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El caballero inexistente, Italo Calvino

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El caballero inexistente

Imagino que queréis saber, en primer lugar, de qué va “El caballero inexistente”.  La historia es sencillísima. Agilulfo, su protagonista, tiene un grave problema: no existe. Bajo la celada de su casto, no hay rostro alguno, ninguna mano empuña su espada. Seguro que estáis pensando que se trata de un fantasma. Nada más lejos de la realidad. No es ningún fantasma, simplemente no es, aunque le encantaría llegar a ser;  y desde luego el pobre  pone toda la carne en el asador: se muestra temerario, su fe y fuerza de voluntad son inquebrantables.

Lo que te pido es sencillo: tienes que inventarle una aventura al pobre. Resulta que Carlomagno descubre que este caballero es un chollo, y le encomienda una de las misiones más peligrosas. Tiene que… Bueno, eso no te lo digo. Lo que tenga que hacer es cosa tuya, ahora deja que corran ríos de tinta, sumérgete en la historia, entra en la aventura por la puerta grande.

 Una actividad más, una actividad que yo sé que te da pereza, pero que es necesaria si queremos  ampliar el vocabulario. Busca el significado de todas las palabras que aparecen en negrita.

-Y vos ahí, con tan pulido atavío…- dijo.

Carlomagno, que cuanto más duraba la guerra menos respeto por la limpieza veía en sus paladines.

-¡Yo soy- la voz llegaba metálica desde dentro del yelmo cerrado, como si no fuera una garganta, sino la propia chapa de la armadura la que vibrase, y con un leve retumbar de eco- Agilulfo Emo bertrandino De los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura, caballero de Selimpia Citerior y Fez!

- Aaah…- dijo Carlomagno, y del labio inferior, algo salido, le brotó un pequeño trompeteo, como diciendo: <<Si tuviera que acordarme del nombre de todos ¡estaría aviado!>>. Pero de inmediato frunció el ceño.

-¿Y por qué no alzáis la celada y mostráis vuestro rostro?

El caballero no hizo ningún gesto; su diestra enguantada con una férrea y bien engrasada manopla apretó más fuerte el arzón, mientras que el otro brazo, que sostenía el escudo, pareció sacudido por un escalofrío.

-¡Os hablo a vos; paladín!- insistió Carlomagno-. ¿Cómo es que no mostráis la cara a vuestro rey?

La voz salió neta de la mentonera:

-Porque yo no existo, sire.

-¡Esta sí que es buena!- exclamó el emperador-. ¡Ahora tenemos entre nuestras fuerzas un caballero que no existe! Dejadme ver.

Agilulfo pareció vacilar un momento, y después, con mano firme pero lenta, levantó la celada. El yelmo estaba vacío. Dentro de la armadura blanca de iridiscente cimera no había nadie.

-¡Vaya, vaya! ¡Lo que hay que ver!- dijo Carlomagno-. ¿Y cómo os las arregláis para prestar servicio, si no existís?

-¡Con fuerza de voluntad- dijo Agilulfo- y fe en nuestra santa causa!

-Claro, claro, muy bien dicho, así es como se cumple con el deber. Bueno, para ser alguien que no existe, sois estupendo.

Italo Calvino: El caballero inexistente. Siruela, Madrid, 1990.

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Comentarios El caballero inexistente, Italo Calvino

esta muy bien has metido en la cesta diversos manjares y complementarios un beso

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