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El carrusel de los sueños

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El carrusel de los sueños

 

He soñado tantas veces este momento, y nunca de la forma que ha pasado. Te tengo delante, estás ahí en el mismo sitio que hace dos años. No sé qué hacer. Puedo salir corriendo o enfrentarme a mi dolor. Hace tanto que no te veo. Después del accidente cerré esa etapa de mi vida, porqué no puedo evitar ver sus ojos a través de los tuyos. Tampoco puedo evitar el reencuentro, verte aquí, justo en el mismo lugar, como si catarata del tiempo hubiera sido cosida y mis ojos me permitieran volver a verte. Pero el dolor es inaguantable. Estoy aquí mientras el círculo de los recuerdos nos arrincona. No sé si seré capaz de soportarlo. Ahora, aunque lo piense, no debería salir huyendo, no debería tampoco sentir el aullido de la culpa como un martillo. No sé si tú sentirás lo mismo, no sé si la ira que provoco su no existencia volverá a golpearte con sus nudillos.

Qué triste cuando pienso que él iba a por mí; mientras tú te liabas con esa chica. No te importó engañarme, es patético ahora el reproche, pero lo cierto es que la herida sangra de nuevo. Yo tendría que haber estado en su lugar…. Yo, y no ella. No sé cómo he podido dormir, salir o comer en la arena movediza del sufrimiento. Lo único que sé –óyeme bien- es que no pienso salir huyendo, la escapada no es ninguna acción, aunque no niegue su coherencia. Aunque no niegue que hurgar en el tiempo no puede devolvérmelo. Su recuerdo es un aliento, un brazo mecánico que vuelve en mis peores pesadillas, que renace de las cenizas cuando cierro los ojos.

¿Aún lo sientes? ¿Sientes el ácido sulfúrico quemando tu garganta? Yo, sí. Yo todavía oigo esa risa, removiendo mi bilis, yo –que he corrido delante de su casa-. Yo, que tenía que contárselo. Me embozo en esa casa donde ha pasado el tiempo, el lugar que adquiere la fuerza de un titán, porque fue en esa fiesta… y los recuerdos se juntan en un cordón umbilical que preferiría no haber cordado.

¿Dónde está Claudia? Sigue sin poder verme; no le culpo… es normal, no es fácil atravesar los rayos X de una mirada que ha dañado tu iris. Estaba dispuesta a dar un paseo, ¿recuerdas? Fatalmente pasé por la casa de Ángel, fatalmente vi la luz encendida.  No sería tan extraño si no fuera porque está deshabitada desde que é feneció. ¿Sabes? Pese a la angustia no pude evitar entrar, no pude evitar que él imán me arrastre.

Ahora me oriento en el comedor, un comedor que todavía late, que aún me habla de lo vivido. Se me saltan las lágrimas y siento que la sangre se desplaza por mis piernas, que casi ni me muevo. Charco maldito de sangre, pero… ¿de dónde provenía? Sin duda de la habitación, es un pensamiento desalentador, tan frío que hasta se me amoratan los dedos de los pies, tal vez porque se niegan a hacerme avanzar. 

Abrí la puerta del infierno y allí estaba ella. Allí estaba Claudia, tirada sobre la cama, con aquella carta en las manos.  Y sabes qué es lo más desalentador: que sin él se seca el aire que me rodea. Si después de su desaparición he hecho daño a alguien, lo siento. Pero ahora, es más sencillo, muchísimo más simple, expulsar al demonio: ahora – cuando sé que es imposible la huida-, ahora, en este mismo instante y antes de que tú regreses: me despido.  Sólo quería que supieras que ya no puedo domar ese caballo, al que me subías con tanto cariño. El carrusel de los sueños ha dejado de sonar para siempre.

Lucia, 2º B

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Comentarios El carrusel de los sueños

me gusta todo esto tiene la culpa obolog solo pone a diez de los presentes ultimos , si busco lo de atras como no me meta en vuestros muros pues nada de la habana

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