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Cinco semanas en globo: Actividades

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Cinco semanas en globo.

1. Explica lo que significa las siguientes palabras del texto: linde, expedicionarios, ataviados, chilabas, indómitos, secuaces, desalmados, tranquilizadora, vigorosos, alimañas, persecución, aeronautas, invertir, aerostato, termómetro, barómetro, perplejo, enfilo, colina, intrépidos,  contornear, caudaloso y fértil.

 

2. ¿Por qué aparecen acentuadas las palabras siguientes?: seguían, observo, hubiéramos, huracán, preferiría, persecución, haría, atmosférico, después, rápidamente, barómetro, todavía, intrépidos, sosteniéndose, río, fértil.

3. Separa los lexemas y morfemas de las siguientes palabras: desalmados, secuaces, contornear, expedicionarios, vigorosos.

4. Indica si el siguiente adjetivo es especificativo o explicativo y explica por qué: seguro refugio.

5. Separa en dos columnas las siguientes palabras del texto según sean adjetivos o sustantivos: bosque, corto, tranquilizadora, hombres, alimañas, vigorosos, secuaces, fieras, actitud, cazador.

Preguntas de comprensión:

¿Qué es el Victoria? ¿Por qué los protagonistas se ven obligados a arrojar tantas cosas’

¿Cómo consiguen remontar el vuelo?

¿En qué continente ocurre la aventura?

¿En qué parte de la novela transcurre esta aventura, en el principio, en el medio, al final? ¿De qué lo deduces?

Inventa un final para este texto.

 

-¡Mira Dick!

Al trasponer la linde del bosque, los expedicionarios divisaron un grupo de unos treinta jinetes ataviados con amplios bombachos  y flotantes chilabas; iban armados y seguían al galope corto de sus caballos la dirección del Victoria, que marchaba con velocidad moderada.

-¡Ellos son!-dijo Samuel-. ¡Los sanguinarios talibas, los indómitos secuaces de Al- Hadji! Preferiría verme rodeado de fieras, en plena selva, a caer en manos de esos desalmados.

-A decir verdad, su actitud no es muy tranquilizadora-comentó Richard-. ¡Y parecen hombres muy vigorosos!

-Por fortuna- observó Joe-, son alimañas que no vuelan. ¡Siempre es algo!

-¿A qué altura nos hallamos? –pregunto el cazador de su amigo.

-A unos setecientos pies; pero carecemos de la facultad de ascender o descender a voluntad para buscar corrientes favorables: vamos a merced del viento.

-Es un inconveniente- replicó Richard-. Si en vez de este vientecillo hubiéramos encontrado un huracán como el de los días pasados, ya haría tiempo que habríamos perdido de vista a esos bandidos.

La persecución de los talibas duró toda la mañana. A las once, los aeronautas apenas habían avanzado quince millas a occidente.

Fergusson escrutaba el horizonte sin cesar, aterrado ante la idea de que un cambio atmosférico le hiciese retroceder al Níger. Además, advertía en el globo una marcada tendencia a descender; desde su partida, había perdido más de trescientos pies, y distando aún el Senegal unas doce millas, necesitaba invertir tres horas más, con la misma velocidad.

Un cuarto de hora después, la barquilla flotaba a menos de ciento cincuenta pies del suelo, pero el viento soplaba con más violencia.

-Es preciso que nos elevemos más- dijo el doctor.

-¿Y qué tiraremos?- preguntó Joe.

-Toda la reserva de carne; son unas treinta libras.

La barquilla, que casi tocaba el suelo, se elevó entre los gritos de los talibas, pero media hora después descendió de nuevo rápidamente. El gas se filtraba a través de las envolturas.

El fiel criado arrojó los barómetros y los termómetros pero todo ello era tan poco, que el aerostato, remontando un instante, no tardó en venirse a tierra de nuevo.

-¡Lanza las dos escopetas!- ordenó Samuel a Richard.

El Victoria subió nuevamente, dando después una serie de saltos de gran extensión, como una enorme pelota de goma al rebotar en el suelo.

-Nos quedan todavía ciento cincuenta libras de peso que arrojar-dijo lentamente el doctor.

-¿Dónde están?- preguntó Richard, perplejo.

-La barquilla- contestó el doctor-. Afianzándonos a las mallas de la red, lograremos resistir hasta el rio. ¡Pronto!

Aquellos intrépidos hombres se suspendieron de las mallas de la red, como indicara el doctor, y Joe, sosteniéndose con una mano, cortó las cuerdas de la barquilla que se desprendió cuando el aerostato iba a caer definitivamente.

-¡Bravo! ¡Bravo!- exclamó, en tanto el globo se remontaba a trescientos pies.

El Victoria, impulsado por una corriente más activa, enfiló rápidamente hacia una colina que pudieron traspasar, mientras que los secuaces de Al-Hadiji se vieron obligados a dirigirse hacia el norte para contornear aquel último obstáculo.

Los tres amigos se mantenían aferrados a las mallas de la red, que atraían hacia sí con el peso, formando una bolsa flotante. Apenas traspuesta la colina, el doctor exclamó:

-¡El río!¡El río!... ¡El Senegal!

En efecto, a dos millas corrías el ancho y caudaloso río, cuya margen opuesta, baja y fértil ofrecía seguro refugio y un lugar apropiado para el descanso.

-¡Un cuarto de hora más- agregó Samuel – y estaremos a salvo!

Julio Verne, Cinco semanas en globo. TAGS:

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Comentarios Cinco semanas en globo: Actividades

esta bonito llamas la atencion o la das acaparar a lo que des poner eso es arte
Que es de Maria Jesus porque he estado yendo al Decano desde abril del año pasado o del anterior no bebo ni tampoco toco bolo pero en fin, Antonio se pone muy pesado con que hay que beber o tirado en la calle o con un par de toque encima. El dinero me quema en el bolsillo y salgo a gastarlo. Por cierto Tamara muy guapa, no se ni el nombre. Marina

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