en un Consejo y en unos magistrados. Estos recibían nombres muy variados: cónsules en Italia, burgomaestres en Alemania, alcaldes en España. Poco a poco el incipiente sentido igualatorio de las comunas se fue perdiendo, a medida que los puestos de mando fueron dominados por un reducido grupo, integrado por los grandes mercaderes y los maestros de las corporaciones. Se constituyó así un patriciado urbano, formado por las familias que reunían el poder económico y el político.

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